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Las mujeres, los medios y una imagen para repensar

El modelo, ya fuera de época, de buena madre y mujer amorosa aún marca el rumbo de noticias y publicidades.

Por Florencia Espinosa
| 12 de septiembre de 2020
Violencia simbólica. Cuestionamientos fuera de lugar y el foco en datos poco relevantes son moneda corriente. Foto: Marina Balbo.

Cuando hablamos de la imagen de mujer que construyen los medios de comunicación encontramos que hay muchas facetas y que todas recaen sobre un mismo punto: sostener un rol social y el cumplimiento de estándares asignados a lo femenino. La mirada con perspectiva de género ayuda, desde hace algunos años, a cambiar estos mensajes o, al menos, cuestionarlos. El 14 de septiembre es el Día de la Imagen de la Mujer en los Medios de Comunicación, fecha que se oficializó durante el V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, en 1990, justamente para repensar un modelo cultural que necesita ser reversionado y al que los medios, la publicidad y, hoy, las redes sociales responden.

 

“Los medios masivos de comunicación reflejan esta imagen ideal, la aspiracional, que cumple los requisitos del mandato de belleza hegemónica. Una representación más como objeto, donde la apariencia es la moneda de cambio. O sea, están en esos lugares porque encarnan esos estereotipos de belleza; y las que no, no están en los medios”, explicó Lala Pasquinelli, artista visual y comunicadora, autora del blog “Mujeres que no fueron tapa”, desde donde analiza y cuestiona estos discursos.

 

La activista asegura que esto logra “seguir reproduciendo esta idea de que el único valor de las mujeres es el valor estético”, algo sumamente exigido, pero también “prometedor”, ya que será la puerta de acceso al cumplimento de los demás mandatos sociales: el deseo del amor romántico y la maternidad. “No importa tu inteligencia, tu carrera, tus opiniones, tu pensamiento, lo que importa es que encajes en este modelo. Las noticias o son cosificantes o tiene que ver con este rol, el del amor romántico y la maternidad”, expresó.

 

Lo que pareciera ser algo solamente referido a la imagen, en realidad encierra un entramado que afecta a la construcción de la identidad de las mujeres. “Es un modelo de belleza que está analogado con la virtud. Eso reproduce una subjetividad que nos hace sentir falladas. Y creo que está en la base de la desigualdad entre los géneros, porque desde esa vergüenza y sufrimiento emocional es muy difícil entablar vínculos equitativos o plantarte en un laburo para que tu trabajo sea valorado”, explicó.

 

Esta imagen ideal que construyen los medios, la publicidad y las redes sociales, plagada de estereotipos, es uno de los eslabones que conforman la violencia de género, manifestada en este caso con mayor frecuencia como violencia simbólica, muy común en las publicidades; y violencia política, que sufren muchas referentes del país. “Circula el modelo de la buena madre, más allá de si sos madre o no. La idea es que las mujeres tienen que tener estas características que se les atribuye a las buenas madres: amorosidad, empatía, sumisión, resignar lo propio en pos de lo ajeno, cuidar, proteger, etc. Eso construye con mucha potencia el modelo de mujer, entonces cualquiera que se salga de ese lugar cae en la categoría antagónica de la buena madre, que es la mala mujer”, relató Pasquinelli, y agregó: “Cualquier mujer que exprese sus propios deseos e intereses personales; que quiera mostrar su disconformidad; que quiera exponer sus opiniones; que quiera interesarse por temas que no se supone que le interesan a las mujeres, como el dinero, el poder, la racionalidad; esas mujeres serán disciplinadas, mostradas como malas mujeres”.

