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“Hay un montón de Micaelas con su mismo compromiso e ideales”

Los papás de Micaela García dictan talleres y colaboran en la implementación de la ley que lleva el nombre de su hija. Aseguran que el afecto de la gente los ayuda a llevar el dolor.

Por Florencia Espinosa
| 29 de agosto de 2021
Trabajo. "Yuyo" y Andrea viajan por el país para mantener presente el recuerdo de su hija Micaela García. Fotos: Alejandro Lorda.

Un colibrí revoloteaba en uno de los árboles con sus movimientos agitados, pero con la calma propia de la naturaleza cuando está por llegar la primavera. Era llamativo, con colores vibrantes y con la belleza característica de esas aves. Pero para Andrea Lescano tiene otro significado, otra belleza. Ella lo sabe. Lo mira y sonríe. “Siempre que estamos al aire libre aparece un colibrí. Siempre”, remarca. Y ahí la ve a su “Negra”, su hija, Micaela García, quien murió en 2017 víctima de femicidio. La joven que “les sigue marcando el camino” y que también le marcó el camino a una sociedad que necesitaba urgente una ley que capacite al Estado en perspectiva de género. Una ley que lleva su nombre y que aspira a lograr el mundo que ella soñaba: “Sabemos que hoy Mica estaría militando esta ley, que seguramente tendría otro nombre”, dice Andrea, como un recordatorio de que la violencia de género no perdona.

 

Andrea tiene un rostro que resulta familiar, aunque uno nunca la haya visto. Hay un rasgo en su cara inconfundible. Tiene la sonrisa de Micaela. Esa misma sonrisa que lleva la joven en la calcomanía que pegaron en el termo de agua caliente, al lado de otro sticker que pide justicia por Marielle Franco, otra mujer asesinada en Brasil. De nuevo el recordatorio, la violencia de género no perdona. Ni edad, ni nacionalidad, ni clase social, ni económica. Basta con ser mujer para estar en riesgo.

 

“Yuyo” García habla pausado, pero muy convencido. Cuando la nombra a Micaela se le iluminan los ojos. Asegura que está cansado, física y emocionalmente. Los talleres y capacitaciones que llevan adelante con su fundación, y con los que viajan por todo el país, agotan, pero también reconfortan. Sabe que es el legado que les dejó su hija y es la forma de sentirla cerca. “El dolor siempre va a estar, pero transitarlo con acompañamiento, con afecto, haciendo actividades y talleres para construir la sociedad que Micaela soñó le da un poco de sentido a todo esto”, dijo.

 

Los papás de Micaela García brindaron una entrevista exclusiva a El Diario de la República, en la que recordaron a su hija y sus ideales y convicciones. Contaron cómo es su vida hoy, dedicados plenamente a colaborar, asesorar y hacer cumplir la Ley Micaela, para la que aseguran que el mejor camino es el participativo y práctico: “Elegir este camino del debate, de la educación popular, es lo que hay que hacer. Si seguimos repitiendo cuestiones teóricas y no las bajamos a la realidad cotidiana, la transformación no va a ser posible”.

 

 

La Ley Micaela fue promulgada el 10 de enero de 2019 y establece la capacitación en perspectiva de género para los tres poderes del Estado.

 

 

—¿Cómo se sienten cuando viajan por el país invitados a dar talleres y capacitaciones?

 

Andrea: Esto de recorrer y estar es como tenerla a nuestra “Negra” presente. A pesar de que emocionalmente es complejo, emocionalmente te cansa, te agota, porque a uno, a pesar de que no quiera demostrarlo, en algún punto le afecta. Pero todo el cariño que vos recibís es en realidad cariño para Micaela por todo lo que ella hacía y se visibilizó y que muchos otros jóvenes también lo están haciendo, no es solamente Mica. Ese es el legado que tenemos de ella y por eso lo seguimos haciendo. Muchos chicos y chicas lo vienen haciendo, no estaba bien visto que seas militante. Porque a través de los medios hegemónicos se mostraba que si estabas militando era para robar o en beneficio propio, no para un acompañamiento o solidaridad; y Micaela mostró eso. Esto también impulsó a que muchos se animen a participar y estar.

