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Karina Franzi: guerrera del trote

Analía Carrara

Acaba de correr 61 kilómetros en una competencia de montaña en Salta y Jujuy. Hace una década sufrió una lesión en la columna y le aseguraron que no volvería a correr. A los 48 años su sueño es real.

Karina Franzi tiene 48 años, la voz muy dulce, la sonrisa fácil y las piernas siempre listas para desandar la vida. Mira el presente con felicidad y el futuro con optimismo. Hacia atrás, solo por sobre el hombro, para recordar a la guerrera que dio batalla a los pronósticos adversos, se levantó, luchó y ganó.

Hace poco más de una semana corrió 61 kilómetros uniendo parte de Salta y Jujuy, en una competencia en la altura por etapas. Una odisea que parecía imposible en otros capítulos de su vida. Por eso, aunque el frío y el viento se hacen sentir a plena siesta en el Monumento al Pueblo Puntano, en Las Chacras, Karina recuerda, se emociona y brilla como un rayo de sol. Es difícil imaginarlo. Una década atrás tuvo una lesión grave: deambulaba con mucho dolor y le advirtieron que no podría volver a trotar.

“Fue de la nada. Me detectaron una lesión en la columna que provocaba una opresión dolorosa y ya había afectado la marcha de la pierna izquierda. Sentía mucho dolor. Tuve que hacerme operar para corregir”, contó la farmacéutica. Fueron varias cirugías en la columna y tres en el pie izquierdo. Una incluyó una placa de titanio en la zona del metatarso. Pese al tratamiento médico en la extremidad sentía pocas mejoras, tenía miedo de moverse, evitaba caminar y estaba deprimida. Tenía todo listo para la cuarta operación en el pie, un implante de células madres, cuando decidió frenarla. El médico le había dicho que tenía un 25 por ciento de posibilidades de mejorar o tal vez menos chances. Siguió con poco aliento, como pudo.

Un día su hermana le insistió para que salieran a caminar por el circuito en Potrero de los Funes. “Iba muy lento pero me animó”, dijo Karina. En el recorrido vio pasar a un grupo de Inti Anti y al poco tiempo se sumó a la agrupación. “A los 15 días subí el cerro El Morro. Ahí me di cuenta que ya no sentía dolor”, recordó. Lo siguiente fue un viaje de vuelta. Cuando superó los tres mil metros, le recomendaron prepararse con una entrenadora para empezar con “objetivos de alta montaña” y ahí conoció a Carina Jofré.

Primer trote

“Yo no pensaba que iba a poder correr. Quería mejorar y subir más alto caminando en la montaña. Correr no estaba dentro de mi imaginación”, contó la atleta.

Cuatro años después, su preparadora física recordó los inicios: “El primer mes fue acondicionamiento. Un día salió el primer trote por el corredor vial. Hicimos 4 kilómetros despacito. Al terminar Karina me confesó que le habían dicho que nunca iba a poder correr. Yo no sabía. Terminamos llorando juntas”, revivió Jofré.

Después de superar su meta inicial, subir caminando el Cordón del Plata (Mendoza), Franzi alternó senderismo con carreras. Y a eso le sumó la cobertura fotográfica en algunas competencias de montaña, cuando no competía.

En el 2017, junto a unas compañeras de Gladiadoras Running Team, corrió 15 kilómetros en el Machu Picchu ultra trail. Aprovecharon la visita a Perú para descansar un día y subir los 5.200 metros de la montaña Arco Iris en una excursión en Cuzco. En julio del mismo año, compitió en los 22 kilómetros del Ultra Amanecer Comechingón, una carrera de montaña en Villa Yacanto (Córdoba). “Después de eso, empecé a pensar en participar del Columbia Raid que se hace en Salta y Jujuy en tres etapas”, dijo Karina. Iba a hacerlo el año pasado, pero un viaje de trabajo para hacer fotos en Ecuador postergó su objetivo. El 10, 11 y 12 de mayo finalmente vivió su sueño.

La aventura norteña

Antes de viajar a Salta, Karina hizo una ofrenda floral a la “Pachamama” en el circuito que había utilizado para entrenar en San Luis. Solía ir desde Potrero de los Funes hasta Estancia Grande. El mismo ritual repitió en cada una de las tres etapas de la competencia que unió Salta con Jujuy. “Siempre pido volver sana y encontrar bien a mis familiares y amigos”, detalló.

