eldiariodelarepublica.com
El semillero del campo promete una revolución

Escuchá acá la 90.9
X

El semillero del campo promete una revolución

Magdalena Strongoli

Un grupo de flamantes técnicos agropecuarios compartieron con la revista sus ilusiones y las experiencias vividas en el secundario.

Atrás quedaron esas frases pasadas de moda, que aseguran que jóvenes "eran los de antes", aludiendo a que el compromiso de antaño era más sólido en ese momento tan delicado de la vida. Al menos por lo que pudo recabar esta cronista en la charla que mantuvo con ocho adolescentes de entre 18 y 20 años que formaron parte de la primera promoción que obtuvo el título de técnico agropecuario en la ex Escuela Agraria de San Luis, ese concepto anticuado es una rotunda falsedad, una creencia que no se condice con la realidad de estos chicos estudiosos, trabajadores y que forjaron parte de su futuro, que ellos imaginan será en el campo, aportando a la causa puntana.

La mitad de ellos comenzó este año carreras afines al ámbito rural, como veterinaria o agronomía, y todos tienen algo en común además de la pasión por las actividades relacionadas con el campo: un inmenso amor por la escuela secundaria que los vio crecer y les dio la oportunidad de formarse como personas, con valores sagrados como la amistad, la solidaridad y el trabajo en equipo. 

 

Hay equipo. Los alumnos de la ex Agraria pasaron la adolescencia dentro del predio.  

 

Milvana, Michel, Alejandro, Luciano, Facundo, Luana, Lara y César son los protagonistas de una historia que comenzó siete años atrás, cuando recién rompían el caparazón protector de la escuela primaria y ya habían decidido hacia dónde querían enfocar sus vidas. El encuentro con la revista El Campo fue en la vieja pero remozada estación de trenes de la ciudad de San Luis. Allí, luego de un trabajo arduo, el director Enzo Lentini les propuso a los chicos que contaran la experiencia en la escuela y sus expectativas sobre el futuro. 

Durante seis años, de lunes a viernes desde las 8 y hasta las 16:20, los alumnos de la Escuela Técnica Nº 6 "General San Martín", más conocida en la ciudad de San Luis como la ex Agraria, pasaron su adolescencia dentro del predio. Las aulas, los corrales, la fábrica de dulces o el reciente frigorífico instalado en la escuela eran los lugares donde los chicos desarrollaban actividades supervisadas por sus profesores. La promoción 2018, que los alumnos llamaron "Exnelaf" contó con una ventaja que no tuvieron sus antecesores: además de las prácticas que hacían en el colegio, pudieron con mucho esfuerzo cruzar las tranqueras camino a la realidad de la actividad agropecuaria gracias a un proyecto del Ministerio de Producción, que los contactó con productores de todas las escalas y especialidades, para que pudieran comprobar "a campo" todo lo aprendido en la teoría.

 

La promoción 2018 contó con una ventaja que no tuvieron las anteriores: visitar campos y aprender sobre producción en el terreno, gracias a un convenio con el Gobierno.

 

Además, el aprendizaje los llevó por lugares que jamás imaginaron. "El nombre de nuestra promo significa que el éxito no es la llave de la felicidad. Es la felicidad la que asegura el éxito", contó Luciano, que unió las letras de esa frase para darle nombre a esta comunidad de egresados orgullosos de lo conseguido.

En el encuentro ambientado en la estación ferroviaria, los futuros alumnos universitarios contaron sobre las materias y los contenidos aprendidos en el último lustro. "Teníamos una materia que se llamaba Agricultura de Precisión, que la dictaba el profesor Pablo Cangiano, un ingeniero agrónomo. Trabajábamos en los cuadros agrícolas de la escuela y aprendimos cómo mejorar la calidad de los cultivo a través de la homogeneidad y la humedad en la tierra, para conocer si determinado lote está apto para sembrar", explicó Luciano, quien se decidió por la carrera de su profesor, la ingeniería agronómica.

