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Ibar Alfredo "Lulo" Matera: toda una vida dando clase

Johnny Díaz

Es una leyenda de la Educación Física. En los desfiles sus escuadras solo cosechaban elogios. Hizo historia en el vóley. Las anécdotas en el servicio militar y con Yaco Monti.

Ibar Alfredo "Lulo" Matera es sinónimo de profesor de educación física y de desfile militar en San Luis. Nació hace 77 años y de chico inclinó su balanza para la docencia. Vivió muchos años en la calle Maipú entre Pringles y Belgrano, después en Bolívar antes de Ituzaingó y posteriormente en calle Lavalle donde hoy funciona uno de los registros de la Propiedad del Automotor. "Era la casa de mis padres, después la vendieron", aclara.

Es hijo de Blanca Ilsa Durán y de Carlos Valentín Matera y tiene dos hermanos: Blanca del Valle y Carlos Gerónimo. Está casado con Verónica Marta Ceresole, con la que tuvo cuatro hijos: Franco Valentín, Facundo Javier, Andrés y Dante. Toda su vida fue un fiel defensor de la educación, la responsabilidad y el respeto por la Patria. "Para mí, valores inalterables", sentencia.

"Lulo" dice que su infancia fue como la de cualquier otro chico de la época y que alternaba sus horas de estudio con los juegos cotidianos junto a otros niños del barrio.

Una de las particularidades que lo caracterizó fue su apego al trabajo, su dedicación y esmero a la hora de que sus alumnos desfilaran en las fechas patrias. Eso le valió el reconocimiento general de las autoridades educativas y del público, que aplaudía el paso de las escuadras del Instituto Santo Tomás de Aquino y del Colegio San Luis Rey.

Asegura que le dedicaba diez minutos de cada clase de educación física a la práctica de las marchas militares. "El alumno recibía las indicaciones pertinentes y usábamos una muy particular, era fundamental que aprendieran el paso de las marchas. Tenían que tener  responsabilidad, respeto, cariño y mucho fervor patriótico a la hora de desfilar o participar de un acto patriótico", resume el mensaje que transmitía.

"Le poníamos pila –como se dice ahora- era pura responsabilidad, no era para mostrar superioridad ante nadie, era mostrar lo que habíamos aprendido en la escuela. Así lo sentían ellos, el resultado fue el reconocimiento generalizado, esa era nuestra satisfacción”, expresa convencido.

"Lulo" aclara que el extinto monseñor José Stagnitta siempre estaba al tanto de todo lo que hacían en el Santo Tomás. "Al cura se lo conocía como ‘el padre constructor’, un mote que lo pintaba de cuerpo entero, nunca desperdiciaba nada, fue un orgullo muy grande trabajar con él”, señala.

El docente dice que en una oportunidad el colegio fue invitado por el jefe de la V Brigada de Villa Reynolds de apellido Carvallo, y de los Héroes de Malvinas, a un desfile en esa unidad militar. "Fue un orgullo muy grande para todos nosotros", sostiene y agrega una anécdota “Entre los presentes había un oficial con una pronunciada renguera, nos contó que su avión había sido derribado en el conflicto de Malvinas y que los ingleses lo habían recogido en el mar, contaba que lo habían tratado muy bien porque reconocían el valor y el sacrificio del soldado argentino pese a estar en inferioridad de condiciones. Lo cuento porque muchas veces se han tergiversado las acciones y no fue tan así”.

"El trabajo en la hora de educación física ‑continúa‑ se daba de esa manera porque mi costumbre era trabajar junto a la comunidad educativa, los alumnos se preparaban lo mejor posible a la vez que los padres sabían dónde y con quiénes estaban sus hijos. Eso daba tranquilidad a la hora de tomar decisiones".

Matera va contando su vida a medida que le van floreciendo los recuerdos y desgranando la charla. Recuerda su época de soldado en el distrito militar del Grupo de Artillería Antiaérea GAA 161. "Era un soldado como todos, pero fui elegido el mejor soldado y el mejor camarada en una votación hecha por mis mismos compañeros", confiesa.

"Uno de mis compañeros era un soldado de Villa Mercedes y al estar lejos de su hogar sufría las consecuencias de la distancia y del desapego, más cuando le tocaba hacer guardia y cuando salía de franco se le complicaba por los gastos. Yo había alertado a mi madre de esa situación y ella elaboraba un par de pizzas o empanadas y yo se las acercaba. Ese soldado era Yaco Monti que, años después, se transformó en famoso cantante argentino. Él nunca se olvidó y cuando fue destacado por El Diario de la República pidió que entre sus invitados estuviera yo. Estaba con su hijo Facundo, hoy nos une una gran amistad y nunca falta la oportunidad de estar juntos”, cuenta una de las tantas anécdotas que tiene.

