7.5°SAN LUIS - Miércoles 12 de Agosto de 2020

7.5°SAN LUIS - Miércoles 12 de Agosto de 2020

EN VIVO

Guillermo Giménez, el obturador de emociones

El joven cuenta cómo hace para conseguir las tomas más arriesgadas sin perder el cuidado de la imagen. 

Por Astrid Moreno García
| 21 de enero de 2020
Un autoretrato del retratador. Giménez, con su cámara y una visión completa de sí mismo. Foto: Guillermo Gimenez.

Un helado de frutilla es suficiente para dejar volar la imaginación de Guillermo Giménez, quien enseguida encuentra la modelo indicada para materializar la fotografía que tiene en su cabeza. El joven de 22 años toma riesgos, se cuelga de autos en movimiento, se para en las cornisas de edificios e interactúa con animales salvajes solo para capturar el momento exacto de una emoción.

 

A los 14 años el fotógrafo consiguió su primera cámara, una edición especial que había lanzado la cervecera Budweiser y que simulaba ser una lata que por dentro tenía lugar para un rollo y se abría para utilizar el flash. “Era de mis viejos y se la sacaba a escondidas al principio. Mi primer foto fue a mis hermanos, mi mamá me ayudaba teniéndola para que no la rompa”, contó entre risas el fotógrafo neuquino que vive hace 17 años en San Luis. 

 

Sus padres vieron la veta artística y le regalaron su primera cámara digital automática, y con el transcurrir de los años descubrió que su pasión era no solo sacar fotos, sino hacer retratos, aunque lo mantuvo como un hobby. 

 

“Me dediqué a distintas cosas, fui peluquero, jardinero y estudié economía. En un momento empecé a ver videos de YouTube sobre la fotografía, eso fue lo que me terminó de hacer click para comprarme una cámara”, dijo Guillermo, quien en ese momento trabajaba como operador en un banco de la capital, una tarea que describió como una “trituradora de carne”. 

 

“Iba al laburo y con mis compañeros como modelos hacía mini sesiones e improvisábamos. Como no me dejaban ingresar con una cámara, la pasaba en la mochila donde llevaba el equipo de mate y en los momentos de descanso me ponía a sacar fotos”, recuerda el joven como una picardía. 

 

Ocho meses después dejó su trabajo y al poco tiempo le diagnosticaron una enfermedad endocrinóloga a su padre, llamada “Síndrome de Cushing”, un trastorno hormonal muy poco frecuente que se genera por la exposición a altos niveles de cortisol.

 

“Existen solo ocho casos en Argentina y es bastante caro el tratamiento, así que necesitaba ayudar a mi familia con los gatos.  Fue ahí que hice contacto con la dueña de una escuela de modelos y hacía fotografías en los desfiles”, relató el joven. 

 

A partir de entonces Guillermo comenzó a vivir de la fotografía de moda, gastronómica y social, y mientras más confianza tomaba con su compañera, la cámara, a más se animaba. Se propuso metas y realizó varios retos: con su moto recorrió varios puntos de la provincia para sacar fotos y empezó a frenar a las personas en la calle para pedirles retratos.  

 

“Iba a Inti Huasi o La Carolina en moto, acampaba en algún lugar y trataba de sacar las mejores fotos. Con el tiempo me di cuenta que con personas es un poco más entretenido, así que apartaba de los trabajos que hacía un porcentaje de dinero para viajar con un modelo”.

 

Desde ahí el límite entre lo artístico y lo arriesgado comenzó a borrarse cada vez más, hasta que los combinó y logró imágenes que marcan la diferencia. “Una vez me paré en el borde de un edificio de 17 pisos, también me colgué de un auto mientras iba manejando por el camino El Filo, en Merlo, y retraté a una serpiente salvaje. Incluso una vez me dispararon en un campo por sacarle fotos a una vaca”, relató. 

 

Sin embargo, cuando le preguntan si no tiene miedo o si realmente vale la pena arriesgarse así por una foto, cita a Mario Benedetti: “El corazón siente que late cuando más agitado está”. 

 

Pero no todo es adrenalina en la tarea de Guillermo: en su labor juega con texturas, emociones y sensaciones. “Lo interesante es cómo un concepto básico, como el amor o la tristeza, se puede transmitir e interpretar de muchas maneras. Me gusta capturar la textura de un helado derretido en la cara de una chica, unos pómulos y unos ojos llamativos o una lengua que casi se apoya sobre un cactus, en ese caso mucha gente lo interpretó como que aunque algo nos hace mal, lo buscamos de determinada manera”, dijo el fotógrafo y resaltó: “Que hagan esas interpretaciones de mis fotos se siente re cálido”. 

 

Sin embargo, lo que más transmite Guillermo no está en sus fotos, sino en su forma de hacer lo que ama, una tarea que no encuentra límites ni fronteras que puedan coartar la libertad que siente cuando sale al mundo con su cámara.

 

Comentá vos tambien...