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La tirolesa más grande de Argentina es el gran atractivo en El Trapiche

Uno de los tramos es de 400 metros de longitud y el otro suma otros 700. Todo el viaje se hace a una altura máxima de 80 metros.

Por redacción
| 31 de enero de 2021
El hermoso paisaje se puede disfrutar a unos 80 metros del suelo en un paseo que en total suma unos quince minutos. Fotos: Martìn Gómez.

 

 

Uno de los atractivos más importantes que ofrece El Trapiche a todos sus visitantes desde hace dos años es el viaje por la tirolesa, ubicada en el Mirador del Lago (ruta 9, kilómetro 37,5). Es promocionada como “la más grande de Argentina”, donde se tardan 35 segundos en bajar y otros 45 para regresar. Y aunque parece poco tiempo, tanto Agustín Ponce como Agostina Tzarovsky, dos de los instructores que trabajan allí, dijeron que “se disfruta muchísimo. Y en particular es mejor el tramo de vuelta porque se puede apreciar mejor el paisaje”.

 

El primer "viaje" mide 400 metros en bajada y el segundo otros 700 metros, pero en subida, que es el más largo de todo el país.

 

Además, incluye una caminata para cambiar de cable de unos 300 metros y todo el viaje se hace a una altura máxima de 80 metros del suelo.

 

 

 

“Es un lugar divino para conocer una de las tirolesas más grandes de la Argentina en un entorno turístico bellísimo”, dijo Agostina. Y lo repite al darle la bienvenida a cada interesado en este viaje fantástico. La joven contó que al ingresar y tras hacer la trazabilidad, "lo primero que hacemos es ponerle un arnés, los guantes y el casco. La persona debe tener puesto su barbijo y por supuesto mantenemos el distanciamiento. Después subimos a la primera torre de salida y vinculamos el arnés con una polea a las dos líneas que pueden soportar hasta 3.000 kilos”.

 

Una vez que el pasajero está “conectado” al poderoso hilo de acero se le brindan las nociones básicas para hacer el gran salto: “Son los conceptos técnicos para poder tirarse y también les decimos que para frenarse deben poner la mano más hábil atrás y al mismo tiempo el instructor que lo espera en la otra torre lo va guiando”.

 

Lo que propone Agustina es “disfrutar del viaje y del paisaje, pero sintiendo la adrenalina; lo que hace que se transforme en una experiencia muy placentera”. Además, reiteró que “es un paseo que puede hacer toda la familia y no se van a arrepentir”.    

 

El horario de funcionamiento es entre las 11 y las 20 y las personas que pueden participar son los mayores de seis años que no tengan ninguna dificultad de salud como problemas de corazón o respiratorios.

 

Los niños y niñas menores de 10 años lo hacen junto con un instructor; lo mismo rige para los adultos mayores de 70 años. “Para el resto, con las indicaciones que les damos antes de salir es suficiente para que se animen a hacerlo solos”, indicó Agustín, otro de los cinco instructores que tiene el complejo. En cada una de las tres torres que incluye el recorrido siempre hay uno de los jóvenes para acompañarlos y ayudarlos en ese viaje.

 

 

La segunda tirada es la que disfrutan mucho más. Siempre llegan contentos y con ganas de repetir la experiencia (Agustín Ponce)
 

El horario más recomendado para hacer este viaje es a partir de las 18, cuando baja la intensidad del sol y se puede disfrutar tanto el envión por el cable como la pequeña caminata que se debe hacer desde una de las torres hasta la otra plataforma que está en lo más alto. El viaje individual vale 1.100 pesos, pero si lo hacen dos o más, el precio se reduce hasta los mil pesos por persona.

 

Por supuesto que se cumplen todos los protocolos de cuidado por la pandemia de coronavirus como desinfectar cada uno de los equipos luego de que se usan.

 

Las personas deben llevar tapabocas, realizar la trazabilidad correspondiente y se cuida la distancia de dos metros. Lo mismo sucede cuando se realiza la caminata entre las dos torres.

 

La gente que se anima a la aventura después le cuenta a Agustín que “al principio van un poquito asustados, pero enseguida le pierden el miedo. Y la segunda tirada, cuando vuelven, la disfrutan mucho más. Siempre llegan contentos y con ganas de repetir la experiencia”.

 

Incluso contó que algunos se animan a venir más de una vez durante su estadía: “Conozco al menos el caso de dos chicos de El Trapiche, que son hermanos, que desde que estamos ya han venido unas 6 veces a tirarse. Y los recuerdo bien porque todas esas veces pidieron hacerlo conmigo”.

 

 

 

El hecho de ir “vinculados” a los instructores es una forma de hacer seguros el viaje, sin embargo, Agustín explicó que “en el caso de los menores de edad es aconsejable hacerlo con alguno de los instructores porque eso les da más tranquilidad a los chicos y sus padres. Pero a los mayores de 18 años se los convence para que lo hagan solos, porque igual nosotros estamos cerca para ayudarlos en lo que necesiten”.

 

A veces el viento suele jugar una mala pasada y puede suceder que la persona no consiga llegar con su propio envión hasta la torre. Pero aún para esa circunstancia también están preparados: “En el primer tramo de 400 metros es muy poco probable que suceda eso porque se deberían dar dos condiciones: que la persona sea muy pequeña y que el viento sea extremadamente fuerte. En cambio en el trayecto de los 700 metros, al no ser recto, sino que tiene una curvatura, pasando la mitad del recorrido puede que el viento en contra lo frene a unos 100 metros del final. En ese caso nosotros los rescatamos a través de una polea, un mosquetón y una soga. Eso se desliza por el cable de acero y nosotros lo acercamos hasta donde está la persona".

 

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