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Sancionaron al "Ramos Mejía" por tirar residuos patológicos

El Municipio labró el acta de infracción. Afirman que arrojaron guantes de látex y gasas a una vivienda.

Por redacción
| 21 de junio de 2020
Sin declaraciones. No hay testimonios que describan el posicionamiento de la clínica en torno a las denuncias. Foto: Nicolás Varvara.

Tras los incidentes del mes pasado, cuando un grupo de personas provocó daños en la puerta de ingreso al Sanatorio “Ramos Mejía”, a instancias de una denuncia por mala praxis, la clínica volvió a ser cuestionada. Esta vez se trata de una sanción que aplicó la Municipalidad de San Luis por irregularidades en el tratamiento de los residuos patológicos. Según confirmó la directora municipal de Medio Ambiente, Luisina Casale, esta semana concretaron una inspección y labraron un acta de infracción a raíz de una denuncia que advertía la presencia de desechos sanitarios (guantes de látex y gasas) en el patio de una vivienda colindante al centro médico. El lunes enviarán la documentación al Juzgado de Faltas municipal, que se encargará de la sanción económica.

 

“Es de no creer el nivel de desfachatez. Esto de los guantes fue el miércoles pero no nos ocurrió de repente, es algo que ha sido sistemáticamente frecuente, siempre hay apósitos, gasas, bolsas, paquetes de galletitas y otros elementos que tiran desde las habitaciones. Hace al menos 20 años atrás, mi mamá mandó una nota al directorio para que colocaran una tela mosquitera o algún tipo de cobertura para que la gente no arrojara cosas. Eso se rompió y nunca más lo repusieron”, sostuvo María Martha Garro, una de las herederas de la casa ubicada al lado del edificio del sanatorio.

 

La familia de Garro siempre tuvo inconvenientes con el centro médico. Residuos patológicos, problemas de humedad que dañaron la estructura y la electricidad de la casa y focos infecciosos son algunas de las dificultades que denuncian desde hace varios años. En marzo, por ejemplo, arrojaron un balde de agua por la ventana hacia el patio de la casa. Garro intentó dialogar con el directorio para advertir el hecho, pero nunca logró plantear su situación ante las autoridades.

 

En otra oportunidad, un caño roto deterioró un mueble y todo el piso de parqué. “Es algo de nunca acabar, es una tortura”, expresó.

 

“Me comuniqué con la Municipalidad y actuó bien, el inspector fue el mismo día que arrojaron el guante. Labraron el acta y ahí mismo sumaron información sobre un cable pelado que cae cerca del portón de mi casa”, manifestó Bernardo Figueroa Garro, hijo de María Martha.

 

El Diario de la República se comunicó con William Bechem, integrante del directorio del “Ramos Mejía”, para tener su visión de los hechos, pero prefirió no brindar declaraciones.

 

 

Las denuncias

 

María Martha Garro y su hermana María Fabiana son las propietarias de la casa afectada. Su mamá, Martha Beatriz Ciporkin, había heredado el predio que antes era un hotel. Por cuestiones económicas, con los años se vio obligada a vender la parte de arriba del sanatorio, donde hicieron algunas habitaciones. Desde 1980, Ciporkin hizo denuncias por los problemas de humedad ocasionados desde la clínica.

 

En 2016, tras el fallecimiento de Ciporkin, Garro y su hermana trataron de vender la propiedad, pero las condiciones edilicias complicaron las transacciones.

 

“En el verano presenté dos notas, una a PAMI y otra a la Municipalidad. En PAMI me contestaron que el sanatorio contaba con habilitación y que no podían supervisar para no contradecir una disposición provincial. En el Municipio nos explicaron que la habilitación comercial se hace una vez y luego se ejecutan renovaciones automáticas. Les pregunté si no hacían supervisiones, especialmente al tener en cuenta algunas modificaciones edilicias que concretó el sanatorio, de las que nunca presentaron planos. Pero no sabemos nada de eso”, señaló.

 

 

La familia damnificada denuncia al sanatorio por problemas edilicios desde 1980.

 

 

La familia también había iniciado una demanda en el Juzgado Contravencional a cargo de María Itatí Zudaire Carricaburu. De esta presentación no tienen novedades.

 

“Lo que sabemos es que el Juzgado envió un perito ingeniero para que constatara los daños producidos por el sanatorio. No podemos ni pintar la casa, no podemos hacer ningún arreglo. Si no se hacen cargo de la humedad, no servirá nada de lo que hagamos. Para graficar, las manchas de humedad que se ubican arriba están cada vez más grandes, es decir que el problema no ha cesado", manifestó Garro.

 

La familia cree que desde la clínica especulan para comprar la casa por valores inferiores. Garro recordó que en una oportunidad le propusieron hacer una permuta por dos departamentos monoambientes, cuyos valores se ubicaban muy por debajo de la propiedad.

 

“Ellos especularon con comprar la casa porque pensaban hacer una zona administrativa, de recepción. Esperan que nos frustremos con la venta. Nos han propuesto opciones de permutas ridículas; así me maten no venderé la casa al sanatorio, así se me caiga, pero no les voy a dar el lujo”, aseguró.

 

“Es algo que genera problemas en mi propiedad, pero el día de mañana quizás les inicie acciones legales. Lo que me llama la atención es el deterioro de la institución que nadie supervisa. Ellos son la impunidad”, concluyó.

 

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