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No hubo "boom ganadero" en los 4 años de Cambiemos

Nicolás Razzetti

En los primeros años de la gestión de Macri se generaron expectativas positivas, con créditos a tasas bajas y confianza en el Gobierno, lo que llevó a la retención de vientres. Luego devino en una alta faena por la crisis económica y la falta de financiación. ¿Y ahora qué pasará?

 

El resultado de las PASO da cuenta de que la sociedad no está contenta con la gestión económica de Cambiemos. Pero tampoco es mejor el humor de los productores agropecuarios. En los eventos que cubrimos este año y en las charlas con dirigentes del sector, lo que queda en claro es el temor al regreso de las políticas kirchneristas que tanto daño le hicieron al campo. Pero eso no significa que la gestión de Mauricio Macri haya sido buena, por el contrario, hay mucho para cuestionar también en el sector agropecuario y en particular en el ganadero.

En tal sentido, hay que decir que el famoso “boom ganadero” no fue tal. Hubo un primer momento de fortísima retención de vientres consecuencia de las perspectivas positivas que generó el cambio de gobierno y la salida del cepo, pero sobre todo la recuperación de la libertad comercial y la apertura a los mercados internacionales. Resulta incomprensible que el gobierno de Cristina Fernández haya intervenido de un modo tan negativo, que le haya quitado al sector la libertad de elegir si un productor quería vender trigo a un exportador o a un molino, o si un ganadero quería vender su novillo a un exportador o a un consumero.

Por esa política llegamos a 2015 con exportaciones por el piso. Ese año se vendieron al extranjero menos de 200 mil toneladas res con hueso y la producción ganadera se concentró en animales livianos, de rápida terminación, para lograr una recuperación más ágil del capital y para atender al único cliente posible, el mercado local.

Pero luego del cambio de gobierno y de esos primeros dos años de optimismo, el cierre de la gestión actual obliga a hacer un balance en el que se destacan, como dijimos más arriba, aspectos positivos: hay libertad comercial, se actualizó el dólar y el tipo de cambio fue competitivo, se quitaron en un principio las retenciones y hasta hubo reintegros, hubo créditos, se redujo la burocracia, por ejemplo a la hora de obtener la documentación para mover hacienda, y mejoró sin dudas la relación con los funcionarios. La agresividad ya no fue el denominador común en cualquier instancia de interacción entre los representantes y empresarios del sector y las autoridades, pero también hay cuentas pendientes y además preocupa la situación financiera del país.

Entre los aspectos negativos hay que destacar que no hubo una política de fomento a la productividad ganadera y que la macroeconomía tampoco aportó en ese sentido. El famoso boom ganadero no fue tal, ya que la producción de carne al cierre de la gestión supera y no por mucho las 3 millones de toneladas, el kilo res es el mismo que en los últimos años y el destete es de 60/63%.

Hay cuestiones que tienen que ver con lo cultural, muchas veces se dice que el criador debe "aggionarse" y ver a la actividad desde un costado más profesional. Es cierto, pero no es menos real que no se le puede pedir al que arriesga su capital en una economía tan incierta como la de nuestro país, que un viernes tiene un dólar de $46 y al lunes siguiente otro de $61, que sea más osado, que apueste, invierta y arriesgue más como si ya no lo hiciera. El productor convive con el riesgo económico, político y climático. No se le puede pedir más.

Y en ese contexto se encuentra al cierre de la gestión, o al menos de la primera gestión, de Cambiemos. Con una economía que tiene 50% de inflación (lo que afecta a diferentes costos de la actividad como el gasoil, que está dolarizado, o al maíz, que copia los cambios en el valor del dólar). Además no tiene financiación, con lo cual debe apelar a la venta de su hacienda para conseguir la plata necesaria para pagar sus gastos, que son, como dijimos, 50% más caros que hace un año.

Por eso no se puede hablar de boom ganadero, sí podemos hablar de boom en la faena de hembras, aunque habrá que ver si con la incertidumbre que genera el resultado de las PASO continúa alta la venta de vacas y vaquillonas a los frigoríficos. Muchos se preguntan si de ahora en adelante habrá una aceleración de lo que algunos llaman (quizás anticipadamente) liquidación del stock de vientres.

