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El dolor de Yemen

Por redacción
| 22 de agosto de 2020

La frase estremece a la distancia a causa de su terrible pronóstico: “Tenemos la obligación moral de advertir al mundo que millones de yemeníes sufrirán y podrían morir porque no tenemos los fondos necesarios para seguir adelante”. Fue pronunciada por los responsables de la coordinación de ayuda humanitaria de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Yemen para advertir que la peor crisis humanitaria del mundo, padecida por 24 de los 29 millones de habitantes de ese país, se agrava por falta de dinero, mientras las agencias de la (ONU) cierran o reducen sus programas de asistencia.

 

El país que ocupa el ángulo suroeste de la Península Arábiga padece una “tormenta perfecta” que apunta a convertir en hambruna la insuficiencia alimentaria de parte de la población, por el deterioro de su economía, nueve años de guerra civil, inundaciones, la plaga de las langostas del desierto y la pandemia del COVID-19.

 

Las agencias de la (ONU) prestaron auxilio con 38 programas, al 80 por ciento de los habitantes, que están en situación de vulnerabilidad y dependen de recibir algún tipo de ayuda o protección. De esos programas, 12 se cerraron o redujeron drásticamente, y antes del 20 de septiembre se producirán nuevas reducciones o cierres.

 

Por ejemplo, desde abril se redujeron a la mitad las raciones de alimentos que se entregan a más de ocho millones de personas en el norte del país, y los servicios de salud reproductiva se interrumpieron en 140 centros.

 

Los servicios sanitarios se recortaron en 275 centros especializados en tratar personas con cólera y otras enfermedades infecciosas, y se suspendieron los suministros para tratar a los pacientes con traumatismos, que casi con toda seguridad morirán sin recibir tratamiento inmediato.

 

Las prestaciones de casi 10.000 trabajadores destinados a la primera línea de salvamento fueron suspendidas.

 

En 189 hospitales y 2.500 centros de atención primaria, la mitad de los centros de salud del país, se detendrá el suministro de medicamentos y provisiones esenciales, y se recortarán a la mitad los servicios de agua y saneamiento.

 

Los responsables de la (ONU) temen que morirán miles de niños por enfermedades y desnutrición, y 70 por ciento de las escuelas no abrirán o funcionarán a niveles mínimos justo a las puertas de un nuevo ciclo escolar.

 

En Yemen, en buena medida producto de la guerra interna, hay decenas de miles de personas desplazadas que no tienen adónde ir o se verán forzadas a soportar condiciones inhumanas de vida.

 

El gobierno de Yemen y el movimiento hutí Ansar Allah llevan más de cuatro meses negociando un alto al fuego para facilitar medidas humanitarias y económicas, sin alcanzar un acuerdo.

 

Si los contendientes no consiguen un punto de encuentro “el país entrará en una fase de más violencia, avance descontrolado de la pandemia y una profunda crisis económica y humanitaria. La hambruna está de nuevo en el horizonte”. El panorama es tan sombrío como puede serlo. Pero el mundo puede y debe ayudar.

 

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