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Un sincero análisis de la realidad educativa

La Argentina está atravesando una profunda crisis económica. Una vez más. Y como en cada crisis, la escuela se convierte en refugio, en ineludible espacio de contención. Los maestros deben sumar a sus tareas habituales, nuevas ocupaciones que no son estrictamente inherentes a su función. En concreto, tienen que dar de comer, tienen que calmar el hambre y la angustia. Tienen que ayudar a soportar carencias y necesidades básicas insatisfechas. Se debería comprender que es muy difícil enseñar y aprender en este contexto. Lo cierto es que el contexto es inevitable. Es la realidad. Sin embargo debería quedar claro que la educación es la única salida. Y está claro que vale la pena medir y diagnosticar, para decidir con criterio. Para ejecutar las mejores acciones. Y vale el esfuerzo de entidades como el Observatorio Argentinos por la Educación que ha emitido recientemente un valioso informe que es necesario difundir y analizar.
El análisis aborda distintas cuestiones. En cuanto al acceso a la escuela en primaria no se registraron grandes cambios. La cobertura sigue siendo cercana al 100%. Hubo avances significativos en el nivel inicial. La matrícula entre los 3 y los 5 años creció un 66,9% entre 1996 y 2018 y tres de cada cuatro chicos asisten al jardín de infantes. En secundaria también se advierten mejoras. Entre 1996 y 2017, la matrícula en el nivel aumentó un 35,6%. No obstante, pese a ser obligatorio desde 2006, todavía uno de cada diez adolescentes está afuera del sistema. Al mismo tiempo, a diferencia de lo que sucede en primaria donde se mantiene estable, en secundaria la cantidad de alumnos cae a medida que pasan los años. En 2017 había 850.827 estudiantes en primer año y solo 454.520 en quinto o sexto.
De cada diez estudiantes que empiezan la secundaria, solo seis la terminan en el plazo esperado. El mayor desgranamiento se da en el segundo año porque es al principio del nivel donde más repiten los chicos. La tasa de repitencia se encuentra estancada desde 2011 en un 10%. No obstante ha mejorado la cantidad de estudiantes que llegan con la edad que deberían al último año. En la cohorte 2006-2011, fueron 51 de cada 100 estudiantes, mientras que en la cohorte 2012-2017 fueron 61 de cada 100. Al mismo tiempo, la primaria mostró una mejora en la repitencia. En especial, en el primer grado que pasó de un 5,9% en 2011 a un 0,5% en 2016.
La cantidad de docentes aumentó en los últimos veinte años, incluso por encima del crecimiento de la matrícula de alumnos. El salario de los docentes suele ser motivo de controversia. Los datos muestran que entre 2005 y 2017, con varios vaivenes en el medio, subió ligeramente en términos reales. Sin embargo, entre 2015 y 2017 se registró una caída del 6,4%.                                                                                                           
En cuanto a lo financiero, el informe marca que la inversión en la educación argentina, en términos reales, creció desde 2005 hasta 2011, luego se sostuvo y en los últimos años cayó. La Ley de Educación Nacional, sancionada en 2006, plantea que la inversión debe representar al menos el 6% del PBI; ese porcentaje recién se alcanzó en 2015, pero en los dos años posteriores volvió a quedar por debajo.
Respecto del aprendizaje, la primera conclusión que arrojan los resultados de pruebas estandarizadas es que en primaria los aprendizajes son más sólidos que en secundaria. Aprender muestra que 6 de cada 10 alumnos de sexto grado se encuentran en el nivel satisfactorio o avanzado en matemática. Del mismo modo, expone que 7 de cada 10 estudiantes del último año de secundaria están por debajo del nivel deseado. Matemática sigue siendo el principal desafío. Las últimas evaluaciones arrojaron mejoras marcadas en lengua, pero persiste el estancamiento en matemática. El factor nivel socioeconómico sigue siendo el más determinante a la hora de predecir la calidad de los aprendizajes. Hay una diferencia de entre 25 y 30 puntos porcentuales en el rendimiento de los jóvenes de hogares más y menos favorecidos.
Es más que trascendente seguir estudiando los serios problemas de la educación. Y solucionarlos.
 

