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Juan Gilberto Muñoz: Señor Intendente

Johnny Díaz

Fue intendente de 1985 a 1995. Su labor hizo que el pueblo fuera creciendo. Viviendas, urbanización, agua, luz, salud  y una escuela fueron sus metas. Hoy en su casa de Los Algarrobitos vive dedicado a los trabajos rurales y no quiere "doblar los brazos".

Don Juan Gilberto Muñoz es uno de los habitantes más antiguos de la zona de La Vertiente, un pueblo enclavado en plena montaña a unos 42 kilómetros de La Toma accediendo por la ruta 2,32 de asfalto, y 17 de un duro y escabroso  camino de montaña.
Para llegar a su casa hay que pasar por el pueblo, recorrer unos seis kilómetros más, pasando por La Quebrada de los Barroso y poco antes de llegar al balneario  girando a mano derecha nos adentramos en un lugar llamado Los Algarrobitos. 
Una típica casa de campo montañés, rodeada de plantas frutales, granadas, parrales, higueras, durazneros, corrales y algunos sembrados. En medio del guardapatio un par de sillas y bajo una tupida sombra, que refresca el lugar, algunas gallinas de diverso plumaje van y vienen, mientras los perros olfatean a los visitantes al tiempo que aparecen unos mates con yuyos serranos.
Ahí estaba don Juan, el vecino que fue diez años intendente de La Vertiente representando al PJ en tres periodos consecutivos de 1985 a 1995. Un hombre que llegó al Municipio cuando el lugar era un paraje de unas cinco casas y lo transformó.
Juan Gilberto Muñoz nació circunstancialmente en el hospital de Villa Mercedes el 13 de setiembre de 1941. Fue alumno de la escuela de Los Comederos a unos seis kilómetros de su casa, camino a Bebida de las Vacas. "Fui hasta quinto grado, porque hasta ahí llegaba por esos años la escolaridad primaria", señala.


Hoy vive inmerso en trabajos rurales acompañado de un hijo y un ayudante  en el campo de unas 300 hectáreas, donde sobresalen pequeños sembradíos, mucho ganado, chivas, ovejas, lechones, amplios gallineros y una linda caballada. 
Don Juan es un hombre de mucha memoria, muy conocedor de la zona, y como buen nativo no duda en señalar que toda su vida vivió en el mismo lugar, y que su paso por el Municipio no le cambió la vida. "Cuando joven me iba a buscar trabajo a Mendoza, Córdoba o en las estancias de la zona porque por acá era muy difícil, pero siempre volví hasta que un día, en 1972, tuve la suerte de  ingresar a Vialidad Provincial y me mandaron al campamento de  Merlo", dice con firmeza. 
La Vertiente está enclavada a unos 900 metros sobre el nivel del mar. La zona tiene temperaturas que van de casi 38 grados en verano, a los 17 grados bajo cero en invierno. El pueblo está rodeado de campos fértiles generando imágenes indescriptibles coronadas por elevados picos de la masa montañosa sanluiseña.
Muñoz representó al PJ en las elecciones de 1985, ganando claramente las elecciones que lo catapultaron a la Municipalidad por un periodo de dos años. 
"Reemplacé a Bernabé Gil del PDL, yo le había ganado a Marcelo Aguilar de la UCR. Había tres candidatos, el tercero era liberal. Aguilar fue muy digno adversario y nunca se alejó de la política aportando lo suyo en beneficio del pueblo. Acá había mucha pobreza y eso se notaba mucho, fuimos solucionando los problemas que nos aquejaban y con trabajo todo cambió", detalla.
"Después de dos años de gestión, los periodos pasaron de dos años a cuatro, me volví a presentar y gané por más del 80% de los votos". 


