Agroecología, una tendencia mundial que llegó a San Luis

María José Rodríguez

En los Viveros Productivos y Educativos, ubicados en la ex Colonia Hogar, trabajan bajo este paradigma que incluye producción, alimentación saludable y cuidado del ambiente.

Producir alimentos de manera sustentable es uno de los desafíos del siglo XXI, y la agroecología está entre las alternativas más prometedoras. “Es un paradigma mundial que se basa en sistemas productivos autosustentables en el tiempo. A través de la asociación de plantas, hortalizas, flores y aromáticas que conviven en el mismo espacio se genera un equilibrio natural y además hay que enfocarse en el suelo, que esté rico en nutrientes”, explicó, intentando resumir una movida muy amplia, Pablo Pensotti, jefe del Subprograma Autoconsumo Frutihortícola del Ministerio de Producción.

Cada vez más argentinos optan por esta metodología y San Luis no es la excepción. En los Viveros Productivos y Educativos, ubicados en el predio de la ex Colonia Hogar, hay una huerta agroecológica que cobra vida a través de cuatro ejes importantes: la producción; la expansión de este conocimiento hacia las escuelas; el cuidado del medio ambiente y el favorecimiento de una alimentación saludable.

El módulo en el que está emplazada la huerta mide 12 metros de ancho por 40 de largo. Dentro del espacio hay tres surcos de 34 metros de largo y 70 centímetros de ancho. Además se aprovechan los laterales, cada uno mide de 30 metros de largo por 20 centímetros de ancho, en los que también siembran cultivos que funcionan de barrera natural para plagas e insectos.

 

 

El funcionario brindó cada detalle del trabajo en la huerta desde el paradigma agroecológico y afirmó que es fundamental llevar un registro de todo lo que se hace. “Todas las plantaciones cumplen un rol muy importante. Por ejemplo las aromáticas, como la lavanda, repelen insectos que por ahí pueden atacar la huerta, pero atraen a los polinizadores como las abejas, que le hacen muy bien”.

“Estamos trabajando con lo que corresponde a otoño-invierno. Tenemos toda una línea de lechuga que plantamos en abril, agregamos ajo y tenemos algo de tomate que quedó de la temporada anterior. Como barrera natural pusimos albahaca, romero, lavanda y salvia porque queremos que la naturaleza vaya regulando la vida y el movimiento de la huerta, sin necesidad de utilizar químicos”, especificó Pensotti.

Una de las plantas que sirve de trampa para insectos es la caléndula. “En este momento tiene algunos pulgones, que a nuestras plantas les harían mal. Pero la secreción de ellos es muy buscada por las hormigas, entonces esas hormigas que podían estar en las acelgas y remolachas se concentran en ellos. Por esta razón pusimos caléndula por todas partes, que a su vez tiene flores que atraen abejas”, ejemplificó, y aclaró que así es como todo se va equilibrando.

 

Actualmente tienen cinco mil lombrices en las trampas para fabricar compost. Hace seis meses arrancaron con mil de las rojas o californianas, las mejores.

 

 

Además trabajan con un sistema de trampas para insectos. Colocan entre las plantaciones una especie de paneles pequeños, que tienen colores fuertes (amarillo, azul o naranja); y les colocan un aceite para que se queden pegados. “Además contamos con una casita para atraer a las vaquitas de San Antonio, porque también se comen algunos pulgones, tratamos de darles este pequeño lugarcito en la huerta porque son muy benéficas”.

El objetivo principal es que la huerta sea un espacio intensivo de producción, siempre sin utilizar agroquímicos, implementando estrategias y utilizando recursos naturales para favorecerla. “Las hojas que caen en otoño y que generalmente la gente las barre y las mete en una bolsa para tirarlas a la basura, nosotros las utilizamos de cobertura vegetal. Las incorporamos al suelo sobre lo que plantamos y así cumplen dos funciones importantes: mantienen la humedad del suelo y en un tiempo se van a descomponer y servirán para enriquecer la tierra”, dijo Pensotti.

La agroecología también se basa en un sistema estricto de rotación de los cultivos. “La temporada anterior teníamos repollos, que consumen más nutrientes que otras plantas. En primavera-verano pusimos zapallos, a eso se lo considera rotar los cultivos. Levantamos el zapallo y todo lo que sobró, como tallos y hojas, volverá al suelo ya que en el predio también hacemos compost. Ahora plantamos lechuga. Se trata de asociar plantas, rotarlas estrictamente y tener el cuidado de aprovechar toda el material orgánico posible, devolviéndolo a la tierra”, describió.

