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La “buena leche” tiene sello propio en Merlo

Germán Taranco dejó atrás treinta años de trabajo en el tambo para dedicarse de lleno a la lechería “Valle del Conlara lácteos”, en la que trabaja junto a su socio y su familia.

Por María José Rodríguez
| 20 de diciembre de 2020
El ingeniero agrónomo Germán Taranco dejó atrás 30 años en el tambo para dedicarse a producir leche y sus derivados. Fotos: Martín Gómez

Para comprar leche es común ir al supermercado y sacar de la góndola o de la heladera la cajita o el sachet. Atrás, muy atrás en el tiempo, quedó la costumbre de esperar al lechero, que pasaba una o dos veces por semana, o de ir al almacén a intercambiar los envases vacios por otros llenos. En Villa de Merlo, exactamente en la lechería “Valle del Conlara lácteos”, ese viaje en el tiempo es posible ya que el ingeniero agrónomo Germán Taranco, junto con su socio y su familia atienden a sus clientes a la vieja usanza.

 

Al ingresar al negocio, el aroma de la leche es notorio. Se percibe un olor suave y dulce, como si estuvieran cocinando un flan. Adentro está todo impecable y el ritmo de trabajo es agitado, sobre todo miércoles, jueves, viernes y sábados, aunque este día solo por la mañana, porque además de producir los lácteos, atienden al público.

 

Germán Taranco es ingeniero agrónomo, aporta los conocimientos sobre el manejo de la leche y trabaja junto con Adrián Zamorano. Ambos decidieron emprender el proyecto de la lechería de forma bastante artesanal. Sus familias los acompañan a toda máquina para llevar adelante el negocio.

 

Taranco nació en la ciudad bonaerense de Campana, dejó atrás treinta años de intenso trabajo y sacrificio en el tambo para enfocarse a pleno en los distintos procesos de la leche y sus derivados. Está allí por la mañana, codo a codo junto con su pareja, Celina, con quien tuvo dos hijos, uno de 17 y otro de 14 años. Ambos asisten a la escuela y en sus momentos libres, aprovechan para ayudar en la lechería. 

 

 

Nuestros productos son frescos, para elaborarlos usamos materia prima de gran calidad y no les ponemos conservantes

 

Zamorano es médico pediatra pero sabe del tema por experiencia. También produce junto con su pareja, Natalia, con quien tiene dos hijos pequeños. Los dos están frecuentemente a la tarde en la lechería.

 

Por política empresarial, los socios decidieron no hacer publicidad en los medios de comunicación. Tampoco apelaron a las redes sociales para hacerse conocidos. Ambos decidieron que el método sea también a la “vieja usanza”: por el boca en boca y por la buena calidad de sus productos.

 

 

 Natalia trabaja junto a Germán en la elaboración del queso. Le ponen suero, pero no usan ningún tipo de conservante.

 

 

 

“Iniciamos un grupo de empresa a través de WhatsApp, en el que cada cliente que se fue sumando reservaba la cantidad de litros que iba a comprar. Estamos empezando a soltar eso porque ya sabemos la cantidad que consumen”, explica Taranco detrás de su tapabocas negro.

 

Metódico y prolijo hasta el extremo, Taranco contó que antes de inaugurar el local ya tenía todo bien estudiado y planificado para abrir en marzo de este año, pero el coronavirus llegó a la Argentina y tuvieron que frenar un poco. “Luego de vender mis animales decidí dedicarme a la producción de la leche, era algo que quise hacer siempre. Ya tenía las máquinas. En el contexto de la pandemia, al principio fue complicado, pero de a poco comenzamos con el delivery. Después obtuvimos los permisos y abrimos las puertas, cumpliendo con todos los protocolos del Gobierno provincial, ya que vendemos un producto de primera necesidad”, dice Germán, un hombre serio y de pocas palabras.

 

“La idea del proyecto es trabajar como se hacía antiguamente. La devolución que nos hacen nuestros clientes frecuentemente es que les hacemos acordar a las lecherías de antes, por la frescura de los productos. Nos manejamos por lo que comentan nuestros compradores, buscamos que conozcan la calidad de lo que hacemos sin hacer publicidad”, expresa, y añade que “todo es a pulmón pero con conciencia de que es un producto sano y de muy buena calidad. Al principio nos sorprendimos todos por la respuesta que tuvimos”.

