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No es ningún cuento chino: Tigonbú vende carne a Asia

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No es ningún cuento chino: Tigonbú vende carne a Asia

La firma radicada en Buena Esperanza exportará novillos y vacas con su genética bajo la marca T-Beef, para abastecer a hoteles y restaurantes de lujo en el gigante oriental.

Más de 19.000 kilómetros, con dos océanos en el medio, parece una distancia demasiado grande para establecer un vínculo comercial directo.  Pero lo cierto es que cuando hay ganas y trabajo de calidad, las lejanías se achican. Así, desde un campo del sur de San Luis saldrá un producto que se servirá en algunos de los hoteles y restaurantes más lujosos de Shanghai.

Porque la firma Tigonbú SA no se anda con pequeñeces y le acaba de sumar un nuevo emprendimiento al ambicioso proyecto agroindustrial que desarrollan en "Huelucan", la estancia que tienen a unos pocos kilómetros del ingreso a Buena Esperanza. Muy pronto comenzarán a exportar carne a China, sin intermediarios, como un producto Premium y bajo su propia marca, T-Beef.

“Hace más de cuarenta años que hacemos Angus colorado y no veíamos reflejados en los precios locales todo el esfuerzo y la calidad de nuestra producción”, contó Gastón González, quien encabeza la tercera generación de una empresa que nació como un proyecto familiar, pero que ahora es un enorme emporio que mezcla ganadería, agricultura, bioetanol, biogás, burlanda, vinaza, energía eléctrica y térmica, entre otros emprendimientos.

Los González, originarios del sur cordobés, se instalaron en suelo puntano a comienzos de la década de 1990. En la provincia, donde manejan siete campos, comenzaron a desarrollar un esquema ganadero que abarca el ciclo completo, desde la cría de terneros hasta el engorde a corral. De hecho, cuentan con un moderno feedlot con capacidad para alimentar a 4.000 animales (aunque planean ampliarlo hasta 16.000), que hasta tiene conexión wifi y un sistema de caravanas electrónicas para tener datos de todos los vacunos que ingresan al establecimiento. El negocio de las vacas se completa con una cabaña, en la que sacan a relucir todo el potencial genético que han ido logrando y mejorando con el paso de los años.

Entre las 4.000 cabezas que producen en Huelucan y el resto lo tienen repartidas en campos de San Luis y de la provincia de Córdoba, siembran unas 18.000 hectáreas con cultivos extensivos, principalmente soja y maíz.

Y como si eso fuera poco, cuentan con una planta de generación de energía, en la que aprovechan toda la materia prima que ellos mismos hacen y le dan cierre a un círculo virtuoso que intenta darle valor agregado a la producción sin necesidad de que recorra muchos kilómetros.

Nadie es profeta en su tierra

Pero en el caso de la carne, González resaltó que no estaba conforme con los precios que los frigoríficos locales pagan por el resultado de un trabajo que siempre es a largo plazo y lleno de riesgos.

Como si se hiciera eco de esa máxima bíblica que reza que "nadie es profeta en su tierra", en su mente siempre apareció la exportación como la mejor opción para encontrar un mejor rédito a ese proceso que iniciaron hace cuatro décadas. Y dentro del mercado internacional, el chino era el destino que más lo seducía, por el volumen y por el prestigio que ha ido conquistando allí la carne argentina.

La progresiva apertura de las exportaciones fue el contexto ideal para dar el paso. Y en ese escenario, China se consolidó como el principal comprador de la producción argentina. La Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA) publicó un informe en el que da cuenta que durante abril, tres de cada cuatro kilos que el país exportó, fueron enviados al gigante oriental. Esas ventas aportaron 5,7 de cada 10 dólares facturados en ese período.

Pero en lo concreto, el desembarco de Tigonbú en el Continente Asiático se dio gracias a las relaciones que González ha cosechado por el mundo. "Nos contacta, a través de unos amigos que están allá jugando al polo, un comprador que hace distribución de carne a hoteles y restaurantes de lujo. Él vende este producto, que se lo proveen australianos y americanos, y les faltaba la carne argentina. Nos reu-nimos, le mostramos lo que hacemos, la historia de la empresa, la trazabilidad  y la sanidad que tenemos, y así comenzamos un vínculo comercial”, contó.

De esa manera, la firma asentada en San Luis les venderá directamente su carne a través de la marca T-Beef, y el empresario chino la ofertará a los comedores. Lo que enviarán serán novillos completos de 600 kilos, enfriados y envasados al vacío.

