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Los biocombustibles, en su momento más difícil

Los problemas de Diaser, que fabrica biodiésel y bioetanol en San Luis, se replican en todas las provincias productoras. Tiene paradas sus plantas de San Luis y Villa Mercedes.

Por Marcelo Dettoni
| 15 de noviembre de 2020
Incertidumbre. Esta semana suspendieron la producción a la espera de mejoras económicas de parte de la Secretaría de Energía.

La industria de los biocombustibles despuntó un futuro prometedor para la Argentina. Con lo que parecía ser una política con reglas claras, hubo varios empresarios que hicieron inversiones para apostar a las energías limpias e ir desterrando, de a poco, los combustibles fósiles.

 

Pero en nuestro país la seguridad jurídica siempre pende de un hilo y esas reglas claras no tardaron en ser influidas por los lobbies, con sectores muy fuertes -no hay dudas que el petrolero lo es, aquí y en el mundo- que vieron amenazado su negocio en un ámbito de escasa rentabilidad general, debido a las recurrentes crisis económicas en las que se ve sumida la Argentina.

 

Así, los biocombustibles que habían llegado para mejorar la prestación del transporte y la industria, comenzaron a empantanarse, con un futuro más vidrioso del que se había vislumbrado en los comienzos.

 

Y es una pena, porque realmente son una fuente de agregado de valor y una respuesta ambiental saludable. A diferencia de los combustibles tradicionales que provienen de la energía almacenada en los restos fósiles, los combustibles biológicos se obtienen de la biomasa o materia orgánica que existe en los organismos vivos, como pueden ser los cultivos. Entre los vegetales que se utilizan para elaborarlos, están los de alto contenido de carbohidratos (caña de azúcar, maíz, mandioca), las oleaginosas (soja, girasol, palmas) y las esencias forestales (eucalipto, pinos).

 

Así, se vuelven una alternativa ambiental y económicamente más atractiva a los fósiles. Primero porque son una fuente de energía renovable que se reproduce mucho más rápido que las tradicionales. Y también porque significan una vía de salida a la escasez de petróleo que existe en el mundo.

 

Pero en la Argentina nada es sencillo. Rápidamente comenzaron las discusiones por los porcentajes de corte obligatorio que debían tener las naftas y el gasoil; y también los problemas con el precio del bioetanol y el biodiésel, que debe fijar la Secretaría de Energía, ya que no está al libre albedrío del mercado, por lo que las empresas están atadas de pies y manos a la hora de manejar cuestiones básicas como la rentabilidad y las futuras inversiones.

 

En San Luis, la familia Szuchet fue una de las que vio en los biocombustibles una buena salida para su producción agrícola y ese negocio prometedor que llegó desde el Primer Mundo. Por eso volcó sus cultivos de maíz y soja de su estancia Los Puquios, 5.800 hectáreas en cercanías de La Cumbre, a la enorme maquinaria industrial que instaló en dos sedes. Una en San Luis para fabricar biodiésel a partir del aceite de soja, y otra en Villa Mercedes, donde fabrica bioetanol de maíz. El primero sirve para cortar el gasoil y el segundo, las naftas, con YPF como su comprador principal y Shell como el secundario.

 

A diez años de arrancar con el primer emprendimiento, la situación de Diaser es complicada, al punto que Federico Szuchet, nieto del fundador y quien actualmente está al frente de la compañía, sacó un comunicado para explicar el presente, que lo obligó a paralizar las actividades en San Luis hace ya dos meses y replicar esa decisión la semana que pasó en la planta de Villa Mercedes.

 

"Los biocombustibles se rigen por una ley, la 26.093, que dice que el precio lo debe fijar la Secretaría de Energía teniendo en cuenta la suma de costos y la rentabilidad necesaria. Bueno, esa rentabilidad hoy no existe, trabajamos a pérdida, no cubrimos ni los costos variables y así no podemos seguir", dice Szuchet, quien es conciente del costo social que implica frenar la producción, pero no tuvo otro camino. "Tenemos más de 100 empleos directos, y unos 400 indirectos, es muy doloroso decirle a la gente que se quede en su casa porque no nos dan los costos. En ambos establecimientos se acordaron condiciones con el personal para suspender su obligación de prestar tareas. Van a seguir cobrando el sueldo de bolsillo, porque somos una empresa bien plantada".

 

Si bien Diaser produce parte del maíz que consume, también debe comprar el 90% afuera, y el cereal aumentó mucho este año, lo mismo que el aceite de soja. "Las petroleras ejercen mucha presión para que no suba el precio de los biocombustibles, que ellas tienen que usar sí o sí en un corte obligatorio, y además la Secretaría de Energía no nos da ninguna respuesta", asegura el empresario puntano.

 

Desde la asunción de Alberto Fernández, el precio de los biocombustibles estuvo congelado hasta septiembre, cuando el Gobierno lo subió un 10% luego de la presión que hicieron las empresas, con cierres parciales y dejando de producir. "Fue un aumento insuficiente, necesitamos al menos un 30% para volver a arrancar. Y lo peor es que a nadie le importa, hoy no están cortando las naftas y el gasoil porque nosotros no estamos entregando, sin embargo todo sigue igual", lamenta Szuchet.

 

Diaser forma parte de un universo de empresas chicas del interior del país, ubicadas por lo general en Córdoba, Santa Fe y en ciudades bonaerenses relacionadas con el agro. La cámara que las nuclea pelea en inferioridad de condiciones con las petroleras por el reconocimiento de la Secretaría de Energía. "Hay otro grupo, encabezado por las aceiteras, que produce biodiésel para exportar. Están con el mismo problema, pero son de otra escala", explicó.

 

MM

 

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