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Monserrat Gómez: "El amor por el agua es algo de familia"

Fue la primera campeona nacional de natación que tuvo San Luis. Integró la Selección Argentina. Tiene 22 años y estudia nutrición.

Por Daniel Valdés
| 26 de septiembre de 2020
Metales preciosos. "Monchi" muestra orgullosa las medallas y trofeos que ganó a lo largo de su carrera. Foto: El Diario.

Monserrat Gómez es sinónimo de natación. Empezó de muy chica con la disciplina, y con el tiempo se convirtió en una de las referentes de San Luis. Hoy, con 22 años, estudia Nutrición en la Universidad Nacional de Córdoba y espera el momento para volver al ruedo. Mientras aguarda, sigue con su actividad física en un gimnasio virtual.

 

De chica siempre quiso ir a los Juegos Odesur, y por suerte pudo cumplirlo en el 2018. “Me encantó la experiencia y lo que pude vivir, me gustaría repetirlo, poder ir a otro”, contó a El Diario.

 

Es la deportista que más medallas le dio a San Luis en los Binacionales: 19. Vistió la camiseta de la Selección Argentina en los Odesur y en los Juegos Mundiales Universitarios de Nápoles, además de Sudamericanos y Panamericanos. Tiene cerca de 400 preseas en su carrera. Una ganadora por donde se la mire. Su fuerte son los 200 metros pecho, pero también las pruebas de medley 200 y 400 son especialidades en las que se siente cómoda.

 

A los 5 años ya estaba nadando. Dicen que aprendió primero a nadar y después a caminar. “El amor por el agua es algo de familia. Mi mamá nadaba, mi papá buceaba, a mis hermanos también les gusta, no la competencia pero sí el deporte. Y la idea de aprender a nadar también nació por un tema de prevención ante cualquier situación en la pileta de casa, mis papás querían que supiéramos defendernos”, aseguró.

 

 

 Mi primera medalla la gané en Mendoza, en 2009. Fue una sensación única y algo que siempre tengo presente.  Monserrat Gómez.

 

“Monchi” y la natación se eligieron. Al principio fue por medidas de precaución y después siguió con la actividad porque se sentía cómoda, a gusto, disfrutaba estar en la pileta, en contacto permanente con el agua. Podía liberar emociones y encontrarse con ella misma. “Después de mi primera carrera en preinfantil —a los 7 años— y de forma recreativa, me di cuenta de que quería eso, que era lo que me apasionaba. Luego, por los buenos resultados me pasaron al equipo de competición, me fui involucrando más y así comenzó todo”.

 

La adrenalina de ubicarse al lado del cubo le daba un plus especial a sus ganas de competir. Le comenzó a tomar el gustito y a los 12 años pudo colgarse su primera medalla. Fue allá por 2009, en una competencia en Mendoza. Y de ahí, no paró más de coleccionar preseas y de subirse a innumerables podios. Esa chiquita que había empezado tímidamente, ya era una nadadora con proyección y con mucho potencial.

 

Llegaron los Juegos Evita, y con ellos las primeras preseas representando a la provincia. Una sensación única. “Sentí mucha felicidad y orgullo, también era todo nuevo, estaba en juego la clasificación a un Sudamericano Juvenil en el que quedé tercera en clasificación y entraban dos, pero también me sirvió de aprendizaje y de impulso, porque me di cuenta de que quería estar en la Selección y ganarme ese puesto”, dijo.

 

Los Binacionales también la marcaron. Con estos Juegos llegaron el crecimiento y el aprendizaje en su carrera deportiva. Tenía solamente 13 años y aprendió a manejar presiones, muchas veces puestas por ella misma. “Los Binacionales fueron parte importante de mi vida. Aprendí a manejar emociones, sentimientos, adrenalina, saber cómo expresar o canalizar emociones para que me ayuden y no me afecten en la competencia, poder salir de frustraciones o saber cómo manejarlas para que no me perjudiquen en el torneo. Hice amistades. Viví situaciones muy similares a torneos grandes como los Odesur, las mismas sensaciones, esa emoción que te da cuando te entregan la ropa o cuando te encontrás con deportistas en el comedor, el ir a ver otros deportes y que ellos vengan a alentarte a vos. Es algo único”.

 

 

 

Los colores sagrados

 

La convocatoria a la Selección Argentina fue una caricia al corazón. “Monchi” venía de ser la primera campeona nacional de San Luis y no terminaba de procesar esa emoción y felicidad. “Cuando recibí el mail estaba asustada, nerviosa, ansiosa, feliz porque por un lado estaba viviendo ser parte de la Selección Argentina, pero era la más chica, no conocía a nadie. Iba sola (por suerte mi papá me acompañó y el miedo disminuyó un poco), era todo nuevo. Ponerme la ropa de Argentina me llenaba de orgullo porque sabía que no solo representaba al país, sino que también a la provincia”.

 

Los Juegos Mundiales Universitarios que se disputaron en Italia la tuvieron en plena acción. Fue una linda experiencia para la nadadora puntana. “Es una sensación totalmente distinta a la de otros torneos. Sabés que competís entre jóvenes mayores, que tienen otra prioridad que es su estudio universitario, pero que no hemos perdido la pasión por la competencia, hay una camaradería distinta. Estos torneos son de gran ayuda para evitar el abandono de los jóvenes que tienen que dejar la competencia por el estudio”, afirmó.

 

Tuvo muchos buenos torneos. Unos sirvieron para podios y otros para ganar experiencia, pero a la hora de elegir se queda con tres: los Binacionales de Viña del Mar en 2014, el Sudamericano Juvenil de 2015 y los Odesur de Cochabamba de 2018.

 

 

Me encantó la experiencia de los Juegos Odesur. Es algo que siempre soñé y ojalá pueda repetirse" Monserrat Gómez.

 

En busca de la vuelta

 

Monserrat Gómez es disciplinada, compañera, empática, exigente y poco conformista, le gusta ir por más. Es familiera. En cada logro, en cada podio, siempre está el agradecimiento. “Soy una bendecida por la familia que me tocó, me apoyan siempre. Cuando tenía torneos importantes respetaban mis horarios de comidas y sé que no es fácil, pero se adaptaban a mi vida de deportista, siendo que ellos no lo tenían que hacer. Mi mamá Alicia, mi papá Jorge y mis hermanos Agustín y Pilar son un pilar importantísimo en todo lo que viví”.

 

El presente la tiene estudiando, pero no descarta la posibilidad de regresar. La natación es parte importante de su vida. La pileta es su hábitat natural. Su lugar en el mundo. Monserrat Gómez, la máquina de ganar medallas que tiene San Luis, se tomó un respiro para tomar más impulso y volver con todo.

 

 

 

 

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