Sin antinomias y sin dudas: quedarse en casa

Hay que quedarse en casa. Este domingo no será posible realizar ninguna de las actividades planificadas. Ni las previstas con mucha antelación, ni las calculadas hace algún tiempo. Justamente corren otros tiempos. Y si de tiempo se trata, es una de las variables que ha cambiado notoriamente su comportamiento, o por lo menos su influencia en la vida de la mayoría de los seres humanos. El despertador ha pasado a ser un objeto en desuso. Y eso que en principio parece muy reconfortante, empieza a tornarse dificultoso. Para no dejarlo pasar, llama mucho la atención poder escribir desde estas latitudes y con muy escaso margen de error que algo le sucede a millones de seres humanos en el mundo. Exhibe a las claras la universalidad del fenómeno. Más allá de subjetividades que empiezan a aparecer, las definiciones son claras. Y conviene, si se comprendió el objetivo, referir a cuestiones objetivas traducidas en cifras: el virus tardó 67 días en llegar a 100.000 casos. Después de 11 días llegó a 200.000 casos. En solo los 4 días siguientes llegó a 300.000 casos. Hoy roza los 600.000 casos en casi 200 países. Todo comenzó en diciembre de 2019 y ya hay más de 28.000 muertos. Y luego cada uno con sus temores, su edad, su salud y sus pensamientos. Y el Estado, en todos sus niveles, presente. En San Luis si se busca información cierta, seria y razonable, cada noche después de las 21 horas, el Gobernador de la Provincia en persona proporciona un completísimo informe acerca de la situación, con cifras, con la verdad y con recomendaciones acerca de cómo proceder en lo sucesivo. 
Para trazar una estrategia común hay que definir objetivos en común. Y hay que hacer pesar los valores a la hora de las decisiones en función de los objetivos y de la estrategia. El valor a proteger en Argentina y en San Luis es la vida. Y si bien no es exactamente antitético con cuidar la economía y no frenar su alicaído andar, es superior a esta idea. Primero la vida. Y no es una obviedad, no sucede en todos los países, no todos lo expresan con claridad. No todos lo defienden con el mismo coraje.   
Para comprender cabalmente lo expuesto valen algunos párrafos de las escasamente difundidas palabras del Presidente de la República, en la Conferencia virtual del G20, el jueves 26 de marzo.
“Nos convocamos en un momento único de la historia que nos impone actuar con valentía. No debemos paralizarnos ni temer. Mucho menos podemos resignarnos. Tenemos que dar una respuesta creativa en este presente que nos ha tocado en suerte. No hay lugar para demagogias ni improvisaciones. Enfrentamos el falso dilema de preservar la economía o la salud de nuestra gente. Nosotros entendemos la economía, pero no dudamos en proteger integralmente la vida de los nuestros. Con esa convicción hemos tomado decisiones en Argentina a partir de la mejor evidencia científica disponible. Así lo seguiremos haciendo. Poder sortear esta crisis y enfrentarnos a ese mundo que nace nos exige diseñar y suscribir un gran Pacto de Solidaridad Global. Nada será igual a partir de esta tragedia. Tenemos que actuar juntos, ya mismo, porque ha quedado visto que nadie se salva solo. La urgencia que marcan las muertes nos obligan a crear un Fondo Mundial de Emergencia Humanitaria que sirva para enfrentar, mejor equipados de insumos, el contexto que vivimos. La investigación sobre COVID 19, el conocimiento científico y médico, también debe ser un bien público global. El tiempo de los codiciosos ha llegado a su fin. Como enseña el Papa Francisco, tenemos que abrir nuestros ojos y nuestros corazones para actuar con una nueva sensibilidad. Estas decisiones no pueden quedar libradas a la lógica del mercado, ni preservadas a la riqueza de individuos o naciones. Es hora de aprovechar este momento único para crear soluciones económicas tan extraordinarias como extraordinarios son los problemas sociales que atravesamos”.
Por favor, quédese en su casa. Sin excepciones, ni excusas.  

