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La esencia de la esperanza

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La esencia de la esperanza

El escritor Ernesto Sábato (1911-2011) contó en una entrevista, que en cierta ocasión, en un pueblo arrasado por la tragedia de la inundación, frente a un precario refugio hecho de troncos, chapas y trapos, vio a una mujer que barría “el patio”, frente a “su casa”, con una improvisada escoba hecha de ramas. Dio ese ejemplo para argumentar que la esperanza de la humanidad, residía en la mujer.
Cuesta hallar otro elogio de semejante magnitud. No es posible conocer hoy, el juicio de Sábato, que al morir, había acumulado una larga lista de “reclamos humanos”, y que, ejerció crítica, severa y constantemente, durante décadas. Pareció rendirse al pesimismo. De allí el enorme valor de su veneración a las mujeres.
Parece inverosímil que en los grandes foros económicos del mundo se conozca al detalle, tanto la obra de Sábato como la frase alusiva. Pero por una extraña paradoja, en el seno de aquellos ámbitos a los que Sábato acusaba de deshumanizar a las personas; decidieron poner la conducción en manos femeninas.
Las designaciones de la francesa Christine Lagarde como presidenta del Banco Central Europeo (BCE) y de la alemana Ursula von der Leyen como la presidenta de la Comisión de la Unión Europea (UE), se resaltaron como hitos en la llegada por primera vez de mujeres a la cima de dos grandes instituciones internacionales, rompiendo el dominio de los hombres.
Discutir la idoneidad, la ideología, o el pensamiento político de estas dos mujeres, desvía la atención del hecho importante: son dos mujeres con una enorme autoridad. Bastaría con eso, pero hay que agregar que a esa autoridad la obtuvieron con “votos” femeninos y masculinos.  
Las dos mujeres quebraron el techo de cristal para los liderazgos femeninos y asumen sus puestos cuando las políticas fiscales de algunos países europeos, como Grecia e Italia, están en crisis y hay una creciente presión para que en la zona euro se acometan reformas económicas.
Lagarde dijo en una ocasión que cuando la situación es realmente mala, “llamas a una mujer”, en referencia, entre otros casos, a cuando fue designada en 2011 como directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), después de la escandalosa y abrupta salida de su antecesor. Ahora deja el liderazgo del FMI para asumir el del BCE.
Pero incluso en las circunstancias más difíciles, la ONU y el Banco Mundial, donde sus jefaturas han sido un privilegio reservado a los varones, se han negado a mirar hacia opciones femeninas, principalmente por razones políticas y de discriminación de género.
Anwarul K. Chowdhury, ex secretario general adjunto y alto representante de la ONU, dijo que “como un creyente constante en la igualdad de participación de las mujeres en los puestos directivos a todos los niveles, me gustaría que una mujer sea nombrada o elegida para liderar una organización, cuando ello ha sido prerrogativa de un hombre durante mucho tiempo”.
Pero, a su juicio, “al menos que se revise simultáneamente la cultura organizativa e institucional y la del pensamiento patriarcal, nada cambiaría sustancialmente”.
Este diplomático impulsó en el año 2000, cuando era presidente del Consejo de Seguridad, una iniciativa: la adopción de una innovadora resolución, la 1325 de ese órgano rector de la ONU, sobre el papel de las mujeres en la paz y la seguridad.
En la ONU se mantiene la ausencia de mujeres en la Secretaría General, pero su actual titular, el ex primer ministro portugués António Guterres, se destaca por el número de mujeres que ha promovido a los niveles superiores del organismo mundial, lo que podría allanar el camino para que una mujer ocupe su cargo en el futuro.
Según ONU Mujeres, las Naciones Unidas lograron avances significativos en el aumento de la representación de las mujeres en el liderazgo del foro mundial en 2018, cuando el Grupo de alta dirección en sus sedes y las Coordinadoras residentes en los países alcanzaron por primera vez la paridad de género.
La historia agrega capítulos dramáticos y coincidencias que quizás no sean azarosas. Se trata de la esperanza.

