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La degradación global del planeta

Las próximas décadas serán cruciales para conformar e implementar una agenda transformadora de la tierra que logre una neutralidad en su degradación, de acuerdo con las autoridades y científicos de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD).

Este es uno de los mensajes clave para todos los responsables en la toma de decisiones destinadas a frenar la degradación de la tierra. Esto se produce después de las advertencias sobre el impacto de la degradación y la sequía en la biodiversidad del planeta, realizadas en un informe especial por la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES).

Las cosas no están mejorando. El tema de la desertificación se está volviendo más claro para las diferentes comunidades, pero ahora tenemos que comenzar a implementar el conocimiento que ya tenemos para combatir la desertificación, dijeron en Ankara, la capital de Turquía, donde se celebraron este año los actos centrales del día mundial.

“No solo tenemos que implementar la tecnología, es el nivel de política el que tiene que desarrollar una estructura de gobierno que respalde las prácticas de gestión sostenible de la tierra”, afirmó la CNULD, también conocida como UNCCD, su sigla en inglés.

La investigación de la IPBES, dada a conocer en mayo, descubrió que la biosfera y la atmósfera, de la cual depende la humanidad en su conjunto, han sido profundamente reconfiguradas por la gente.

El informe muestra que 75 por ciento de la superficie terrestre está muy alterada, 66 por ciento de la superficie del océano experimenta un aumento de los impactos acumulativos y el 85 por ciento de la zona de humedales se ha perdido.

“Por supuesto, hay áreas que son más afectadas; son áreas que están sufriendo una sequía extrema que dificulta aún más el uso sostenible de los recursos de la tierra”, dice el informe. “En todos los continentes está el problema de la degradación de la tierra, por lo que no hay un continente, no hay un país que pueda simplemente ‘descansar’ y decir que no es su problema. Todos tenemos que hacer algo”.

Ya existe suficiente conocimiento para respaldar la implementación de tecnología que se base en la evidencia incontestable para que al menos la degradación de la tierra no continúe. Pero también se requiere que los gobiernos, los usuarios de la tierra y todas las diferentes comunidades de un país sean parte de la solución.

“No hay un enfoque de arriba hacia abajo. Se necesita a la gente en el terreno, se necesita a la gente que genera conocimiento y se necesita que los responsables de las políticas implementen ese conocimiento. Se necesitan a todos”, dijo el organismo.

Nadie en una comunidad, en un entorno social, puede decir que esto no tiene nada que ver conmigo. Todos somos consumidores de productos que se generan desde la tierra. Por lo tanto, en nuestra vida diaria, la forma en que comemos, la forma en que nos vestimos. Todo lo que hacemos tiene algo que ver con la tierra, y podemos tomar decisiones que son más amigables para la tierra que lo que estamos haciendo en este momento.

El científico principal de la UNCCD, Barron Joseph Orr, dijo que es importante tener en cuenta que recientemente se han realizado cuatro grandes evaluaciones que inciden en la degradación de la tierra y que, si bien se realizaron por diferentes motivos, utilizando diferentes metodologías, todas convergieron en conclusiones y mensajes muy similares.

Agregó que mientras en el pasado la degradación de la tierra era vista como una consecuencia de una sobreactividad pecuaria o prácticas deficientes en el manejo de las tierras agrícolas, la realidad es que en la actualidad eso no tiene una influencia esencial en el cambio en la tierra.

“Lo que es muy diferente del pasado es la tasa de transformación de la tierra. El ritmo de ese cambio es considerable, tanto en términos de conversión a tierras agrícolas como en áreas edificadas”, dijo Orr.

“Tenemos una situación en la que el 75 por ciento de la superficie terrestre se ha transformado, y la demanda de alimentos solo aumentará entre ahora y 2050, cuando se espera que el crecimiento de la población aumente entre mil y dos mil millones de personas”, explicó.

“Nuestra demanda de energía que se extrae de la tierra, la bioenergía o la necesidad de tierra para la energía solar y eólica solo va a aumentar, pero estos estudios dejan en claro que no estamos optimizando nuestro uso (de la tierra)”, agregó. Claro. Preocupante.