Al respecto hay que señalar que luego de la fuerte retención de los primeros dos años de Cambiemos, en 2018 la faena de hembras fue de 45% y en 2019 llega a 50%, con picos de 52% en el reciente otoño. Para algunos analistas, entre los que se destaca Miguel Schiaritti de Ciccra, ya estamos en liquidación del stock. Lo viene diciendo desde hace tiempo, otros son más moderados y sostienen que esa alta faena de hembras es consecuencia de la baja participación de los novillos en el total y de las necesidades de los productores de hacerse de dinero.

Con relación a este tema, en su último Informe Ganadero el licenciado Ignacio Iriarte dijo que “de acuerdo a la experiencia histórica reciente, y de acuerdo al registro de faena de hembras del primer semestre de este año, estaríamos desde la primavera pasada entrando en un proceso de liquidación. Es preocupante, además, que en los últimos meses este porcentaje tan elevado registra un fuerte aumento en la faena de vacas, muchas de las cuales deben ser vientres útiles, al mismo tiempo que se da una baja significativa en la faena de terneras”.

Pero Iriarte luego agrega que se puede medir la evolución del rodeo de madres según la tasa de extracción de vacas y que de “mantenerse la matanza actual, que es en términos absolutos un 20% más alta que en el ejercicio anterior, el stock de vacas a marzo próximo podría experimentar una reducción de unos 420 mil vientres”, lo que significa que al cierre de la gestión de Cambiemos (que para el sector y para la ganadería fue mucho mejor que el mandato kirchnerista) nos encontraremos con un rodeo que se achica por la falta de plata, porque la macroeconomía no ayuda.

En pocos meses más, que seguramente se vivirán con angustia de parte de los productores si se confirma en las presidenciales el resultado de las PASO, se sabrá qué políticas va a aplicar el binomio Fernández-Fernández.

Antes de las elecciones y en reunión con los directivos de la Bolsa de Comercio de Rosario, Alberto Fernández dijo  no estar de acuerdo con las retenciones, a las que calificó como un castigo a la generación de valor del sector primario.

Si bien aclaró que en lo inmediato no cree posible eliminarlas, se mostró optimista con una reducción gradual en caso de que la producción y la Argentina crezcan. Ojalá que el próximo gobierno haga realidad mensajes como esos que se enuncian cuando se tiene la necesidad de ganarse el favor del interlocutor de turno. Ojalá quien gobierne entienda la necesidad de reconocernos como un país agropecuario, que si no apuesta a la producción y al agregado de valor de la agroindustria no tiene futuro.

 

Situación económica: el precio de las carnes

Ya lo dijimos muchas veces, el consumo interno le puso un freno al precio de la carne y eso afecta al valor de la hacienda en pie y de la carne en general, aunque queda claro que con el nuevo dólar podría haber cambios en los valores. Antes o después la situación se ajusta al registro de esa variable de tanto peso en la economía.

Por lo pronto, el informe del IPCVA indica que en julio el precio del pollo mantiene una suba de 70% respecto de igual mes de 2018. Sin dudas le gana a la inflación, pero se viene achicando una brecha que supo ser de casi 100%. En el caso de la carne vacuna, el aumento internanual es de 53%, empata a la inflación, aunque con perspectivas de terminar perdiendo la carrera. En tanto, la carne porcina guarda una mejora interanual del 50%.

Pese al incremento en las exportaciones de carne vacuna, la demanda interna se encuentra bien abastecida. La suma de la oferta bovina (50 kilos hab/año), la de pollos (46/47 kilos según dicen los directivos de Cepa) y la de cerdos (15 kilos por hab/año) suma 111/112 kilos, a los que se debe agregar un aporte, aunque muy menor, de carne ovina, que da un total de 113 kilos. La alta oferta se encuentra con una demanda afectada por la crisis económica y por eso se planchan los precios de toda la cadena ganadera.