"La Municipalidad de La Vertiente funcionaba en una pieza, había un destacamento policial, el Registro Civil, la Sala de primeros Auxilios y cuatro o cinco casas, era muy distinto. El que ganaba el Municipio, la hacía funcionar en su casa particular. No había otra, yo no podía hacerlo porque estaba muy lejos del pueblo", agrega sonriente. 
Juan Muñoz está casado hace 50 años con Mercolina Vicenta  Pereyra y tiene cinco hijos:  Ariel, Gladys, Rosalía, Patricia y Aldo que le dieron siete nietos; Gabriel, Maylén, Rocío, Paula, Candela, Juliana y Milagros, se enorgullece de su familia y de haber hecho varias obras durante su mandato. 
"La Provincia me dio los fondos para construir viviendas del Foprovi, del plan 'Ilusión y Alegría' y 'Viva San Luis', construimos 30 en total. La mano de obra la ponía el Municipio". 
"Acá había una familia que tenía mucho campo, doña Rosalía Allende donó un par de hectáreas para seguir creciendo. Esa señora era la maestra de la escuela albergue que funcionaba en El Talita. En su honor le pusimos su nombre a la plaza principal".
Agrega que en la época de los militares, habían empezado a construir una escuela albergue pero las dejaron a la altura de las ventanas. Con fondos estatales hicieron un pabellón y se transformó en un establecimiento educativo muy importante para la zona llegando a albergar a 120 niños, que venían de cinco escuelas zonales. Funcionaba de lunes a viernes y regresaban a sus domicilios en un ómnibus manejado por un chofer con sueldo aportado por la Municipalidad.  
Recuerda: "El primer jefe de Policía fue Isidoro Arce y del Registro Civil Ricardo Sánchez  (fue diputado provincial) le dejó el puesto a Aníbal Muñoz que ya tiene más de 30 años de servicio".
Don Juan lleva un orgullo enorme al considerarse el refundador del pueblo. "En diez años todo se transformó, viviendas, urbanización, agua, luz, parquizado, trazado de una avenida, una mini terminal de ómnibus, modernización de la escuela y la sala de primeros auxilios, fueron algunas de sus obras. 
El tema del agua era un grave problema para la población, tenían una gran vertiente (de ahí su nombre) se hizo una galería filtrante y por bombeo llevaron el agua a tanques de 30 mil litros y se bajó al pueblo.  Una obra, muy necesaria ante el continuo avance de la población.


Aquel paraje casi olvidado de las serranías sanluiseñas había cambiado, se transformó en un pueblo admirado, pujante y con ganas de ir por más. Sus habitantes al ver el progreso y tener una mejor calidad de vida, despertaron su interés para no emigrar y así lo demuestra la juventud que se mueve por el pueblo. 
Antes había unos 120 habitantes. Hoy superan holgadamente los 400. "Para nosotros es mucho porque se fueron creando puestos de trabajo en la Municipalidad, en la Escuela, en la Policía y en el Registro Civil eso permitió evitar que se nos fueran a vivir a otro lado", agrega.

Cuando terminó su segundo mandato, dice que se volvió a su casa y después de unos días, se reintegró a Vialidad en La Toma, donde se jubiló después de 42 años de servicio. "Tenía que estar más tiempo con mi familia que por años me hizo el aguante. Mi señora era quien llevaba las riendas de la casa mientras yo no estaba", agrega ante la mirada de su hija Gladys.
"En La Vertiente dejamos lindas obras" dice con humildad este hombre, que tiene las manos callosas de los trabajos rurales y de mirada firme como reafirmando sus palabras: "Es un pueblo pequeño pero pintoresco, y creo que tiene un lindo potencial turístico. Necesitamos que el asfalto llegue al pueblo, eso le daría mucho impulso".  


Como buen vecino y en relación al balneario, puntualiza que todo estaba muy lindo con asadores, luminarias y sanitarios a orillas del Río Conlara pero, la crecida de hace unos cinco años se llevó todo, no dejó nada, el agua llegó hasta las tranqueras que están alejadas del cauce. "A mi edad, nunca vi una crece con tamaña bravura y tan dañina, era impresionante", recuerda con tristeza.
Don Juan dice que la vida del hombre de campo sigue siendo dura y no le esquiva al esfuerzo. "No hay que doblar los brazos todavía,  cada día es más difícil pero sigo siendo útil para mi familia".  
 