Milvana, por su parte, reconoció que la posibilidad de hacer prácticas profesionales fue una alternativa a la que le sacaron provecho. "Estábamos en el último año, así que salir y conocer otras producciones que fueran más grandes fue de gran utilidad. Ser Beef fue una de las experiencias que tuvimos, nos abrieron las puertas con generosidad y nos mostraron todo el trabajo que hacen a campo", dijo; mientras Luciano agregó que pudieron ver los conceptos aprendidos en el colegio. "Ellos tienen pivotes de riego, por lo que controlan la humedad de los suelos. Esa es la clave de los buenos rendimientos. Además de que manejan un plan de control de enfermedades muy intensivo, ya que tienen un feedlot para 50 mil cabezas, con hotelería incluida".

En cuanto a la parte pecuaria, en ese hotel a cielo abierto que tiene San Luis los alumnos pudieron conocer cómo se trabaja en el engorde del ganado. Pero Ser Beef no fue el único establecimiento en el que estuvieron. "Recorrimos las instalaciones de la estancia 'La Luisa', cerca de Fraga. Allí también hacen ganadería pero en otra escala, con cría y recría en pastos naturales", recordó Michel. Además contaron que conocieron cómo funcionan las nuevas máquinas agrícolas, que en todos los casos requieren de la conexión a internet por las funciones que traen y que ayudan a la labor que realiza el agricultor moderno. 

Las expectativas que los chicos tenían cuando ingresaron a la escuela eran diversas y, en algunos casos, distintas a las que viven hoy. Luciano quería ser veterinario y luego se dio cuenta que su gusto por las plantas es superior a lo que podía brindarle una profesión en la que se vería rodeado de animales. "En la escuela tuvimos una educación integral y conocimos muchas cosas que nos ayudaron a decidir qué era lo que queríamos hacer en definitiva", reconoció.

En los comienzos eran alrededor de 25 alumnos por cada curso. Por diversos motivos se fueron yendo y quedaron solo ellos ocho para recibir los diplomas. La mayoría tiene o tuvo contacto con el campo. Alejandro es uno de los casos. Su familia tiene una chacra en Represa del Carmen y aseguró que la decisión de cursar sus estudios secundarios en la ex Agraria fue para poder darle un mejor uso productivo a esas tierras.

Sin embargo, su primera vocación es otra muy distinta: decidió quedarse en la provincia para ser policía. "Si una vez recibido la Policía me autoriza, al terminar seguiré mis estudios y haré ingeniería agronómica", se propuso el joven, que no tiene más de 20 años.

 

Con el lazo. Profesores y estudiantes trabajan a la par en la Escuela Agrotécnica.

 

No todas fueron rosas en el camino. También hubo espinas que ellos pudieron superar y supieron sacarle provecho. Contaron que en tercer año fueron amonestados en reiteradas oportunidades. Estaban en una etapa difícil, nada grave, a lo mejor un poco contrariados y con más ganas de divertirse que de realizar actividades académicas. Si bien en aquel momento recibieron los castigos correspondientes, el equipo docente y no docente se tomó el trabajo de aconsejarlos bien. Ahora se ríen de lo sucedido, pero con la lección aprendida. Todos coinciden en que se llevan los mejores recuerdos y que aunque estén lejos, dejan un pedacito de su corazón con quienes los acompañaron en esos años de colegio.

Las salidas a campo y para hacer capacitaciones fueron una constante en 2018. "Para aprender más, fuimos a los cursos anuales que dicta el Ministerio de Producción. Uno fue sobre el manejo de tractores y otro nos permitirá estar habilitados para la aplicación de fitosa-nitarios, una tarea muy delicada, en la que hay que respetar el medio ambiente y tomar precauciones. En esa oportunidad estuvimos con un ingeniero de Buenos Aires", contaron los chicos, que recordaron que el regente de la escuela les daba con total confianza, la llave de las máquinas y que ellos controlaban el agua y el aceite de los motores.

Los errores siempre fueron puro aprendizaje. "Cada vez que nos pasaba algo y no sabíamos cómo solucionarlo, preguntábamos. La experiencia para nosotros fue muy importante. Así podíamos solucionar los problemas que se presentaban en todos los aspectos prácticos", contó Luciano, una de las voces que más se escucha en la promoción.

