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Un desafío a la aridez del este mendocino

Marcelo Dettoni

Una consignataria puntana lleva genética de punta desde hace 10 años al otro lado del Desaguadero, donde los productores hacen milagro en medio de un clima en el que faltan las lluvias y unos suelos salinos donde es imposible cultivar maíz.

En La Paz, en el árido este mendocino, cerca de la frontera con San Luis, la ganadería es casi la única actividad agropecuaria que brinda algunos dividendos. Eso sí, con mucho esfuerzo y dedicación, porque realmente las condiciones climáticas y ambientales no son las mejores. Con lluvias por debajo de los 300 milímetros anuales en algunos años (la mayoría) y suelos arenosos y muy salinos, con napas casi imposibles de utilizar, todo se hace cuesta arriba, porque además no hay forma de hacer una hectárea de agricultura.

En esta zona no hay soja, ni maíz para alimentar a los rodeos, por lo que los costos de alimentación se disparan respecto de lo que ocurre más al este, en San Luis, Córdoba, y ni hablar de la Pampa Húmeda bonaerense. Y a eso hay que sumarle la lejanía de los puertos, lo que hace quimérico obtener alguna ganancia en una provincia donde todos los esfuerzos están puestos en la vitivinicultura.

Sin embargo, los productores de pequeña escala, que representan el ciento por ciento del universo de la cría bovina, no bajan nunca los brazos. Saben a lo que se enfrentan y le ponen el pecho con un entusiasmo contagioso. Gente sencilla, con emprendimientos familiares, unas pocas vacas a las que cuesta darles una condición corporal adecuada y algún torito valiente que sirve como reproductor.

Aquí el ternero se desteta rápido y se vende más rápido aún, porque el forraje es escaso y no hay tiempo ni dinero para engordarlo lo suficiente como para que marche directo al frigorífico. De ese eslabón de la cadena se ocupan otros, los que vienen a los remates en busca de los mejores ejemplares.

 

Vaquillonas. Mostraron una buena condición corporal, tanto las Hereford como las Aberdeen Angus. También se vendió mucho ganado careta, muy característico en la zona.

 

Por eso debe ser que la Jornada Ganadera que se desarrolla cada año en el predio que está sobre la ruta 7 es una verdadera fiesta que involucra a todo el pueblo. Porque el campo es el motor de todo lo demás: mueve al comercio, que le brinda los insumos; a las estaciones de servicio y las gomerías que abastecen a los camiones; da trabajo a peones, capataces y veterinarios; incluso obliga al gobierno provincial a mirar esta zona con otros ojos que diez años atrás, cuando todo era desierto, espinillos, viento y desolación.

La vigésima edición de la gran fiesta del departamento La Paz contó incluso con la presencia del gobernador Alfredo Cornejo, quien sabe que allí había potenciales votos para dar vuelta una historia que viene complicada frente al peronismo y que se definirá el próximo domingo 29.

Incluso esas elecciones obligaron a adelantar la jornada ganadera para el sábado pasado, ya que originalmente estaba prevista para el 28, en plena veda electoral.

La revista El Campo llegó hasta Mendoza con la intención de cubrir el remate que organiza desde hace más de una década Ganadera del Sur, la consignataria puntana de la familia Abdallah, que emprendió la aventura de llevar hacienda de calidad para inyectar genética cuando ningún otro siquiera lo tenía en sus planes. Su dueño, Muse Abdallah, es tratado casi con veneración por los productores paceños y de los alrededores, que saben que la feria ganadera es una oportunidad única para vender sus terneros y hacerse con algo de dinero para seguir adelante.

Incluso su hijo Lucas es también una referencia ineludible en materia ganadera, la gente lo consulta de manera permanente sobre conceptos que parecen básicos, pero que para ellos no lo son. Le preguntan cómo sacar un Monotributo, sobre los plazos para cobrar, los kilajes adecuados o los fletes. Están ávidos por conocer los últimos precios que obtuvo la empresa en los remates generales que da en San Luis y tratan de proyectarlos a lo que puede pasar cuando comience a bajar el martillo, que esta vez estuvo a cargo de Alejandro Mark, un cordobés de Ucacha, ya que los hermanos Talano tenían un compromiso de fuste, como es la Expo Rural de Río Cuarto, su ciudad de origen.