Mientras avanza la charla, otro recuerdo se le viene a la memoria. “También tuve como jefe al teniente coronel Amieva Saravia, un verdadero duro del Ejército. Muchas veces me dictaba cartas en términos militares para el general Juan Carlos Onganía, yo quedaba sorprendido, pero era su forma de actuar. Nunca le faltaba el respeto, pero esas cartas eran verdaderos misiles”.

Matera agrega que el teniente coronel Carlos Clímaco Daract lo tenía entre sus preferidos, y a veces oficiaba de escribiente.

Admite que cuando salió del servicio militar y volvió a la vida civil, se trazó un plan donde debía poner énfasis en algo que le diera a San Luis un reconocimiento deportivo a nivel nacional. Se perfeccionó haciendo cursos y clínicas hasta lograr el carnet de Técnico Nivel Superior en Vóley. “Opté por el vóley porque es un deporte que no tiene fricción y lo podíamos desarrollar en las escuelas. No estuve errado, dediqué mucho tiempo a formar alumnos que después fueran buenos jugadores y así fue”.

"Hablé con Stagnitta y me dio todo su apoyo, con el tiempo formé varios equipos y con uno de ellos fuimos terceros, subcampeones y campeones nacionales al tiempo que formé un equipo de gimnasia deportiva donde mis alumnos parecían verdaderos artistas circenses", destaca y añade: "Fue una satisfacción personal muy linda y para el instituto al que representábamos muy importante".

Cuenta que se le simplificaban las cosas porque tenía los alumnos de la escuela primaria y los conocía a todos y de cada uno de ellos sacaba cualidades y bondades deportivas. Reconoce que sus alumnos eran muy responsables y cuidadosos en su vida privada y que había mucha seriedad en el trabajo. En Villa Mercedes participábamos en los regionales con buenos resultados”, resalta.

Uno de sus logros más recordados fue cuando San Luis jugó en el torneo "Esperanzas Argentinas" en Rosario, donde participaron 79 delegaciones de todo el país. "El primer partido fue contra el local, el más fuerte de todos y le ganamos. Fue el puntapié para llegar a la final donde derrotamos a Buenos Aires, otro verdadero equipazo, nos coronamos campeones argentinos".

Matera dice que en los entrenamientos utilizaba una técnica denominada piometría (sirve para el desarrollo muscular, cualidad fundamental para lograr, velocidad de contracción y elasticidad.porque la resistencia combinada proporciona la medida de la potencia muscular). Con ese método lograba que chicos que no tenían mucha altura, supieran elevarse para ganar el rebote. Muchas veces yo quedaba admirado de lo que se lograba".

También el vóley femenino tuvo su auge, y "Lulo" armó muy buenos equipos, incluso trajo jugadoras de Río Cuarto en vista de un argentino, pero de San Luis tiene un especial recuerdo para las hermanas Narda; Griselda y Alejandra.

Puntualiza que tuvo grandes jugadores como Grauche, hoy radicado en Buenos Aires, Gabriel Fernández, Suárez, Juan Menchini, Fontana, y varios más difíciles de olvidar. "En tres argentinos fuimos subcampeones, en Tucumán, Jujuy y San Juan, en los tres, perdimos las finales con los locales, era como un karma", lamenta.

“Uno de los atletas más completos que tuve, fue Rubén ‘El Pollo’ Civalero, tenía condiciones innatas para el deporte y la gimnasia, era alumno de la escuela Lafinur pero siempre se destacó por sobre el resto. Una lástima su pronta partida”, rememora con una precisión que asombra.

Matera señala que hablaba mucho con sus alumnos sobre todo de la responsabilidad y la defensa de los valores patrios. “Siempre les dije: participar nos puede llevar a la cima o a un podio, eso es transitorio, pero lo que nunca debemos perder es el podio de la humildad, el sacrificio y el amor por nuestra Patria. Eso para mí era fundamental y ellos lo entendían a la perfección”.

En sus palabras se nota que todo lo hacía con gusto y pasión. Desarrollaba tareas matutinas y vespertinas, era preceptor y por las tardes clases de educación física. Sus alumnos, el cuerpo de docentes y las autoridades valoraban su trabajo.

Conocidos cuentan que cuando esa entidad educativa tuvo problemas para la adquisición de suministros, "Lulo" pidió no cobrar sus haberes, pero el padre Stagnitta se manifestó contrario a esa decisión y valoró la actitud del educador.