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No hubo "boom ganadero" en los 4 años de Cambiemos

En los primeros años de la gestión de Macri se generaron expectativas positivas, con créditos a tasas bajas y confianza en el Gobierno, lo que llevó a la retención de vientres. Luego devino en una alta faena por la crisis económica y la falta de financiación. ¿Y ahora qué pasará?

 

El resultado de las PASO da cuenta de que la sociedad no está contenta con la gestión económica de Cambiemos. Pero tampoco es mejor el humor de los productores agropecuarios. En los eventos que cubrimos este año y en las charlas con dirigentes del sector, lo que queda en claro es el temor al regreso de las políticas kirchneristas que tanto daño le hicieron al campo. Pero eso no significa que la gestión de Mauricio Macri haya sido buena, por el contrario, hay mucho para cuestionar también en el sector agropecuario y en particular en el ganadero.

En tal sentido, hay que decir que el famoso “boom ganadero” no fue tal. Hubo un primer momento de fortísima retención de vientres consecuencia de las perspectivas positivas que generó el cambio de gobierno y la salida del cepo, pero sobre todo la recuperación de la libertad comercial y la apertura a los mercados internacionales. Resulta incomprensible que el gobierno de Cristina Fernández haya intervenido de un modo tan negativo, que le haya quitado al sector la libertad de elegir si un productor quería vender trigo a un exportador o a un molino, o si un ganadero quería vender su novillo a un exportador o a un consumero.

Por esa política llegamos a 2015 con exportaciones por el piso. Ese año se vendieron al extranjero menos de 200 mil toneladas res con hueso y la producción ganadera se concentró en animales livianos, de rápida terminación, para lograr una recuperación más ágil del capital y para atender al único cliente posible, el mercado local.

Pero luego del cambio de gobierno y de esos primeros dos años de optimismo, el cierre de la gestión actual obliga a hacer un balance en el que se destacan, como dijimos más arriba, aspectos positivos: hay libertad comercial, se actualizó el dólar y el tipo de cambio fue competitivo, se quitaron en un principio las retenciones y hasta hubo reintegros, hubo créditos, se redujo la burocracia, por ejemplo a la hora de obtener la documentación para mover hacienda, y mejoró sin dudas la relación con los funcionarios. La agresividad ya no fue el denominador común en cualquier instancia de interacción entre los representantes y empresarios del sector y las autoridades, pero también hay cuentas pendientes y además preocupa la situación financiera del país.

Entre los aspectos negativos hay que destacar que no hubo una política de fomento a la productividad ganadera y que la macroeconomía tampoco aportó en ese sentido. El famoso boom ganadero no fue tal, ya que la producción de carne al cierre de la gestión supera y no por mucho las 3 millones de toneladas, el kilo res es el mismo que en los últimos años y el destete es de 60/63%.

Hay cuestiones que tienen que ver con lo cultural, muchas veces se dice que el criador debe "aggionarse" y ver a la actividad desde un costado más profesional. Es cierto, pero no es menos real que no se le puede pedir al que arriesga su capital en una economía tan incierta como la de nuestro país, que un viernes tiene un dólar de $46 y al lunes siguiente otro de $61, que sea más osado, que apueste, invierta y arriesgue más como si ya no lo hiciera. El productor convive con el riesgo económico, político y climático. No se le puede pedir más.

Y en ese contexto se encuentra al cierre de la gestión, o al menos de la primera gestión, de Cambiemos. Con una economía que tiene 50% de inflación (lo que afecta a diferentes costos de la actividad como el gasoil, que está dolarizado, o al maíz, que copia los cambios en el valor del dólar). Además no tiene financiación, con lo cual debe apelar a la venta de su hacienda para conseguir la plata necesaria para pagar sus gastos, que son, como dijimos, 50% más caros que hace un año.

Por eso no se puede hablar de boom ganadero, sí podemos hablar de boom en la faena de hembras, aunque habrá que ver si con la incertidumbre que genera el resultado de las PASO continúa alta la venta de vacas y vaquillonas a los frigoríficos. Muchos se preguntan si de ahora en adelante habrá una aceleración de lo que algunos llaman (quizás anticipadamente) liquidación del stock de vientres.