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Juan Gilberto Muñoz: Señor Intendente

Fue intendente de 1985 a 1995. Su labor hizo que el pueblo fuera creciendo. Viviendas, urbanización, agua, luz, salud  y una escuela fueron sus metas. Hoy en su casa de Los Algarrobitos vive dedicado a los trabajos rurales y no quiere "doblar los brazos".

Don Juan Gilberto Muñoz es uno de los habitantes más antiguos de la zona de La Vertiente, un pueblo enclavado en plena montaña a unos 42 kilómetros de La Toma accediendo por la ruta 2,32 de asfalto, y 17 de un duro y escabroso  camino de montaña.
Para llegar a su casa hay que pasar por el pueblo, recorrer unos seis kilómetros más, pasando por La Quebrada de los Barroso y poco antes de llegar al balneario  girando a mano derecha nos adentramos en un lugar llamado Los Algarrobitos. 
Una típica casa de campo montañés, rodeada de plantas frutales, granadas, parrales, higueras, durazneros, corrales y algunos sembrados. En medio del guardapatio un par de sillas y bajo una tupida sombra, que refresca el lugar, algunas gallinas de diverso plumaje van y vienen, mientras los perros olfatean a los visitantes al tiempo que aparecen unos mates con yuyos serranos.
Ahí estaba don Juan, el vecino que fue diez años intendente de La Vertiente representando al PJ en tres periodos consecutivos de 1985 a 1995. Un hombre que llegó al Municipio cuando el lugar era un paraje de unas cinco casas y lo transformó.
Juan Gilberto Muñoz nació circunstancialmente en el hospital de Villa Mercedes el 13 de setiembre de 1941. Fue alumno de la escuela de Los Comederos a unos seis kilómetros de su casa, camino a Bebida de las Vacas. "Fui hasta quinto grado, porque hasta ahí llegaba por esos años la escolaridad primaria", señala.


Hoy vive inmerso en trabajos rurales acompañado de un hijo y un ayudante  en el campo de unas 300 hectáreas, donde sobresalen pequeños sembradíos, mucho ganado, chivas, ovejas, lechones, amplios gallineros y una linda caballada. 
Don Juan es un hombre de mucha memoria, muy conocedor de la zona, y como buen nativo no duda en señalar que toda su vida vivió en el mismo lugar, y que su paso por el Municipio no le cambió la vida. "Cuando joven me iba a buscar trabajo a Mendoza, Córdoba o en las estancias de la zona porque por acá era muy difícil, pero siempre volví hasta que un día, en 1972, tuve la suerte de  ingresar a Vialidad Provincial y me mandaron al campamento de  Merlo", dice con firmeza. 
La Vertiente está enclavada a unos 900 metros sobre el nivel del mar. La zona tiene temperaturas que van de casi 38 grados en verano, a los 17 grados bajo cero en invierno. El pueblo está rodeado de campos fértiles generando imágenes indescriptibles coronadas por elevados picos de la masa montañosa sanluiseña.
Muñoz representó al PJ en las elecciones de 1985, ganando claramente las elecciones que lo catapultaron a la Municipalidad por un periodo de dos años. 
"Reemplacé a Bernabé Gil del PDL, yo le había ganado a Marcelo Aguilar de la UCR. Había tres candidatos, el tercero era liberal. Aguilar fue muy digno adversario y nunca se alejó de la política aportando lo suyo en beneficio del pueblo. Acá había mucha pobreza y eso se notaba mucho, fuimos solucionando los problemas que nos aquejaban y con trabajo todo cambió", detalla.
"Después de dos años de gestión, los periodos pasaron de dos años a cuatro, me volví a presentar y gané por más del 80% de los votos". 


