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Las mujeres que preservan el legado de la UNSL y de la Mixta

Leonardo Kram

Una docente y tres becarias comenzaron a organizar los archivos de ambas instituciones.

La primera impresión que deja el archivo de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL), ubicado en el edificio central del rectorado, es la de un bunker abandonado de la ex Unión Soviética. Una escalera metálica conduce a los pisos subterráneos de paredes de ladrillo. Hay pasillos enteros de anaqueles marrones. Algunos de ellos están vacíos; otros tienen libros. Hay seis llenos de periódicos amarillentos y otros seis con cajas plásticas azules, que se encuentran numeradas. 

Melisa Sánchez, estudiante de periodismo y becaria de la casa de estudios, calcula que hay 130 “unidades de conservación” (como llaman a las cajas), y que cada una de ellas tiene por lo menos 200 hojas, lo que alcanzaría un total de 26 mil archivos. La alumna trabaja desde el año pasado limpiando, sacando los ganchos metálicos y especificando en una ficha la información que contiene cada hoja. 

Llegar a esas más de 20 mil páginas no fue un trabajo solitario, aunque tampoco de un plantel extenso. A Sánchez la acompañan Valentina Michel y Florencia Lazart, también becarias y estudiantes de periodismo. Asimismo, el espacio está a cargo de Sonia Rivero, doctora en Ciencias de la Educación y coordinadora del proyecto de investigación “Historia y Memoria”. Si bien el archivo fue creado por el rector Alberto Puchmüller, en 1999, no funcionó como tal hasta 2015, cuando fue inaugurada la actual biblioteca de la UNSL. En realidad, el archivo es el antiguo depósito de libros. Si se observa con atención, debajo de las escaleras están los pequeños ascensores que usaban para subir los ejemplares. El rector Félix Nieto Quintas cedió el primer piso del depósito para almacenar los documentos históricos. 

No hay un número determinado de cuántos documentos hay actualmente, pero incluyen ordenanzas, resoluciones, libros, memorias, expedientes, circulares y hasta un archivo fotográfico de cerca de siete mil imágenes. “Tenemos una historia muy rica en la universidad, que no data de 1973, sino de 1939, cuando se crea la Universidad de Cuyo, una etapa prefundacional muy importante”, puntualizó Rivero. Pero, quizás, lo más antiguo se encuentra entre los documentos de la Escuela Normal “Juan Pascual Pringles”, que llegan hasta 1876, año de fundación de esa institución.

Asimismo, hay donaciones particulares: la familia del rector Puchmüller otorgó su colección entera de libros, al igual que la del historiador Víctor Saá, que incluye diarios de vieja data y recortes periodísticos. Y, hace un par de meses, el historiador y docente jubilado Néstor Menéndez entregó ejemplares de los diarios Clarín, Página 12 y La Nación, desde el regreso de la democracia.

“Fue un trabajo de construcción de mucho esfuerzo. La historia, la documentación y los archivos no forman parte de la mayoría de los casos en la agenda universitaria. Y esto es en general ya que ni siquiera hay una ley de archivos universitarios. Cada universidad va armando sus propios espacios de conservación”, admitió Rivero. Esto se evidencia, tal como lo presenció El Diario, en las tareas de limpiar, identificar y clasificar los archivos de dos instituciones con décadas de historia, labor que apenas cumplen tres becarias (que pueden cumplir solo 10 horas semanales)  y una docente.

“También nos preguntamos qué lugar político se le da hoy a la historia en la universidad. Todo lo que se ha conseguido acá se ha hecho a trabajo de hormiga, desde pedir una computadora hasta solicitar que nos coloquen una pizarra. Entramos a este espacio y habían dos sillas y una mesa”, apuntó Sánchez en tono crítico. “Tal vez el día de mañana no estemos, pero el trabajo que hacemos va a quedar porque es necesario. La universidad tiene la responsabilidad de hacerlo porque es la historia de la institución la que se está dejando en el último piso”, agregó. 

Actualmente, se encuentran en pleno proceso de “limpiado” de los archivos de la Mixta, por ser los más antiguos que posee el lugar y empezaron en agosto del año pasado. Previamente habían realizado una investigación sobre los movimientos estudiantiles, aún inconcluso. Con barbijos, guantes y pinceles, las cuatro mujeres revisan de a poco cada uno de los expedientes almacenados. Los que tienen hongos son apartados a otros estantes.

 

Una educación distinta

Tanto Michel como Sánchez colaboran hace cuatro años, lo que les dio un vistazo privilegiado de cómo era la educación antes en San Luis, desde lo político y social. “Lo interesante de los años anteriores es que hay un proyecto de escuela, había una estadística de los alumnos que ingresaron y egresaron. También en cuanto a regular el trabajo docente”, detalló Michel.

“Los padres hacían cartas, por ejemplo, de por qué una profesora había maltratado a un alumno. Eran otras las formas. En los legajos nos encontramos con las fotos carnet de los estudiantes para poder ingresar; en ellas se aprecia la elegancia y presencia de niños de 10 años, peinados y con trajes. Era algo muy preciado ser parte de la escuela. En otros tiempos era un privilegio, no un beneficio, no todas las personas podían acceder”, agregó Sánchez. 