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Un sincero análisis de la realidad educativa

La Argentina está atravesando una profunda crisis económica. Una vez más. Y como en cada crisis, la escuela se convierte en refugio, en ineludible espacio de contención. Los maestros deben sumar a sus tareas habituales, nuevas ocupaciones que no son estrictamente inherentes a su función. En concreto, tienen que dar de comer, tienen que calmar el hambre y la angustia. Tienen que ayudar a soportar carencias y necesidades básicas insatisfechas. Se debería comprender que es muy difícil enseñar y aprender en este contexto. Lo cierto es que el contexto es inevitable. Es la realidad. Sin embargo debería quedar claro que la educación es la única salida. Y está claro que vale la pena medir y diagnosticar, para decidir con criterio. Para ejecutar las mejores acciones. Y vale el esfuerzo de entidades como el Observatorio Argentinos por la Educación que ha emitido recientemente un valioso informe que es necesario difundir y analizar.
El análisis aborda distintas cuestiones. En cuanto al acceso a la escuela en primaria no se registraron grandes cambios. La cobertura sigue siendo cercana al 100%. Hubo avances significativos en el nivel inicial. La matrícula entre los 3 y los 5 años creció un 66,9% entre 1996 y 2018 y tres de cada cuatro chicos asisten al jardín de infantes. En secundaria también se advierten mejoras. Entre 1996 y 2017, la matrícula en el nivel aumentó un 35,6%. No obstante, pese a ser obligatorio desde 2006, todavía uno de cada diez adolescentes está afuera del sistema. Al mismo tiempo, a diferencia de lo que sucede en primaria donde se mantiene estable, en secundaria la cantidad de alumnos cae a medida que pasan los años. En 2017 había 850.827 estudiantes en primer año y solo 454.520 en quinto o sexto.
De cada diez estudiantes que empiezan la secundaria, solo seis la terminan en el plazo esperado. El mayor desgranamiento se da en el segundo año porque es al principio del nivel donde más repiten los chicos. La tasa de repitencia se encuentra estancada desde 2011 en un 10%. No obstante ha mejorado la cantidad de estudiantes que llegan con la edad que deberían al último año. En la cohorte 2006-2011, fueron 51 de cada 100 estudiantes, mientras que en la cohorte 2012-2017 fueron 61 de cada 100. Al mismo tiempo, la primaria mostró una mejora en la repitencia. En especial, en el primer grado que pasó de un 5,9% en 2011 a un 0,5% en 2016.
La cantidad de docentes aumentó en los últimos veinte años, incluso por encima del crecimiento de la matrícula de alumnos. El salario de los docentes suele ser motivo de controversia. Los datos muestran que entre 2005 y 2017, con varios vaivenes en el medio, subió ligeramente en términos reales. Sin embargo, entre 2015 y 2017 se registró una caída del 6,4%.                                                                                                           
En cuanto a lo financiero, el informe marca que la inversión en la educación argentina, en términos reales, creció desde 2005 hasta 2011, luego se sostuvo y en los últimos años cayó. La Ley de Educación Nacional, sancionada en 2006, plantea que la inversión debe representar al menos el 6% del PBI; ese porcentaje recién se alcanzó en 2015, pero en los dos años posteriores volvió a quedar por debajo.
Respecto del aprendizaje, la primera conclusión que arrojan los resultados de pruebas estandarizadas es que en primaria los aprendizajes son más sólidos que en secundaria. Aprender muestra que 6 de cada 10 alumnos de sexto grado se encuentran en el nivel satisfactorio o avanzado en matemática. Del mismo modo, expone que 7 de cada 10 estudiantes del último año de secundaria están por debajo del nivel deseado. Matemática sigue siendo el principal desafío. Las últimas evaluaciones arrojaron mejoras marcadas en lengua, pero persiste el estancamiento en matemática. El factor nivel socioeconómico sigue siendo el más determinante a la hora de predecir la calidad de los aprendizajes. Hay una diferencia de entre 25 y 30 puntos porcentuales en el rendimiento de los jóvenes de hogares más y menos favorecidos.
Es más que trascendente seguir estudiando los serios problemas de la educación. Y solucionarlos.
 

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