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"Veo un crecimiento del espíritu asociativo del campo"

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"Veo un crecimiento del espíritu asociativo del campo"

El dirigente rural mendocino, que tiene familia en San Luis, cree que se acabó el tiempo en el que el productor hablaba de "mi" tractor o "mi" pulverizadora. Hay que asociarse.

Antes de Víctor Tonelli, el que abrió la jornada fue Carlos Iannizzotto, el titular de la Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro), una organización que nuclea 120 mil productores, 800 cooperativas y 15 federaciones, gracias a que sumó una nueva el mes pasado en General Roca, en el Alto Valle de Río Negro.

De entrada, les hizo un mimo a los productores: “Es una jornada para compartir, nadie sabe más que ustedes de sus propios campos. Tenemos que hacer un intercambio de experiencias, para eso estamos acá, para informarnos, conocer datos y sugerencias, para mejorar lo que cada uno hace”. Y para completar el ida y vuelta con el auditorio, reconoció que con San Luis tiene una relación especial. “Acá tengo familia, hermanos de mi padre. Mi tío Benjamín jugó al fútbol en la liga local, tengo primos con los que me veo constantemente”, aseguró este vitivinicultor mendocino, muy respetado en el ámbito gremial del campo.

“Familia es arraigo, si aflojamos el trabajo rural, el problema de las ciudades se agrava, se llena de gente que no quiere estar allí, que llega empujada porque no encontró motivaciones para seguir en su hábitat natural, que es el campo”, describió una situación que en San Luis es muy conocida y está permanentemente atendida por el Gobierno de San Luis, con planes de arraigo muy claros como Mi Energía Rural (que entrega pantallas, heladeras y calefones solares), el Plan Toro (repone animales afectados por venéreas) y recorridas sanitarias continuas por todos los parajes en busca de erradicar enfermedades como la brucelosis y la triquinosis.

Para apoyarse, brindó datos de su provincia, Mendoza. “En los últimos 10 años el crecimiento rural fue del 3% y el urbano, del 95%, lo que indica que hay una fuerte emigración del campo a la ciudad”. En busca de respuestas a este problema, Iannizzotto cree que el camino es “el crecimiento del espíritu asociativo, en Coninagro no somos empresas, aunque estamos conformados por ellas. Tenemos a ACA, Fecovita, Playadito, SanCor Seguros”, enumeró, para completar la idea: “El cooperativismo no es asistencialista. Podemos tomar proyectos de mucha envergadura. Los países desarrollados son los que mejor organización asociativa tienen, las grandes empresas también se asocian, vean lo que pasó con Bayer y Monsanto, lo hacen para ganar mercados”.

Recién llegado de Río Negro, contó la experiencia vivida con la nueva federación asociada a Coninagro. “Es una empresa conformada por 235 productores que vende el servicio de gestión de exportaciones para los que quieren colocar peras y manzanas, los orienta sobre cómo llegar a los mercados más exigentes del mundo. Gracias a la organización, estos productores se pudieron sostener en momentos difíciles”. Para el dirigente, “son aspectos de la realidad que me hacen ser optimista, porque los recursos naturales los tenemos. La salida está en los mercados externos, ya que el interno se achicó por la crisis económica.

 

Lo público ligado a lo privado

Iannizzotto cree que “se necesita un trabajo conjunto público-privado, inversiones, tener una mente abierta, un plan estratégico con apoyos. Tenemos que organizarnos para mejorar la producción, armar consorcios para arreglar los caminos rurales y conducir el riego, promover la infraestructura energética y habitacional. Pensar más en el campo, ¿por qué no hay planes para las zonas rurales?, en las ciudades no hay más lugar. Pero los recursos hay que solicitarlos con firmeza, si no los políticos no se mueven”.

Volviendo al asociativismo, el dirigente rural está convencido de que “se terminó eso de mi tractor, mi pulverizadora, mi rastra. Hoy los costos nos superan, hay que asociarse, gestionar en conjunto para mejorar la rentabilidad, que es muy finita en los últimos años. Hay futuro porque hay juventud, el mundo pide nuestros productos, como la carne, los granos y los vinos, pero nosotros tenemos que agregar valor para enriquecer nuestras ventas”.

Tras su exposición, y haciendo caso a eso de que es el momento de la juventud, le dejó el lugar en el estrado a Santiago Sancho, un productor que se dedica a lo mismo que él, la vitivinicultura. Sancho, que coordina los grupos de Coninagro en el país, diferenció el término asociativismo, que es relativamente nuevo, del tradicional cooperativismo que siempre promovió la entidad gremial. “Asociativismo es un término más amplio, se basa en un grupo de personas que trabaja sobre necesidades reales. Los jóvenes son clave porque conocen los avances tecnológicos, aprenden más rápido y adaptan la producción a los nuevos tiempos. En definitiva, toman el desafío como una alternativa de vida”.