El movimiento comenzó temprano, porque la jornada es de todo el día, el remate es apenas una actividad más en horario vespertino, como para bajarle el telón. Las familias tenían mucho con qué divertirse, e incluso comprar productos locales, ya que una asociación de artesanos paceños armó una feria con una docena de stands en las que se podían adquirir artículos de cuero, cuchillos, rastras, plantas, creaciones en cerámica y madera, alimentos de todo tipo y hasta una bomba solar, con demostración incluida.

Para los más chicos, las atracciones fueron los animales de granja de todo tipo (gallinas, conejos, pavos) y una pista en la que podían circular con bicicletas, kartings y triciclos a pedal mientras un grupo de jóvenes con chalecos naranjas les explicaban las reglas de tránsito de manera muy didáctica.

 

Interés. Para muchos productores mendocinos la jornada anual es la única oportunidad que tienen para cerrar buenos negocios.

 

La mayoría había comprado previamente y en cuotas (una rareza hoy en día) su tarjeta para el gran almuerzo que se desarrolló en una carpa gigantesca, en la que a simple vista había unas mil personas. Todas habían pagado mes a mes los $500 para comer. Los que además querían llevarse un dinero extra a casa, pusieron 900 pesos, ya que participaron de un sorteo que otorgó tres premios en efectivo de 30 mil, 60 mil y 120 mil pesos. El menú fue bien regional: empanadas, carne a la masa y cazuela de chivo, todo regado con buen vino de un sponsor que tiene una marca muy relacionada con la ganadería.

A la hora de los discursos, el intendente local repasó los logros de una gestión que ya lleva 12 años con el mismo color político; y luego el gobernador Cornejo les habló sobre las obras que tienen emocionados a todos los que viven en el este de Mendoza: los acueductos, el plan de destete precoz que tiene apoyo estatal y el que analiza a los toros en busca de enfermedades venéreas, con un mecanismo muy similar al que tiene gran éxito en San Luis, pero con una diferencia fundamental: no repone los toros que dan positivo, algo que el gobierno puntano sí hace de manera gratuita para mejorar la genética, ya que los compra en las mejores cabañas de la provincia. En Mendoza, a los toros positivos se los lleva a faena para que no contagien al rodeo, pero es el productor el que debe hacerse cargo de tener uno nuevo. Pequeña diferencia…

Tras el almuerzo, los productores volvieron a darse una vuelta por los corrales. Los vendedores, para constatar el estado de sus animales; los compradores para dar el último repaso al número del corral elegido, echar un vistazo más a los terneros y las vaquillonas y ajustar la táctica para tratar de pagar lo menos posible por lo que pretendían. Al fin de cuentas, un remate es un juego entre oferta y demanda, en el que ambas esconden las cartas hasta último momento, mientras el mediador, martillo en mano, trata de que todos se vayan conformes. No es una tarea fácil.

 

220 Cabezas salieron a la pista, la mayoría hembras. Fueron muchas terneras y se pagaron mejor las que tenían un peso más alto, porque el forraje no sobra.

 

Cuando en un remate se pone el juego el trabajo de todo un año, sobre todo en el caso de los pequeños productores, que tienen un número reducido de hacienda, la tensión se palpa en el ambiente. En los minutos previos, Muse va y viene, conversa con los vendedores para ajustar sus pretensiones, los orienta sobre dónde puede estar el piso y el techo, les pide tranquilidad y exige un margen de maniobra para que el rematador no se vea obligado a consultar a cada rato. La suya es una tarea casi paternal en subastas pueblerinas como la de La Paz, pero a la vez muy efectiva porque los criadores confían en su juicio. “No va a ser fácil, pero lo vamos a intentar”, se le escucha decir, mientras palmea la espalda de un vendedor, que luego se irá contento con el resultado.

El orden de venta tiene un detalle adicional que no suele estar: el nombre del propietario de cada lote puesto en la pista. En hacienda de poca trazabilidad, es un dato importante, que a veces puede definir o no una compra. Por decisión de Ganadera del Sur, primero salen a la venta los machos, cinco lotes de terneros y el único de novillos; para después concentrar el resto del encierre, de alrededor de 220 cabezas, en las hembras, que son mayoría. Muchas terneras y algunas vaquillonas, toda hacienda que se mostró en buena condición corporal, pesada en el caso de las vaquillonas, con excelente genética, tanto en Angus, como en Hereford y en las caretas, que son abundantes en esta zona con mezcla de razas.