No es el único cliente que consiguieron. Ya iniciaron las gestiones con otro inversor que demanda carne de vacas, más común en China, en vez de novillos.

"La verdad que para nosotros es un orgullo poder estar vendiendo nuestro producto y nuestra marca allá. Porque la calidad con la que se trabajó con tantos años allá te la reconocen, te la pagan diferenciado y hace que se ponga más entretenido el negocio”, expresó el cordobés.

Sin embargo, no fue todo tan sencillo. En primer lugar, González y su equipo tuvieron que convencer a los empresarios chinos de que acepten menores volúmenes de envíos que los que pretendían. “A ellos le cuesta entender que la calidad no siempre es compatible con la cantidad, porque la cantidad que necesitan es infinita, nada les alcanza, todo les parece poco”, admitió entre risas.

Mientras uno de los empresarios solicita entre 4 y 5 contenedores mensuales de novillo, el otro quiere recibir 20 repletos de vacas todos los meses. Las cantidades son enormes si se calcula que por contenedor entran unos 22.000 kilos de carne.

“No es algo que se pueda hacer de un día para el otro, es un proceso a largo plazo. Los novillos necesitan un cierto período de tiempo para crecer y engordar. Eso es algo con lo que tuvimos que lidiar un poco, porque nos pedían mucho. Pero lo fueron entendiendo y apostaron para que el proyecto saliera”, aclaró.

Así, por lo pronto, desarrollaron un cronograma de previsión para comenzar a exportar lo antes posible, en cuanto termine por habilitarse el envío de cortes frescos. Hasta ahora, solo se admitía carne congelada y sin hueso, pero desde hace algunos meses el gobierno nacional viene avisando que la apertura es inminente, y ya hay una lista de frigoríficos autorizados para enviar los cortes solamente enfriados.

Cuando ese permiso esté listo, la empresa comenzará a mandar un contenedor por mes en barco. Pero a partir de noviembre pretenden mandar dos. Pasarán a tres en marzo y a entre cuatro y cinco en julio del año que viene, hasta ir completando el volumen que solicitan los inversores chinos.

Tranqueras adentro, la firma tendrá que hacer algunos cambios en su producción ganadera para poder atender esa enorme demanda. En principio, "vamos a tener que producir más y hacer animales de más kilos. Normalmente sacamos novillos de 420 kilos en promedio, y ahora van a ser de 600. Eso nos lleva más tiempo en el feedlot (van a estar alrededor de 300 días) y más granos", anticipó.

Una de las posibilidades que barajan es hacer algún tipo de “alianza estratégica” con alguna otra empresa que produzca la misma calidad de animales que ellos, o en su defecto proveerles genética para que empiecen a hacer crías con la misma línea de sangre.

Otro de los procesos que deberán mejorar para darle celeridad a las exportaciones de ahora en más es generar un vínculo concreto con los frigoríficos que prepararán la carne para embarcar. “Se nos complica mucho porque se sobrevendieron en China, por la crisis de proteínas de los cerdos. Ahora no quieren hacer el trabajo porque están saturados. Estamos en una lucha que seguramente la vamos a poder solucionar y tendremos que hacer estrategias o contratos para tener una continuidad, porque si vamos a estar saltando de un lado al otro no nos deja tranquilos”, admitió González.

Por ahora son todas posibilidades que el empresario maneja con su equipo y que se irán aceitando a medida de que las transacciones comerciales se vayan repitiendo. "Es una cuestión de tiempo. Es la primera vez que exportamos y como productores agropecuarios no es algo a lo que estemos acostumbrados. Estamos aprendiendo y haciendo escuela con estos primeros envíos", expresó.

Aún así, están confiados de poder conquistar otros destinos con su producción. Uno de ellos es Vietnam, un lugar en el que ya han conseguido algunos contactos con empresarios y en el que también crece la demanda por la atractiva carne argentina. En un futuro cercano también podrían tener un mercado allí.

Una feria gigante

La prueba de fuego para el proyecto exportador de Tigonbú sucedió hace menos de un mes. El equipo directivo viajó hasta Shanghai para estar presentes en la SIAL, la feria de alimentos más grandes del Continente Asiático y probablemente de todo el mundo, en donde la carne argentina tuvo un lugar destacado y un aluvión de consultas.

Este año, la muestra contó con 17 pabellones, más de 3.400 expositores y 120.000 negociadores que fueron interesados en hacer inversiones o acuerdos con las empresas alimenticias.

