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Armstrong, la Luna y la amistad

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Armstrong, la Luna y la amistad

El 20 de julio de 1969 el hombre pisó por primera vez el suelo lunar. El 5 de agosto de 1930 nace Neil Armstrong en Ohio, Estados Unidos. En 1947, a los 17 años, ingresa a la Universidad Purdue. Participa con la Fuerza Aérea en la Guerra de Corea.

Fue el piloto más joven de su escuadrón. En 1955 obtiene el Master de Ingeniería aeroespacial. Se casa en 1956 y al año tiene su primer hijo. En 1962 ingresa en la NASA en calidad de experimentador civil. Sueña con ser astronauta. En 1966 ya es el piloto jefe de la expedición espacial Gemini VIII. En 1969 es nombrado jefe de la expedición espacial Apolo XI, que cumple el objetivo y llega a la Luna. Neil Armstrong es el primero en descender del módulo. El 24 de julio los astronautas amerizan sobre el Pacífico. Después de la cuarentena son recibidos como héroes y en 1970 Armstrong recibe toda clase de honores académicos.

En el satélite de la Tierra instalaron diversos instrumentos, sacaron fotos y extrajeron 21,7 kg de muestras de roca y suelo lunar, además de una lámina de metal enrollada que atrapó diez billones de átomos de materia. Dejaron una bandera de Estados Unidos, una placa conmemorativa escrita en inglés (“Aquí hombres del planeta Tierra pusieron pie por primera vez en la Luna, julio de 1969. Vinimos en son de paz en nombre de la humanidad”, firmada por los tres astronautas y el entonces presidente norteamericano Richard Nixon) y material desechado. Instalaron un sismómetro de gran precisión y un retrorreflector láser dirigido hacia la Tierra, que determina el desplazamiento de los continentes y el alejamiento de la Luna respecto a nuestro planeta.

En total, recorrieron unos 250 metros. El Eagle permaneció sobre la Luna 21 horas y media. Luego llevó a los astronautas hasta el Módulo de Comando. Los laboratorios instalados por las misiones Apolo obtienen valiosos datos sobre el campo magnético de la Tierra, la naturaleza del Sol y de los rayos cósmicos, y la composición interna y externa de la Luna.

Un dentista argentino, el 20 de julio de 1969, mientras observaba desde su casa de Lomas de Zamora la llegada del hombre a la Luna, se inspiró en Neil Armstrong y compañía para empezar a pensar en celebrar la amistad. Este psicólogo, doctor en filosofía, profesor de historia, músico y locutor entendió que el acontecimiento hermanaba a todos los hombres, más allá de color, religión o ideologías. Difundió su intención, y en Argentina, cada 20 de julio es el Día del Amigo.

Este medio considera a los lectores sus amigos. Casi que lo de lectores suena obsoleto, hoy serían además "seguidores", "amigos en las redes", y otros términos que el presente tecnológico ha impuesto a la realidad de los medios de comunicación.

Pero pese a que el vínculo haya variado tan radicalmente, hay relaciones que en esencia siguen inalterables. En las ideas y las sensaciones por lo menos. Está claro que esta presunta y entrañable amistad ha variado sobre todo en la velocidad y las características del intercambio. De aquellas exquisitas y esporádicas "cartas de lectores", portadoras de críticas, elogios, augurios, complicidades y pareceres, a este presente de respuesta turbulenta, inmediata y vertiginosa. Tal vez con menos magia, más anónima o impersonal. Es otro "feedback" como les encanta decir a los cultores de un nuevo lenguaje. Seguramente la mayoría de los usuarios de estos nuevos modismos, no han llegado a disfrutar de los misterios del intercambio epistolar. Un reino donde importaba la ortografía, la caligrafía, la calidad del papel, y otros gestos propios de otros tiempos. Ni mejores ni peores. Otros. Hoy el mail, el WhatsAap, el mensaje de audio y el comentario ante una nota han construido un mundo periodístico (de algún modo hay que llamarlo) absolutamente distinto. Si aquel mundo era fascinante, este no lo es menos. El mundo de posibilidades que se abren resulta, por lo menos, interesante. Seguro inquietante. Y queda claro que nada tardará en llegar la próxima novedad que cambie esta historia. Y casi todas las historias.