 

Los medios han reproducido notas, titulares y fotografías desde donde ejercían (y ejercen) violencia política hacia las referentes de diferentes espacios y partidos, justamente por encarnar un papel ajeno al estereotipo femenino. “A las mujeres de la política se les señala su cuerpo y su personalidad. A las que expresan su deseo de poder o expresan firmeza en sus decisiones se las llama autoritarias, cuando eso en un varón es visto como de buen líder. Tenemos el ejemplo de lo que fue y sigue siendo la figura de Cristina Kirchner, que nos guste o no como cuadro político, es una mujer con una trayectoria extensísima y sin embargo a ella como a muchas otras mujeres de la política, por la firmeza de carácter y las formas que no encajan en este modelo de empatía y amor, se las ha señalado y cuestionado”, detalló Pasquinelli.

 

Y justamente los cuestionamientos, detalles escabrosos, la forma de vestir, de comportarse, la hora en la que volvía a su casa, o si tomaba alcohol son moneda corriente en los relatos de los femicidios, enfocándose en la víctima como forma de justificar lo injustificable: una violencia machista que arrasa con la vida de las mujeres. “Los medios van a hurgar en la intimidad de esas mujeres, van a preguntar cómo las educaron, qué hacía, por qué salió de noche; pero nadie le va a preguntar al femicida nada. Está tan naturalizado que aun cuando lo estamos cuestionando esto se sigue reproduciendo con muy poca mutación”, expresó.

 

Silvina Molina, editora de Género de la agencia de noticias Télam y coordinadora de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género, explicó que “los femicidios surgen por una construcción sociocultural de desigualdad que permite que un hombre crea que tiene poder sobre el cuerpo de la mujer. En ese proceso de cambio cultural estamos los medios. Parte de eso es sentarnos a pensar qué tipo de imagen uso: que sea respetuosa, que sea igualitaria, que no vuelva a victimizar”. Y destacó la importancia del trabajo en equipo, entre periodistas y fotógrafos y de todos quienes integran el proceso de elaboración de una noticia. Su cargo dentro de las empresas periodísticas es una figura nueva que incluyeron varias redacciones del país justamente para deconstruir estos modelos establecidos.

 

 

Hay que ocuparse de los femicidas condenados de la misma manera que los medios se ocupan de Nahir Galarza. Silvina Molina. Editora de Género de Télam.

 

“El morbo está y por eso hay gente que sigue consumiendo noticias de ese tipo, y esas imágenes y relatos siguen dentro de la lógica de los medios porque es la imagen que vende. Por otro lado me parece que hay una mezcla de ignorancia del efecto tremendo que tienen estas fotos en las mujeres que están en situación de violencia, en las hijas e hijos que han perdido a sus madres en contexto de femicidio. Hay mucha falta de empatía”, detalló.

 

“Es un tema que a mí me interpela desde hace mucho tiempo. Qué pasa con la imagen periodística. Hay poco pensado y analizado desde el fotoperiodismo y la igualdad de género y ni hablar con la violencia de género y el femicidio”, explicó Molina, con una vasta trayectoria en periodismo y género.

 

“Los medios saben que hoy hay audiencias muy activas, les importa mucho lo que comentan sus lectores en las redes sociales y se tuvieron que retractar en más de una oportunidad”, dijo la periodista, y recordó el caso de la tapa de la revista Caras, con la hija de Máxima Zorreguieta, en la que se enfocaban en su aspecto físico y por la cual tuvieron que salir a disculparse.

 

Esta semana, sin ir más lejos, un título en La Nación por los 30 años del crimen de María Soledad Morales comparaba el femicidio con “un culebrón con mucho rating”. Tras el repudio, debieron cambiarlo. Los lectores hoy no son los mismos que aquellos de hace tres décadas atrás, cuando las noticias hablaban de “una fiesta negra de alcohol y drogas”.

 

“Hay que lograr que los medios tengan pautas claras y se comprometan políticamente. Me parece importante mostrar a los femicidas. Si en este momento nos pusiéramos a pensar cinco nombres de mujeres asesinadas los decimos de memoria, si queremos decir cinco nombres de femicidas no llegamos ni a tres, porque están invisibilizados. Hay que ocuparse de los femicidas condenados de la misma manera que los medios se ocupan de Nahir Galarza”, puntualizó.

 

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