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Con una semilla ultraprecoz, pudieron hacer maíz de segunda

Hasta ahora, solo la soja era viable detrás de un cultivo invernal, pero una variedad canadiense trajo una solución al sur bonaerense que bien podría probarse en el semiárido.

Por redacción
| 19 de julio de 2020
Este maíz tardío se implanta entre fin de noviembre y mediados de diciembre. Foto: INTA Balcarse.

El maíz, en general no ha formado parte de la paleta de dobles cultivos, es muy difícil encontrar uno de "segunda", que es aquel que se siembra inmediatamente después de levantar un cultivo invernal.

 

Usualmente podemos hablar de un “maíz de primera", que es aquel que se siembra a partir de septiembre y fuerte en octubre; y de un “maíz tardío”, cuando se implanta entre fin de noviembre y mediados de diciembre, buscando evitar los golpes de calor en floración. Ambos cultivos se implantan luego de un período de barbecho, donde los lotes permanecen libres de otros cultivos.

 

Menos frecuente es oír hablar del “maíz de segunda”, que no sería tan dificultoso de hacer en la zona núcleo o en el norte del país, porque la "ventana" para su crecimiento resulta suficiente. Pero en el sur de la provincia de Buenos Aires, donde se hace aproximadamente 2 millones de hectáreas de cosecha fina (trigo y cebada) y se calcula 1 millón de hectáreas de soja, o bien en el semiárido de San Luis (donde la ventana para los cultivos de invierno es muy pequeña), no existe esa misma posibilidad. Por eso la soja es el único cultivo que parece encajar en el período de crecimiento estival.

 

Cultivar maíces de segunda en territorios complicados como los nombrados anteriormente es muy riesgoso, al menos con las semillas híbridas para zonas templadas que están disponibles. Teniendo en cuenta que al 1° de enero de cada año solamente menos del 50% de la cosecha fina se levantó y las primeras heladas pueden llegar sobre fin de abril o principios de mayo, con un ciclo de días frescos, los cultivares de maíz disponibles en el país no completan su ciclo o llegan con el grano húmedo a cosecha.

 

Pero una nueva tecnología permitiría poder completar esta rotación que es muy beneficiosa para los suelos y la sustentabilidad general del campo. Porque realizar dobles cultivos aporta diversificación económica, de riesgos, precios, clima, ingresos en distinto momento, etcétera.

 

Pero también el doble cultivo permite aprovechar recursos que de otra forma se diluyen, como el agua de lluvia, o se evita que en los meses fuera de cultivo los lotes se llenen de malezas, o que se terminen degradando esos mismos predios en desuso. En esto hay consenso agrónomico: Intensificar los sistemas agrícolas con dobles cultivos y rotaciones bien planificadas, resulta hoy la mejor forma para estabilizar la producción en el tiempo.

 

 

La solución llegó desde Canadá

 

“El problema era que estábamos tratando de moldear el manejo para que se adapte a los híbridos templados existentes, en vez de buscar un material (semillas) que encaje en nuestras necesidades. Es así que fuimos a los semilleros a ver qué tenían en su portafolio y qué podían llegar a traer. Y ahí fue que Pioneer nos consiguió unas semillas de Canadá de ciclo ultraprecoz”, contó Aníbal Cerrudo, investigador de la Unidad Integrada Balcarce (UIB), que nuclea al INTA y la Universidad de Mar del Plata, en Bichos de Campo.

 

"Probamos con un híbrido tan corto que tenía de madurez relativa (MR) la mitad que los templados que se usan en el país. Ese lo sembramos el 17 de enero”, mencionó el técnico, como una exageración en atraso de fecha. Así y todo, “llegamos a cosecharlo bien -seco- en mayo”, destacó. La variedad de maíz de estos ensayos se desarrolló en prácticamente tres meses con días frescos.

 

Además probaron con otras dos variedades más (de MR 99 y MR 106) y otra fecha de siembra, con resultados igual de exitosos. Los rendimientos logrados rondaron las 8 toneladas por hectárea, un número más que aceptable.

 

 

 Bichos del Campo

 

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