Tan grande fue la exposición que Gastón estuvo los cuatro días y no alcanzó a recorrer ni un 20% de los puestos. "Es gigante y espectacular. Había muchísima gente y productores de todo el mundo y de todo tipo, se ofrecen bebidas, snacks, cereales, de todo. Los chinos demandan mucha cantidad de alimentos y se vendió sin parar", contó.

En mayo, el nombre de la feria se leyó y se escuchó mucho en los medios nacionales, sobre todo en los especializados en el sector agropecuario y económico, porque el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) tuvo una interesante participación para difundir entre los orientales las virtudes de la producción argentina, ante la creciente apertura de exportaciones hacia ese destino. El organismo instaló un pabellón de más de 800 metros cuadrados nombrado como "Argentine Beef", en el que lo acompañaron unas 25 empresas, cada una con su espacio individual.

Pero Tigonbú tuvo una participación aún más directa, porque estuvieron en el stand de la firma Top Put, la que comprará sus novillos. Allí, se la pasaron atendiendo a los representantes de hoteles y restaurantes para darles a probar la marca T-Beef, para que la puedan incorporar en sus menús.

“Tuvimos una muy buena respuesta, la verdad es que gustó mucho. Incluso nos dijeron que la vieron superior a la australiana y a la americana que ellos adquieren", dijo satisfecho.

Para González, una de las claves del buen recibimiento de su producto es que envían los mejores animales y todos los cortes. "Los frigoríficos argentinos generalmente mandan a China los cortes que no tienen salida aquí; mientras que la carne de primera la envían para la Cuota Hilton a Europa. Sin embargo, los chinos viajan mucho y saben comer bien, conocen lo que hay y demandan carne de calidad", reveló.

Por eso, la firma apuntó a un mercado distinto. Presentan su marca como un producto Premium para llegar a una clientela más exclusiva, de un poder adquisitivo mayor y que está dispuesta a pagar un precio diferencial por la calidad de lo que van a comer, sobre todo si lo hacen en un hotel cinco estrellas o un restaurante de primer nivel.

Lógicamente, los inversores chinos tienen sus exigencias a la hora de comprar animales. En primer lugar, porque quieren que sean pesados para que todos los cortes rindan más. Pero también, buscan que el marmoleo sea de mucha grasa intramuscular, lo que le da un sabor y una textura suave y jugosa. "En eso los sorprendimos gratamente, porque la genética que trabajamos hace años apunta a ese tipo de carne", aseguró el joven empresario.

Las puertas, siempre abiertas

Para Gastón González, la exportación es una posibilidad importantísima para los productores. Ante la quietud del consumo interno y el estancamiento de los precios que pueden pagar los argentinos por la carne vacuna en sus platos, el mercado internacional aparece como la panacea ideal para los que tienen un producto para ofrecer y buscan una mejor rentabilidad.

Tigonbú ya se dedicaba al mercado externo antes de cerrar sus acuerdos con los inversores chinos. Pero antes, vendía su producción a los frigoríficos exportadores, que eran los que terminaban por definir los valores que estaban dispuestos a pagar.

Ahora, al saltarse los intermediarios, el cordobés considera que la retribución por su trabajo será mejor y más justa. "El esfuerzo de tener la vaca, el campo, de criar el ternero, engordarlo y venderlo lo hace el productor. Y la rentabilidad no la tiene en la misma proporción. Creo que nos merecemos un mayor reconocimiento, que se logra con la exportación. Afuera la carne se paga. Es la única forma de que sea más atractivo el negocio y de poder crecer, tener más animales y mejorar", opinó.

Al mismo tiempo, sostiene que las ventas al extranjero son fundamentales para el ingreso de divisas al país y acelerar así el retardado crecimiento económico argentino.

Aunque todavía quedan pulir varios detalles, Tigonbú acaba de dar un paso más en su ambicioso proyecto de sacar lo mejor del campo de San Luis para producir alimentos y energía. Y harán todo lo necesario para que los negocios fluyan de ahora en más, aún cuando eso implique seguir invirtiendo. "Si no podemos llegar a un acuerdo con algún frigorífico, probablemente tengamos que comprar uno o construirlo. Pero eso no va a trabar la iniciativa", piensa Gastón González, en voz alta.

Lo cierto es que pronto desde un campo de Buena Esperanza saldrá la carne que se servirá en los restaurantes más exclusivos de China.