Para enriquecer el suelo es importante dar vuelta toda la tierra y agregarle hojas, guano y viruta de madera limpia. “Los insectos no molestan, forman parte de la riqueza, como las lombrices, los bichos bolitas y otros microorganismos que no se pueden ver. A medida que pasen los años, esta huerta en vez de perder capacidad productiva tiene que tener más, por eso es importante incorporar nutrientes”, aseguró Pensotti, y agregó que también limpian y cortan cuidadosamente las plantas silvestres, que luego llevan a las camas en las que elaboran el compost.

 

 

El aroma de la huerta es altamente recomendable: tierra mojada y una mezcla de menta, lavanda y hierbas naturales. Los colores y el aspecto de los cultivos producen un impacto visual favorable.

Dentro de todo este inmenso trabajo está incluida también la recolección de semillas. “Para asegurarnos la obtención de cultivos, fuimos creando un banco propio de núcleos, cada año tenemos más. Así nos quedamos tranquilos, sabiendo que todas son orgánicas y naturales. Ya no las compramos”, afirmó, y contó que además hacen esquejes, un método reproductivo a través del que se toman pequeños gajitos, se ponen en agua, forma raíz y se obtienen plantines.

En el predio hay un módulo en el que producen estos plantines. “Es otro invernáculo que está dedicado a la producción de suculentas y flores de interior y exterior. Tenemos conejitos, cosmos, copetes, caléndulas, margaritas”, contó Pensotti, quien además apunta a la estética: “El espacio productivo tiene que ser lindo y acogedor, hay flores y aromas que se pueden disfrutar. Es un pedacito de terreno en el que hay biodiversidad, donde la naturaleza actúa y equilibra cada elemento y están prohibidos los productos de síntesis química, por eso trabajamos con lixiviados, hacemos humus y contamos con sustratos. De esta manera nos aseguramos de que la producción va a crecer sana, fresca y saludable, respetando los ciclos otoño-invierno y primavera- verano”.

Todos los módulos de trabajo tienen protecciones que están puestas para que no ingresen animales grandes, como perros. Los más pequeños, como los pájaros, pueden ingresar ya que ayudan a dispersar semillas. Además los cultivos están protegidos del granizo.

 

Nuevos protocolos

Normalmente en el proyecto trabajan más de cien personas, pero actualmente quedaron solo seis debido a las restricciones implementadas por el Gobierno nacional debido a la Covid-19. “Lo que produjimos lo consumimos quienes trabajamos en el predio, todo es comunitario. Muchas de las personas que conforman este proyecto pertenecen a planes sociales provinciales, entonces los capacitamos y les enseñamos todo lo que hacemos en la huerta.  El objetivo es que además cada uno replique este proyecto en su casa y comparta este beneficio”, manifestó Pensotti, quien añadió que “la naturaleza hace su trabajo y nosotros la acompañamos, tratamos de brindarle todas las herramientas”.

 

 

Las lombrices son claves para el éxito

No hay secretos ni fórmulas mágicas para trabajar la tierra bajo el enfoque agroecológico. En la ex Colonia Hogar están enfocados en la lombricultura, que se basa en la cría masiva, sistemática y controlada de lombrices rojas o californianas, que a través de procesos metabólicos producen humus, considerado mundialmente como el mejor abono orgánico.

“Estamos en una etapa muy avanzada del proyecto. Ya produjimos nuestro propio compost y trabajamos sobre la obtención de humus. Usamos el lixiviado de lombrices que se aplica a través del riego, aplicando con un atomizador sobre las hojas”, describió Pensotti, quien dice que los mejores fertilizantes y plaguicidas son los naturales que elaboran en el vivero.

El humus está conformado por las heces de las lombrices, tiene un aspecto oscuro y no genera malos olores.  La lombricompostera mide 4 metros de largo, por 1 de ancho y tiene 80 centímetros de profundidad. “En este espacio tenemos trampas para lombrices, que son cajones de madera en los que ponemos frutas, verduras o cáscaras y ellas se alimentan allí. Hace aproximadamente seis meses ingresamos un núcleo de mil lombrices que se autofecundan y actualmente tenemos alrededor de cinco mil”, afirmó.

