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Esparcir abono orgánico de manera pareja y sustentable

La firma de la familia Apecetche brindó una demostración a campo en Eleodoro Lobos, donde presentó una nueva tolva que aprovecha al máximo las bondades de la bosta de los feedlots.

Por Marcelo Dettoni
| 14 de agosto de 2022
Máquina. El chasis Iveco Tector lleva una tolva que carga 20 toneladas en cada viaje. Fotos: Revista El Campo e Ikurriña Silajes.

La fertilización orgánica es un recurso que ha cobrado auge en los últimos años, ya que brinda una recuperación efectiva a los suelos degradados por el uso constante que le da la agricultura intensiva. No es otra cosa que agregar fuentes nutritivas producidas en base a materiales ciento por ciento de origen natural. Pero claro, deben aplicarse a altas tasas, lo que requiere de una planificación y una tecnología que hasta ahora no estaba al alcance de los productores de todas las escalas.

 

 

Detalles técnicos. Eduardo Apecetche dirigió la charla en el campo El Zapallar. Se esparció abono sobre un rastrojo de soja.

 

 

Solución ambiental

 

Lo habitual es recurrir a la fertilización inorgánica, a través de soluciones que contienen nitrógeno, fósforo y otros minerales, pero la ventaja de utilizar productos orgánicos radica en el bajo costo, ya que son derivados de la generación natural de los animales (bosta), por lo que también son una solución ambiental en el caso de los feedlots y los tambos, que en caso contrario necesitarían de una inversión en el tratamiento de esos efluentes.

 

Con el objetivo de que más agricultores y ganaderos de San Luis conozcan el proceso de fertilización orgánica y sus métodos de distribución en el suelo, la firma Ikurriña, que lleva años visitando la provincia cada campaña con su especialización en la confección de silajes, mostró de qué se trata su nueva inversión en un camión y tolva que ayuda a esparcir el abono orgánico por los suelos luego de la cosecha de soja y maíz.
 

 

20 toneladas carga la tolva de origen alemán que incorporó Ikurriña a su parque automotor. En 45 días logró esparcir 20 mil toneladas de abono orgánico en un campo de Santiago del Estero durante la actual campaña.


“La distribución de abono orgánico viene a cerrar un círculo virtuoso, ya que los desechos animales vuelven al campo”, dijo en la presentación Eduardo Apecetche, el dueño de la firma radicada en la localidad bonaerense de General Rivas, quien contó con un guiño de la familia Horas para llevar adelante el encuentro, ya que se realizó en el establecimiento El Zapallar, en Eleodoro Lobos, propiedad de Guillermo y sus hijos, excelentes anfitriones de la treintena de productores que se dieron cita en una mañana fría y destemplada.

 

La charla tuvo una parte teórica, que llevó adelante Facundo Apecetche, ingeniero agrónomo y un estudioso de las bondades del abono orgánico, y una práctica, en la que los invitados pudieron comprobar a campo cómo funciona la máquina marca Joskin, de origen alemán, montada sobre un chasis Iveco de alta potencia.

 

Técnico. Facundo Apecetche dio detalles agronómicos y económicos del servicio.

 

 

“Está comprobado que es la que mejor desparrama abono en el mundo, porque es muy fuerte. La hemos probado en un campo de Santiago del Estero y en 45 días esparcimos 20 mil toneladas con un andar parejo y efectivo”, agregó el dueño de Ikurriña, quien dejó algunas especificaciones técnicas: “Tiene un ancho de labor de 18 metros, pero hay que solapar tres metros de cada lado, por lo que queda en 12. Avanza a unos siete kilómetros por hora y puede cubrir 25 toneladas por hectárea. Cubre 0,80 hectáreas por viaje, porque carga 20 toneladas. Tarda unos siete minutos para hacer una hectárea”.

 

 

Distribución. La tecnología que importó Ikurriña permite que sea pareja y eficaz.