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La degradación global del planeta

Las próximas décadas serán cruciales para conformar e implementar una agenda transformadora de la tierra que logre una neutralidad en su degradación, de acuerdo con las autoridades y científicos de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD).

Este es uno de los mensajes clave para todos los responsables en la toma de decisiones destinadas a frenar la degradación de la tierra. Esto se produce después de las advertencias sobre el impacto de la degradación y la sequía en la biodiversidad del planeta, realizadas en un informe especial por la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES).

Las cosas no están mejorando. El tema de la desertificación se está volviendo más claro para las diferentes comunidades, pero ahora tenemos que comenzar a implementar el conocimiento que ya tenemos para combatir la desertificación, dijeron en Ankara, la capital de Turquía, donde se celebraron este año los actos centrales del día mundial.

“No solo tenemos que implementar la tecnología, es el nivel de política el que tiene que desarrollar una estructura de gobierno que respalde las prácticas de gestión sostenible de la tierra”, afirmó la CNULD, también conocida como UNCCD, su sigla en inglés.

La investigación de la IPBES, dada a conocer en mayo, descubrió que la biosfera y la atmósfera, de la cual depende la humanidad en su conjunto, han sido profundamente reconfiguradas por la gente.

El informe muestra que 75 por ciento de la superficie terrestre está muy alterada, 66 por ciento de la superficie del océano experimenta un aumento de los impactos acumulativos y el 85 por ciento de la zona de humedales se ha perdido.

“Por supuesto, hay áreas que son más afectadas; son áreas que están sufriendo una sequía extrema que dificulta aún más el uso sostenible de los recursos de la tierra”, dice el informe. “En todos los continentes está el problema de la degradación de la tierra, por lo que no hay un continente, no hay un país que pueda simplemente ‘descansar’ y decir que no es su problema. Todos tenemos que hacer algo”.

Ya existe suficiente conocimiento para respaldar la implementación de tecnología que se base en la evidencia incontestable para que al menos la degradación de la tierra no continúe. Pero también se requiere que los gobiernos, los usuarios de la tierra y todas las diferentes comunidades de un país sean parte de la solución.

“No hay un enfoque de arriba hacia abajo. Se necesita a la gente en el terreno, se necesita a la gente que genera conocimiento y se necesita que los responsables de las políticas implementen ese conocimiento. Se necesitan a todos”, dijo el organismo.

Nadie en una comunidad, en un entorno social, puede decir que esto no tiene nada que ver conmigo. Todos somos consumidores de productos que se generan desde la tierra. Por lo tanto, en nuestra vida diaria, la forma en que comemos, la forma en que nos vestimos. Todo lo que hacemos tiene algo que ver con la tierra, y podemos tomar decisiones que son más amigables para la tierra que lo que estamos haciendo en este momento.

El científico principal de la UNCCD, Barron Joseph Orr, dijo que es importante tener en cuenta que recientemente se han realizado cuatro grandes evaluaciones que inciden en la degradación de la tierra y que, si bien se realizaron por diferentes motivos, utilizando diferentes metodologías, todas convergieron en conclusiones y mensajes muy similares.

Agregó que mientras en el pasado la degradación de la tierra era vista como una consecuencia de una sobreactividad pecuaria o prácticas deficientes en el manejo de las tierras agrícolas, la realidad es que en la actualidad eso no tiene una influencia esencial en el cambio en la tierra.

“Lo que es muy diferente del pasado es la tasa de transformación de la tierra. El ritmo de ese cambio es considerable, tanto en términos de conversión a tierras agrícolas como en áreas edificadas”, dijo Orr.

“Tenemos una situación en la que el 75 por ciento de la superficie terrestre se ha transformado, y la demanda de alimentos solo aumentará entre ahora y 2050, cuando se espera que el crecimiento de la población aumente entre mil y dos mil millones de personas”, explicó.

“Nuestra demanda de energía que se extrae de la tierra, la bioenergía o la necesidad de tierra para la energía solar y eólica solo va a aumentar, pero estos estudios dejan en claro que no estamos optimizando nuestro uso (de la tierra)”, agregó. Claro. Preocupante.

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