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Avances y retrocesos

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Avances y retrocesos

En uno de cada cinco países, las niñas no tienen los mismos derechos de sucesión que los niños, mientras que en 19 naciones las mujeres están obligadas legalmente a obedecer a sus esposos. Solamente la mitad de las mujeres casadas están en la fuerza laboral, mientras que realizan una cantidad tres veces mayor de trabajo doméstico y de cuidados infantiles no remunerados que los hombres.

Si bien los derechos de las mujeres avanzaron en las últimas décadas, las desigualdades de género y otras violaciones a los derechos humanos fundamentales dentro de las familias persisten, afirma el estudio “El progreso de las mujeres en el mundo 2019-2020: Familias en un mundo cambiante”, dado a conocer por ONU Mujeres.

El informe asegura que las familias, en toda su diversidad, “pueden ser factores determinantes de la igualdad de género, siempre que los responsables de la toma de decisiones apliquen políticas arraigadas en la realidad, de cómo vive la gente hoy, con los derechos de las mujeres en su núcleo”, dijo la directora ejecutiva, Phumzile Mlambo-Ngcuka.

El organismo advirtió que, sin embargo, las familias también pueden ser terreno de conflicto, desigualdad y, con demasiada frecuencia, violencia.“En todo el mundo, presenciamos esfuerzos coordinados para negar la voluntad de las mujeres y el derecho a tomar sus propias decisiones en nombre de proteger los ‘valores familiares”, dijeron.

Actualmente tres mil millones de mujeres y niñas viven en países donde no se criminaliza explícitamente la violación dentro del matrimonio. Pero la injusticia y las violaciones también toman otras formas.

En uno de cada cinco países, las niñas no tienen los mismos derechos de sucesión que los niños, mientras que en 19 Estados las mujeres están obligadas legalmente a obedecer a sus esposos. Además, en los países en desarrollo, alrededor de un tercio de las mujeres casadas dicen tener poca o ninguna opinión sobre sus propias decisiones de atención médica.

El informe observó que la edad promedio de matrimonio ha aumentado en todas las regiones, mientras que las tasas de natalidad han disminuido, y las mujeres en general han aumentado su independencia económica.

Sin embargo, solo la mitad de las mujeres casadas entre las edades de 25 y 54 años participa en la fuerza laboral, en comparación con 96% de los hombres casados y dos tercios de las mujeres solteras.

El hecho de que las mujeres continúen prestando tres veces más cuidados infantiles no remunerados y quehaceres domésticos que los hombres, es un factor importante de estas desigualdades, que son particularmente pronunciadas en los países en desarrollo, en los que el acceso a las infraestructuras que permiten ahorrar tiempo y a los servicios públicos es más limitado.

El estudio explica que cuando no existe disponibilidad de servicios de cuidados profesionales, se espera que las mujeres y las niñas llenen ese vacío, lo que reduce el tiempo que éstas pueden destinar a sus estudios, al trabajo remunerado y a otras tareas, o provoca que las necesidades de cuidados queden desatendidas. Esta dinámica tiene consecuencias negativas para las mujeres, puesto que afecta su capacidad para acceder a un trabajo remunerado decente, así como su salud física y mental.

Además, la violencia contra las mujeres y las niñas persiste hasta alcanzar tasas abrumadoramente elevadas en todas las regiones del mundo. A menudo, la violencia dentro de  la familia es letal: se calcula que un 58 % de las mujeres que fueron víctimas de homicidio en 2017 fueron asesinadas por un familiar. Ese año murieron asesinadas 137 mujeres por día.

El informe también documenta la gran diversidad de estructuras y relaciones familiares existentes en las diferentes regiones, dentro de cada país y a través del tiempo. Y arroja algo de luz positiva sobre las licencias de paternidad, con un aumento en la participación de los padres, especialmente en países donde existen incentivos específicos.

Avances y retrocesos en torno a los derechos de género. Queda mucho camino por recorrer. Mucho trabajo por hacer. Mucha responsabilidad por afrontar como sociedades. 