 

“Yuyo”: En relación a lo que dice Andrea, nosotros vemos a Micaela cuando hacemos nuestras actividades; hay Micaelas por todos lados. Porque en un momento se la quiso mostrar como una excepción para bajar la lucha de todo lo que ella hacía y nosotros nos negamos a eso. Hay un montón de Micaelas con sus mismos ideales y compromiso, luchándola todos los días para cambiar la realidad, como la cambiaba ella. Pero es cierto que nos afecta también emocionalmente. Hay un cuento muy lindo de Eduardo Galeano que habla de la felicidad y dice que la felicidad perfecta la tiene un niño, porque todavía no tiene memoria, y también la tiene un abuelo que ha perdido toda su memoria, y ese no tener memoria es lo que le da la felicidad. Pero termina el cuento diciendo "yo esa felicidad no la elijo". Y la verdad que nosotros, aunque nos duela y nos recuerde que Micaela no está, no queremos esa felicidad sin ese recuerdo y sin esa memoria.

 

 

—Sus palabras, su lucha y sus ideales siempre están presentes.

 

Andrea: Sí, porque los hijos te van indicando el camino. Es un aprendizaje día a día, lo tenemos con los tres varones. Ellos mismos te van marcando las cosas que quieren. Siempre les dimos la libertad de poder elegir. Nunca coartamos sus decisiones, a pesar de que algunas duelan. Y con Mica éramos muy compinches. Yo estudiaba con ella los fines de semana. El año en que pasó lo de Mica me recibí, pero me costó horrores seguir estudiando sola. Tampoco pude volver a trabajar, porque tengo pérdida de memoria corta y es un riesgo, porque yo soy licenciada en Seguridad e Higiene y respondo penalmente por la vida de otras personas; no puedo olvidarme de algo durante alguna inspección. Hará un año que en fechas claves me cuesta mucho recordar, hacer algo, me olvido de las cosas. Me dijo el psiquiatra que esto es como un método de defensa de tu mente para no asumir ciertas cosas. Te va cambiando la vida y Mica siempre me decía que me involucrara en esto. En gran parte estoy haciendo lo que ella quería: ayudarla en la organización administrativa en la fundación. Ella me decía: "Vos siempre dejás para después y el después no existe, mamá. Lo que te guste hacelo hoy, porque no sabés lo que te va a pasar". Gran parte de eso es lo que hago.

 

 

 

 

—¿Qué tipo de talleres hacen?

 

Andrea: Actualmente estamos haciendo talleres no solo de violencia de género, sino perspectiva de género. Todos lo relacionan con violencia, pero hablamos también de desigualdades estructurales, que también son formas de violencia; de los mandatos que tenemos como sociedad, que hemos tenido toda la vida; de cómo empezar a desandar esa parte. Por eso pedimos que a los talleres no le pongan en el nombre violencia de género, porque condiciona a la persona que va, especialmente a los varones heterosexuales que no quieren ir a estos talleres porque son de violencia de género. Y lo que nosotros queremos ver son los privilegios que tiene el varón frente a la mujer y cómo teniendo al lado a alguien podés escucharlo y ponerte en el lugar del otro, como para ir cambiando todas estas acciones que hacemos día a día y que afectan la crianza de nuestros hijos e hijas.

 

“Yuyo”: También hay un doble objetivo con estos talleres: por un lado, las personas que asisten, que tal vez algunas de ellas inician un proceso de transformación, pero también es mostrar una forma de lo que nosotros creemos que es una manera de implementar la Ley Micaela. No solo desde una charla teórica, sino de una práctica concreta y cotidiana. Nosotros iniciamos la actividad con una dinámica que se llama juego de las esquinas, donde pegamos cuatro carteles: uno dice “Siempre”, otro “A veces”, otro “Nunca” y otro “Casi nunca”. Y le hacemos preguntas, como por ejemplo: “Cuando eras chico ¿te vestían de rosa?” Cada uno se mueve, se mira dónde está, se identifica. Es muy visual y quedan en evidencia cosas de la cotidianidad. Ahí no pueden ocultar que hay una asignación de roles. Queda muy marcado. Y hay un grupo de varones que se estacionan en “Nunca” y no salen de ahí. Entonces ahí se ve quiénes se ocupan de las cosas y la asignación de roles por cuestiones de género. Pero se ríen, se divierten, se miran. Y ya si hay alguno que estaba un poco a la defensiva, se le va un poco esa actitud.

 

 

—¿Qué evaluación hacen de la implementación de la ley en estos años?