Hoy dice que extraña los momentos vividos, se siente orgulloso de lo que hizo mientras estuvo en funciones y le queda la satisfacción de ser reconocido o invitado a reuniones o fiestas de promociones donde se junta recordando alegrías y sinsabores deportivos. Sus ex alumnos, hoy profesionales de la medicina como Franklin Ocampo, Sergio Becerra, Lorenzini, Hugo Gómez, y otros más que no recuerda, siempre tienen atenciones para con él.

Una vez se enfermó de hepatitis y lo internaron de urgencia. Sus alumnos y amigos hacían fila para pedir por su pronta recuperación, lo mismo que los sacerdotes que pululaban por verlo y saludarlo. Eso demostraba el cariño y el respeto que la comunidad educativa sentía por "el profe Lulo".

Ibar Alfredo Matera fue un aventajado alumno, fue el mejor de su promoción. Estudio Educación Física en Córdoba (IPF) donde obtuvo muy buenas calificaciones. A su regreso se inscribió en el Consejo de Educación de San Luis donde fue aceptado después de rendir un examen denominado "de oposición" dado por el inspector Hugo Ramón Vallejos Herreda.

Comenzó su larga y dilatada carrera educativa en las escuelas primarias Lafinur, hogar Tomás Zabala, Belgrano, Mitre, Rivadavia, Misiones, Sargento Cabral y en San Roque, (Bartolomé Mitre). Fue director de la Colonia Hogar y subdirector de la Dirección de Deportes cuando su titular era Hugo Luis Pirán y funcionaba en la avenida Justo Daract casi Aristóbulo del Valle.

También ocupó un alto cargo en la Residencia Universitaria de San Luis de la calle Almirante Brown, donde habitaban 48 alumnos que debían tener el 70% de las materias aprobadas para recibir ese beneficio y disfrutar de un dormitorio con baño privado y cocina al tiempo que podían comer en el comedor de la UNSL.

"Después trabajé en la Caja Social y de allí al Programa Deportes reemplazando a un amigo y después como titular acompañándome en mi gestión la contadora Sánchez, Ricardo Becerra, Tulio Lucero y Silvio Leyría entre otros hasta que me jubilé", puntualiza el sinónimo de disciplina en la práctica del deporte y en los actos patrios.

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Ibar Alfredo "Lulo" Matera: toda una vida dando clase

Es una leyenda de la Educación Física. En los desfiles sus escuadras solo cosechaban elogios. Hizo historia en el vóley. Las anécdotas en el servicio militar y con Yaco Monti.

Ibar Alfredo "Lulo" Matera es sinónimo de profesor de educación física y de desfile militar en San Luis. Nació hace 77 años y de chico inclinó su balanza para la docencia. Vivió muchos años en la calle Maipú entre Pringles y Belgrano, después en Bolívar antes de Ituzaingó y posteriormente en calle Lavalle donde hoy funciona uno de los registros de la Propiedad del Automotor. "Era la casa de mis padres, después la vendieron", aclara.

Es hijo de Blanca Ilsa Durán y de Carlos Valentín Matera y tiene dos hermanos: Blanca del Valle y Carlos Gerónimo. Está casado con Verónica Marta Ceresole, con la que tuvo cuatro hijos: Franco Valentín, Facundo Javier, Andrés y Dante. Toda su vida fue un fiel defensor de la educación, la responsabilidad y el respeto por la Patria. "Para mí, valores inalterables", sentencia.

"Lulo" dice que su infancia fue como la de cualquier otro chico de la época y que alternaba sus horas de estudio con los juegos cotidianos junto a otros niños del barrio.

Una de las particularidades que lo caracterizó fue su apego al trabajo, su dedicación y esmero a la hora de que sus alumnos desfilaran en las fechas patrias. Eso le valió el reconocimiento general de las autoridades educativas y del público, que aplaudía el paso de las escuadras del Instituto Santo Tomás de Aquino y del Colegio San Luis Rey.

Asegura que le dedicaba diez minutos de cada clase de educación física a la práctica de las marchas militares. "El alumno recibía las indicaciones pertinentes y usábamos una muy particular, era fundamental que aprendieran el paso de las marchas. Tenían que tener  responsabilidad, respeto, cariño y mucho fervor patriótico a la hora de desfilar o participar de un acto patriótico", resume el mensaje que transmitía.

"Le poníamos pila –como se dice ahora- era pura responsabilidad, no era para mostrar superioridad ante nadie, era mostrar lo que habíamos aprendido en la escuela. Así lo sentían ellos, el resultado fue el reconocimiento generalizado, esa era nuestra satisfacción”, expresa convencido.

