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La pirámide invertida

Las nuevas exigencias laborales, económicas y sociales nos obligarán a buscar otras formas de vida. Esto está llevando al mundo a un envejecimiento generalizado, que por ahora se hace más patente en los países europeos y asiáticos, pero cuyas tendencias ya se perfilan en América Latina.

Por Agustina Bordigoni
| 28 de enero de 2020
Fotos: Shutterstock.

La sociedad en el futuro será mayor de edad. Dos fenómenos se conjugan para que las previsiones demográficas de 2050 se conviertan en realidad: el aumento del porcentaje de personas mayores de 65 años dentro del total de la sociedad (como consecuencia de la mejora en la calidad y esperanza de vida) y la disminución de la cantidad de jóvenes, producto de las menores tasas de natalidad. De continuar las cosas como están, llegará el momento en que el número de personas mayores será superior al de las personas jóvenes.

 

Se trata de una tendencia típica de este siglo, irreversible y paulatina, por lo que dará tiempo a madurar la idea, a pensar en nuevas alternativas que no envejezcan junto con la población: el fenómeno ya está causando el aumento de costos en salud y serios problemas en los sistemas de pensiones que, si no daban respuestas adecuadas hasta ahora, difícilmente lo hagan para 2050.

 

Afortunadamente y gracias a los avances de la ciencia y la medicina, nos vamos poniendo viejos. Ahora hay que avanzar para que esos logros no se conviertan en retroceso.

 

 

Situación mundial

 

En 2050 tendremos diez años más. No, no es cuestión de sacarnos edad o fallar en los cálculos matemáticos: es un tema de estadísticas. Dentro de 30 años, el promedio de edad en el mundo aumentará una década, es decir que la media de las edades será, por ejemplo, de 41 en Japón y 55 en España. En este último país, el Instituto Nacional de Estadística dio a conocer los estudios del último año: las tasas de natalidad de 2019 fueron las más bajas desde 1941, en plena Segunda Guerra Mundial.

 

De hecho, la población española sigue reduciéndose y en promedio pierde 50 mil habitantes por año. Esta cifra es la diferencia entre nacimientos y defunciones, aunque no se toman en cuenta las migraciones, que juegan un papel crucial en el envejecimiento de los países de origen y en la disminución de esta tendencia en los países de recepción, ya que los migrantes son, en su mayoría, personas en edad económicamente activa.

 

Actualmente en la Unión Europea, la región a la que miles de migrantes intentan entrar, 1 de cada 5 personas es mayor de 65 años.

 

 

 

En China, a pesar del abandono de la política del hijo único, la población envejeció y se redujo por primera vez en décadas, una tendencia que de mantenerse llevará en los próximos años a la disminución de la cantidad de habitantes a niveles de 1990.

 

Los dos procesos que alimentan estas tendencias previstas para 2050 son la disminución de las tasas de fertilidad y de mortalidad, ambas cosas a la vez.

 

En cuanto a la primera de las variables, la de la fertilidad, varios factores influyen en la disminución: las exigencias del mercado laboral (que cada vez demanda mayor trabajo por igual salario); el crecimiento tardío o la prolongación de la adolescencia (las parejas que pueden planificar su familia lo hacen a edades cada vez más avanzadas, con lo que se reduce la posibilidad de que tengan una cierta cantidad de hijos); las crisis y los costos económicos de llevar adelante una familia; y la comprensión cada vez más extendida de que la maternidad no debería ser un mandato social (lo que lleva a cada vez más parejas a manifestar y concretar su idea de no ser padres).

 

Es cierto también que en el caso de la fertilidad existen importantes diferencias según el país: no siempre la planificación es posible y no siempre los mandatos sociales son fáciles de desafiar. Si en Europa el promedio de niños nacidos por mujer no llega a dos, en África Subsahariana continúa siendo alto (4,6 nacimientos por mujer), así como en Oceanía (3,4) y Asia (entre 2,9 y 2,4).

 

Sin embargo, tratando el tema a nivel global, las tasas de natalidad se redujeron ya de 3,2 nacimientos por mujer en 1990 a 2,5 en 2019.