"La Municipalidad de La Vertiente funcionaba en una pieza, había un destacamento policial, el Registro Civil, la Sala de primeros Auxilios y cuatro o cinco casas, era muy distinto. El que ganaba el Municipio, la hacía funcionar en su casa particular. No había otra, yo no podía hacerlo porque estaba muy lejos del pueblo", agrega sonriente. 
Juan Muñoz está casado hace 50 años con Mercolina Vicenta  Pereyra y tiene cinco hijos:  Ariel, Gladys, Rosalía, Patricia y Aldo que le dieron siete nietos; Gabriel, Maylén, Rocío, Paula, Candela, Juliana y Milagros, se enorgullece de su familia y de haber hecho varias obras durante su mandato. 
"La Provincia me dio los fondos para construir viviendas del Foprovi, del plan 'Ilusión y Alegría' y 'Viva San Luis', construimos 30 en total. La mano de obra la ponía el Municipio". 
"Acá había una familia que tenía mucho campo, doña Rosalía Allende donó un par de hectáreas para seguir creciendo. Esa señora era la maestra de la escuela albergue que funcionaba en El Talita. En su honor le pusimos su nombre a la plaza principal".
Agrega que en la época de los militares, habían empezado a construir una escuela albergue pero las dejaron a la altura de las ventanas. Con fondos estatales hicieron un pabellón y se transformó en un establecimiento educativo muy importante para la zona llegando a albergar a 120 niños, que venían de cinco escuelas zonales. Funcionaba de lunes a viernes y regresaban a sus domicilios en un ómnibus manejado por un chofer con sueldo aportado por la Municipalidad.  
Recuerda: "El primer jefe de Policía fue Isidoro Arce y del Registro Civil Ricardo Sánchez  (fue diputado provincial) le dejó el puesto a Aníbal Muñoz que ya tiene más de 30 años de servicio".
Don Juan lleva un orgullo enorme al considerarse el refundador del pueblo. "En diez años todo se transformó, viviendas, urbanización, agua, luz, parquizado, trazado de una avenida, una mini terminal de ómnibus, modernización de la escuela y la sala de primeros auxilios, fueron algunas de sus obras. 
El tema del agua era un grave problema para la población, tenían una gran vertiente (de ahí su nombre) se hizo una galería filtrante y por bombeo llevaron el agua a tanques de 30 mil litros y se bajó al pueblo.  Una obra, muy necesaria ante el continuo avance de la población.


Aquel paraje casi olvidado de las serranías sanluiseñas había cambiado, se transformó en un pueblo admirado, pujante y con ganas de ir por más. Sus habitantes al ver el progreso y tener una mejor calidad de vida, despertaron su interés para no emigrar y así lo demuestra la juventud que se mueve por el pueblo. 
Antes había unos 120 habitantes. Hoy superan holgadamente los 400. "Para nosotros es mucho porque se fueron creando puestos de trabajo en la Municipalidad, en la Escuela, en la Policía y en el Registro Civil eso permitió evitar que se nos fueran a vivir a otro lado", agrega.

Cuando terminó su segundo mandato, dice que se volvió a su casa y después de unos días, se reintegró a Vialidad en La Toma, donde se jubiló después de 42 años de servicio. "Tenía que estar más tiempo con mi familia que por años me hizo el aguante. Mi señora era quien llevaba las riendas de la casa mientras yo no estaba", agrega ante la mirada de su hija Gladys.
"En La Vertiente dejamos lindas obras" dice con humildad este hombre, que tiene las manos callosas de los trabajos rurales y de mirada firme como reafirmando sus palabras: "Es un pueblo pequeño pero pintoresco, y creo que tiene un lindo potencial turístico. Necesitamos que el asfalto llegue al pueblo, eso le daría mucho impulso".  


Como buen vecino y en relación al balneario, puntualiza que todo estaba muy lindo con asadores, luminarias y sanitarios a orillas del Río Conlara pero, la crecida de hace unos cinco años se llevó todo, no dejó nada, el agua llegó hasta las tranqueras que están alejadas del cauce. "A mi edad, nunca vi una crece con tamaña bravura y tan dañina, era impresionante", recuerda con tristeza.
Don Juan dice que la vida del hombre de campo sigue siendo dura y no le esquiva al esfuerzo. "No hay que doblar los brazos todavía,  cada día es más difícil pero sigo siendo útil para mi familia".  
 

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