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La paz es determinante

El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, hizo un llamado a la paz en medio de la amenaza global que recorre el planeta: “Silencien las armas, detengan la artillería, pongan fin a los ataques aéreos”, para facilitar la creación de corredores humanitarios en el combate al coronavirus.

La decisiones, los liderazgos, la templanza, la responsabilidad, todo está sobre la mesa en una coyuntura que el planeta no esperaba y que obliga a cada persona con poder alrededor del mundo a ofrecer las mejores alternativas para que de una vez por todas la pandemia pueda ser controlada.

El pedido de Guterres es apenas una de tantas miradas lógicas que es necesario hacer en el actual escenario. No se trata de oportunismo o demagogia, es algo que también debe considerarse.

Ante el sufrimiento general que está causando la pandemia del coronavirus, el titular de la ONU destacó “la necesidad que se produzca una tregua de alcance mundial para todos los conflictos que persisten en el planeta y que afectan desproporcionadamente a los más desfavorecidos”.

“La agresividad del virus ilustra la locura de la guerra. Por eso, hoy pido un alto al fuego inmediato en todos los rincones del mundo. Es hora de poner en encierro a los conflictos armados, suspenderlos y centrarnos juntos en la verdadera lucha de nuestras vidas”, afirmó.

El llamado de Guterres a favor de un alto el fuego global se produjo horas después de que el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Gebreyesus, alertara que “la pandemia se está acelerando” y su combate vive un momento “desgarrador”.

“Tomó 67 días desde el primer caso reportado para llegar a los primeros 100.000, 11 días para llegar a 200.000, y solo cuatro para los 300.000”, resumió sobre la situación desde Ginebra.

En el mundo perviven aún más de 30 conflictos armados, la mayoría en países del sur, con centenares de miles de víctimas fatales, según registros del Departamento de Investigación de Paz y Conflictos de la sueca Universidad de Upsala.

Entre los más enconados y sangrientos están las guerras sobre los territorios de Afganistán, Siria y Yemen, en las que a conflictos civiles se ha superpuesto la intervención de potencias globales o regionales.

La mayoría de las guerras se desarrollan en África y Asia, mientras se mantienen las hostilidades en Ucrania, este de Europa, y en América Latina aún persiste la guerrilla Ejército de Liberación Nacional en conflicto con el Estado colombiano.

Guterres opuso a los conflictos armados que el coronavirus “ataca a todo el mundo por igual y no discrimina entre clases sociales, procedencia o creencias y que además se ensaña en las personas más indefensas”.

“Mientras los conflictos armados continúan en todo el mundo, este virus no entiende de nacionalidad ni de etnia, facción o fe. Ataca a todos, sin tregua” y además “los más vulnerables (las mujeres y los niños, las personas con discapacidad, las personas marginadas y desplazadas) pagan el precio más elevado”, agregó.

Por ello, en los países asolados por conflictos, donde ya hay un colapso de los servicios sanitarios, se perjudica especialmente a los civiles desplazados y refugiados. “Son doblemente vulnerables”, resumió.

Los contendientes en las guerras deben “dejar de lado la desconfianza y la animosidad”, en favor del bienestar de los más necesitados y de la paz. Es crucial que lo hagan, añadió, “para ayudar a crear corredores a fin que pueda llegar la ayuda vital. Para abrir oportunidades de valor incalculable para la diplomacia. Para llevar esperanza a los lugares más vulnerables al COVID-19”.

E insistió en que la humanidad debe “acabar con los dos virus”, los conflictos y el coronavirus, “y esto empieza poniendo fin a los enfrentamientos en todas partes. Ahora. Eso es lo que la familia que somos, la humanidad, necesita ahora más que nunca”.

El sistema de Naciones Unidas, lanzará un llamamiento humanitario, pidiendo 2.000 millones de dólares para “conseguir una respuesta más eficaz en relación con las dramáticas situaciones que el COVID-19 está creando en los países afectados”.

Mientras tanto, la paz debe imponerse. Sin discusiones. Y sin demoras.