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"Veo un crecimiento del espíritu asociativo del campo"

El dirigente rural mendocino, que tiene familia en San Luis, cree que se acabó el tiempo en el que el productor hablaba de "mi" tractor o "mi" pulverizadora. Hay que asociarse.

El bien común. En Coninagro están convencidos de que los productores deben dejar de lado los intereses personales para crecer.

Antes de Víctor Tonelli, el que abrió la jornada fue Carlos Iannizzotto, el titular de la Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro), una organización que nuclea 120 mil productores, 800 cooperativas y 15 federaciones, gracias a que sumó una nueva el mes pasado en General Roca, en el Alto Valle de Río Negro.

De entrada, les hizo un mimo a los productores: “Es una jornada para compartir, nadie sabe más que ustedes de sus propios campos. Tenemos que hacer un intercambio de experiencias, para eso estamos acá, para informarnos, conocer datos y sugerencias, para mejorar lo que cada uno hace”. Y para completar el ida y vuelta con el auditorio, reconoció que con San Luis tiene una relación especial. “Acá tengo familia, hermanos de mi padre. Mi tío Benjamín jugó al fútbol en la liga local, tengo primos con los que me veo constantemente”, aseguró este vitivinicultor mendocino, muy respetado en el ámbito gremial del campo.

“Familia es arraigo, si aflojamos el trabajo rural, el problema de las ciudades se agrava, se llena de gente que no quiere estar allí, que llega empujada porque no encontró motivaciones para seguir en su hábitat natural, que es el campo”, describió una situación que en San Luis es muy conocida y está permanentemente atendida por el Gobierno de San Luis, con planes de arraigo muy claros como Mi Energía Rural (que entrega pantallas, heladeras y calefones solares), el Plan Toro (repone animales afectados por venéreas) y recorridas sanitarias continuas por todos los parajes en busca de erradicar enfermedades como la brucelosis y la triquinosis.

Para apoyarse, brindó datos de su provincia, Mendoza. “En los últimos 10 años el crecimiento rural fue del 3% y el urbano, del 95%, lo que indica que hay una fuerte emigración del campo a la ciudad”. En busca de respuestas a este problema, Iannizzotto cree que el camino es “el crecimiento del espíritu asociativo, en Coninagro no somos empresas, aunque estamos conformados por ellas. Tenemos a ACA, Fecovita, Playadito, SanCor Seguros”, enumeró, para completar la idea: “El cooperativismo no es asistencialista. Podemos tomar proyectos de mucha envergadura. Los países desarrollados son los que mejor organización asociativa tienen, las grandes empresas también se asocian, vean lo que pasó con Bayer y Monsanto, lo hacen para ganar mercados”.

Recién llegado de Río Negro, contó la experiencia vivida con la nueva federación asociada a Coninagro. “Es una empresa conformada por 235 productores que vende el servicio de gestión de exportaciones para los que quieren colocar peras y manzanas, los orienta sobre cómo llegar a los mercados más exigentes del mundo. Gracias a la organización, estos productores se pudieron sostener en momentos difíciles”. Para el dirigente, “son aspectos de la realidad que me hacen ser optimista, porque los recursos naturales los tenemos. La salida está en los mercados externos, ya que el interno se achicó por la crisis económica.

 

Lo público ligado a lo privado

Iannizzotto cree que “se necesita un trabajo conjunto público-privado, inversiones, tener una mente abierta, un plan estratégico con apoyos. Tenemos que organizarnos para mejorar la producción, armar consorcios para arreglar los caminos rurales y conducir el riego, promover la infraestructura energética y habitacional. Pensar más en el campo, ¿por qué no hay planes para las zonas rurales?, en las ciudades no hay más lugar. Pero los recursos hay que solicitarlos con firmeza, si no los políticos no se mueven”.

Volviendo al asociativismo, el dirigente rural está convencido de que “se terminó eso de mi tractor, mi pulverizadora, mi rastra. Hoy los costos nos superan, hay que asociarse, gestionar en conjunto para mejorar la rentabilidad, que es muy finita en los últimos años. Hay futuro porque hay juventud, el mundo pide nuestros productos, como la carne, los granos y los vinos, pero nosotros tenemos que agregar valor para enriquecer nuestras ventas”.

Tras su exposición, y haciendo caso a eso de que es el momento de la juventud, le dejó el lugar en el estrado a Santiago Sancho, un productor que se dedica a lo mismo que él, la vitivinicultura. Sancho, que coordina los grupos de Coninagro en el país, diferenció el término asociativismo, que es relativamente nuevo, del tradicional cooperativismo que siempre promovió la entidad gremial. “Asociativismo es un término más amplio, se basa en un grupo de personas que trabaja sobre necesidades reales. Los jóvenes son clave porque conocen los avances tecnológicos, aprenden más rápido y adaptan la producción a los nuevos tiempos. En definitiva, toman el desafío como una alternativa de vida”.

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