 

Detrás del mostrador, que detiene el paso de quienes ingresan al negocio, está la magia. Tienen una máquina en la que se pasteuriza la leche, otra en la que se lavan y se esterilizan las botellas, otra en la que se llenan los envases, y una cama en la que elaboran el queso cuartirolo. Es un espacio pequeño, pero bien organizado y muy limpio. A simple vista, todo funciona armoniosa y casi automáticamente.

 

 

 . El yogur se vende envasado, listo para consumir con frutas o cereales.

 

 

“Al ser una actividad novedosa, el embotellado requiere de gente audaz, que esté dispuesta a comprometerse. Nos sucedió que en bromatología, Juan Cruz Estrada conocía el tema del trabajo de la leche y nos ayudó muchísimo. Es muy bueno encontrar gente como él, porque te ayuda a crecer y a mejorar”, expresa Taranco, y sigue: “Primero confió en el proyecto y pudimos llegar a buen puerto. Logramos la calidad que queríamos. Con respecto a los análisis del laboratorio, quien nos da una gran ayuda es la bioquímica Patricia Rives. Ella analiza la calidad del agua y se ocupa de los estudios bromatológicos. Son dos personas muy importantes en el proceso de nuestro trabajo, nos ayudan muchísimo. Somos un equipo. En San Luis no chocamos con la burocracia, al contrario, recibimos ayuda. Esta es la llave para que este tipo de proyectos se replique. Muchas veces el miedo o el desconocimiento paralizan y de ahí no sale nada. De ser así, hoy no tendríamos la lechería en funcionamiento”.

 

En el establecimiento elaboran leche fresca, ricota, yogur sin sabor, queso cuartirolo, queso crema y dulce de leche. “Estamos empezando a trabajar con la línea de descremado”, adelantó Taranco, y dijo que para diferenciarse de cualquier empresa láctea de gran escala los puntos fuertes de "Valle del Conlara lácteos" son dos: “Nuestros productos están elaborados con materia prima de gran calidad, sin conservantes, son frescos, por eso recomendamos consumirlos apenas se compran. Nuestros clientes traen el envase, lo limpiamos y se van con su conservadora llena”, cuenta, y afirma que los números estadísticos de las ventas varían de una semana a la otra, e indica que no le preocupan mucho porque ya tienen satisfechos a sus clientes.

 

 

 

Para comprar los productos hay que traer los envases propios, pero si quieren comprar las botellas, también las vendemos

 

Además abrieron un almacén en Carpintería. “Es un comercio que vende productos naturales y coloca nuestra producción con los mismos precios que acá. Nos manejamos solamente con estos dos puntos de venta porque entendemos que trabajar la leche es delicado, el frío es fundamental. La vendemos fría y nos aseguramos de que mantenga la calidad”, especifica Taranco.

 

 

Sobre los productos

 

La lechería "Valle del Conlara lácteos"  está ubicada en el ingreso a Merlo, por la ruta provincial 5, en la zona en la que el camino se achica y empieza a mandar un bulevar. Hay que tomar a mano derecha, unas cuadras antes de llegar a la rotonda de acceso a la ciudad. El local está a simple vista, tiene un toldo negro con la imagen de una vaca.

 

“Para comprar, nuestros clientes se traen sus envases, nosotros los lavamos, los desinfectamos y los esterilizamos, los secamos  y los llenamos. También tienen la posibilidad de comprar las botellas”, explica Taranco, e indica que el litro de leche está a $65, un precio accesible.

 

 

 Proceso manual. Esterilizan las botellas, las llenan con leche y van a la heladera.

 

 

 

“El yogur es sin sabor y tiene una textura espumosa. Se vende suelto o en potes y está listo para consumir con frutas o con cereales. Los clientes ya saben, traen su tupper y lo llenamos. Este es un producto que se  vende mucho y tenemos a $175 el litro. Al queso cuartirolo, que tiene una densidad cremosa, normalmente no lo estacionamos, el kilo está $380”, especificó Taranco, y añadió que la ricota “está elaborada solamente con leche, sin suero. La prensamos y así en pan rinde mucho más. Además la gente le puede poner más leche o crema, según los gustos. Este artículo también nos sorprendió, porque se vende mucho, el kilo está a $280”.

 

Taranco aclara que no son productos orgánicos, “son sanos y no usamos conservantes. Hemos notado que hay una tendencia de los consumidores hacia la naturalidad de los productos, de hecho empezamos a vender yogur por la gran demanda que teníamos. Algunos caen con su conservadora a comprar leche. El objetivo de la lechería es ofrecer un producto de gran calidad con precios al alcance de la gente”, concluyó.

 

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