El primer tramo de su aventura norteña al trotecito fueron 27 kilómetros por las vías del Tren a las Nubes. Desde Estación Chorrillos hasta Campo Quijano. La segunda jornada, el sábado, debió unir 24 kilómetros desde Tumbaya hasta Purmamarca.

“Fue una etapa dura pero yo iba tranquila porque estaba enfocada. Al recorrido lo cuidan los mismos habitantes de los pueblos originarios, es muy bonito, un paisaje de sueño. Nos tocó un día muy frío, pero en movimiento se sentía menos. Al llegar a los 2.800 metros de altura hacía 0 grados. Cuando iniciamos la bajada hacia Purmamarca salió el sol, dejó de hacer frío. Fue una llegada muy emotiva, la gente alentaba, los corredores que ya habían llegado salieron al encuentro”, recordó la vecina de Potrero. Por un instante se mojan sus ojos, hace un microsilencio de cinco segundos, mira a Carina “entrenadora y amiga-hermana” y vuelve a la charla con El Diario, en Las Chacras.

Cansancio acumulado, pies hinchados y un desierto salino de 10 kilómetros la esperaron el último día. El suelo blanco de Salinas Grandes la separaba de la ansiada meta. En el ir y venir encontró a Norma Ramos, una atleta que compite con muletas después de sufrir un ACV. “La vi a Norma con sus muletas cruzar ríos, piedras. Es una mujer inspiradora. Y pensé: ‘¿No te da vergüenza que te duela el pie?”. Karina alcanzó su sueño. Corrió los 61 kilómetros de montaña. Despacito, disfrutando, como le gusta decir. “Ahí te das cuenta que todo te va preparando para tu sueño. Y que fue un pasamanos de gigantes toda esa gente que conociste en el camino y ayudó. Solo te queda agradecer”.

Karina Franzi, a los 48 años, y, tras batallar contra todos los no, da muestras de coraje. Es una guerrera armada con zapatillas. Sonríe ante la vida, brilla hasta cuando no hay sol y siempre dice gracias.

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Karina Franzi: guerrera del trote

Acaba de correr 61 kilómetros en una competencia de montaña en Salta y Jujuy. Hace una década sufrió una lesión en la columna y le aseguraron que no volvería a correr. A los 48 años su sueño es real.

Fotos: Marianela Sánchez.

Karina Franzi tiene 48 años, la voz muy dulce, la sonrisa fácil y las piernas siempre listas para desandar la vida. Mira el presente con felicidad y el futuro con optimismo. Hacia atrás, solo por sobre el hombro, para recordar a la guerrera que dio batalla a los pronósticos adversos, se levantó, luchó y ganó.

Hace poco más de una semana corrió 61 kilómetros uniendo parte de Salta y Jujuy, en una competencia en la altura por etapas. Una odisea que parecía imposible en otros capítulos de su vida. Por eso, aunque el frío y el viento se hacen sentir a plena siesta en el Monumento al Pueblo Puntano, en Las Chacras, Karina recuerda, se emociona y brilla como un rayo de sol. Es difícil imaginarlo. Una década atrás tuvo una lesión grave: deambulaba con mucho dolor y le advirtieron que no podría volver a trotar.

“Fue de la nada. Me detectaron una lesión en la columna que provocaba una opresión dolorosa y ya había afectado la marcha de la pierna izquierda. Sentía mucho dolor. Tuve que hacerme operar para corregir”, contó la farmacéutica. Fueron varias cirugías en la columna y tres en el pie izquierdo. Una incluyó una placa de titanio en la zona del metatarso. Pese al tratamiento médico en la extremidad sentía pocas mejoras, tenía miedo de moverse, evitaba caminar y estaba deprimida. Tenía todo listo para la cuarta operación en el pie, un implante de células madres, cuando decidió frenarla. El médico le había dicho que tenía un 25 por ciento de posibilidades de mejorar o tal vez menos chances. Siguió con poco aliento, como pudo.

