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Nada que contar

 Trump vuelve a ser noticia. Aunque en realidad nunca dejó de serlo, o aunque probablemente nunca lo fue.

 

"No quiero dar a la prensa el placer de verlo", dijo el mandatario en referencia a que los periodistas pudieran observarlo usando barbijo.

 

En medio de la pandemia de coronavirus, el presidente del país que se convirtió en epicentro mundial dijo estar probando medicamentos no recomendados por los especialistas e instó a la población a usar tapabocas, aunque dijo que él no lo haría. Escándalos, titulares, un poco de lo que ya estamos acostumbrados.

 

Pero efectivamente Trump usó tapabocas, según él, lejos de las cámaras. Las fotos de su protector azul marino y con el sello presidencial se filtraron, dejando ver que del otro lado la imagen del presidente tampoco es buena. La relación entre la prensa y el mandatario norteamericano nunca fue positiva, incluso antes de que Trump asumiera en su cargo. Intercambio de críticas constantes se cruzan con primeras planas de las que el presidente se burla y de las que se aprovecha a la vez: siempre intentó colarse de alguna manera en programas de televisión, películas y reality shows, algo que, de hecho, le aseguró su llegada a la Casa Blanca. "Voy a uno de estos programas y los ratings se duplican, triplican”, dijo en alguna oportunidad. No mentía. Los medios venden, el candidato gana. ¿Todos ganan?

 

La realidad es que las declaraciones se convierten, se quiera o no, en un hecho noticioso. Y las palabras muchas veces lo son, porque demuestran un curso de los acontecimientos y son el reflejo de un plan o de una visión a seguir.

 

Usar tapabocas frente a la prensa era, quizás, para un presidente que se precia de inmortal, una contradicción. Pero lo cierto es que si hay algo que abunda en figuras políticas como la suya (y, por ejemplo, la de su cada día más par Jair Bolsonaro en Brasil) es la contradicción. Porque, a pesar de seguir siempre una línea recta hacia lo que parece un camino de locura, a veces se muestran enojados y otras orgullosos de su imagen ante la prensa. Sin embargo, la imagen no ha variado. ¿No será en que realidad todo esto es una trampa para mantenernos ocupados y alejados de la noticia?

 

Usar o no tapabocas frente a los periodistas no debería ser la cuestión. La cuestión es cómo una pelea mediática aparenta ser más importante que la pandemia. Dar que hablar parece ser la clave, aunque no haya nada que contar.

 

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