 

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La esencia de la esperanza

El escritor Ernesto Sábato (1911-2011) contó en una entrevista, que en cierta ocasión, en un pueblo arrasado por la tragedia de la inundación, frente a un precario refugio hecho de troncos, chapas y trapos, vio a una mujer que barría “el patio”, frente a “su casa”, con una improvisada escoba hecha de ramas. Dio ese ejemplo para argumentar que la esperanza de la humanidad, residía en la mujer.
Cuesta hallar otro elogio de semejante magnitud. No es posible conocer hoy, el juicio de Sábato, que al morir, había acumulado una larga lista de “reclamos humanos”, y que, ejerció crítica, severa y constantemente, durante décadas. Pareció rendirse al pesimismo. De allí el enorme valor de su veneración a las mujeres.
Parece inverosímil que en los grandes foros económicos del mundo se conozca al detalle, tanto la obra de Sábato como la frase alusiva. Pero por una extraña paradoja, en el seno de aquellos ámbitos a los que Sábato acusaba de deshumanizar a las personas; decidieron poner la conducción en manos femeninas.
Las designaciones de la francesa Christine Lagarde como presidenta del Banco Central Europeo (BCE) y de la alemana Ursula von der Leyen como la presidenta de la Comisión de la Unión Europea (UE), se resaltaron como hitos en la llegada por primera vez de mujeres a la cima de dos grandes instituciones internacionales, rompiendo el dominio de los hombres.
Discutir la idoneidad, la ideología, o el pensamiento político de estas dos mujeres, desvía la atención del hecho importante: son dos mujeres con una enorme autoridad. Bastaría con eso, pero hay que agregar que a esa autoridad la obtuvieron con “votos” femeninos y masculinos.  
Las dos mujeres quebraron el techo de cristal para los liderazgos femeninos y asumen sus puestos cuando las políticas fiscales de algunos países europeos, como Grecia e Italia, están en crisis y hay una creciente presión para que en la zona euro se acometan reformas económicas.
Lagarde dijo en una ocasión que cuando la situación es realmente mala, “llamas a una mujer”, en referencia, entre otros casos, a cuando fue designada en 2011 como directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), después de la escandalosa y abrupta salida de su antecesor. Ahora deja el liderazgo del FMI para asumir el del BCE.
Pero incluso en las circunstancias más difíciles, la ONU y el Banco Mundial, donde sus jefaturas han sido un privilegio reservado a los varones, se han negado a mirar hacia opciones femeninas, principalmente por razones políticas y de discriminación de género.
Anwarul K. Chowdhury, ex secretario general adjunto y alto representante de la ONU, dijo que “como un creyente constante en la igualdad de participación de las mujeres en los puestos directivos a todos los niveles, me gustaría que una mujer sea nombrada o elegida para liderar una organización, cuando ello ha sido prerrogativa de un hombre durante mucho tiempo”.
Pero, a su juicio, “al menos que se revise simultáneamente la cultura organizativa e institucional y la del pensamiento patriarcal, nada cambiaría sustancialmente”.
Este diplomático impulsó en el año 2000, cuando era presidente del Consejo de Seguridad, una iniciativa: la adopción de una innovadora resolución, la 1325 de ese órgano rector de la ONU, sobre el papel de las mujeres en la paz y la seguridad.
En la ONU se mantiene la ausencia de mujeres en la Secretaría General, pero su actual titular, el ex primer ministro portugués António Guterres, se destaca por el número de mujeres que ha promovido a los niveles superiores del organismo mundial, lo que podría allanar el camino para que una mujer ocupe su cargo en el futuro.
Según ONU Mujeres, las Naciones Unidas lograron avances significativos en el aumento de la representación de las mujeres en el liderazgo del foro mundial en 2018, cuando el Grupo de alta dirección en sus sedes y las Coordinadoras residentes en los países alcanzaron por primera vez la paridad de género.
La historia agrega capítulos dramáticos y coincidencias que quizás no sean azarosas. Se trata de la esperanza.

 

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