En la reunión con la revista El Campo solo pudieron asistir cinco de los ocho egresados, pero ninguno se privó de contar anécdotas sobre sus compañeros que no estuvieron allí, que siempre estuvieron muy presentes. "César tiene un problema neurológico pero no por eso es menos inteligente, te diría más, es bastante pícaro", contaron mientras se reían y recordaban alguna travesura de su compañero.

"Siempre estuvo muy unido a todos y jamás lo dejamos de lado. Lo ayudamos con sus dificultades, que fuimos aprendiendo con el correr del tiempo. Fue muy emocionante verlo concluir sus estudios secundarios. Terminó muy bien y sabemos que está a la altura de todos nosotros a la hora de trabajar en el campo”, lo recordó Milvana, quien junto a sus compañeros reconocieron que de César aprendieron que el que se propone las cosas, las consigue.

"Facundo es el más inteligente", aseguró Milvana, y los varones aseguraron que era "medio flojo" pero también tuvo la colaboración de todos cuando vieron que por sus capacidades le ofrecían nuevos desafíos para superarse. "Ahora irá a Villa Mercedes para ser ingeniero agrónomo. Ya aprobó una de las materias del ingreso", contó Luciano, que seguirá siendo su compañero de curso en esta nueva etapa que les toca vivir.

Luana estudiará kinesiología. La recuerdan como la más callada, pero con carácter fuerte. "Ella y yo arreábamos a los varones para hacer actividades en el campo. Con Luana organizamos una peña para juntar plata para viajar a la Rural", recordó Michel, quien agregó que "en tres días juntamos la plata para el hospedaje, los pasajes y algo de efectivo para llevar. Así viajamos a la tradicional exposición de Palermo. A nuestro regreso el director recibió las felicitaciones por todo el conocimiento que demostramos tener", dijo con orgullo, el mismo que siente todos por el paso gigante que dieron en dirección a un futuro que, imaginan, será entre maíces, sojas, vacas y cabras. El mundo que eligieron para vivir plenamente.

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
TAGS
COMENTARIOS

El semillero del campo promete una revolución

Un grupo de flamantes técnicos agropecuarios compartieron con la revista sus ilusiones y las experiencias vividas en el secundario.

Los chicos no tienen miedo de salir al mercado laboral. Se sienten capacitados para desarrollar las actividades rurales.

Atrás quedaron esas frases pasadas de moda, que aseguran que jóvenes "eran los de antes", aludiendo a que el compromiso de antaño era más sólido en ese momento tan delicado de la vida. Al menos por lo que pudo recabar esta cronista en la charla que mantuvo con ocho adolescentes de entre 18 y 20 años que formaron parte de la primera promoción que obtuvo el título de técnico agropecuario en la ex Escuela Agraria de San Luis, ese concepto anticuado es una rotunda falsedad, una creencia que no se condice con la realidad de estos chicos estudiosos, trabajadores y que forjaron parte de su futuro, que ellos imaginan será en el campo, aportando a la causa puntana.

La mitad de ellos comenzó este año carreras afines al ámbito rural, como veterinaria o agronomía, y todos tienen algo en común además de la pasión por las actividades relacionadas con el campo: un inmenso amor por la escuela secundaria que los vio crecer y les dio la oportunidad de formarse como personas, con valores sagrados como la amistad, la solidaridad y el trabajo en equipo. 

 

Hay equipo. Los alumnos de la ex Agraria pasaron la adolescencia dentro del predio.  

 

Milvana, Michel, Alejandro, Luciano, Facundo, Luana, Lara y César son los protagonistas de una historia que comenzó siete años atrás, cuando recién rompían el caparazón protector de la escuela primaria y ya habían decidido hacia dónde querían enfocar sus vidas. El encuentro con la revista El Campo fue en la vieja pero remozada estación de trenes de la ciudad de San Luis. Allí, luego de un trabajo arduo, el director Enzo Lentini les propuso a los chicos que contaran la experiencia en la escuela y sus expectativas sobre el futuro. 