Con un puñado de humus se puede alimentar entre dos y tres macetas; con un kilo, un metro cuadrado de tierra. “La recomendación es que las lombrices estén tapadas con un poco de tierra o aserrín para evitar las temperaturas elevadas. La cosecha de humus se puede hacer a los seis meses de haber iniciado con la lombricompostera”, especificó Pensotti,  y agregó: “Primero dejamos unos 3 días a las lombrices sin alimento y luego les ponemos una malla con residuos de hortalizas.  Ellas irán rápidamente porque necesitan comer, suele ser en un período de 24 o 48 horas. Cuando están todas apiñadas se pueden retirar y poner a la sombra. Quedarán en la tierra los capullos y pequeñas lombrices que deberán retirarse a mano; y finalmente con una rejilla fina separamos el humus, que luego se seca y se coloca en bolsas. Es recomendable, según la cantidad de lombrices, dividir la población entre 1 y 3 veces al año”. 

 

El compost ayuda a recuperar los nutrientes de la tierra.

 

Además, la lombricompostera tiene un desnivel y a través de un conducto por el que baja el agua de riego con los desechos de la lombriz preparan un lixiviado con el que riegan la huerta. Para hacer compostaje no se necesita gran cosa. Se puede elaborar en el suelo o en un tacho de 20 o 200 litros, que también puede ser de madera. El espacio es relativo, pero hay que colocarla en un lugar de la casa en el que no le dé el sol Para una familia tipo sirve un tacho de 20 litros, por ejemplo.

 

 

“Primero se coloca el material seco, como hojas de árboles, césped cortado o virutas de madera. Esta sería una primera capa. Se puede o no poner tierra, que es buena para evitar el ataque de moscas. Encima hay que colocar otra capa de húmedos, que pueden ser cáscaras de frutas y verduras o lo que usamos para cocinar”, aseguró Pensotti, y añadió que en uno de los costados, abajo, debe tener una pequeña puerta para ir retirando el compost.

“Las capas de abajo son las que estarán listas primero y de las que iremos sacando material. Lo que no se haya terminado de descomponer lo devolveremos a la compostera. No hay que preocuparse porque se llene rápido, el volumen se reducirá en un 50 por ciento cuando se descomponga, por eso hay que seguir agregando”.

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Agroecología, una tendencia mundial que llegó a San Luis

En los Viveros Productivos y Educativos, ubicados en la ex Colonia Hogar, trabajan bajo este paradigma que incluye producción, alimentación saludable y cuidado del ambiente.

Nutrientes. La lombricompostera donde se descompone lo orgánico y se crea el humus. Foto: Revista El Campo.

Producir alimentos de manera sustentable es uno de los desafíos del siglo XXI, y la agroecología está entre las alternativas más prometedoras. “Es un paradigma mundial que se basa en sistemas productivos autosustentables en el tiempo. A través de la asociación de plantas, hortalizas, flores y aromáticas que conviven en el mismo espacio se genera un equilibrio natural y además hay que enfocarse en el suelo, que esté rico en nutrientes”, explicó, intentando resumir una movida muy amplia, Pablo Pensotti, jefe del Subprograma Autoconsumo Frutihortícola del Ministerio de Producción.

Cada vez más argentinos optan por esta metodología y San Luis no es la excepción. En los Viveros Productivos y Educativos, ubicados en el predio de la ex Colonia Hogar, hay una huerta agroecológica que cobra vida a través de cuatro ejes importantes: la producción; la expansión de este conocimiento hacia las escuelas; el cuidado del medio ambiente y el favorecimiento de una alimentación saludable.

El módulo en el que está emplazada la huerta mide 12 metros de ancho por 40 de largo. Dentro del espacio hay tres surcos de 34 metros de largo y 70 centímetros de ancho. Además se aprovechan los laterales, cada uno mide de 30 metros de largo por 20 centímetros de ancho, en los que también siembran cultivos que funcionan de barrera natural para plagas e insectos.

 

 

El funcionario brindó cada detalle del trabajo en la huerta desde el paradigma agroecológico y afirmó que es fundamental llevar un registro de todo lo que se hace. “Todas las plantaciones cumplen un rol muy importante. Por ejemplo las aromáticas, como la lavanda, repelen insectos que por ahí pueden atacar la huerta, pero atraen a los polinizadores como las abejas, que le hacen muy bien”.