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Sin antinomias y sin dudas: quedarse en casa

Hay que quedarse en casa. Este domingo no será posible realizar ninguna de las actividades planificadas. Ni las previstas con mucha antelación, ni las calculadas hace algún tiempo. Justamente corren otros tiempos. Y si de tiempo se trata, es una de las variables que ha cambiado notoriamente su comportamiento, o por lo menos su influencia en la vida de la mayoría de los seres humanos. El despertador ha pasado a ser un objeto en desuso. Y eso que en principio parece muy reconfortante, empieza a tornarse dificultoso. Para no dejarlo pasar, llama mucho la atención poder escribir desde estas latitudes y con muy escaso margen de error que algo le sucede a millones de seres humanos en el mundo. Exhibe a las claras la universalidad del fenómeno. Más allá de subjetividades que empiezan a aparecer, las definiciones son claras. Y conviene, si se comprendió el objetivo, referir a cuestiones objetivas traducidas en cifras: el virus tardó 67 días en llegar a 100.000 casos. Después de 11 días llegó a 200.000 casos. En solo los 4 días siguientes llegó a 300.000 casos. Hoy roza los 600.000 casos en casi 200 países. Todo comenzó en diciembre de 2019 y ya hay más de 28.000 muertos. Y luego cada uno con sus temores, su edad, su salud y sus pensamientos. Y el Estado, en todos sus niveles, presente. En San Luis si se busca información cierta, seria y razonable, cada noche después de las 21 horas, el Gobernador de la Provincia en persona proporciona un completísimo informe acerca de la situación, con cifras, con la verdad y con recomendaciones acerca de cómo proceder en lo sucesivo. 
Para trazar una estrategia común hay que definir objetivos en común. Y hay que hacer pesar los valores a la hora de las decisiones en función de los objetivos y de la estrategia. El valor a proteger en Argentina y en San Luis es la vida. Y si bien no es exactamente antitético con cuidar la economía y no frenar su alicaído andar, es superior a esta idea. Primero la vida. Y no es una obviedad, no sucede en todos los países, no todos lo expresan con claridad. No todos lo defienden con el mismo coraje.   
Para comprender cabalmente lo expuesto valen algunos párrafos de las escasamente difundidas palabras del Presidente de la República, en la Conferencia virtual del G20, el jueves 26 de marzo.
“Nos convocamos en un momento único de la historia que nos impone actuar con valentía. No debemos paralizarnos ni temer. Mucho menos podemos resignarnos. Tenemos que dar una respuesta creativa en este presente que nos ha tocado en suerte. No hay lugar para demagogias ni improvisaciones. Enfrentamos el falso dilema de preservar la economía o la salud de nuestra gente. Nosotros entendemos la economía, pero no dudamos en proteger integralmente la vida de los nuestros. Con esa convicción hemos tomado decisiones en Argentina a partir de la mejor evidencia científica disponible. Así lo seguiremos haciendo. Poder sortear esta crisis y enfrentarnos a ese mundo que nace nos exige diseñar y suscribir un gran Pacto de Solidaridad Global. Nada será igual a partir de esta tragedia. Tenemos que actuar juntos, ya mismo, porque ha quedado visto que nadie se salva solo. La urgencia que marcan las muertes nos obligan a crear un Fondo Mundial de Emergencia Humanitaria que sirva para enfrentar, mejor equipados de insumos, el contexto que vivimos. La investigación sobre COVID 19, el conocimiento científico y médico, también debe ser un bien público global. El tiempo de los codiciosos ha llegado a su fin. Como enseña el Papa Francisco, tenemos que abrir nuestros ojos y nuestros corazones para actuar con una nueva sensibilidad. Estas decisiones no pueden quedar libradas a la lógica del mercado, ni preservadas a la riqueza de individuos o naciones. Es hora de aprovechar este momento único para crear soluciones económicas tan extraordinarias como extraordinarios son los problemas sociales que atravesamos”.
Por favor, quédese en su casa. Sin excepciones, ni excusas.  

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