“Aprovechen la hacienda que vino de Villa Mercedes, tiene una condición reproductiva muy buena, son ideales para madres, sería una lástima que terminaran rápido en un frigorífico”, alertó Abdallah padre en la apertura, en la que volvió a rescatar el crecimiento genético del este mendocino. Algunos productores preguntaron por los plazos de pago, que están siendo muy cortos ya que la financiación es inexistente en esta Argentina inflacionaria. Apenas 60 días dieron algunos productores con "espalda" suficiente para aguantar, porque la mayoría no se extendió más allá de los 30. Es una realidad con la que hay que convivir este año.

 

En familia. Lucas y Muse Abdallah intercambian opiniones en la previa del remate.

 

No es novedad que siempre cuestan los arranques. La gente, que de por sí es callada, espera que otro abra las pujas. Nadie quiere dar un paso en falso, por lo que los vendedores transpiran la gota gorda hasta que comienzan a levantarse las manos. La tarea de Mark es impecable, invita con cuidado, va bajando de a poco el piso para ofertar y exhibe las cualidades de los terneros que están en la pista. Al final alguno se anima y se van por $8.000 la unidad a manos de Germán Groisman, un productor mendocino que será gran protagonista durante toda la tarde (ver recuadro).

La hacienda puntana tiene presencia de ambos lados del mostrador. Por un lado están las vaquillonas de C y G, un establecimiento ubicado al sur de Villa Mercedes, que serán las encargadas de cerrar la subasta. Animales de calidad superior al resto, que costó vender porque obviamente también su precio era compatible a esa genética bien cuidada, hembras ideales para entorar, con mucha fertilidad, ideales para entrar a servicio inmediatamente. Incluso no todas terminaron con comprador en la pista. Después, en un trabajo de hormiga muy efectivo, Lucas Abdallah las terminó colocando en manos de compradores que habían sido remisos y terminaron aceptando que eran vientres distintos al resto.

Entre los compradores este cronista divisó algunos productores llegados desde San Luis, clientes habituales de Ganadera del Sur. Y uno se hizo notar con la compra de terneros y terneras para engordar en encierre a corral o con alguna recría pastoril que es casi imposible de encontrar en Mendoza.

En una región sin forraje de calidad, el precio de la hacienda va de la mano del peso. Por eso los precios oscilaron entre los $7.000 y los $15.000 que se pagaron por un lote que había sido premiado en la jura de la mañana y que andaría cerca de los 200 kilos. El dueño de estas terneras, Fabián González, pretendía $16.000, dice que no a una oferta de 14 mil; pero al final cede dos lotes juntos a los $15.000 por cabeza nombrados más arriba con algo de contrariedad.

En la zona la última lluvia se registró el 30 de mayo, por lo que es mejor llevar hacienda ya hecha, evitando las consecuencias del destete precoz, ya que la mayoría terminará faenada en el corto plazo. Las vaquillonas llegaron a los $24.000 por las que llegaron de San Luis, pero también terminaron bien recompensadas en $19.000 unas terneras grandes, “casi vaquillonas” al decir del rematador, de un productor local, Franco Bertona, quien no quiso ceder otro lote de Angus negras por menos de 20 mil.

También hubo un momento para la solidaridad, cuando el propio Groisman, entre tantas compras, elevó la vara y abonó $11.200 por seis terneras Hereford que pusieron en pista los alumnos de la escuela agrotécnica local "Galileo Vitali", quienes le pusieron color a la jornada con sus buzos de egresados y aprovecharon para hacer trabajos prácticos con consultas a productores, consignatarios y funcionarios del área de Ganadería del gobierno de Mendoza.

Para Mark, la jornada transcurrió con buena velocidad, aunque tuvo momentos de zozobra, sobre todo por la intransigencia de algunos vendedores que no querían ceder sus pretensiones iniciales. Unas excelentes vaquillonas de la firma "El Campesino" no encontraron un postor a 18 mil pesos y terminaron en 17 mil sin puja alguna; pero otro lote por el que no se movió su dueño de 20 mil, se lo terminó llevando de vuelta, con la esperanza de colocarlo después del remate. “No me hagan retar por los dueños”, pidió el cordobés cuando las ofertas de apertura eran ridículamente bajas. En otra ocasión recordó que se estaban pagando “precios del año pasado”. Y tenía razón, pero aquí la cuestión no era la calidad, el problema fueron los bolsillos flacos.