"Lulo" aclara que el extinto monseñor José Stagnitta siempre estaba al tanto de todo lo que hacían en el Santo Tomás. "Al cura se lo conocía como ‘el padre constructor’, un mote que lo pintaba de cuerpo entero, nunca desperdiciaba nada, fue un orgullo muy grande trabajar con él”, señala.

El docente dice que en una oportunidad el colegio fue invitado por el jefe de la V Brigada de Villa Reynolds de apellido Carvallo, y de los Héroes de Malvinas, a un desfile en esa unidad militar. "Fue un orgullo muy grande para todos nosotros", sostiene y agrega una anécdota “Entre los presentes había un oficial con una pronunciada renguera, nos contó que su avión había sido derribado en el conflicto de Malvinas y que los ingleses lo habían recogido en el mar, contaba que lo habían tratado muy bien porque reconocían el valor y el sacrificio del soldado argentino pese a estar en inferioridad de condiciones. Lo cuento porque muchas veces se han tergiversado las acciones y no fue tan así”.

"El trabajo en la hora de educación física ‑continúa‑ se daba de esa manera porque mi costumbre era trabajar junto a la comunidad educativa, los alumnos se preparaban lo mejor posible a la vez que los padres sabían dónde y con quiénes estaban sus hijos. Eso daba tranquilidad a la hora de tomar decisiones".

Matera va contando su vida a medida que le van floreciendo los recuerdos y desgranando la charla. Recuerda su época de soldado en el distrito militar del Grupo de Artillería Antiaérea GAA 161. "Era un soldado como todos, pero fui elegido el mejor soldado y el mejor camarada en una votación hecha por mis mismos compañeros", confiesa.

"Uno de mis compañeros era un soldado de Villa Mercedes y al estar lejos de su hogar sufría las consecuencias de la distancia y del desapego, más cuando le tocaba hacer guardia y cuando salía de franco se le complicaba por los gastos. Yo había alertado a mi madre de esa situación y ella elaboraba un par de pizzas o empanadas y yo se las acercaba. Ese soldado era Yaco Monti que, años después, se transformó en famoso cantante argentino. Él nunca se olvidó y cuando fue destacado por El Diario de la República pidió que entre sus invitados estuviera yo. Estaba con su hijo Facundo, hoy nos une una gran amistad y nunca falta la oportunidad de estar juntos”, cuenta una de las tantas anécdotas que tiene.

Mientras avanza la charla, otro recuerdo se le viene a la memoria. “También tuve como jefe al teniente coronel Amieva Saravia, un verdadero duro del Ejército. Muchas veces me dictaba cartas en términos militares para el general Juan Carlos Onganía, yo quedaba sorprendido, pero era su forma de actuar. Nunca le faltaba el respeto, pero esas cartas eran verdaderos misiles”.

Matera agrega que el teniente coronel Carlos Clímaco Daract lo tenía entre sus preferidos, y a veces oficiaba de escribiente.

Admite que cuando salió del servicio militar y volvió a la vida civil, se trazó un plan donde debía poner énfasis en algo que le diera a San Luis un reconocimiento deportivo a nivel nacional. Se perfeccionó haciendo cursos y clínicas hasta lograr el carnet de Técnico Nivel Superior en Vóley. “Opté por el vóley porque es un deporte que no tiene fricción y lo podíamos desarrollar en las escuelas. No estuve errado, dediqué mucho tiempo a formar alumnos que después fueran buenos jugadores y así fue”.

"Hablé con Stagnitta y me dio todo su apoyo, con el tiempo formé varios equipos y con uno de ellos fuimos terceros, subcampeones y campeones nacionales al tiempo que formé un equipo de gimnasia deportiva donde mis alumnos parecían verdaderos artistas circenses", destaca y añade: "Fue una satisfacción personal muy linda y para el instituto al que representábamos muy importante".

Cuenta que se le simplificaban las cosas porque tenía los alumnos de la escuela primaria y los conocía a todos y de cada uno de ellos sacaba cualidades y bondades deportivas. Reconoce que sus alumnos eran muy responsables y cuidadosos en su vida privada y que había mucha seriedad en el trabajo. En Villa Mercedes participábamos en los regionales con buenos resultados”, resalta.

Uno de sus logros más recordados fue cuando San Luis jugó en el torneo "Esperanzas Argentinas" en Rosario, donde participaron 79 delegaciones de todo el país. "El primer partido fue contra el local, el más fuerte de todos y le ganamos. Fue el puntapié para llegar a la final donde derrotamos a Buenos Aires, otro verdadero equipazo, nos coronamos campeones argentinos".

