13°SAN LUIS - Domingo 20 de Septiembre de 2020

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Cuando negociar no es un negocio

“El Faro”, un medio de comunicación salvadoreño, presentó la semana pasada los resultados de una investigación que da cuenta de negociaciones clandestinas entre el grupo Mara Salvatrucha (MS-13) y el presidente, Nayib Bukele. 
El Salvador es uno de los países más violentos del mundo. Pandillas como MS-13 son las responsables de la mayoría de los crímenes que se cometen en esta nación y las culpables, también, de que miles de personas migren escapando de la violencia.
Sin embargo, durante el último año, el presidente se jactó de conseguir cifras históricamente bajas de homicidios, algo que atribuye a su política de “mano dura” respecto a estos grupos criminales.
Y si bien es cierto que los asesinatos bajaron (fueron un 56% menos que en 2019) y que eso le valió el apoyo de gran parte de la población, las investigaciones periodísticas sugieren que no se trata de una estrategia de combate exitosa, sino más bien que esta baja en los números es producto de una negociación.
Esas reuniones, según “El Faro”, habrían ocurrido entre junio de 2019 y agosto de este año: “los representantes del Ejecutivo y la MS-13 han negociado la reducción de homicidios, beneficios carcelarios y promesas de largo plazo vinculadas al resultado de las elecciones legislativas de 2021”, puede leerse en la nota del medio, en la que además hay copias de la documentación que prueba la existencia de esos encuentros.
Pero no todo fue avance de 2019 a hoy. En abril de este año, y ante el aumento de los crímenes, Luna Meza, viceministro de Seguridad y director del sistema penitenciario, anunció por Twitter la medida de mezclar a los miembros de diferentes pandillas en la misma celda para evitar que se complotaran (y de paso generar un conflicto seguro entre pandilleros que son enemigos entre sí y que utilizan métodos muy violentos para solucionar sus diferencias). “En este gobierno no habrá beneficios y privilegios para ningún miembro de la estructura criminal”, afirmaba. Las imágenes de cárceles abarrotadas en tiempos de pandemia dieron la vuelta al mundo. 
Esa medida duró poco. Según la investigación el gobierno dio marcha atrás, aunque no hubo ningún anuncio al respecto. Pero, ¿por qué habría de endurecer la postura si venía negociando desde 2019?
En un proceso de negociación, además de haber altas y bajas, hay cuestiones en las que las partes están dispuestas a ceder. Si el gobierno quiere mantener bajos los números de homicidios y ganar una mayoría parlamentaria (de la que carece actualmente) con el apoyo de las maras, entonces debe ofrecer algo a cambio. Los pequeños privilegios dentro de la prisión fueron suficientes por un tiempo, pero no alcanzó. Entonces la estrategia cambió, y la presión como demostración de poder fue anunciada con bombos y platillos: habría entonces una nueva concesión que hacer para seguir obteniendo el mismo “beneficio”. 

 

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