 

"Yuyo": Nosotros creemos que está muy condicionado por la pandemia. Se está abusando mucho de las charlas en una única dirección. Es decir, personas que saben que depositan sus conocimientos en personas que no saben. Y nosotros creemos que esto no debe ser así, creemos en la construcción colectiva, en la construcción de saberes colectivos a través de la educación popular, que los saberes se construyen entre todas las personas que estamos participando. Siempre decimos, y lo recordamos nosotros porque a veces no es fácil, que si podemos terminar las actividades y las personas no identifican lo que nosotros pensamos de cada tema es lo ideal, porque el taller es de las personas que están participando y el aprendizaje así es mucho más fuerte. Si nosotros decimos lo que pensamos, hay personas que van a decir que estamos adoctrinando o que queremos convencer. Si lo mismo que pensamos nosotros lo dice alguien que está participando en el taller, el efecto que tiene es mucho más fuerte. Hay un abuso de capacitaciones, sobre todo a las autoridades, en un formato de acto que tiene más que ver con mostrar algo que con que las personas vayan transformando sus prácticas. Es un proceso, esto se tiene que ir dando paulatinamente. Vemos que cada vez se van acercando más a lo que han escrito y a lo que nosotros entendemos que tiene que ser, entonces los objetivos están claros y hay una dificultad de llevarlo a terreno por cuestiones operativas que pueden llevar a solucionarse. Nuestro miedo es que siga así por más que la pandemia pase, seguir con un Zoom virtual que es más fácil. Pero hay que verlo como un proceso, estamos en el inicio de la Ley Micaela, nunca un trabajador o una trabajadora del Estado fue citado obligatoriamente para ninguna capacitación de ningún tipo y ahora se lo está citando para estas cuestiones que dividen aguas, y eso es parte de un proceso que está en sus inicios y que se tendrá que ir ajustando.

 

—No como una bajada de conocimiento vertical, sino más participativo...

 

"Yuyo": En eso consiste la educación popular. Nosotros desde la fundación estamos pensando en hacer un taller de educación popular, porque hay muchas personas formadas en género pero que heredan el sistema de educación tradicional, que se basa en la transmisión de conocimiento del que sabe al que no sabe. Andrea siempre arranca así: “Todos tenemos nuestros saberes, la vida te da saberes”. La educación popular comienza con un conocimiento de la realidad, del lugar donde se va a intervenir. Estos talleres enlatados no sirven. Cada localidad es diferente a otra en la visibilización sobre la temática. Imaginate lo que puede pasar con un taller en la ciudad de Buenos Aires, o con un taller en Tilcara, Jujuy. La sociedad es muy distinta. Es importante elaborar un plan de capacitación progresivo y que cada lugar tenga su gente que capacite, que conoce la sociedad de la región.

 

Andrea: La ley te dice que tenés que tener indicadores cualitativos para medir el impacto de la capacitación. Tradicionalmente son evaluaciones de conceptos, pero acá no es así, es transversalizar, es decir, ver cómo llevar estos conocimientos a la realidad. Esa es una evaluación para nosotros en educación popular, cómo mejorar, por más mínima que sea, una acción con lo que vos tomaste del taller, que te permita empezar a ver otra cosa. Ya eso es una reflexión interna que te permite ver qué es lo que estás haciendo, y para nosotros es un gran paso. Eso ayuda a cambiar pequeñas cosas y así lograr grandes cambios.

 

“Yuyo”: Lo que nos sucede cuando pedimos eso es que a las personas que no tienen educación formal les resulta resencillo proponer cómo mejorar su ámbito de trabajo o de pertenencia. Y las personas formadas tienden a desarrollar teorías, a fundamentar. Y no, lo que estamos pidiendo es que pienses algo para cambiar tu lugar de trabajo, por ejemplo. Elegir este camino del debate, de la educación popular, es lo que hay que hacer. Si seguimos repitiendo cuestiones teóricas y no las bajamos a la realidad cotidiana, la transformación no va a ser posible.

 

 

—¿Y con respecto a la implementación de la Ley Micaela en los medios de comunicación?

 

Andrea: Estuvimos trabajando con los asesores de cada una de las diputadas que presentaron el proyecto. Está bastante resistido por parte de los medios. Tuvimos muchos inconvenientes, porque el medio de comunicación está muy dividido en cuanto a gráfica, digital, audiovisual; no hay un ente que nuclee a todos. Fue difícil que nos den los estatutos para ver si en algún lugar decía que se podía aplicar sanciones. Al principio estos proyectos tenían sanciones monetarias. Nosotros no creemos en el punitivismo, sino en algo que realmente permita el cambio, porque los medios más grandes pagan las multas y se acabó, pero a los más chicos los puede fundir. Y que haya organizaciones que puedan garantizar el cumplimiento desde adentro. Capacitaciones, contralor, que den minutos de aire, algo que cueste. Que la sanción venga por ahí, que los haga reflexionar, no que paguen una multa y listo. Esperemos que no pierdan estado parlamentario.

 

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