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Blanco, anglosajón y protestante

A la par de la pandemia, el racismo es un tema de debate mundial en la actualidad. ¿Por qué en Estados Unidos es un problema estructural y qué injerencia tendrá en las elecciones presidenciales de noviembre? 

Por Agustina Bordigoni
| 21 de septiembre de 2020
Foto: Internet.

La lucha antirracista tomó una importancia sin precedentes en el proceso electoral estadounidense, que el 3 de noviembre determinará el nombre del próximo presidente. La política llegó a todas las esferas, incluso a la del deporte: LeBron James, jugador de Los Ángeles Lakers en la NBA, impulsó junto a otros deportistas y actores la campaña “Más que un voto”, en la que intentan fomentar la asistencia de los afroestadounidenses a las urnas, brindando información confiable. ¿Por qué hace falta? Porque, según los miembros de la iniciativa denuncian, existen diferentes mecanismos que a través de noticias falsas intentan desalentar el voto negro.

 

Fueron también los mismos deportistas, a quienes Donald Trump acusó de hacer política, los que implementaron nuevas formas de manifestarse como suspender partidos y poner mensajes en sus camisetas (algo que fue permitido por primera vez en la historia de la NBA).

 

Lo cierto es que las protestas esta vez no tienen precedentes en el corto plazo y ya son parte de la agenda electoral. Sin embargo, ¿es suficiente la llegada de un nuevo presidente para cambiar el rumbo de la historia?

 

 

El racismo, una institución

 

Cuando la discriminación por motivos de raza se perpetúa en el tiempo, cuenta con instituciones, leyes y organizaciones que la respaldan, se convierte en una cuestión estructural. Y esa estructura, muchas veces, está institucionalizada. Por lo tanto, no es lo mismo hablar de un acto de discriminación puntual que de una estructura que lo impulsa y lo avala. Ese armazón puede estar basado en ideas, supuestos – muy supuestos– científicos, o ideologías, pero lo importante en este caso son los cimientos que le dan el sostén y que se convierten en las herramientas para la consecución de esas ideas.

 

Podríamos decir también entonces que el racismo en los Estados Unidos, como estructura persistente y comprobable en algunas “instituciones” (leyes, organizaciones, grupos supremacistas, o formas de ordenación social de facto) tiene una larga historia. Esa historia los diferencia del resto de los países del mundo, en los que existen y persisten, también, otros tipos de segregación. Pero, por otro lado es cierto que en ninguno de ellos la historia nacional está tan empapada en cuestiones de esclavitud y de raza.

 

“En Estados Unidos el racismo institucional mantiene a los negros en una situación de inferioridad gracias a mecanismos no percibidos socialmente. El problema ya no es la existencia de doctrinas o de ideologías que apelan más o menos explícitamente a la ciencia, ni siquiera lo que piensa la gente o los contenidos de los argumentos que utiliza eventualmente para justificar sus actos racistas. El problema radica en el funcionamiento mismo de la sociedad, de la cual el racismo constituye una propiedad estructural, inscripta en los mecanismos rutinarios que aseguran la dominación y minimización de los negros, sin que nadie necesite teorizarlos o trate de justificarlos mediante la ciencia. El racismo se presenta, por lo tanto, como un sistema generalizado de discriminaciones que se alimentan o se informan unas a otras: existe un círculo vicioso que asegura la reproducción casi automática de la discriminación de los negros en la vivienda, en la escuela o en el mercado del trabajo”, sostiene el sociólogo francés Michel Wieviorka en su libro “El racismo, una introducción”, publicado en 1998.

 

Si el racismo es una estructura, es claro que los problemas que conlleva son de difícil solución. Mientras existan mecanismos de “dominación y minimización” en base a la raza, resultará complicado abandonar ese círculo vicioso convertido en rutina.

 

Pero ¿dónde comienza ese círculo y qué motivos lo mantienen vigente?

 

 

Auge y caída de la esclavitud

 

En agosto de 2019 se cumplieron 400 años del arribo de los primeros esclavos al territorio norteamericano. Se trataba de aproximadamente 20 personas que llegaron, a bordo de la nave White Lion, al actual territorio de Virginia, por entonces una colonia británica. Los esclavos fueron cambiados por comida al día siguiente. Aquellos primeros africanos, además, habían sido robados a la nave San Juan Bautista, que los transportaba como mercancía desde Angola.

 

El territorio que hoy pertenece a los Estados Unidos se iniciaba así, de manera tardía, en el mundo de la esclavitud. La práctica ya llevaba un siglo en el Viejo Continente. Pero allí el trabajo esclavo no caló tan profundo como en la colonia americana.

 

Desde entonces la historia del país ha estado ligada al tema del racismo como ninguna otra nación. La Guerra de Secesión, ocurrida entre 1861 y 1865, tuvo una de sus raíces en la división entre los estados del norte y los del sur, los primeros a favor de la abolición y los segundos en contra. Abraham Lincoln, que había ganado las elecciones con sus premisas a favor del fin de la esclavitud, sería asesinado hacia el final de esa contienda.

 

 

 

Con el fin de la Guerra Civil vendría el tiempo de la abolición, pero el comienzo de otro periodo que, bajo el lema “separados pero iguales” y con un respaldo institucional con las leyes de Jim Crow, perpetuarían la división entre razas. La idea de los tiempos de la esclavitud seguía vigente: si durante dos siglos los negros podían cambiarse por alimentos y utilizarse como mano de obra gratuita, pasar hacia un pensamiento en el que todos fueran considerados iguales era un salto demasiado grande para un par de décadas.

