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Son derechos, no privilegios

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Son derechos, no privilegios

Leonardo Kram

Ayer mi padre, mecánico monotributista, me llamó por teléfono y me preguntó por qué no había comprado dólares, como le había consultado hace no menos de un mes. Hace dos años y medio estoy bajo relación de dependencia, tengo un salario mensual y aportes jubilatorios por primera vez luego de varios trabajos en negro. Hoy tengo suerte y algunos dirían que soy un “privilegiado” dentro de la crisis que vive gran parte de los argentinos. Y hasta consideré la posibilidad de salvar algo de lo guardado en mi cuenta bancaria, que hoy vale menos que el viernes. 

Desde principios de año, con los planes de ahorro de automóviles, y hace un mes con quienes accedieron a los créditos UVA, noté algo en la realización de estas notas. Ellos, en su mayoría cuentapropistas y trabajadores en condiciones similares a las mías, comenzaron a ver sus sueldos licuados por automóviles que cuadruplicaron sus cuotas, y viviendas que incrementaron su crédito final.

Hay un reflejo que, como argentinos, a veces nos resuena en situaciones como esta, aquel pensamiento “para qué vas a acceder algo que no vas a poder pagar”. Otra vez se piensa aquella situación como un “privilegio” que no muchos deberían tener. Y no lo es. No es un privilegio que yo trabaje en blanco para una empresa, ni lo es que esta gente quiera acceder a un vehículo para transportarse o a una vivienda para vivir. Es nuestro derecho como ciudadanos, y el Estado debe garantizar las condiciones para que así se cumpla y no para acorralar y endeudar a una generación.

No sé el estado de los bancos hoy, tampoco el de las concesionarias. Dudo mucho que la gente que he entrevistado fue la que se apiló el lunes a comprar dólares. Un derecho no es un privilegio, pero a veces así parece en la Argentina.

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Son derechos, no privilegios

Ayer mi padre, mecánico monotributista, me llamó por teléfono y me preguntó por qué no había comprado dólares, como le había consultado hace no menos de un mes. Hace dos años y medio estoy bajo relación de dependencia, tengo un salario mensual y aportes jubilatorios por primera vez luego de varios trabajos en negro. Hoy tengo suerte y algunos dirían que soy un “privilegiado” dentro de la crisis que vive gran parte de los argentinos. Y hasta consideré la posibilidad de salvar algo de lo guardado en mi cuenta bancaria, que hoy vale menos que el viernes. 

Desde principios de año, con los planes de ahorro de automóviles, y hace un mes con quienes accedieron a los créditos UVA, noté algo en la realización de estas notas. Ellos, en su mayoría cuentapropistas y trabajadores en condiciones similares a las mías, comenzaron a ver sus sueldos licuados por automóviles que cuadruplicaron sus cuotas, y viviendas que incrementaron su crédito final.

Hay un reflejo que, como argentinos, a veces nos resuena en situaciones como esta, aquel pensamiento “para qué vas a acceder algo que no vas a poder pagar”. Otra vez se piensa aquella situación como un “privilegio” que no muchos deberían tener. Y no lo es. No es un privilegio que yo trabaje en blanco para una empresa, ni lo es que esta gente quiera acceder a un vehículo para transportarse o a una vivienda para vivir. Es nuestro derecho como ciudadanos, y el Estado debe garantizar las condiciones para que así se cumpla y no para acorralar y endeudar a una generación.

No sé el estado de los bancos hoy, tampoco el de las concesionarias. Dudo mucho que la gente que he entrevistado fue la que se apiló el lunes a comprar dólares. Un derecho no es un privilegio, pero a veces así parece en la Argentina.

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