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Guadalupe Di Falco: la historia de una niñez rota

Tenía 4 años cuando Dora Videla y Miguel Riquelme, la pareja que la tenía a su cuidado, le arrebataron la vida a golpes. Su mamá, Débora Di Falco, también fue juzgada, pero la absolvieron.

Por redacción
| 21 de septiembre de 2020
Dora Videla y Miguel Riquelme, los sentenciados por el crimen. Foto: Archivo El Diario.

 

 

Un dato llegó a la Redacción aquel domingo 12 de septiembre a la tarde: la Policía estaba en Los Inmigrantes al 1500, la continuación de Mitre al norte de la avenida España, en San Luis. Allí, prácticamente todos los vecinos, grandes y chicos, copaban las veredas. Tenían la atención puesta en una casa, aquella identificada con el número 1582. “Ese es 'El Rengo' Riquelme y vive ahí”, dijo un vecino, y señaló a un hombre de unos cuarenta y tantos años que, apoyado en la pared, miraba a los efectivos entrar y salir. Posiblemente nadie, ni los periodistas ni los vecinos, imaginó que él y su pareja, Dora Videla, serían detenidos horas después, porque allí, en la precaria vivienda que compartían, Guadalupe Di Falco, una nena que estaba a su cuidado, había sufrido incontables maltratos y ellos eran los principales sospechosos de haberla matado. Tenía tan solo 4 años.

 

 

 

El asesinato llegó inclusive a los medios nacionales, llevó a las calles, a pedir justicia, a más de dos mil personas e hizo que los ciudadanos se autocuestionaran sobre el no involucrarse, el “no te metas”. Hubo personas que tuvieron la pauta de que Guadalupe sufría, pero no hubo denuncia, no hubo alerta, solo un silencio que estalló cuando la niña ya no estaba y nada había por hacer.

 

El crimen develó, además, la historia de vida de Débora Di Falco, la mamá de Guadalupe, quien fue juzgada por abandono de persona y fue absuelta. Hoy, atravesados por otros paradigmas, se lee con otras claves aquello que hace una década, su defensora, la fallecida Nidia Sartor, dijo con corazón y razón en su alegato: que Débora nunca debió haber sido juzgada, que también era una víctima, ya que desde la infancia había sufrido maltratos, abusos y necesidades de toda índole. Que estuvo sentada en el banquillo por la presión de la opinión pública. Se le exigía maternar a quien no conoció, en su infancia, qué era el amor familiar, los cuidados, la protección. Se le exigía poder y querer ser madre a quien quedó embarazada por primera vez siendo una adolescente, producto del abuso de un prostituyente.

 

 

 

Tras el fallo, Débora se fue a su Mendoza natal, a tratar de recomponer su vida, de la que están ausentes sus dos hijas, Guadalupe y Fátima, la bebé que tuvo en San Luis y que Riquelme y Videla anotaron a su nombre y luego dieron a otra pareja, de forma clandestina. Ellos no se quedaron con la nena: la Justicia intervino y fue entregada a otra familia. El presente de esa niña, que tiene más de 10 años, está bajo absoluta reserva. Ahora, a una década, recordamos algunos de los momentos más destacados de esta historia.