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Lúxor, un museo del Antiguo Egipto al aire libre

Marina Rubio

Fue durante más de 1.500 años la capital de Egipto. Para ese entonces no se llamaba como en la actualidad, respondía al nombre de Tebas. Hoy ese título de la ciudad más importante del país africano ya no lo ostenta, pero conserva en sus alrededores las pruebas de aquella época dorada de la que fue dueña: las soberbias edificaciones que los faraones mandaron a construir para honrar a sus dioses y también las que ordenaron levantar para cuando llegara el momento de su descanso eterno. No es casual, entonces, que la tercera parte de todos los monumentos que fueron declarados Patrimonio de la Humanidad esté concentrada ahí. Ese lugar se llama Lúxor. La ciudad está a unos 700 kilómetros de El Cairo. Si viajan por su cuenta las mejores alternativas son el tren y el avión. Si se deciden por la primera una buena opción es reservar los pasajes para el coche cama de Watania, la empresa ferroviaria que desde hace años hace ese tramo en el turno noche. Una cabina doble cuesta 80 dólares por persona y una simple 110. Pero si no quieren echar diez horas en un viaje que podrían hacer en apenas dos, por un valor muy similar, está la posibilidad de volar.

Lúxor puede dividirse en dos. Al oeste del río Nilo están, entre otros sitios de interés, el Valle de los Reyes, el Valle de las Reinas, los Colosos de Memnón y el Medinet Habu. Y en la orilla este, donde se ubica la ciudad propiamente dicha con sus mercados y avenidas, están su museo arqueológico y sus dos grandes estrellas: el complejo de Karnak y el Templo de Lúxor.

El Templo de Lúxor está en pleno centro de la ciudad. Venera al dios Amón Ra. Su entrada está custodiada por dos colosales estatuas de Ramsés II y por un obelisco. La pareja de ese monolito se congela cada invierno en la Plaza de la Concordia de París.

Junto a ese templo, conectado a él a través de una avenida plagada de esfinges, unas 1.400, está el de Karnak. A pesar de su nombre, no es un templo en sí, sino un complejo arquitectónico con numerosos recintos religiosos. Una vez adentro no pueden dejar pasar la sala hipóstila con sus 134 majestuosas columnas.

A unos diez kilómetros al noroeste de Lúxor está el Valle de los Reyes, el lugar de descanso de la mayoría de los faraones del Nuevo Imperio. La mejor forma de llegar hasta ahí es en taxi y bien temprano, a la mañana, antes de que apriete el sol.

Aunque hay cerca de 60 tumbas, la entrada solo permite visitar tres, las que uno elija. Cada ticket vale alrededor de 10 dólares. Eso sí, si quieren conocer la tumba más afamada (más por su historia que por lo que hay dentro), la de Tutankamón, deberán pagar unos 11 dólares aparte.

 

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Lúxor, un museo del Antiguo Egipto al aire libre

Fue durante más de 1.500 años la capital de Egipto. Para ese entonces no se llamaba como en la actualidad, respondía al nombre de Tebas. Hoy ese título de la ciudad más importante del país africano ya no lo ostenta, pero conserva en sus alrededores las pruebas de aquella época dorada de la que fue dueña: las soberbias edificaciones que los faraones mandaron a construir para honrar a sus dioses y también las que ordenaron levantar para cuando llegara el momento de su descanso eterno. No es casual, entonces, que la tercera parte de todos los monumentos que fueron declarados Patrimonio de la Humanidad esté concentrada ahí. Ese lugar se llama Lúxor. La ciudad está a unos 700 kilómetros de El Cairo. Si viajan por su cuenta las mejores alternativas son el tren y el avión. Si se deciden por la primera una buena opción es reservar los pasajes para el coche cama de Watania, la empresa ferroviaria que desde hace años hace ese tramo en el turno noche. Una cabina doble cuesta 80 dólares por persona y una simple 110. Pero si no quieren echar diez horas en un viaje que podrían hacer en apenas dos, por un valor muy similar, está la posibilidad de volar.

Lúxor puede dividirse en dos. Al oeste del río Nilo están, entre otros sitios de interés, el Valle de los Reyes, el Valle de las Reinas, los Colosos de Memnón y el Medinet Habu. Y en la orilla este, donde se ubica la ciudad propiamente dicha con sus mercados y avenidas, están su museo arqueológico y sus dos grandes estrellas: el complejo de Karnak y el Templo de Lúxor.

El Templo de Lúxor está en pleno centro de la ciudad. Venera al dios Amón Ra. Su entrada está custodiada por dos colosales estatuas de Ramsés II y por un obelisco. La pareja de ese monolito se congela cada invierno en la Plaza de la Concordia de París.

Junto a ese templo, conectado a él a través de una avenida plagada de esfinges, unas 1.400, está el de Karnak. A pesar de su nombre, no es un templo en sí, sino un complejo arquitectónico con numerosos recintos religiosos. Una vez adentro no pueden dejar pasar la sala hipóstila con sus 134 majestuosas columnas.

A unos diez kilómetros al noroeste de Lúxor está el Valle de los Reyes, el lugar de descanso de la mayoría de los faraones del Nuevo Imperio. La mejor forma de llegar hasta ahí es en taxi y bien temprano, a la mañana, antes de que apriete el sol.

Aunque hay cerca de 60 tumbas, la entrada solo permite visitar tres, las que uno elija. Cada ticket vale alrededor de 10 dólares. Eso sí, si quieren conocer la tumba más afamada (más por su historia que por lo que hay dentro), la de Tutankamón, deberán pagar unos 11 dólares aparte.

 

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