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Una mamushka infinita

Marina Balbo

Nunca nadie fumó tanto en un set de grabación como Natasha Lyonne y no hay mejor actriz que ella para interpretar a Nadia en “Muñeca rusa”. Si hasta su disfónica voz grave y ronquilla es  perfecta para el personaje. Las adicciones al tabaco y a las drogas duras no son el tema central de esta historia aunque tienen gran protagonismo para entender a esta joven neoyorquina en crisis emocional, errática y sarcástica.

Cada capítulo comienza en el cumpleaños 36 de Nadia y con la cortina de “Gotta get up”, de Harry Nilsson (quien vivió al límite con las drogas, justamente), marcando cada vez el paso de la treintañera hasta su muerte.

Y ahí empieza de nuevo. Este bucle infinito lleva al borde de la locura a una mujer que tiene demasiados infiernos con los que lidiar y para colmo, esta suerte de renacimiento constante. No importa cuántas veces muera, siempre regresará al baño de ese departamento kitsch donde se desarrolla su fiesta.

A la protagonista no le quedará otra que intentar descifrar el trasfondo de lo que ocurre y no puede contar ni con sus amigas, aunque está acostumbrada a lidiar sola con sus miserias. Y es en este recorrido/búsqueda de respuestas que saca a la luz y les hace frente a sus basuras internas sin que logre determinar por qué muere y “renace” en su cumpleaños; madura y se desarma cual muñeca rusa o mamushka hasta llegar a la Nadia más difícil de alcanzar, la chiquita y marcada por relaciones familiares tormentosas y por pesadas historias colectivas que no logra conciliar.

Con tintes existencialistas, esta comedia negra aborda sin complejos desde física cuántica y teorías   científicas como la de la relatividad hasta el esoterismo y la brujería. Nadia es programadora de software por lo que intenta analizar todo como un videojuego, como cuando se guarda la partida en la comisaría de Raccoon City y aparece “Némesis”, que asesina y se vuelve a la estación de policía a intentarlo nuevamente. Y esta vez la cantidad de vidas es infinita pero son las pequeñas variaciones entre cada partida y los detalles que pueden pasar desapercibidos al principio los que darán al espectador pequeñas pistas de lo que va sucediendo.

“Muñeca rusa” fue catalogada la primera gran serie de Netflix del año, allá por enero. Y tanto espectador como protagonista pasan de la risa a la angustia en segundos ya que Natasha Lyonne (también creadora de la serie junto a Amy Poehler y Leslye Headland) supo combinar y distribuir escenas dramáticas, tragicómicas y bizarras en ocho envolventes capítulos. Habrá segunda temporada, sin fecha oficial aún. Mientras, podemos darnos el lujo de teorizar aunque no sepamos nada de ciencia, ni de bucles temporales, ni universos paralelos.

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Una mamushka infinita

Nunca nadie fumó tanto en un set de grabación como Natasha Lyonne y no hay mejor actriz que ella para interpretar a Nadia en “Muñeca rusa”. Si hasta su disfónica voz grave y ronquilla es  perfecta para el personaje. Las adicciones al tabaco y a las drogas duras no son el tema central de esta historia aunque tienen gran protagonismo para entender a esta joven neoyorquina en crisis emocional, errática y sarcástica.

Cada capítulo comienza en el cumpleaños 36 de Nadia y con la cortina de “Gotta get up”, de Harry Nilsson (quien vivió al límite con las drogas, justamente), marcando cada vez el paso de la treintañera hasta su muerte.

Y ahí empieza de nuevo. Este bucle infinito lleva al borde de la locura a una mujer que tiene demasiados infiernos con los que lidiar y para colmo, esta suerte de renacimiento constante. No importa cuántas veces muera, siempre regresará al baño de ese departamento kitsch donde se desarrolla su fiesta.

A la protagonista no le quedará otra que intentar descifrar el trasfondo de lo que ocurre y no puede contar ni con sus amigas, aunque está acostumbrada a lidiar sola con sus miserias. Y es en este recorrido/búsqueda de respuestas que saca a la luz y les hace frente a sus basuras internas sin que logre determinar por qué muere y “renace” en su cumpleaños; madura y se desarma cual muñeca rusa o mamushka hasta llegar a la Nadia más difícil de alcanzar, la chiquita y marcada por relaciones familiares tormentosas y por pesadas historias colectivas que no logra conciliar.

Con tintes existencialistas, esta comedia negra aborda sin complejos desde física cuántica y teorías   científicas como la de la relatividad hasta el esoterismo y la brujería. Nadia es programadora de software por lo que intenta analizar todo como un videojuego, como cuando se guarda la partida en la comisaría de Raccoon City y aparece “Némesis”, que asesina y se vuelve a la estación de policía a intentarlo nuevamente. Y esta vez la cantidad de vidas es infinita pero son las pequeñas variaciones entre cada partida y los detalles que pueden pasar desapercibidos al principio los que darán al espectador pequeñas pistas de lo que va sucediendo.

“Muñeca rusa” fue catalogada la primera gran serie de Netflix del año, allá por enero. Y tanto espectador como protagonista pasan de la risa a la angustia en segundos ya que Natasha Lyonne (también creadora de la serie junto a Amy Poehler y Leslye Headland) supo combinar y distribuir escenas dramáticas, tragicómicas y bizarras en ocho envolventes capítulos. Habrá segunda temporada, sin fecha oficial aún. Mientras, podemos darnos el lujo de teorizar aunque no sepamos nada de ciencia, ni de bucles temporales, ni universos paralelos.

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