En varios documentos aparece la expresión “orden espiritual” en los alumnos. “No era una escuela católica, no tiene que ver con la religión. Se refiere al orden que tenía el docente en el aula”, explicó Michel. También había otro nivel de tolerancia a los problemas entre los docentes. “Había una profesora que pasaba por un duelo, que había pedido licencia por eso y la catalogan como alguien que no tiene poder sobre los alumnos y que es una inútil para el trabajo”, recordó. 

Los vaivenes políticos de la Argentina no fueron ajenos ni a la universidad ni a la escuela. “Hay resoluciones que indican que Historia Latinoamericana no se podía dictar porque se consideraba ‘contenido subversivo’. También prohibieron el libro de Evita”, detalló la becaria. 

 

Lo inclasificable

Sucede también que, en más de una oportunidad, se encuentran con documentos inclasificables, que no pertenecen a las instituciones. La colección de Puchmüller no solo es variadísima —pasa de la filosofía y la política a un manual de “cómo ser abuelo”—, sino que también incluye entre sus hojas anotaciones, boletas de partidos políticos y recortes periodísticos. Lo más interesante que encontró la becaria Sánchez fue una carta, escrita de puño y letra, de la esposa del rector, agradeciendo al entonces gobernador Elías Adre por acordarse de su cumpleaños.

A veces, entre carpetas viejas, parecen surgir debates del presente. Michel encontró una especie de trabajo práctico de alumnos de 5º grado "B", con fecha del 23 de abril de 1928, con el título “Por qué la mujer debe votar”. Un grupo numeroso enumera las razones por las que tenían derecho a hacerlo (recién alcanzado en 1947) y, otro, con menos firmas, por qué no. 

El "No" empezaba con “Nosotros opinamos que la mujer no debe participar de los actos cívicos porque, siendo la misión de ella velar por el respeto de su hogar, cuidar sus hijos y esposos...”, mientras que el "Sí" argumentaba que "la mujer debe votar porque es tan apta como para desempeñar cualquier cargo en la vida, porque tiene capacidad de dar su voto consciente". 

Tras clasificar todos los archivos, Rivero indicó que los próximos pasos son la apertura del archivo al público y, como una expresión de deseo, la digitalización del mismo. Aunque aún parece lejano, las becarias y la docente parecen seguras de su misión. “Los archivos son espacios donde se aloja la memoria, donde está el pasado, y no hay posibilidad de construir futuro si uno no recupera, no es consciente del valor que tiene la historia”, concluyó la docente.

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Las mujeres que preservan el legado de la UNSL y de la Mixta

Una docente y tres becarias comenzaron a organizar los archivos de ambas instituciones.

La primera impresión que deja el archivo de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL), ubicado en el edificio central del rectorado, es la de un bunker abandonado de la ex Unión Soviética. Una escalera metálica conduce a los pisos subterráneos de paredes de ladrillo. Hay pasillos enteros de anaqueles marrones. Algunos de ellos están vacíos; otros tienen libros. Hay seis llenos de periódicos amarillentos y otros seis con cajas plásticas azules, que se encuentran numeradas. 

Melisa Sánchez, estudiante de periodismo y becaria de la casa de estudios, calcula que hay 130 “unidades de conservación” (como llaman a las cajas), y que cada una de ellas tiene por lo menos 200 hojas, lo que alcanzaría un total de 26 mil archivos. La alumna trabaja desde el año pasado limpiando, sacando los ganchos metálicos y especificando en una ficha la información que contiene cada hoja. 

Llegar a esas más de 20 mil páginas no fue un trabajo solitario, aunque tampoco de un plantel extenso. A Sánchez la acompañan Valentina Michel y Florencia Lazart, también becarias y estudiantes de periodismo. Asimismo, el espacio está a cargo de Sonia Rivero, doctora en Ciencias de la Educación y coordinadora del proyecto de investigación “Historia y Memoria”. Si bien el archivo fue creado por el rector Alberto Puchmüller, en 1999, no funcionó como tal hasta 2015, cuando fue inaugurada la actual biblioteca de la UNSL. En realidad, el archivo es el antiguo depósito de libros. Si se observa con atención, debajo de las escaleras están los pequeños ascensores que usaban para subir los ejemplares. El rector Félix Nieto Quintas cedió el primer piso del depósito para almacenar los documentos históricos. 

No hay un número determinado de cuántos documentos hay actualmente, pero incluyen ordenanzas, resoluciones, libros, memorias, expedientes, circulares y hasta un archivo fotográfico de cerca de siete mil imágenes. “Tenemos una historia muy rica en la universidad, que no data de 1973, sino de 1939, cuando se crea la Universidad de Cuyo, una etapa prefundacional muy importante”, puntualizó Rivero. Pero, quizás, lo más antiguo se encuentra entre los documentos de la Escuela Normal “Juan Pascual Pringles”, que llegan hasta 1876, año de fundación de esa institución.