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No es ningún cuento chino: Tigonbú vende carne a Asia

La firma radicada en Buena Esperanza exportará novillos y vacas con su genética bajo la marca T-Beef, para abastecer a hoteles y restaurantes de lujo en el gigante oriental.

Más de 19.000 kilómetros, con dos océanos en el medio, parece una distancia demasiado grande para establecer un vínculo comercial directo.  Pero lo cierto es que cuando hay ganas y trabajo de calidad, las lejanías se achican. Así, desde un campo del sur de San Luis saldrá un producto que se servirá en algunos de los hoteles y restaurantes más lujosos de Shanghai.

Porque la firma Tigonbú SA no se anda con pequeñeces y le acaba de sumar un nuevo emprendimiento al ambicioso proyecto agroindustrial que desarrollan en "Huelucan", la estancia que tienen a unos pocos kilómetros del ingreso a Buena Esperanza. Muy pronto comenzarán a exportar carne a China, sin intermediarios, como un producto Premium y bajo su propia marca, T-Beef.

“Hace más de cuarenta años que hacemos Angus colorado y no veíamos reflejados en los precios locales todo el esfuerzo y la calidad de nuestra producción”, contó Gastón González, quien encabeza la tercera generación de una empresa que nació como un proyecto familiar, pero que ahora es un enorme emporio que mezcla ganadería, agricultura, bioetanol, biogás, burlanda, vinaza, energía eléctrica y térmica, entre otros emprendimientos.

Los González, originarios del sur cordobés, se instalaron en suelo puntano a comienzos de la década de 1990. En la provincia, donde manejan siete campos, comenzaron a desarrollar un esquema ganadero que abarca el ciclo completo, desde la cría de terneros hasta el engorde a corral. De hecho, cuentan con un moderno feedlot con capacidad para alimentar a 4.000 animales (aunque planean ampliarlo hasta 16.000), que hasta tiene conexión wifi y un sistema de caravanas electrónicas para tener datos de todos los vacunos que ingresan al establecimiento. El negocio de las vacas se completa con una cabaña, en la que sacan a relucir todo el potencial genético que han ido logrando y mejorando con el paso de los años.

Entre las 4.000 cabezas que producen en Huelucan y el resto lo tienen repartidas en campos de San Luis y de la provincia de Córdoba, siembran unas 18.000 hectáreas con cultivos extensivos, principalmente soja y maíz.

Y como si eso fuera poco, cuentan con una planta de generación de energía, en la que aprovechan toda la materia prima que ellos mismos hacen y le dan cierre a un círculo virtuoso que intenta darle valor agregado a la producción sin necesidad de que recorra muchos kilómetros.

Nadie es profeta en su tierra

Pero en el caso de la carne, González resaltó que no estaba conforme con los precios que los frigoríficos locales pagan por el resultado de un trabajo que siempre es a largo plazo y lleno de riesgos.

Como si se hiciera eco de esa máxima bíblica que reza que "nadie es profeta en su tierra", en su mente siempre apareció la exportación como la mejor opción para encontrar un mejor rédito a ese proceso que iniciaron hace cuatro décadas. Y dentro del mercado internacional, el chino era el destino que más lo seducía, por el volumen y por el prestigio que ha ido conquistando allí la carne argentina.

La progresiva apertura de las exportaciones fue el contexto ideal para dar el paso. Y en ese escenario, China se consolidó como el principal comprador de la producción argentina. La Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA) publicó un informe en el que da cuenta que durante abril, tres de cada cuatro kilos que el país exportó, fueron enviados al gigante oriental. Esas ventas aportaron 5,7 de cada 10 dólares facturados en ese período.

Pero en lo concreto, el desembarco de Tigonbú en el Continente Asiático se dio gracias a las relaciones que González ha cosechado por el mundo. "Nos contacta, a través de unos amigos que están allá jugando al polo, un comprador que hace distribución de carne a hoteles y restaurantes de lujo. Él vende este producto, que se lo proveen australianos y americanos, y les faltaba la carne argentina. Nos reu-nimos, le mostramos lo que hacemos, la historia de la empresa, la trazabilidad  y la sanidad que tenemos, y así comenzamos un vínculo comercial”, contó.

De esa manera, la firma asentada en San Luis les venderá directamente su carne a través de la marca T-Beef, y el empresario chino la ofertará a los comedores. Lo que enviarán serán novillos completos de 600 kilos, enfriados y envasados al vacío.