“Estamos trabajando con lo que corresponde a otoño-invierno. Tenemos toda una línea de lechuga que plantamos en abril, agregamos ajo y tenemos algo de tomate que quedó de la temporada anterior. Como barrera natural pusimos albahaca, romero, lavanda y salvia porque queremos que la naturaleza vaya regulando la vida y el movimiento de la huerta, sin necesidad de utilizar químicos”, especificó Pensotti.

Una de las plantas que sirve de trampa para insectos es la caléndula. “En este momento tiene algunos pulgones, que a nuestras plantas les harían mal. Pero la secreción de ellos es muy buscada por las hormigas, entonces esas hormigas que podían estar en las acelgas y remolachas se concentran en ellos. Por esta razón pusimos caléndula por todas partes, que a su vez tiene flores que atraen abejas”, ejemplificó, y aclaró que así es como todo se va equilibrando.

 

Actualmente tienen cinco mil lombrices en las trampas para fabricar compost. Hace seis meses arrancaron con mil de las rojas o californianas, las mejores.

 

 

Además trabajan con un sistema de trampas para insectos. Colocan entre las plantaciones una especie de paneles pequeños, que tienen colores fuertes (amarillo, azul o naranja); y les colocan un aceite para que se queden pegados. “Además contamos con una casita para atraer a las vaquitas de San Antonio, porque también se comen algunos pulgones, tratamos de darles este pequeño lugarcito en la huerta porque son muy benéficas”.

El objetivo principal es que la huerta sea un espacio intensivo de producción, siempre sin utilizar agroquímicos, implementando estrategias y utilizando recursos naturales para favorecerla. “Las hojas que caen en otoño y que generalmente la gente las barre y las mete en una bolsa para tirarlas a la basura, nosotros las utilizamos de cobertura vegetal. Las incorporamos al suelo sobre lo que plantamos y así cumplen dos funciones importantes: mantienen la humedad del suelo y en un tiempo se van a descomponer y servirán para enriquecer la tierra”, dijo Pensotti.

La agroecología también se basa en un sistema estricto de rotación de los cultivos. “La temporada anterior teníamos repollos, que consumen más nutrientes que otras plantas. En primavera-verano pusimos zapallos, a eso se lo considera rotar los cultivos. Levantamos el zapallo y todo lo que sobró, como tallos y hojas, volverá al suelo ya que en el predio también hacemos compost. Ahora plantamos lechuga. Se trata de asociar plantas, rotarlas estrictamente y tener el cuidado de aprovechar toda el material orgánico posible, devolviéndolo a la tierra”, describió.

Para enriquecer el suelo es importante dar vuelta toda la tierra y agregarle hojas, guano y viruta de madera limpia. “Los insectos no molestan, forman parte de la riqueza, como las lombrices, los bichos bolitas y otros microorganismos que no se pueden ver. A medida que pasen los años, esta huerta en vez de perder capacidad productiva tiene que tener más, por eso es importante incorporar nutrientes”, aseguró Pensotti, y agregó que también limpian y cortan cuidadosamente las plantas silvestres, que luego llevan a las camas en las que elaboran el compost.

 

 

El aroma de la huerta es altamente recomendable: tierra mojada y una mezcla de menta, lavanda y hierbas naturales. Los colores y el aspecto de los cultivos producen un impacto visual favorable.

Dentro de todo este inmenso trabajo está incluida también la recolección de semillas. “Para asegurarnos la obtención de cultivos, fuimos creando un banco propio de núcleos, cada año tenemos más. Así nos quedamos tranquilos, sabiendo que todas son orgánicas y naturales. Ya no las compramos”, afirmó, y contó que además hacen esquejes, un método reproductivo a través del que se toman pequeños gajitos, se ponen en agua, forma raíz y se obtienen plantines.

En el predio hay un módulo en el que producen estos plantines. “Es otro invernáculo que está dedicado a la producción de suculentas y flores de interior y exterior. Tenemos conejitos, cosmos, copetes, caléndulas, margaritas”, contó Pensotti, quien además apunta a la estética: “El espacio productivo tiene que ser lindo y acogedor, hay flores y aromas que se pueden disfrutar. Es un pedacito de terreno en el que hay biodiversidad, donde la naturaleza actúa y equilibra cada elemento y están prohibidos los productos de síntesis química, por eso trabajamos con lixiviados, hacemos humus y contamos con sustratos. De esta manera nos aseguramos de que la producción va a crecer sana, fresca y saludable, respetando los ciclos otoño-invierno y primavera- verano”.