Al respecto hay que señalar que luego de la fuerte retención de los primeros dos años de Cambiemos, en 2018 la faena de hembras fue de 45% y en 2019 llega a 50%, con picos de 52% en el reciente otoño. Para algunos analistas, entre los que se destaca Miguel Schiaritti de Ciccra, ya estamos en liquidación del stock. Lo viene diciendo desde hace tiempo, otros son más moderados y sostienen que esa alta faena de hembras es consecuencia de la baja participación de los novillos en el total y de las necesidades de los productores de hacerse de dinero.

Con relación a este tema, en su último Informe Ganadero el licenciado Ignacio Iriarte dijo que “de acuerdo a la experiencia histórica reciente, y de acuerdo al registro de faena de hembras del primer semestre de este año, estaríamos desde la primavera pasada entrando en un proceso de liquidación. Es preocupante, además, que en los últimos meses este porcentaje tan elevado registra un fuerte aumento en la faena de vacas, muchas de las cuales deben ser vientres útiles, al mismo tiempo que se da una baja significativa en la faena de terneras”.

Pero Iriarte luego agrega que se puede medir la evolución del rodeo de madres según la tasa de extracción de vacas y que de “mantenerse la matanza actual, que es en términos absolutos un 20% más alta que en el ejercicio anterior, el stock de vacas a marzo próximo podría experimentar una reducción de unos 420 mil vientres”, lo que significa que al cierre de la gestión de Cambiemos (que para el sector y para la ganadería fue mucho mejor que el mandato kirchnerista) nos encontraremos con un rodeo que se achica por la falta de plata, porque la macroeconomía no ayuda.

En pocos meses más, que seguramente se vivirán con angustia de parte de los productores si se confirma en las presidenciales el resultado de las PASO, se sabrá qué políticas va a aplicar el binomio Fernández-Fernández.

Antes de las elecciones y en reunión con los directivos de la Bolsa de Comercio de Rosario, Alberto Fernández dijo  no estar de acuerdo con las retenciones, a las que calificó como un castigo a la generación de valor del sector primario.

Si bien aclaró que en lo inmediato no cree posible eliminarlas, se mostró optimista con una reducción gradual en caso de que la producción y la Argentina crezcan. Ojalá que el próximo gobierno haga realidad mensajes como esos que se enuncian cuando se tiene la necesidad de ganarse el favor del interlocutor de turno. Ojalá quien gobierne entienda la necesidad de reconocernos como un país agropecuario, que si no apuesta a la producción y al agregado de valor de la agroindustria no tiene futuro.

 

Situación económica: el precio de las carnes

Ya lo dijimos muchas veces, el consumo interno le puso un freno al precio de la carne y eso afecta al valor de la hacienda en pie y de la carne en general, aunque queda claro que con el nuevo dólar podría haber cambios en los valores. Antes o después la situación se ajusta al registro de esa variable de tanto peso en la economía.

Por lo pronto, el informe del IPCVA indica que en julio el precio del pollo mantiene una suba de 70% respecto de igual mes de 2018. Sin dudas le gana a la inflación, pero se viene achicando una brecha que supo ser de casi 100%. En el caso de la carne vacuna, el aumento internanual es de 53%, empata a la inflación, aunque con perspectivas de terminar perdiendo la carrera. En tanto, la carne porcina guarda una mejora interanual del 50%.

Pese al incremento en las exportaciones de carne vacuna, la demanda interna se encuentra bien abastecida. La suma de la oferta bovina (50 kilos hab/año), la de pollos (46/47 kilos según dicen los directivos de Cepa) y la de cerdos (15 kilos por hab/año) suma 111/112 kilos, a los que se debe agregar un aporte, aunque muy menor, de carne ovina, que da un total de 113 kilos. La alta oferta se encuentra con una demanda afectada por la crisis económica y por eso se planchan los precios de toda la cadena ganadera.

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