No es el único cliente que consiguieron. Ya iniciaron las gestiones con otro inversor que demanda carne de vacas, más común en China, en vez de novillos.

"La verdad que para nosotros es un orgullo poder estar vendiendo nuestro producto y nuestra marca allá. Porque la calidad con la que se trabajó con tantos años allá te la reconocen, te la pagan diferenciado y hace que se ponga más entretenido el negocio”, expresó el cordobés.

Sin embargo, no fue todo tan sencillo. En primer lugar, González y su equipo tuvieron que convencer a los empresarios chinos de que acepten menores volúmenes de envíos que los que pretendían. “A ellos le cuesta entender que la calidad no siempre es compatible con la cantidad, porque la cantidad que necesitan es infinita, nada les alcanza, todo les parece poco”, admitió entre risas.

Mientras uno de los empresarios solicita entre 4 y 5 contenedores mensuales de novillo, el otro quiere recibir 20 repletos de vacas todos los meses. Las cantidades son enormes si se calcula que por contenedor entran unos 22.000 kilos de carne.

“No es algo que se pueda hacer de un día para el otro, es un proceso a largo plazo. Los novillos necesitan un cierto período de tiempo para crecer y engordar. Eso es algo con lo que tuvimos que lidiar un poco, porque nos pedían mucho. Pero lo fueron entendiendo y apostaron para que el proyecto saliera”, aclaró.

Así, por lo pronto, desarrollaron un cronograma de previsión para comenzar a exportar lo antes posible, en cuanto termine por habilitarse el envío de cortes frescos. Hasta ahora, solo se admitía carne congelada y sin hueso, pero desde hace algunos meses el gobierno nacional viene avisando que la apertura es inminente, y ya hay una lista de frigoríficos autorizados para enviar los cortes solamente enfriados.

Cuando ese permiso esté listo, la empresa comenzará a mandar un contenedor por mes en barco. Pero a partir de noviembre pretenden mandar dos. Pasarán a tres en marzo y a entre cuatro y cinco en julio del año que viene, hasta ir completando el volumen que solicitan los inversores chinos.

Tranqueras adentro, la firma tendrá que hacer algunos cambios en su producción ganadera para poder atender esa enorme demanda. En principio, "vamos a tener que producir más y hacer animales de más kilos. Normalmente sacamos novillos de 420 kilos en promedio, y ahora van a ser de 600. Eso nos lleva más tiempo en el feedlot (van a estar alrededor de 300 días) y más granos", anticipó.

Una de las posibilidades que barajan es hacer algún tipo de “alianza estratégica” con alguna otra empresa que produzca la misma calidad de animales que ellos, o en su defecto proveerles genética para que empiecen a hacer crías con la misma línea de sangre.

Otro de los procesos que deberán mejorar para darle celeridad a las exportaciones de ahora en más es generar un vínculo concreto con los frigoríficos que prepararán la carne para embarcar. “Se nos complica mucho porque se sobrevendieron en China, por la crisis de proteínas de los cerdos. Ahora no quieren hacer el trabajo porque están saturados. Estamos en una lucha que seguramente la vamos a poder solucionar y tendremos que hacer estrategias o contratos para tener una continuidad, porque si vamos a estar saltando de un lado al otro no nos deja tranquilos”, admitió González.

Por ahora son todas posibilidades que el empresario maneja con su equipo y que se irán aceitando a medida de que las transacciones comerciales se vayan repitiendo. "Es una cuestión de tiempo. Es la primera vez que exportamos y como productores agropecuarios no es algo a lo que estemos acostumbrados. Estamos aprendiendo y haciendo escuela con estos primeros envíos", expresó.

Aún así, están confiados de poder conquistar otros destinos con su producción. Uno de ellos es Vietnam, un lugar en el que ya han conseguido algunos contactos con empresarios y en el que también crece la demanda por la atractiva carne argentina. En un futuro cercano también podrían tener un mercado allí.

Una feria gigante

La prueba de fuego para el proyecto exportador de Tigonbú sucedió hace menos de un mes. El equipo directivo viajó hasta Shanghai para estar presentes en la SIAL, la feria de alimentos más grandes del Continente Asiático y probablemente de todo el mundo, en donde la carne argentina tuvo un lugar destacado y un aluvión de consultas.

Este año, la muestra contó con 17 pabellones, más de 3.400 expositores y 120.000 negociadores que fueron interesados en hacer inversiones o acuerdos con las empresas alimenticias.