Un día su hermana le insistió para que salieran a caminar por el circuito en Potrero de los Funes. “Iba muy lento pero me animó”, dijo Karina. En el recorrido vio pasar a un grupo de Inti Anti y al poco tiempo se sumó a la agrupación. “A los 15 días subí el cerro El Morro. Ahí me di cuenta que ya no sentía dolor”, recordó. Lo siguiente fue un viaje de vuelta. Cuando superó los tres mil metros, le recomendaron prepararse con una entrenadora para empezar con “objetivos de alta montaña” y ahí conoció a Carina Jofré.

Primer trote

“Yo no pensaba que iba a poder correr. Quería mejorar y subir más alto caminando en la montaña. Correr no estaba dentro de mi imaginación”, contó la atleta.

Cuatro años después, su preparadora física recordó los inicios: “El primer mes fue acondicionamiento. Un día salió el primer trote por el corredor vial. Hicimos 4 kilómetros despacito. Al terminar Karina me confesó que le habían dicho que nunca iba a poder correr. Yo no sabía. Terminamos llorando juntas”, revivió Jofré.

Después de superar su meta inicial, subir caminando el Cordón del Plata (Mendoza), Franzi alternó senderismo con carreras. Y a eso le sumó la cobertura fotográfica en algunas competencias de montaña, cuando no competía.

En el 2017, junto a unas compañeras de Gladiadoras Running Team, corrió 15 kilómetros en el Machu Picchu ultra trail. Aprovecharon la visita a Perú para descansar un día y subir los 5.200 metros de la montaña Arco Iris en una excursión en Cuzco. En julio del mismo año, compitió en los 22 kilómetros del Ultra Amanecer Comechingón, una carrera de montaña en Villa Yacanto (Córdoba). “Después de eso, empecé a pensar en participar del Columbia Raid que se hace en Salta y Jujuy en tres etapas”, dijo Karina. Iba a hacerlo el año pasado, pero un viaje de trabajo para hacer fotos en Ecuador postergó su objetivo. El 10, 11 y 12 de mayo finalmente vivió su sueño.

La aventura norteña

Antes de viajar a Salta, Karina hizo una ofrenda floral a la “Pachamama” en el circuito que había utilizado para entrenar en San Luis. Solía ir desde Potrero de los Funes hasta Estancia Grande. El mismo ritual repitió en cada una de las tres etapas de la competencia que unió Salta con Jujuy. “Siempre pido volver sana y encontrar bien a mis familiares y amigos”, detalló.

El primer tramo de su aventura norteña al trotecito fueron 27 kilómetros por las vías del Tren a las Nubes. Desde Estación Chorrillos hasta Campo Quijano. La segunda jornada, el sábado, debió unir 24 kilómetros desde Tumbaya hasta Purmamarca.

“Fue una etapa dura pero yo iba tranquila porque estaba enfocada. Al recorrido lo cuidan los mismos habitantes de los pueblos originarios, es muy bonito, un paisaje de sueño. Nos tocó un día muy frío, pero en movimiento se sentía menos. Al llegar a los 2.800 metros de altura hacía 0 grados. Cuando iniciamos la bajada hacia Purmamarca salió el sol, dejó de hacer frío. Fue una llegada muy emotiva, la gente alentaba, los corredores que ya habían llegado salieron al encuentro”, recordó la vecina de Potrero. Por un instante se mojan sus ojos, hace un microsilencio de cinco segundos, mira a Carina “entrenadora y amiga-hermana” y vuelve a la charla con El Diario, en Las Chacras.

Cansancio acumulado, pies hinchados y un desierto salino de 10 kilómetros la esperaron el último día. El suelo blanco de Salinas Grandes la separaba de la ansiada meta. En el ir y venir encontró a Norma Ramos, una atleta que compite con muletas después de sufrir un ACV. “La vi a Norma con sus muletas cruzar ríos, piedras. Es una mujer inspiradora. Y pensé: ‘¿No te da vergüenza que te duela el pie?”. Karina alcanzó su sueño. Corrió los 61 kilómetros de montaña. Despacito, disfrutando, como le gusta decir. “Ahí te das cuenta que todo te va preparando para tu sueño. Y que fue un pasamanos de gigantes toda esa gente que conociste en el camino y ayudó. Solo te queda agradecer”.

Karina Franzi, a los 48 años, y, tras batallar contra todos los no, da muestras de coraje. Es una guerrera armada con zapatillas. Sonríe ante la vida, brilla hasta cuando no hay sol y siempre dice gracias.

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