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Armstrong, la Luna y la amistad

El 20 de julio de 1969 el hombre pisó por primera vez el suelo lunar. El 5 de agosto de 1930 nace Neil Armstrong en Ohio, Estados Unidos. En 1947, a los 17 años, ingresa a la Universidad Purdue. Participa con la Fuerza Aérea en la Guerra de Corea.

Fue el piloto más joven de su escuadrón. En 1955 obtiene el Master de Ingeniería aeroespacial. Se casa en 1956 y al año tiene su primer hijo. En 1962 ingresa en la NASA en calidad de experimentador civil. Sueña con ser astronauta. En 1966 ya es el piloto jefe de la expedición espacial Gemini VIII. En 1969 es nombrado jefe de la expedición espacial Apolo XI, que cumple el objetivo y llega a la Luna. Neil Armstrong es el primero en descender del módulo. El 24 de julio los astronautas amerizan sobre el Pacífico. Después de la cuarentena son recibidos como héroes y en 1970 Armstrong recibe toda clase de honores académicos.

En el satélite de la Tierra instalaron diversos instrumentos, sacaron fotos y extrajeron 21,7 kg de muestras de roca y suelo lunar, además de una lámina de metal enrollada que atrapó diez billones de átomos de materia. Dejaron una bandera de Estados Unidos, una placa conmemorativa escrita en inglés (“Aquí hombres del planeta Tierra pusieron pie por primera vez en la Luna, julio de 1969. Vinimos en son de paz en nombre de la humanidad”, firmada por los tres astronautas y el entonces presidente norteamericano Richard Nixon) y material desechado. Instalaron un sismómetro de gran precisión y un retrorreflector láser dirigido hacia la Tierra, que determina el desplazamiento de los continentes y el alejamiento de la Luna respecto a nuestro planeta.

En total, recorrieron unos 250 metros. El Eagle permaneció sobre la Luna 21 horas y media. Luego llevó a los astronautas hasta el Módulo de Comando. Los laboratorios instalados por las misiones Apolo obtienen valiosos datos sobre el campo magnético de la Tierra, la naturaleza del Sol y de los rayos cósmicos, y la composición interna y externa de la Luna.

Un dentista argentino, el 20 de julio de 1969, mientras observaba desde su casa de Lomas de Zamora la llegada del hombre a la Luna, se inspiró en Neil Armstrong y compañía para empezar a pensar en celebrar la amistad. Este psicólogo, doctor en filosofía, profesor de historia, músico y locutor entendió que el acontecimiento hermanaba a todos los hombres, más allá de color, religión o ideologías. Difundió su intención, y en Argentina, cada 20 de julio es el Día del Amigo.

Este medio considera a los lectores sus amigos. Casi que lo de lectores suena obsoleto, hoy serían además "seguidores", "amigos en las redes", y otros términos que el presente tecnológico ha impuesto a la realidad de los medios de comunicación.

Pero pese a que el vínculo haya variado tan radicalmente, hay relaciones que en esencia siguen inalterables. En las ideas y las sensaciones por lo menos. Está claro que esta presunta y entrañable amistad ha variado sobre todo en la velocidad y las características del intercambio. De aquellas exquisitas y esporádicas "cartas de lectores", portadoras de críticas, elogios, augurios, complicidades y pareceres, a este presente de respuesta turbulenta, inmediata y vertiginosa. Tal vez con menos magia, más anónima o impersonal. Es otro "feedback" como les encanta decir a los cultores de un nuevo lenguaje. Seguramente la mayoría de los usuarios de estos nuevos modismos, no han llegado a disfrutar de los misterios del intercambio epistolar. Un reino donde importaba la ortografía, la caligrafía, la calidad del papel, y otros gestos propios de otros tiempos. Ni mejores ni peores. Otros. Hoy el mail, el WhatsAap, el mensaje de audio y el comentario ante una nota han construido un mundo periodístico (de algún modo hay que llamarlo) absolutamente distinto. Si aquel mundo era fascinante, este no lo es menos. El mundo de posibilidades que se abren resulta, por lo menos, interesante. Seguro inquietante. Y queda claro que nada tardará en llegar la próxima novedad que cambie esta historia. Y casi todas las historias.

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