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¿El adiós a la siesta?

La irrupción mundial del coronavirus y las medidas implementadas para combatirlo bastante ya nos habían cambiado la vida. Desde la necesidad de permanecer aislados en nuestras casas hasta la posibilidad de salir a hacer compras únicamente según la terminación de nuestro DNI, nuestra cotidianeidad se transformó completamente, y ni hablar del trabajo, la economía, la salud, las reuniones familiares, la forma de saludarnos, las muestras de afecto, entre tantas otras cosas que antes nos parecían normales y hoy anhelamos. 
Pero desde el lunes pasado, con la habilitación de los comercios minoristas, las profesiones liberales y otras actividades económicas, un hábito muy arraigado en los puntanos empezó a transformarse: la siesta. 
Y lo que parece una nimiedad o un coletazo mínimo comparado a otros que ha generado la pandemia, es en realidad la posibilidad de que cambien nuestros esquemas y la forma en que están organizados nuestros días.
Está claro que no todos tienen la chance de aprovechar un rato después del almuerzo para descansar el cuerpo y la mente, y que hay muchas profesiones y oficios que trabajan en horario corrido desde hace mucho tiempo. Pero para muchos otros, entre ellos los comerciantes y sus empleados, la vida se estructura con base en los momentos en los que tienen que abrir y cerrar sus negocios.
En las entrevistas y recorridas que realizó El Diario en la primera semana de reapertura, las opiniones de los propietarios de los locales estuvieron divididas. Hubo posturas optimistas, que consideran que atender de corrido es ideal para concentrar el trabajo en una sola parte de la jornada y poder descansar o hacer otras actividades durante la tarde/noche. También hay quienes creen que el nuevo horario (de 9 a 17) puede funcionar muy bien durante el invierno, pero que será imposible de aplicar en la primavera o el verano, cuando el calor se vuelva sofocante.
Pero el gran miedo de la mayoría es la falta de costumbre de los clientes en salir a hacer sus compras entre las 13 y las 16, un lapso en el que antes los negocios permanecían cerrados.
En los primeros días, el panorama pareció confirmar esa incertidumbre y los vecinos que circularon por los centros comerciales se contaron de a puñados. Pero con el correr de la semana, el movimiento de vehículos y peatones fue creciendo.
Lo cierto es que los hábitos que antes nos parecían obvios ya no lo son, y que las cosas pueden cambiar de un momento para el otro. Será cuestión de esperar para saber hasta cuándo es necesario mantener este esquema de atención en los comercios, si es una circunstancia pasajera o si habrá que decirle definitivamente adiós a la siesta, aunque no haya cosa más linda que asentar la cabeza en la almohada y hacer una pausa antes de seguir.

 

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