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Un desafío a la aridez del este mendocino

Una consignataria puntana lleva genética de punta desde hace 10 años al otro lado del Desaguadero, donde los productores hacen milagro en medio de un clima en el que faltan las lluvias y unos suelos salinos donde es imposible cultivar maíz.

Conductor. Alejandro Mark llevó el remate con agilidad y logró vender casi todo.

En La Paz, en el árido este mendocino, cerca de la frontera con San Luis, la ganadería es casi la única actividad agropecuaria que brinda algunos dividendos. Eso sí, con mucho esfuerzo y dedicación, porque realmente las condiciones climáticas y ambientales no son las mejores. Con lluvias por debajo de los 300 milímetros anuales en algunos años (la mayoría) y suelos arenosos y muy salinos, con napas casi imposibles de utilizar, todo se hace cuesta arriba, porque además no hay forma de hacer una hectárea de agricultura.

En esta zona no hay soja, ni maíz para alimentar a los rodeos, por lo que los costos de alimentación se disparan respecto de lo que ocurre más al este, en San Luis, Córdoba, y ni hablar de la Pampa Húmeda bonaerense. Y a eso hay que sumarle la lejanía de los puertos, lo que hace quimérico obtener alguna ganancia en una provincia donde todos los esfuerzos están puestos en la vitivinicultura.

Sin embargo, los productores de pequeña escala, que representan el ciento por ciento del universo de la cría bovina, no bajan nunca los brazos. Saben a lo que se enfrentan y le ponen el pecho con un entusiasmo contagioso. Gente sencilla, con emprendimientos familiares, unas pocas vacas a las que cuesta darles una condición corporal adecuada y algún torito valiente que sirve como reproductor.

Aquí el ternero se desteta rápido y se vende más rápido aún, porque el forraje es escaso y no hay tiempo ni dinero para engordarlo lo suficiente como para que marche directo al frigorífico. De ese eslabón de la cadena se ocupan otros, los que vienen a los remates en busca de los mejores ejemplares.

 

Vaquillonas. Mostraron una buena condición corporal, tanto las Hereford como las Aberdeen Angus. También se vendió mucho ganado careta, muy característico en la zona.

 

Por eso debe ser que la Jornada Ganadera que se desarrolla cada año en el predio que está sobre la ruta 7 es una verdadera fiesta que involucra a todo el pueblo. Porque el campo es el motor de todo lo demás: mueve al comercio, que le brinda los insumos; a las estaciones de servicio y las gomerías que abastecen a los camiones; da trabajo a peones, capataces y veterinarios; incluso obliga al gobierno provincial a mirar esta zona con otros ojos que diez años atrás, cuando todo era desierto, espinillos, viento y desolación.

La vigésima edición de la gran fiesta del departamento La Paz contó incluso con la presencia del gobernador Alfredo Cornejo, quien sabe que allí había potenciales votos para dar vuelta una historia que viene complicada frente al peronismo y que se definirá el próximo domingo 29.

Incluso esas elecciones obligaron a adelantar la jornada ganadera para el sábado pasado, ya que originalmente estaba prevista para el 28, en plena veda electoral.

La revista El Campo llegó hasta Mendoza con la intención de cubrir el remate que organiza desde hace más de una década Ganadera del Sur, la consignataria puntana de la familia Abdallah, que emprendió la aventura de llevar hacienda de calidad para inyectar genética cuando ningún otro siquiera lo tenía en sus planes. Su dueño, Muse Abdallah, es tratado casi con veneración por los productores paceños y de los alrededores, que saben que la feria ganadera es una oportunidad única para vender sus terneros y hacerse con algo de dinero para seguir adelante.

Incluso su hijo Lucas es también una referencia ineludible en materia ganadera, la gente lo consulta de manera permanente sobre conceptos que parecen básicos, pero que para ellos no lo son. Le preguntan cómo sacar un Monotributo, sobre los plazos para cobrar, los kilajes adecuados o los fletes. Están ávidos por conocer los últimos precios que obtuvo la empresa en los remates generales que da en San Luis y tratan de proyectarlos a lo que puede pasar cuando comience a bajar el martillo, que esta vez estuvo a cargo de Alejandro Mark, un cordobés de Ucacha, ya que los hermanos Talano tenían un compromiso de fuste, como es la Expo Rural de Río Cuarto, su ciudad de origen.

