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La amistad, ese claroscuro

En la semana de la amistad nos podríamos preguntar quién nos vendió o hizo creer esa falacia de que un amigo es una luz que siempre brilla en la oscuridad. A veces los amigos son la oscuridad en sí misma. A veces son invisibles, no son infalibles. Y está bien que así sea. Son seres humanos y como tales traicionan, engañan, envidian, compiten, aman hasta la médula y dudan de tu lealtad.

 

“L'amica geniale“ (“Mi amiga genial”) es una serie basada en las exitosas novelas homónimas de Elena Ferrante (pseudónimo de una gran escritora italiana, de la cual se desconoce su identidad) llevada a la televisión por ella junto al director Saverio Constanzo. Paolo Sorrentino, el gran escritor, director y guionista italiano, también produce junto con Constanzo esta íntima e intensa relación de dos amigas en un contexto social difícil que las golpea por pobres, por mujeres, por curiosas y por inteligentes.

 

¿Qué convierte a alguien en “brillante”? o en ¿”estupenda”, “genial”? Quizá muchos pensarán que el talento, el coeficiente intelectual o el saber. El saber es poder, sí, pero no es suficiente para ser brillante. Todo eso no sirve de nada sin seguridad propia, autoestima, personalidad y principalmente, sin pasión.

 

Lila sí es brillante. Todo a su paso se detiene y su presencia en cualquier lugar es como la de un yunque caído del cielo, nunca pasa desapercibida. Y Lenú (Elena), la protagonista de esta historia, es su amiga. Son mejores amigas y crecieron juntas en los suburbios de la Nápoles de la posguerra, donde los barrios empobrecidos ahora son dominados por pandillas familiares que acaparan toda la actividad comercial de la barriada y donde las cucarachas y las familias violentas abundan.  

 

No importa que se caiga el mundo por completo, aunque el panorama de ese barrio gris y deprimente donde Elena Grecco (Margherita Mazzucco y Elisa Del Genio) y Lila Cerullo (Gaia Girace y Ludovica Nasti) crecen, será su relación (y las interpretaciones) lo que mantendrá a los espectadores enganchados.

 

La historia comienza con una Elena adulta, quien recibe un llamado del hijo de Lila, asustado, diciéndole que su madre ha desaparecido. Lejos de asustarse la comprende. Sabe que "es algo que Lila haría".

 

Lila no es un ser humano fácil. Empatizar con ella e inmediatamente detestarla sí lo es. Tanto dentro de la historia como desde este lado de la pantalla se la odiará y se la admirará por igual. La actitud sumisa de la protagonista no la convierte necesariamente en su sombra, pero casi, o así se percibe ella. Lila se adueña de cada lugar que pisa. Elena, en cambio, se lo gana. Ambas son golpeadas por la realidad social y cada una por su lado pretende devolver el golpe y ganarse su lugar. Lenú con el estudio, motivada no solo por el instinto de superación personal, sino de superar a Lila en aunque sea algo.

 

Medio siglo de amistad. Lo que ocurrió entre ellas fue un flechazo, una historia de amor, de superación y de lucha.

 

 

 

 

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