 

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La paz es determinante

El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, hizo un llamado a la paz en medio de la amenaza global que recorre el planeta: “Silencien las armas, detengan la artillería, pongan fin a los ataques aéreos”, para facilitar la creación de corredores humanitarios en el combate al coronavirus.

La decisiones, los liderazgos, la templanza, la responsabilidad, todo está sobre la mesa en una coyuntura que el planeta no esperaba y que obliga a cada persona con poder alrededor del mundo a ofrecer las mejores alternativas para que de una vez por todas la pandemia pueda ser controlada.

El pedido de Guterres es apenas una de tantas miradas lógicas que es necesario hacer en el actual escenario. No se trata de oportunismo o demagogia, es algo que también debe considerarse.

Ante el sufrimiento general que está causando la pandemia del coronavirus, el titular de la ONU destacó “la necesidad que se produzca una tregua de alcance mundial para todos los conflictos que persisten en el planeta y que afectan desproporcionadamente a los más desfavorecidos”.

“La agresividad del virus ilustra la locura de la guerra. Por eso, hoy pido un alto al fuego inmediato en todos los rincones del mundo. Es hora de poner en encierro a los conflictos armados, suspenderlos y centrarnos juntos en la verdadera lucha de nuestras vidas”, afirmó.

El llamado de Guterres a favor de un alto el fuego global se produjo horas después de que el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Gebreyesus, alertara que “la pandemia se está acelerando” y su combate vive un momento “desgarrador”.

“Tomó 67 días desde el primer caso reportado para llegar a los primeros 100.000, 11 días para llegar a 200.000, y solo cuatro para los 300.000”, resumió sobre la situación desde Ginebra.

En el mundo perviven aún más de 30 conflictos armados, la mayoría en países del sur, con centenares de miles de víctimas fatales, según registros del Departamento de Investigación de Paz y Conflictos de la sueca Universidad de Upsala.

Entre los más enconados y sangrientos están las guerras sobre los territorios de Afganistán, Siria y Yemen, en las que a conflictos civiles se ha superpuesto la intervención de potencias globales o regionales.

La mayoría de las guerras se desarrollan en África y Asia, mientras se mantienen las hostilidades en Ucrania, este de Europa, y en América Latina aún persiste la guerrilla Ejército de Liberación Nacional en conflicto con el Estado colombiano.

Guterres opuso a los conflictos armados que el coronavirus “ataca a todo el mundo por igual y no discrimina entre clases sociales, procedencia o creencias y que además se ensaña en las personas más indefensas”.

“Mientras los conflictos armados continúan en todo el mundo, este virus no entiende de nacionalidad ni de etnia, facción o fe. Ataca a todos, sin tregua” y además “los más vulnerables (las mujeres y los niños, las personas con discapacidad, las personas marginadas y desplazadas) pagan el precio más elevado”, agregó.

Por ello, en los países asolados por conflictos, donde ya hay un colapso de los servicios sanitarios, se perjudica especialmente a los civiles desplazados y refugiados. “Son doblemente vulnerables”, resumió.

Los contendientes en las guerras deben “dejar de lado la desconfianza y la animosidad”, en favor del bienestar de los más necesitados y de la paz. Es crucial que lo hagan, añadió, “para ayudar a crear corredores a fin que pueda llegar la ayuda vital. Para abrir oportunidades de valor incalculable para la diplomacia. Para llevar esperanza a los lugares más vulnerables al COVID-19”.

E insistió en que la humanidad debe “acabar con los dos virus”, los conflictos y el coronavirus, “y esto empieza poniendo fin a los enfrentamientos en todas partes. Ahora. Eso es lo que la familia que somos, la humanidad, necesita ahora más que nunca”.

El sistema de Naciones Unidas, lanzará un llamamiento humanitario, pidiendo 2.000 millones de dólares para “conseguir una respuesta más eficaz en relación con las dramáticas situaciones que el COVID-19 está creando en los países afectados”.

Mientras tanto, la paz debe imponerse. Sin discusiones. Y sin demoras.

 

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