 

Transporte, escuelas públicas, restaurantes, hospitales, comercios, bares, cines, gimnasios, fuentes de agua, y, en definitiva, todos los espacios de uso común serían el nuevo escenario en donde, una vez más, existirían ciudadanos de primera y de segunda categoría. La discriminación era ley por entonces y lo siguió siendo al menos hasta 1965.

 

Luego empezaría otra etapa: la de la discriminación ilegal pero real en la práctica.

 

 

El racismo, una organización

 

Es también en los EE.UU. en donde la discriminación racial tuvo y tiene más apoyo organizacional que en cualquier otro lugar del mundo.

 

Tras el fin de la Guerra de Secesión y la abolición de la esclavitud, se creó uno de los grupos racistas más sangrientos y temidos en la historia del país. El Ku Klux Klan, creado por los exconfederados del sur en 1865, y cuyo rasgo distintivo (las capuchas blancas) se hizo conocido en todo el mundo. Todavía –y a pesar de las idas y vueltas– tiene su presencia en diferentes estados norteamericanos.

 

Se trata de un grupo cuya filosofía es la de la supremacía blanca, es decir, la idea de que la raza blanca por su superioridad genética debe estar por encima de las demás. Por eso abogaban, desde el comienzo, por la creación de sociedades únicamente blancas.

 

El grupo se fue adaptando a los nuevos tiempos y ampliando su rechazo a otros sectores de la sociedad, como los inmigrantes, los no cristianos y los miembros de la comunidad LGTBI. A la par surgieron otras organizaciones más o menos formales, como el Consejo de Ciudadanos Conservadores, fundado en 1985, y que aún milita por la segregación en los estados del sur; las organizaciones neonazis como Movimiento Nacional Socialista (fundado en 1994); o el Partido Estados Unidos Libertad (2009) que agregó al tema del racismo el odio hacia los inmigrantes.

 

 

Más allá de la discrimación en sí, hay otros factores que perpetuaron el racismo.

 

 

Uno de los más nombrados tras la victoria de Donald Trump es “Alt right” (derecha alternativa), un movimiento creado en 2008 por Richard Betrand Spencer con la propuesta de realizar una “limpieza étnica pacífica” y que opera fundamentalmente por internet a través de las redes sociales, los memes y otras formas que intentan captar a todos aquellos que piensan que la raza blanca está en peligro.

 

Esas derechas alternativas pueden marchar libremente con esvásticas y diversos símbolos violentos aún hoy, un siglo y medio después del fin de la esclavitud. A pesar del tiempo, las heridas siguen abiertas: para las víctimas de ese odio, y para los mismos supremacistas blancos, que en definitiva tampoco pudieron superar aquella parte de la historia.

 

 

El círculo vicioso

 

Volvamos entonces a ese círculo vicioso, el que “asegura la reproducción casi automática de la discriminación de los negros en la vivienda, en la escuela o en el mercado del trabajo”, según las palabras ya citadas de Michel Wieviorka.

 

Más allá de la discriminación en sí, hay otros factores que perpetuaron al racismo. Durante más de dos siglos, la economía estadounidense prosperó, creció y se diversificó, en gran parte, gracias a la mano de obra esclava. Por tanto, además de una falsa idea de supremacía racial (que de hecho ya existía), había un motivo económico para oponerse a la abolición.

 

Las leyes de segregación perpetuaron el sistema de explotación que todavía persiste: en la economía moderna no hay esclavos como los antiguamente concebidos, pero la desigualdad entre blancos y negros, en un sistema en el que estos últimos ganan la mitad que los blancos o nunca llegan a ocupar cargos importantes, permite mantener la prosperidad de algunos en desmedro de otros. Podríamos decir que sin ganadores o perdedores la cosa no funciona.

 

La igualdad de oportunidades parte también de un factor importantísimo para el desarrollo futuro de las personas: la educación. Durante los años de segregación racial existieron escuelas para blancos y para negros, una situación que sorprendentemente persistía todavía al menos hasta 2016 en Cleveland, Misisipi, con poco más de 10.000 habitantes y en el que las autoridades judiciales debieron intervenir (en pleno siglo XXI) mediante un fallo para garantizar la integración de la comunidad educativa en la región.

 

Lo que sucedió en Cleveland, como en muchos otros lugares del país, es que la división que fue legal en las escuelas hasta otro fallo (de 1954) continuó en la práctica por otro tipo de segregación de hecho. Así como existían transportes, hospitales o escuelas para negros, también se fueron formando barrios y asentamientos con algún color predominante.

 

Los guetos fueron la continuación en la práctica de una legislación suprimida pero a la vez vigente: en 1968, mediante la Ley de Vivienda Justa se prohibía la discriminación en el acceso a la vivienda por motivos de raza, religión, origen nacional o sexo. Sin embargo, en los años siguientes, la democratización por ley del acceso a la vivienda no se trasladó a la práctica, ya que muchos blancos comenzaron a vender sus propiedades ante la llegada de familias negras por temor a que perdieran valor, un fenómeno al que se llamó “la gran fuga blanca”. Por tanto, una vez más, el país estaría dividido de facto en transportes, escuelas, trabajos y hospitales para blancos y para negros.

 

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