13°SAN LUIS - Domingo 20 de Septiembre de 2020

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Hacer filas, un hábito puntano que ni la COVID-19 pudo romper

El centro de la ciudad muestra gente que espera su turno en la puerta de los locales. En algunos casos no manejan los medios virtuales para hacer trámites. En otros, no funcionan las webs.

Por redacción
| 04 de agosto de 2020
Espera. Pasan largos minutos hasta que pueden ingresar a los locales. Los vecinos aseguran que no siempre se cumple el distanciamiento social. Foto: Martín Gómez.

Al parecer en la ciudad de San Luis muchos vecinos insisten con mantener una normalidad que ya no existe. Las filas de personas que esperan ser atendidas en diferentes comercios del centro ocupan gran parte de su extensión y gran parte de las cuadras, sin excepción. El Diario de la República relevó las razones por las que los puntanos hacen largas hileras y concluyó en que, a veces, las hacen por desconocimiento de las nuevas modalidades vigentes, pero también por falta de manejo de las herramientas virtuales o por fallas en los sistemas de pago que ofrecen las empresas. En otros casos, la decisión de ir a abonar en forma presencial está motivada por la desconfianza que algunos aún conservan sobre los medios electrónicos para pagar.

 

Desde Ayacucho y Rivadavia hasta la esquina de San Martín y llegando a la plaza Independencia puede verse con claridad que cada local de productos o servicios tiene largas filas con diez personas como mínimo y que en algunos casos supera las treinta. Aunque en la mayoría de los casos respetan las distancias mínimas y usan el tapabocas, las caras largas se notan a simple vista.

 

 

Lo único que puedo hacer es buscar los horarios en los que hay menos gente y respetar la distancia social. (Marita)

 

La espera, el alcohol en gel y la trazabilidad hacen que todos los trámites se vuelvan engorrosos. Sin embargo, los puntanos reconocen que son medidas que fueron pensadas por los gobiernos para protegerlos a todos en el contexto de la pandemia. En la puerta de un bazar de la calle San Martín, la última que esperaba para entrar al local era Marita. Manifestó que en cualquier lugar al que iba tenía que esperar su turno. "Lo único que puedo hacer es buscar un horario en el que haya poca gente. Respetar la distancia en general se cumple poco. Es el protocolo y hay que cumplirlo", expresó la vecina que, a pesar de la espera, reconoce que hay que adaptarse a la nueva realidad.

 

 

A la hora de los vencimientos

 

Otros lugares muy concurridos, sobre todo a principio de mes, son los centros de pago como los Pago Fácil o Rapipago.

 

Rosa, una de las usuarias de ese servicio, contó a El Diario su experiencia. "Tengo Home Banking, pero la realidad es que lo uso poco. Estoy aprendiendo de esos sistemas virtuales para evitar anotar mi nombre completo, el horario en el que entro y en el que salgo", destacó, refiriéndose a la tarea de asentar los datos personales en cada lugar al que asiste una persona, para permitir que el sistema de vigilancia epidemiológica haga la trazabilidad, en caso de ser necesario.

 

Remarcó que ese trámite lo hace una vez al mes. Igualmente, cumple con el uso del barbijo y mantiene la distancia.

 

En la puerta de las oficinas de una reconocida tarjeta de crédito, por la calle San Martín, la fila llegaba hasta la esquina de Ayacucho. Tres personas hablaban entre ellas para matar el tiempo y compartían información sobre qué protocolos se usan en los organismos públicos para realizar trámites. José, un hombre de unos 60 años, esperaba para pagar el resumen de su tarjeta. "Hace más de 20 minutos que espero. La fila avanza lenta y la gente cumple muy poco con el distanciamiento. Yo vengo a pagar porque la página web no funciona bien. No entran las claves y finalmente tengo que venir al centro", contó. Unos pasos más adelante estaba Carina, quien, cuando notó la presencia de El Diario, quiso dar su testimonio. "Yo no vengo a pagar. Tengo que hacer un reclamo y por teléfono me mandaron a que viniera. Es decir que no tienen una opción online para ofrecerme y tengo que perder tiempo acá", aseguró en calma, pero con firmeza.

 

En la puerta de la obra social provincial Dosep se juntaban unas diez personas que, en algunos casos y a pesar de ser afiliadas, dijeron que no conocían cuál es la modalidad con la que trabaja la mutual. En la fila había gente con pedidos de todo tipo. Luis, un cabañero de El Trapiche, fue para presentar la documentación de un afiliado que está en su alojamiento. "Entrego esta nota y me hacen el expediente correspondiente para poder cobrar. Tengo que presentarme en Contaduría. Pero antes debo esperar mi turno", explicó.

 

Ante la consulta, la mayoría de la gente no conocía que la atención era con turno. Personal que estaba en la puerta les daba las indicaciones para poder acceder a los trámites y en algunos casos ellos les hicieron la gestión online. La idea era colaborar con las personas que llegaban desde diferentes puntos de la ciudad.

 

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