El movimiento comenzó temprano, porque la jornada es de todo el día, el remate es apenas una actividad más en horario vespertino, como para bajarle el telón. Las familias tenían mucho con qué divertirse, e incluso comprar productos locales, ya que una asociación de artesanos paceños armó una feria con una docena de stands en las que se podían adquirir artículos de cuero, cuchillos, rastras, plantas, creaciones en cerámica y madera, alimentos de todo tipo y hasta una bomba solar, con demostración incluida.

Para los más chicos, las atracciones fueron los animales de granja de todo tipo (gallinas, conejos, pavos) y una pista en la que podían circular con bicicletas, kartings y triciclos a pedal mientras un grupo de jóvenes con chalecos naranjas les explicaban las reglas de tránsito de manera muy didáctica.

 

Interés. Para muchos productores mendocinos la jornada anual es la única oportunidad que tienen para cerrar buenos negocios.

 

La mayoría había comprado previamente y en cuotas (una rareza hoy en día) su tarjeta para el gran almuerzo que se desarrolló en una carpa gigantesca, en la que a simple vista había unas mil personas. Todas habían pagado mes a mes los $500 para comer. Los que además querían llevarse un dinero extra a casa, pusieron 900 pesos, ya que participaron de un sorteo que otorgó tres premios en efectivo de 30 mil, 60 mil y 120 mil pesos. El menú fue bien regional: empanadas, carne a la masa y cazuela de chivo, todo regado con buen vino de un sponsor que tiene una marca muy relacionada con la ganadería.

A la hora de los discursos, el intendente local repasó los logros de una gestión que ya lleva 12 años con el mismo color político; y luego el gobernador Cornejo les habló sobre las obras que tienen emocionados a todos los que viven en el este de Mendoza: los acueductos, el plan de destete precoz que tiene apoyo estatal y el que analiza a los toros en busca de enfermedades venéreas, con un mecanismo muy similar al que tiene gran éxito en San Luis, pero con una diferencia fundamental: no repone los toros que dan positivo, algo que el gobierno puntano sí hace de manera gratuita para mejorar la genética, ya que los compra en las mejores cabañas de la provincia. En Mendoza, a los toros positivos se los lleva a faena para que no contagien al rodeo, pero es el productor el que debe hacerse cargo de tener uno nuevo. Pequeña diferencia…

Tras el almuerzo, los productores volvieron a darse una vuelta por los corrales. Los vendedores, para constatar el estado de sus animales; los compradores para dar el último repaso al número del corral elegido, echar un vistazo más a los terneros y las vaquillonas y ajustar la táctica para tratar de pagar lo menos posible por lo que pretendían. Al fin de cuentas, un remate es un juego entre oferta y demanda, en el que ambas esconden las cartas hasta último momento, mientras el mediador, martillo en mano, trata de que todos se vayan conformes. No es una tarea fácil.

 

220 Cabezas salieron a la pista, la mayoría hembras. Fueron muchas terneras y se pagaron mejor las que tenían un peso más alto, porque el forraje no sobra.

 

Cuando en un remate se pone el juego el trabajo de todo un año, sobre todo en el caso de los pequeños productores, que tienen un número reducido de hacienda, la tensión se palpa en el ambiente. En los minutos previos, Muse va y viene, conversa con los vendedores para ajustar sus pretensiones, los orienta sobre dónde puede estar el piso y el techo, les pide tranquilidad y exige un margen de maniobra para que el rematador no se vea obligado a consultar a cada rato. La suya es una tarea casi paternal en subastas pueblerinas como la de La Paz, pero a la vez muy efectiva porque los criadores confían en su juicio. “No va a ser fácil, pero lo vamos a intentar”, se le escucha decir, mientras palmea la espalda de un vendedor, que luego se irá contento con el resultado.

El orden de venta tiene un detalle adicional que no suele estar: el nombre del propietario de cada lote puesto en la pista. En hacienda de poca trazabilidad, es un dato importante, que a veces puede definir o no una compra. Por decisión de Ganadera del Sur, primero salen a la venta los machos, cinco lotes de terneros y el único de novillos; para después concentrar el resto del encierre, de alrededor de 220 cabezas, en las hembras, que son mayoría. Muchas terneras y algunas vaquillonas, toda hacienda que se mostró en buena condición corporal, pesada en el caso de las vaquillonas, con excelente genética, tanto en Angus, como en Hereford y en las caretas, que son abundantes en esta zona con mezcla de razas.

