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¿Qué estoy diciendo?

Bernardo Stamateas

Aun cuando no seamos conscientes de ello, las palabras que decimos poseen la capacidad de construir o destruir situaciones y personas. ¿Te ha pasado alguna vez que dijiste que sí cuando, en realidad, querías decir que no? Seguramente te ha pasado, como a todos. Es por ello que tenemos que aprender a decir “no” cuando sea necesario.

¿Por qué alguien no puede decir que no? Por lo general, porque le tiene miedo al rechazo de los demás. Pero debemos saber que no expresar a tiempo lo que uno realmente quiere con el tiempo puede llegar a afectar nuestra salud y, sobre todo, nuestro bienestar emocional. A la mayoría de las personas, les cuesta verbalizar lo que sienten porque desconocen sus prioridades e ignoran sus objetivos en la vida.

Ahora te pregunto, querido lector/querida lectora, ¿a menudo ponés en palabras tus deseos? ¿O solo hablás para llenar espacios vacíos? Como dijimos, nuestros dichos son poderosos. Podemos comparar nuestra boca con el timón de un barco, ya que la vida se dirige hacia la dirección de lo que uno dice. De ahí la importancia de cuidar lo que decimos y construirnos el hábito de bendecir.

Bendecir es una palabra que está asociada con la religión pero su significado es “decir bien”. Tus palabras le dan forma a tu futuro. Entonces si tenés la intención de disfrutar un mañana maravilloso, harías bien en practicar a diario hablar palabras que reflejan abundancia, respeto, creatividad, etc. Vos y yo somos capaces de cambiar las circunstancias, para bien o para mal.

Te invito a considerar algunas cuestiones interesantes sobre nuestras palabras:

-Pueden mejorar mis relaciones interpersonales.

-Pueden controlar de manera sana mi propia vida.

-Pueden descubrir mi forma de ser.

-Pueden brindarme la sabiduría necesaria para tomar las mejores decisiones.

-Pueden proveerme la solución a cualquier problema.

Por todo lo anterior, nos urge determinarnos siempre a elegir qué hablar, con quién hablar y a quién escuchar. Dicha actitud nos permite tener las riendas de nuestra vida para lograr todo aquello que nos propongamos. Ser “personas de palabra” hace que atraigamos hacia nosotros a las mejores personas y oportunidades de oro que de otro modo no tendríamos.

¿Por qué hablamos lo que hablamos? Porque todos, sin excepción, expresamos lo que primero hemos pensado. Si querés saber cómo piensa alguien, escuchalo/escuchala hablar y lo descubrirás. Entonces para mejorar lo que decimos frente a los demás, necesitamos mirar hacia adentro y chequear qué es lo que nos decimos primero a nosotros mismos (nuestros pensamientos).

Un ejercicio que suelo recomendarle a la gente para que sea consciente de sus palabras es desarrollar el hábito de anotar y repetir frases inspiradoras. Es decir, palabras que “limpien” los pensamientos y las emociones que luego surgirán como resultado de esas ideas que permitimos en nuestra mente. Desechemos pensamientos de queja, de juicio, de crítica, de fracaso, y abracemos pensamientos de bien que nos acerquen a nuestra mejor versión.

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¿Qué estoy diciendo?

Aun cuando no seamos conscientes de ello, las palabras que decimos poseen la capacidad de construir o destruir situaciones y personas. ¿Te ha pasado alguna vez que dijiste que sí cuando, en realidad, querías decir que no? Seguramente te ha pasado, como a todos. Es por ello que tenemos que aprender a decir “no” cuando sea necesario.

¿Por qué alguien no puede decir que no? Por lo general, porque le tiene miedo al rechazo de los demás. Pero debemos saber que no expresar a tiempo lo que uno realmente quiere con el tiempo puede llegar a afectar nuestra salud y, sobre todo, nuestro bienestar emocional. A la mayoría de las personas, les cuesta verbalizar lo que sienten porque desconocen sus prioridades e ignoran sus objetivos en la vida.

Ahora te pregunto, querido lector/querida lectora, ¿a menudo ponés en palabras tus deseos? ¿O solo hablás para llenar espacios vacíos? Como dijimos, nuestros dichos son poderosos. Podemos comparar nuestra boca con el timón de un barco, ya que la vida se dirige hacia la dirección de lo que uno dice. De ahí la importancia de cuidar lo que decimos y construirnos el hábito de bendecir.

Bendecir es una palabra que está asociada con la religión pero su significado es “decir bien”. Tus palabras le dan forma a tu futuro. Entonces si tenés la intención de disfrutar un mañana maravilloso, harías bien en practicar a diario hablar palabras que reflejan abundancia, respeto, creatividad, etc. Vos y yo somos capaces de cambiar las circunstancias, para bien o para mal.

Te invito a considerar algunas cuestiones interesantes sobre nuestras palabras:

-Pueden mejorar mis relaciones interpersonales.

-Pueden controlar de manera sana mi propia vida.

-Pueden descubrir mi forma de ser.

-Pueden brindarme la sabiduría necesaria para tomar las mejores decisiones.

-Pueden proveerme la solución a cualquier problema.

Por todo lo anterior, nos urge determinarnos siempre a elegir qué hablar, con quién hablar y a quién escuchar. Dicha actitud nos permite tener las riendas de nuestra vida para lograr todo aquello que nos propongamos. Ser “personas de palabra” hace que atraigamos hacia nosotros a las mejores personas y oportunidades de oro que de otro modo no tendríamos.

¿Por qué hablamos lo que hablamos? Porque todos, sin excepción, expresamos lo que primero hemos pensado. Si querés saber cómo piensa alguien, escuchalo/escuchala hablar y lo descubrirás. Entonces para mejorar lo que decimos frente a los demás, necesitamos mirar hacia adentro y chequear qué es lo que nos decimos primero a nosotros mismos (nuestros pensamientos).

Un ejercicio que suelo recomendarle a la gente para que sea consciente de sus palabras es desarrollar el hábito de anotar y repetir frases inspiradoras. Es decir, palabras que “limpien” los pensamientos y las emociones que luego surgirán como resultado de esas ideas que permitimos en nuestra mente. Desechemos pensamientos de queja, de juicio, de crítica, de fracaso, y abracemos pensamientos de bien que nos acerquen a nuestra mejor versión.

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