Tan grande fue la exposición que Gastón estuvo los cuatro días y no alcanzó a recorrer ni un 20% de los puestos. "Es gigante y espectacular. Había muchísima gente y productores de todo el mundo y de todo tipo, se ofrecen bebidas, snacks, cereales, de todo. Los chinos demandan mucha cantidad de alimentos y se vendió sin parar", contó.

En mayo, el nombre de la feria se leyó y se escuchó mucho en los medios nacionales, sobre todo en los especializados en el sector agropecuario y económico, porque el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) tuvo una interesante participación para difundir entre los orientales las virtudes de la producción argentina, ante la creciente apertura de exportaciones hacia ese destino. El organismo instaló un pabellón de más de 800 metros cuadrados nombrado como "Argentine Beef", en el que lo acompañaron unas 25 empresas, cada una con su espacio individual.

Pero Tigonbú tuvo una participación aún más directa, porque estuvieron en el stand de la firma Top Put, la que comprará sus novillos. Allí, se la pasaron atendiendo a los representantes de hoteles y restaurantes para darles a probar la marca T-Beef, para que la puedan incorporar en sus menús.

“Tuvimos una muy buena respuesta, la verdad es que gustó mucho. Incluso nos dijeron que la vieron superior a la australiana y a la americana que ellos adquieren", dijo satisfecho.

Para González, una de las claves del buen recibimiento de su producto es que envían los mejores animales y todos los cortes. "Los frigoríficos argentinos generalmente mandan a China los cortes que no tienen salida aquí; mientras que la carne de primera la envían para la Cuota Hilton a Europa. Sin embargo, los chinos viajan mucho y saben comer bien, conocen lo que hay y demandan carne de calidad", reveló.

Por eso, la firma apuntó a un mercado distinto. Presentan su marca como un producto Premium para llegar a una clientela más exclusiva, de un poder adquisitivo mayor y que está dispuesta a pagar un precio diferencial por la calidad de lo que van a comer, sobre todo si lo hacen en un hotel cinco estrellas o un restaurante de primer nivel.

Lógicamente, los inversores chinos tienen sus exigencias a la hora de comprar animales. En primer lugar, porque quieren que sean pesados para que todos los cortes rindan más. Pero también, buscan que el marmoleo sea de mucha grasa intramuscular, lo que le da un sabor y una textura suave y jugosa. "En eso los sorprendimos gratamente, porque la genética que trabajamos hace años apunta a ese tipo de carne", aseguró el joven empresario.

Las puertas, siempre abiertas

Para Gastón González, la exportación es una posibilidad importantísima para los productores. Ante la quietud del consumo interno y el estancamiento de los precios que pueden pagar los argentinos por la carne vacuna en sus platos, el mercado internacional aparece como la panacea ideal para los que tienen un producto para ofrecer y buscan una mejor rentabilidad.

Tigonbú ya se dedicaba al mercado externo antes de cerrar sus acuerdos con los inversores chinos. Pero antes, vendía su producción a los frigoríficos exportadores, que eran los que terminaban por definir los valores que estaban dispuestos a pagar.

Ahora, al saltarse los intermediarios, el cordobés considera que la retribución por su trabajo será mejor y más justa. "El esfuerzo de tener la vaca, el campo, de criar el ternero, engordarlo y venderlo lo hace el productor. Y la rentabilidad no la tiene en la misma proporción. Creo que nos merecemos un mayor reconocimiento, que se logra con la exportación. Afuera la carne se paga. Es la única forma de que sea más atractivo el negocio y de poder crecer, tener más animales y mejorar", opinó.

Al mismo tiempo, sostiene que las ventas al extranjero son fundamentales para el ingreso de divisas al país y acelerar así el retardado crecimiento económico argentino.

Aunque todavía quedan pulir varios detalles, Tigonbú acaba de dar un paso más en su ambicioso proyecto de sacar lo mejor del campo de San Luis para producir alimentos y energía. Y harán todo lo necesario para que los negocios fluyan de ahora en más, aún cuando eso implique seguir invirtiendo. "Si no podemos llegar a un acuerdo con algún frigorífico, probablemente tengamos que comprar uno o construirlo. Pero eso no va a trabar la iniciativa", piensa Gastón González, en voz alta.

Lo cierto es que pronto desde un campo de Buena Esperanza saldrá la carne que se servirá en los restaurantes más exclusivos de China.

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