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Miguel Zeballos, un docente de la acuarela

Uno de los pintores más reconocidos de la provincia, dice que cerró una etapa y que se siente más profesor que artista.

Por redacción
| 19 de septiembre de 2020
Con sus últimos trabajos. Zeballos, en su casa-taller, donde enseña a sus alumnos y, cuando tiene tiempo, despunta el vicio con nuevas obras. "Quiero compartir mis conocimientos", asegura (Chiche Herrera)

Las puertas del banco en el que trabajó durante años Miguel Zeballos cerraron en el 2000. El villamercedino se quedó sin trabajo, pero el panorama era esperanzador. Pocos días antes recibió su título como docente de artes plásticas y el oficio de sus sueños comenzaba a ser una realidad. Durante veinte años, centenares de alumnos de la localidad tomaron clases con él y se instruyeron en la técnica de acuarela, que hasta la actualidad lo acompaña como su fiel amiga.

 

Hoy, ya jubilado, disfruta de dictar clases a los adultos mayores que lo eligieron como referente para no dejar de hacer lo que les genera satisfacción. En su propia casa cuenta con su taller y una gran cantidad de obras que representan su talento nato, que permanece en él desde la infancia.

 

Miguel está seguro de que su amor por la pintura llegó de la mano de sus tíos que los inspiraron a seguir con el oficio. En la escuela garabateaba en los cuadernos de sus compañeros y muchos le pedían que lo ayudaran con algún trabajo. “Me encontré hace poco con varios de mis amigos, quienes me aseguraron que aún conservan dibujos míos de aquella época, como si fueran una reliquia”, aseguró Zeballos.

 

Pero las responsabilidades lo llevaron para otro lado. Luego de terminar la secundaria, Miguel siguió la carrera de Contador Público y un golpe de suerte lo llevó a trabajar como empleado bancario. “Mientras tanto, estudiaba. Para mí la docencia era una deuda pendiente que debía saldar con aquel niño que miraba las pinturas con mucho amor”, expresó.

 

En la Escuela de Bellas Artes se recibió de docente, pero nunca se consideró un artista. “Lo mío es enseñar. Siento que los artistas son egoístas y muchos de ellos no comparten sus secretos con los demás. ¿Para qué me voy a llevar mis conocimientos a la tumba? Siento que es mejor compartirlos con el resto y es por eso que elijo ser maestro ante cualquier otra profesión”, agregó Zeballos.

 

 

 

Mis nietos conservan el gen y el interés por la acuarela; tengo libros y trabajos para que hereden

 

 

Al comenzar a dictar clases se dio cuenta que su interés por la acuarela crecía a lo largo del tiempo y que era una técnica noble y creativa que lo acompañaría por el resto de sus días. Sabe que está considerada compleja "porque a través de una mancha surgen diferentes perspectivas y prueban al autor para que juegue con su imaginación".

 

"Es un trabajo hecho al revés del óleo o del dibujo, que pueden copiarse tal cual. La acuarela te da la posibilidad de soñar e interpretarla de otras formas, un juego que te atrapa con la mancha”, explicó el docente.

 

En los últimos años Miguel también dictó clases particulares de acuarela a un grupo de alumnas de San Luis capital a las que visitaba una vez a la semana. Las restricciones pararon los viajes pero no las ganas de seguir instruyendo a sus discípulas. Ahora se encuentran por WhatsApp para intercambiar conocimientos, consejos y técnicas. Y para no perder el contacto.

 

Durante su tiempo de docente, presentó un sinfín de muestras en distintos lugares de Villa Mercedes como también en la capital y otras provincias. En la actualidad, siente que cerró esa etapa y guarda las obras enmarcadas para la posteridad. Pero sus seguidores y alumnos no pierden la esperanza de volver a ver sus obra expuestas alguna vez.

 

 

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