Matera dice que en los entrenamientos utilizaba una técnica denominada piometría (sirve para el desarrollo muscular, cualidad fundamental para lograr, velocidad de contracción y elasticidad.porque la resistencia combinada proporciona la medida de la potencia muscular). Con ese método lograba que chicos que no tenían mucha altura, supieran elevarse para ganar el rebote. Muchas veces yo quedaba admirado de lo que se lograba".

También el vóley femenino tuvo su auge, y "Lulo" armó muy buenos equipos, incluso trajo jugadoras de Río Cuarto en vista de un argentino, pero de San Luis tiene un especial recuerdo para las hermanas Narda; Griselda y Alejandra.

Puntualiza que tuvo grandes jugadores como Grauche, hoy radicado en Buenos Aires, Gabriel Fernández, Suárez, Juan Menchini, Fontana, y varios más difíciles de olvidar. "En tres argentinos fuimos subcampeones, en Tucumán, Jujuy y San Juan, en los tres, perdimos las finales con los locales, era como un karma", lamenta.

“Uno de los atletas más completos que tuve, fue Rubén ‘El Pollo’ Civalero, tenía condiciones innatas para el deporte y la gimnasia, era alumno de la escuela Lafinur pero siempre se destacó por sobre el resto. Una lástima su pronta partida”, rememora con una precisión que asombra.

Matera señala que hablaba mucho con sus alumnos sobre todo de la responsabilidad y la defensa de los valores patrios. “Siempre les dije: participar nos puede llevar a la cima o a un podio, eso es transitorio, pero lo que nunca debemos perder es el podio de la humildad, el sacrificio y el amor por nuestra Patria. Eso para mí era fundamental y ellos lo entendían a la perfección”.

En sus palabras se nota que todo lo hacía con gusto y pasión. Desarrollaba tareas matutinas y vespertinas, era preceptor y por las tardes clases de educación física. Sus alumnos, el cuerpo de docentes y las autoridades valoraban su trabajo.

Conocidos cuentan que cuando esa entidad educativa tuvo problemas para la adquisición de suministros, "Lulo" pidió no cobrar sus haberes, pero el padre Stagnitta se manifestó contrario a esa decisión y valoró la actitud del educador.

Hoy dice que extraña los momentos vividos, se siente orgulloso de lo que hizo mientras estuvo en funciones y le queda la satisfacción de ser reconocido o invitado a reuniones o fiestas de promociones donde se junta recordando alegrías y sinsabores deportivos. Sus ex alumnos, hoy profesionales de la medicina como Franklin Ocampo, Sergio Becerra, Lorenzini, Hugo Gómez, y otros más que no recuerda, siempre tienen atenciones para con él.

Una vez se enfermó de hepatitis y lo internaron de urgencia. Sus alumnos y amigos hacían fila para pedir por su pronta recuperación, lo mismo que los sacerdotes que pululaban por verlo y saludarlo. Eso demostraba el cariño y el respeto que la comunidad educativa sentía por "el profe Lulo".

Ibar Alfredo Matera fue un aventajado alumno, fue el mejor de su promoción. Estudio Educación Física en Córdoba (IPF) donde obtuvo muy buenas calificaciones. A su regreso se inscribió en el Consejo de Educación de San Luis donde fue aceptado después de rendir un examen denominado "de oposición" dado por el inspector Hugo Ramón Vallejos Herreda.

Comenzó su larga y dilatada carrera educativa en las escuelas primarias Lafinur, hogar Tomás Zabala, Belgrano, Mitre, Rivadavia, Misiones, Sargento Cabral y en San Roque, (Bartolomé Mitre). Fue director de la Colonia Hogar y subdirector de la Dirección de Deportes cuando su titular era Hugo Luis Pirán y funcionaba en la avenida Justo Daract casi Aristóbulo del Valle.

También ocupó un alto cargo en la Residencia Universitaria de San Luis de la calle Almirante Brown, donde habitaban 48 alumnos que debían tener el 70% de las materias aprobadas para recibir ese beneficio y disfrutar de un dormitorio con baño privado y cocina al tiempo que podían comer en el comedor de la UNSL.

"Después trabajé en la Caja Social y de allí al Programa Deportes reemplazando a un amigo y después como titular acompañándome en mi gestión la contadora Sánchez, Ricardo Becerra, Tulio Lucero y Silvio Leyría entre otros hasta que me jubilé", puntualiza el sinónimo de disciplina en la práctica del deporte y en los actos patrios.

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