 

Tranquilos: no vamos hacia la extinción. No en 2050 (o no por lo menos por este motivo). Para 2050 se calcula que la cifra alcanzará el promedio de 2,2; 2,1 es el mínimo necesario para asegurar el reemplazo generacional que nos mantiene sobre la Tierra.

 

El aumento de la esperanza de vida también nos está volviendo pocos y ancianos: la longevidad aumentó en términos generales y si en 1950 podíamos esperar vivir 46 años ahora ese promedio subió a 66. Claro que es un promedio y en los países desarrollados la cifra es superior mientras que en otros, los problemas de salud, las epidemias y los conflictos bélicos reducen drásticamente estos números.

 

Pero lo cierto es que los avances en la medicina nos están volviendo más longevos y eso es un hecho, diferencias más o menos a favor de uno u otro.

 

 

Hacia dónde vamos

 

Nadie puede negar que vivir más años es, a simple vista, mejor.

 

Pero el problema que se presenta a futuro es cómo y en qué condiciones vamos a envejecer.

 

El envejecimiento de la población traerá consecuencias que repercutirán en la misma población anciana, pero también en los jóvenes, cada vez menos en proporción y con una mayor carga para que la economía y los sistemas de jubilación, salud y de protección social funcionen.

 

Ese último ya es un problema que se da en diferentes países, en los que hemos oído hablar de quejas por los proyectos que buscan cambiar el funcionamiento de las pensiones, o aumentar la edad jubilatoria. Es un tema de larga data en Europa y reciente en Brasil y Chile, ambos con sistemas diferentes pero con proyectos de modificación en ese sentido.

 

A su vez, la presión fiscal y laboral hacia las personas económicamente activas puede volverse un arma de doble filo: si aumenta, por la urgencia de aportes y recursos, tal vez la tasa de natalidad también disminuya, teniendo en cuenta que uno de los factores que influyen sobre ella es la falta de recursos para mantener familias numerosas.

 

El mundo, por tanto, está entrando en una encrucijada: vivir más no necesariamente significará vivir mejor. Ese es el gran reto para los próximos años.

 

 

Latinoamérica será también un Viejo Continente

 

Según un informe de la Cepal, en América Latina y el Caribe se envejece de manera “paulatina, pero inexorable”. La tendencia es similar a la del resto del mundo: si para el año 2000 la población de 60 años o más era del 8% del total, y será de 14,1 en 2025, se espera que para 2050 esta cifra ascienda al 23,4%. En tanto, la población de 75 años o más pasará de 1,9 a 3,5 y a 7,9% en el mismo período de tiempo.

 

Dos particularidades afrontará la región latinoamericana en este proceso de envejecimiento: se irá produciendo de manera más rápida que en el mundo desarrollado y en un contexto de alta incidencia de la pobreza e inequidad social. Esto agravaría las consecuencias en cuanto a coberturas sociales, jubilaciones y gastos en salud. Eso, si no se toman las previsiones del caso.

 

Claro que todos vamos hacia el envejecimiento, es natural en nosotros y al parecer también en la humanidad. Pero existen en la región, como en el mundo, diferencias en la velocidad y el grado de impacto que esta tendencia tendrá sobre las sociedades.

 

La Cepal distingue a los países según su grado de envejecimiento de aquí a 2050: por un lado están los de envejecimiento incipiente (cuyo porcentaje de la población mayor será del 15 o 18% en las próximas décadas y entre los que se encuentran Bolivia, Guatemala y Paraguay); otros, de envejecimiento moderado (en los que el porcentaje de personas mayores será de aproximadamente un 20% del total y entre los que pueden mencionarse los casos de Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela); otros, de envejecimiento moderado avanzado (cuyas cifras ascenderán hasta el 30%, como Brasil y Chile); y por último, otros de envejecimiento avanzado, en los que la población mayor de 65 años será más del 30% del total en 2050. En ese último rango se encuentran Argentina y Uruguay. Y, mientras más avanzados los procesos de envejecimiento, más avanzadas deberían ser las repuestas.

 

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