“Aprovechen la hacienda que vino de Villa Mercedes, tiene una condición reproductiva muy buena, son ideales para madres, sería una lástima que terminaran rápido en un frigorífico”, alertó Abdallah padre en la apertura, en la que volvió a rescatar el crecimiento genético del este mendocino. Algunos productores preguntaron por los plazos de pago, que están siendo muy cortos ya que la financiación es inexistente en esta Argentina inflacionaria. Apenas 60 días dieron algunos productores con "espalda" suficiente para aguantar, porque la mayoría no se extendió más allá de los 30. Es una realidad con la que hay que convivir este año.

 

En familia. Lucas y Muse Abdallah intercambian opiniones en la previa del remate.

 

No es novedad que siempre cuestan los arranques. La gente, que de por sí es callada, espera que otro abra las pujas. Nadie quiere dar un paso en falso, por lo que los vendedores transpiran la gota gorda hasta que comienzan a levantarse las manos. La tarea de Mark es impecable, invita con cuidado, va bajando de a poco el piso para ofertar y exhibe las cualidades de los terneros que están en la pista. Al final alguno se anima y se van por $8.000 la unidad a manos de Germán Groisman, un productor mendocino que será gran protagonista durante toda la tarde (ver recuadro).

La hacienda puntana tiene presencia de ambos lados del mostrador. Por un lado están las vaquillonas de C y G, un establecimiento ubicado al sur de Villa Mercedes, que serán las encargadas de cerrar la subasta. Animales de calidad superior al resto, que costó vender porque obviamente también su precio era compatible a esa genética bien cuidada, hembras ideales para entorar, con mucha fertilidad, ideales para entrar a servicio inmediatamente. Incluso no todas terminaron con comprador en la pista. Después, en un trabajo de hormiga muy efectivo, Lucas Abdallah las terminó colocando en manos de compradores que habían sido remisos y terminaron aceptando que eran vientres distintos al resto.

Entre los compradores este cronista divisó algunos productores llegados desde San Luis, clientes habituales de Ganadera del Sur. Y uno se hizo notar con la compra de terneros y terneras para engordar en encierre a corral o con alguna recría pastoril que es casi imposible de encontrar en Mendoza.

En una región sin forraje de calidad, el precio de la hacienda va de la mano del peso. Por eso los precios oscilaron entre los $7.000 y los $15.000 que se pagaron por un lote que había sido premiado en la jura de la mañana y que andaría cerca de los 200 kilos. El dueño de estas terneras, Fabián González, pretendía $16.000, dice que no a una oferta de 14 mil; pero al final cede dos lotes juntos a los $15.000 por cabeza nombrados más arriba con algo de contrariedad.

En la zona la última lluvia se registró el 30 de mayo, por lo que es mejor llevar hacienda ya hecha, evitando las consecuencias del destete precoz, ya que la mayoría terminará faenada en el corto plazo. Las vaquillonas llegaron a los $24.000 por las que llegaron de San Luis, pero también terminaron bien recompensadas en $19.000 unas terneras grandes, “casi vaquillonas” al decir del rematador, de un productor local, Franco Bertona, quien no quiso ceder otro lote de Angus negras por menos de 20 mil.

También hubo un momento para la solidaridad, cuando el propio Groisman, entre tantas compras, elevó la vara y abonó $11.200 por seis terneras Hereford que pusieron en pista los alumnos de la escuela agrotécnica local "Galileo Vitali", quienes le pusieron color a la jornada con sus buzos de egresados y aprovecharon para hacer trabajos prácticos con consultas a productores, consignatarios y funcionarios del área de Ganadería del gobierno de Mendoza.

Para Mark, la jornada transcurrió con buena velocidad, aunque tuvo momentos de zozobra, sobre todo por la intransigencia de algunos vendedores que no querían ceder sus pretensiones iniciales. Unas excelentes vaquillonas de la firma "El Campesino" no encontraron un postor a 18 mil pesos y terminaron en 17 mil sin puja alguna; pero otro lote por el que no se movió su dueño de 20 mil, se lo terminó llevando de vuelta, con la esperanza de colocarlo después del remate. “No me hagan retar por los dueños”, pidió el cordobés cuando las ofertas de apertura eran ridículamente bajas. En otra ocasión recordó que se estaban pagando “precios del año pasado”. Y tenía razón, pero aquí la cuestión no era la calidad, el problema fueron los bolsillos flacos.

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