Todos los módulos de trabajo tienen protecciones que están puestas para que no ingresen animales grandes, como perros. Los más pequeños, como los pájaros, pueden ingresar ya que ayudan a dispersar semillas. Además los cultivos están protegidos del granizo.

 

Nuevos protocolos

Normalmente en el proyecto trabajan más de cien personas, pero actualmente quedaron solo seis debido a las restricciones implementadas por el Gobierno nacional debido a la Covid-19. “Lo que produjimos lo consumimos quienes trabajamos en el predio, todo es comunitario. Muchas de las personas que conforman este proyecto pertenecen a planes sociales provinciales, entonces los capacitamos y les enseñamos todo lo que hacemos en la huerta.  El objetivo es que además cada uno replique este proyecto en su casa y comparta este beneficio”, manifestó Pensotti, quien añadió que “la naturaleza hace su trabajo y nosotros la acompañamos, tratamos de brindarle todas las herramientas”.

 

 

Las lombrices son claves para el éxito

No hay secretos ni fórmulas mágicas para trabajar la tierra bajo el enfoque agroecológico. En la ex Colonia Hogar están enfocados en la lombricultura, que se basa en la cría masiva, sistemática y controlada de lombrices rojas o californianas, que a través de procesos metabólicos producen humus, considerado mundialmente como el mejor abono orgánico.

“Estamos en una etapa muy avanzada del proyecto. Ya produjimos nuestro propio compost y trabajamos sobre la obtención de humus. Usamos el lixiviado de lombrices que se aplica a través del riego, aplicando con un atomizador sobre las hojas”, describió Pensotti, quien dice que los mejores fertilizantes y plaguicidas son los naturales que elaboran en el vivero.

El humus está conformado por las heces de las lombrices, tiene un aspecto oscuro y no genera malos olores.  La lombricompostera mide 4 metros de largo, por 1 de ancho y tiene 80 centímetros de profundidad. “En este espacio tenemos trampas para lombrices, que son cajones de madera en los que ponemos frutas, verduras o cáscaras y ellas se alimentan allí. Hace aproximadamente seis meses ingresamos un núcleo de mil lombrices que se autofecundan y actualmente tenemos alrededor de cinco mil”, afirmó.

Con un puñado de humus se puede alimentar entre dos y tres macetas; con un kilo, un metro cuadrado de tierra. “La recomendación es que las lombrices estén tapadas con un poco de tierra o aserrín para evitar las temperaturas elevadas. La cosecha de humus se puede hacer a los seis meses de haber iniciado con la lombricompostera”, especificó Pensotti,  y agregó: “Primero dejamos unos 3 días a las lombrices sin alimento y luego les ponemos una malla con residuos de hortalizas.  Ellas irán rápidamente porque necesitan comer, suele ser en un período de 24 o 48 horas. Cuando están todas apiñadas se pueden retirar y poner a la sombra. Quedarán en la tierra los capullos y pequeñas lombrices que deberán retirarse a mano; y finalmente con una rejilla fina separamos el humus, que luego se seca y se coloca en bolsas. Es recomendable, según la cantidad de lombrices, dividir la población entre 1 y 3 veces al año”. 

 

El compost ayuda a recuperar los nutrientes de la tierra.

 

Además, la lombricompostera tiene un desnivel y a través de un conducto por el que baja el agua de riego con los desechos de la lombriz preparan un lixiviado con el que riegan la huerta. Para hacer compostaje no se necesita gran cosa. Se puede elaborar en el suelo o en un tacho de 20 o 200 litros, que también puede ser de madera. El espacio es relativo, pero hay que colocarla en un lugar de la casa en el que no le dé el sol Para una familia tipo sirve un tacho de 20 litros, por ejemplo.

 

 

“Primero se coloca el material seco, como hojas de árboles, césped cortado o virutas de madera. Esta sería una primera capa. Se puede o no poner tierra, que es buena para evitar el ataque de moscas. Encima hay que colocar otra capa de húmedos, que pueden ser cáscaras de frutas y verduras o lo que usamos para cocinar”, aseguró Pensotti, y añadió que en uno de los costados, abajo, debe tener una pequeña puerta para ir retirando el compost.

“Las capas de abajo son las que estarán listas primero y de las que iremos sacando material. Lo que no se haya terminado de descomponer lo devolveremos a la compostera. No hay que preocuparse porque se llene rápido, el volumen se reducirá en un 50 por ciento cuando se descomponga, por eso hay que seguir agregando”.

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