Durante seis años, de lunes a viernes desde las 8 y hasta las 16:20, los alumnos de la Escuela Técnica Nº 6 "General San Martín", más conocida en la ciudad de San Luis como la ex Agraria, pasaron su adolescencia dentro del predio. Las aulas, los corrales, la fábrica de dulces o el reciente frigorífico instalado en la escuela eran los lugares donde los chicos desarrollaban actividades supervisadas por sus profesores. La promoción 2018, que los alumnos llamaron "Exnelaf" contó con una ventaja que no tuvieron sus antecesores: además de las prácticas que hacían en el colegio, pudieron con mucho esfuerzo cruzar las tranqueras camino a la realidad de la actividad agropecuaria gracias a un proyecto del Ministerio de Producción, que los contactó con productores de todas las escalas y especialidades, para que pudieran comprobar "a campo" todo lo aprendido en la teoría.

 

La promoción 2018 contó con una ventaja que no tuvieron las anteriores: visitar campos y aprender sobre producción en el terreno, gracias a un convenio con el Gobierno.

 

Además, el aprendizaje los llevó por lugares que jamás imaginaron. "El nombre de nuestra promo significa que el éxito no es la llave de la felicidad. Es la felicidad la que asegura el éxito", contó Luciano, que unió las letras de esa frase para darle nombre a esta comunidad de egresados orgullosos de lo conseguido.

En el encuentro ambientado en la estación ferroviaria, los futuros alumnos universitarios contaron sobre las materias y los contenidos aprendidos en el último lustro. "Teníamos una materia que se llamaba Agricultura de Precisión, que la dictaba el profesor Pablo Cangiano, un ingeniero agrónomo. Trabajábamos en los cuadros agrícolas de la escuela y aprendimos cómo mejorar la calidad de los cultivo a través de la homogeneidad y la humedad en la tierra, para conocer si determinado lote está apto para sembrar", explicó Luciano, quien se decidió por la carrera de su profesor, la ingeniería agronómica.

Milvana, por su parte, reconoció que la posibilidad de hacer prácticas profesionales fue una alternativa a la que le sacaron provecho. "Estábamos en el último año, así que salir y conocer otras producciones que fueran más grandes fue de gran utilidad. Ser Beef fue una de las experiencias que tuvimos, nos abrieron las puertas con generosidad y nos mostraron todo el trabajo que hacen a campo", dijo; mientras Luciano agregó que pudieron ver los conceptos aprendidos en el colegio. "Ellos tienen pivotes de riego, por lo que controlan la humedad de los suelos. Esa es la clave de los buenos rendimientos. Además de que manejan un plan de control de enfermedades muy intensivo, ya que tienen un feedlot para 50 mil cabezas, con hotelería incluida".

En cuanto a la parte pecuaria, en ese hotel a cielo abierto que tiene San Luis los alumnos pudieron conocer cómo se trabaja en el engorde del ganado. Pero Ser Beef no fue el único establecimiento en el que estuvieron. "Recorrimos las instalaciones de la estancia 'La Luisa', cerca de Fraga. Allí también hacen ganadería pero en otra escala, con cría y recría en pastos naturales", recordó Michel. Además contaron que conocieron cómo funcionan las nuevas máquinas agrícolas, que en todos los casos requieren de la conexión a internet por las funciones que traen y que ayudan a la labor que realiza el agricultor moderno. 

Las expectativas que los chicos tenían cuando ingresaron a la escuela eran diversas y, en algunos casos, distintas a las que viven hoy. Luciano quería ser veterinario y luego se dio cuenta que su gusto por las plantas es superior a lo que podía brindarle una profesión en la que se vería rodeado de animales. "En la escuela tuvimos una educación integral y conocimos muchas cosas que nos ayudaron a decidir qué era lo que queríamos hacer en definitiva", reconoció.

En los comienzos eran alrededor de 25 alumnos por cada curso. Por diversos motivos se fueron yendo y quedaron solo ellos ocho para recibir los diplomas. La mayoría tiene o tuvo contacto con el campo. Alejandro es uno de los casos. Su familia tiene una chacra en Represa del Carmen y aseguró que la decisión de cursar sus estudios secundarios en la ex Agraria fue para poder darle un mejor uso productivo a esas tierras.