Asimismo, hay donaciones particulares: la familia del rector Puchmüller otorgó su colección entera de libros, al igual que la del historiador Víctor Saá, que incluye diarios de vieja data y recortes periodísticos. Y, hace un par de meses, el historiador y docente jubilado Néstor Menéndez entregó ejemplares de los diarios Clarín, Página 12 y La Nación, desde el regreso de la democracia.

“Fue un trabajo de construcción de mucho esfuerzo. La historia, la documentación y los archivos no forman parte de la mayoría de los casos en la agenda universitaria. Y esto es en general ya que ni siquiera hay una ley de archivos universitarios. Cada universidad va armando sus propios espacios de conservación”, admitió Rivero. Esto se evidencia, tal como lo presenció El Diario, en las tareas de limpiar, identificar y clasificar los archivos de dos instituciones con décadas de historia, labor que apenas cumplen tres becarias (que pueden cumplir solo 10 horas semanales)  y una docente.

“También nos preguntamos qué lugar político se le da hoy a la historia en la universidad. Todo lo que se ha conseguido acá se ha hecho a trabajo de hormiga, desde pedir una computadora hasta solicitar que nos coloquen una pizarra. Entramos a este espacio y habían dos sillas y una mesa”, apuntó Sánchez en tono crítico. “Tal vez el día de mañana no estemos, pero el trabajo que hacemos va a quedar porque es necesario. La universidad tiene la responsabilidad de hacerlo porque es la historia de la institución la que se está dejando en el último piso”, agregó. 

Actualmente, se encuentran en pleno proceso de “limpiado” de los archivos de la Mixta, por ser los más antiguos que posee el lugar y empezaron en agosto del año pasado. Previamente habían realizado una investigación sobre los movimientos estudiantiles, aún inconcluso. Con barbijos, guantes y pinceles, las cuatro mujeres revisan de a poco cada uno de los expedientes almacenados. Los que tienen hongos son apartados a otros estantes.

 

Una educación distinta

Tanto Michel como Sánchez colaboran hace cuatro años, lo que les dio un vistazo privilegiado de cómo era la educación antes en San Luis, desde lo político y social. “Lo interesante de los años anteriores es que hay un proyecto de escuela, había una estadística de los alumnos que ingresaron y egresaron. También en cuanto a regular el trabajo docente”, detalló Michel.

“Los padres hacían cartas, por ejemplo, de por qué una profesora había maltratado a un alumno. Eran otras las formas. En los legajos nos encontramos con las fotos carnet de los estudiantes para poder ingresar; en ellas se aprecia la elegancia y presencia de niños de 10 años, peinados y con trajes. Era algo muy preciado ser parte de la escuela. En otros tiempos era un privilegio, no un beneficio, no todas las personas podían acceder”, agregó Sánchez. 

En varios documentos aparece la expresión “orden espiritual” en los alumnos. “No era una escuela católica, no tiene que ver con la religión. Se refiere al orden que tenía el docente en el aula”, explicó Michel. También había otro nivel de tolerancia a los problemas entre los docentes. “Había una profesora que pasaba por un duelo, que había pedido licencia por eso y la catalogan como alguien que no tiene poder sobre los alumnos y que es una inútil para el trabajo”, recordó. 

Los vaivenes políticos de la Argentina no fueron ajenos ni a la universidad ni a la escuela. “Hay resoluciones que indican que Historia Latinoamericana no se podía dictar porque se consideraba ‘contenido subversivo’. También prohibieron el libro de Evita”, detalló la becaria. 

 

Lo inclasificable

Sucede también que, en más de una oportunidad, se encuentran con documentos inclasificables, que no pertenecen a las instituciones. La colección de Puchmüller no solo es variadísima —pasa de la filosofía y la política a un manual de “cómo ser abuelo”—, sino que también incluye entre sus hojas anotaciones, boletas de partidos políticos y recortes periodísticos. Lo más interesante que encontró la becaria Sánchez fue una carta, escrita de puño y letra, de la esposa del rector, agradeciendo al entonces gobernador Elías Adre por acordarse de su cumpleaños.

A veces, entre carpetas viejas, parecen surgir debates del presente. Michel encontró una especie de trabajo práctico de alumnos de 5º grado "B", con fecha del 23 de abril de 1928, con el título “Por qué la mujer debe votar”. Un grupo numeroso enumera las razones por las que tenían derecho a hacerlo (recién alcanzado en 1947) y, otro, con menos firmas, por qué no. 

El "No" empezaba con “Nosotros opinamos que la mujer no debe participar de los actos cívicos porque, siendo la misión de ella velar por el respeto de su hogar, cuidar sus hijos y esposos...”, mientras que el "Sí" argumentaba que "la mujer debe votar porque es tan apta como para desempeñar cualquier cargo en la vida, porque tiene capacidad de dar su voto consciente". 

Tras clasificar todos los archivos, Rivero indicó que los próximos pasos son la apertura del archivo al público y, como una expresión de deseo, la digitalización del mismo. Aunque aún parece lejano, las becarias y la docente parecen seguras de su misión. “Los archivos son espacios donde se aloja la memoria, donde está el pasado, y no hay posibilidad de construir futuro si uno no recupera, no es consciente del valor que tiene la historia”, concluyó la docente.

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