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Avances y retrocesos

En uno de cada cinco países, las niñas no tienen los mismos derechos de sucesión que los niños, mientras que en 19 naciones las mujeres están obligadas legalmente a obedecer a sus esposos. Solamente la mitad de las mujeres casadas están en la fuerza laboral, mientras que realizan una cantidad tres veces mayor de trabajo doméstico y de cuidados infantiles no remunerados que los hombres.

Si bien los derechos de las mujeres avanzaron en las últimas décadas, las desigualdades de género y otras violaciones a los derechos humanos fundamentales dentro de las familias persisten, afirma el estudio “El progreso de las mujeres en el mundo 2019-2020: Familias en un mundo cambiante”, dado a conocer por ONU Mujeres.

El informe asegura que las familias, en toda su diversidad, “pueden ser factores determinantes de la igualdad de género, siempre que los responsables de la toma de decisiones apliquen políticas arraigadas en la realidad, de cómo vive la gente hoy, con los derechos de las mujeres en su núcleo”, dijo la directora ejecutiva, Phumzile Mlambo-Ngcuka.

El organismo advirtió que, sin embargo, las familias también pueden ser terreno de conflicto, desigualdad y, con demasiada frecuencia, violencia.“En todo el mundo, presenciamos esfuerzos coordinados para negar la voluntad de las mujeres y el derecho a tomar sus propias decisiones en nombre de proteger los ‘valores familiares”, dijeron.

Actualmente tres mil millones de mujeres y niñas viven en países donde no se criminaliza explícitamente la violación dentro del matrimonio. Pero la injusticia y las violaciones también toman otras formas.

En uno de cada cinco países, las niñas no tienen los mismos derechos de sucesión que los niños, mientras que en 19 Estados las mujeres están obligadas legalmente a obedecer a sus esposos. Además, en los países en desarrollo, alrededor de un tercio de las mujeres casadas dicen tener poca o ninguna opinión sobre sus propias decisiones de atención médica.

El informe observó que la edad promedio de matrimonio ha aumentado en todas las regiones, mientras que las tasas de natalidad han disminuido, y las mujeres en general han aumentado su independencia económica.

Sin embargo, solo la mitad de las mujeres casadas entre las edades de 25 y 54 años participa en la fuerza laboral, en comparación con 96% de los hombres casados y dos tercios de las mujeres solteras.

El hecho de que las mujeres continúen prestando tres veces más cuidados infantiles no remunerados y quehaceres domésticos que los hombres, es un factor importante de estas desigualdades, que son particularmente pronunciadas en los países en desarrollo, en los que el acceso a las infraestructuras que permiten ahorrar tiempo y a los servicios públicos es más limitado.

El estudio explica que cuando no existe disponibilidad de servicios de cuidados profesionales, se espera que las mujeres y las niñas llenen ese vacío, lo que reduce el tiempo que éstas pueden destinar a sus estudios, al trabajo remunerado y a otras tareas, o provoca que las necesidades de cuidados queden desatendidas. Esta dinámica tiene consecuencias negativas para las mujeres, puesto que afecta su capacidad para acceder a un trabajo remunerado decente, así como su salud física y mental.

Además, la violencia contra las mujeres y las niñas persiste hasta alcanzar tasas abrumadoramente elevadas en todas las regiones del mundo. A menudo, la violencia dentro de  la familia es letal: se calcula que un 58 % de las mujeres que fueron víctimas de homicidio en 2017 fueron asesinadas por un familiar. Ese año murieron asesinadas 137 mujeres por día.

El informe también documenta la gran diversidad de estructuras y relaciones familiares existentes en las diferentes regiones, dentro de cada país y a través del tiempo. Y arroja algo de luz positiva sobre las licencias de paternidad, con un aumento en la participación de los padres, especialmente en países donde existen incentivos específicos.

Avances y retrocesos en torno a los derechos de género. Queda mucho camino por recorrer. Mucho trabajo por hacer. Mucha responsabilidad por afrontar como sociedades. 

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