Sin embargo, su primera vocación es otra muy distinta: decidió quedarse en la provincia para ser policía. "Si una vez recibido la Policía me autoriza, al terminar seguiré mis estudios y haré ingeniería agronómica", se propuso el joven, que no tiene más de 20 años.

 

Con el lazo. Profesores y estudiantes trabajan a la par en la Escuela Agrotécnica.

 

No todas fueron rosas en el camino. También hubo espinas que ellos pudieron superar y supieron sacarle provecho. Contaron que en tercer año fueron amonestados en reiteradas oportunidades. Estaban en una etapa difícil, nada grave, a lo mejor un poco contrariados y con más ganas de divertirse que de realizar actividades académicas. Si bien en aquel momento recibieron los castigos correspondientes, el equipo docente y no docente se tomó el trabajo de aconsejarlos bien. Ahora se ríen de lo sucedido, pero con la lección aprendida. Todos coinciden en que se llevan los mejores recuerdos y que aunque estén lejos, dejan un pedacito de su corazón con quienes los acompañaron en esos años de colegio.

Las salidas a campo y para hacer capacitaciones fueron una constante en 2018. "Para aprender más, fuimos a los cursos anuales que dicta el Ministerio de Producción. Uno fue sobre el manejo de tractores y otro nos permitirá estar habilitados para la aplicación de fitosa-nitarios, una tarea muy delicada, en la que hay que respetar el medio ambiente y tomar precauciones. En esa oportunidad estuvimos con un ingeniero de Buenos Aires", contaron los chicos, que recordaron que el regente de la escuela les daba con total confianza, la llave de las máquinas y que ellos controlaban el agua y el aceite de los motores.

Los errores siempre fueron puro aprendizaje. "Cada vez que nos pasaba algo y no sabíamos cómo solucionarlo, preguntábamos. La experiencia para nosotros fue muy importante. Así podíamos solucionar los problemas que se presentaban en todos los aspectos prácticos", contó Luciano, una de las voces que más se escucha en la promoción.

En la reunión con la revista El Campo solo pudieron asistir cinco de los ocho egresados, pero ninguno se privó de contar anécdotas sobre sus compañeros que no estuvieron allí, que siempre estuvieron muy presentes. "César tiene un problema neurológico pero no por eso es menos inteligente, te diría más, es bastante pícaro", contaron mientras se reían y recordaban alguna travesura de su compañero.

"Siempre estuvo muy unido a todos y jamás lo dejamos de lado. Lo ayudamos con sus dificultades, que fuimos aprendiendo con el correr del tiempo. Fue muy emocionante verlo concluir sus estudios secundarios. Terminó muy bien y sabemos que está a la altura de todos nosotros a la hora de trabajar en el campo”, lo recordó Milvana, quien junto a sus compañeros reconocieron que de César aprendieron que el que se propone las cosas, las consigue.

"Facundo es el más inteligente", aseguró Milvana, y los varones aseguraron que era "medio flojo" pero también tuvo la colaboración de todos cuando vieron que por sus capacidades le ofrecían nuevos desafíos para superarse. "Ahora irá a Villa Mercedes para ser ingeniero agrónomo. Ya aprobó una de las materias del ingreso", contó Luciano, que seguirá siendo su compañero de curso en esta nueva etapa que les toca vivir.

Luana estudiará kinesiología. La recuerdan como la más callada, pero con carácter fuerte. "Ella y yo arreábamos a los varones para hacer actividades en el campo. Con Luana organizamos una peña para juntar plata para viajar a la Rural", recordó Michel, quien agregó que "en tres días juntamos la plata para el hospedaje, los pasajes y algo de efectivo para llevar. Así viajamos a la tradicional exposición de Palermo. A nuestro regreso el director recibió las felicitaciones por todo el conocimiento que demostramos tener", dijo con orgullo, el mismo que siente todos por el paso gigante que dieron en dirección a un futuro que, imaginan, será entre maíces, sojas, vacas y cabras. El mundo que eligieron para vivir plenamente.

Logín