 

 

En el caso de los feedlots, lo ideal es limpiar una vez por año los corrales. Es mejor hacerlo en verano, para que la bosta comience un proceso de compostaje natural. Cuanto más se pueda deshacer, mucho mejor, ya que así la tolva, que está equipada con una puerta de hierro que se levanta de manera vertical y tiene unos sinfines en la parte de atrás que van desmenuzando la bosta a su paso, no arroje "piedras" demasiado grandes que dificulten el esparcido del material e incluso puedan romper ventanillas y otras partes del camión.

 

 

Adaptaciones criollas

 

Bien "a la argentina", los operarios de Ikurriña, una vez comprobado el funcionamiento, le agregaron al acoplado una pollera de acero que aporta a la estética y evita que se ensucie la parte de abajo del rodado. También le subieron la altura con dos listones de madera, que impiden la pérdida de abono sin pasar por los sinfines. El abono llega a la parte trasera a través de un sistema de cadenas, con una cinta que mueve las 20 toneladas. “Cuanto más seco el estiércol, mucho mejor. A nosotros nos ayuda mucho que el productor haga un acopio previo del material”, dijo Apecetche mientras ponían en marcha la máquina, antes de trasladarse todo el auditorio a un campo con rastrojos de soja de la última campaña, donde sería la demostración práctica.

 

 

Carga. La tolva es marca Joskin, de origen alemán. Hay muy pocas en la Argentina.

 

 

Ikurriña trabaja sobre todo con clientes de feedlot y apenas tres tambos, uno en la zona de El Amparo y otros dos en Córdoba. “Hace 26 años, cuando arrancamos, ensilábamos en tambos de punta, pero se hizo inviable, entonces pasamos a sumar clientes con engorde a corral y otros que hacen cría. Con el abono va a pasar lo mismo, vamos a empezar con lotes que tienen cultivos intensivos y creo que terminaremos abarcando también los de pastos duros, como el Gatton Panic”, se proyectó el dueño, a quien todos en San Luis llaman el Vasco, por razones obvias, que incluyen también la bandera de esa región autónoma que abarca el norte de Francia (de donde proviene la familia de Apecetche) y España en el escudo de la empresa.

 

 

“No es grave no compostar, pero hacerlo tiene ventajas porque la pila logra uniformidad y se hace más fácil de distribuir", Facundo Apecetche (Ingeniero Agrónomo)

 

A su turno, su hijo Facundo arrancó su presentación asegurando que “el que entiende el valor del estiércol, no deja de hacerlo y va intensificando su uso productivo. No es una moda pasajera, es un estilo de fertilización que llegó para quedarse”. Ellos son pioneros en Argentina en este método de distribución a campo: “Hay un par de máquinas, sobre todo en el norte del país, pero falta formación académica para entender de qué se trata de manera global”, afirmó, para agregar que “se puede tener la mejor maquinaria y ser un productor de punta, pero es un aprendizaje constante”.

 

 

Invitados especiales. La empresa de la familia Apecetche tiene muchos clientes en San Luis y un grupo se acercó a la charla.

 

 

Ya inmerso en la charla, este ingeniero agrónomo que está trabajando en Barcelona se preguntó: “¿Es rentable el abono orgánico?” Y enseguida se contestó: “Es una medición injusta analizar la influencia que tienen el nitrógeno, el fósforo y el potasio en una tonelada, ya que hay otros minerales. Además, la fijación de carbono de la fertilización natural no la tiene ningún producto inorgánico de los que pululan por el mercado. No se puede medir la influencia del carbono en su justa medida en cuanto a lo que implica para la salud del suelo”.

 

“La enmienda orgánica viene a satisfacer las necesidades del suelo, no solo de los cultivos”, agregó Apecetche, quien recurrió a una publicación belga para valorizar lo que significa una tonelada de este material natural. El escrito asegura que con un buen estiércol esparcido cada año, hacen falta 20 años para ganar un 1% de materia orgánica. Sin embargo, se requieren 10 años sin abono para perderla.

 

 

“Tiene un ancho de labor de 18 metros, pero hay que solapar tres de cada lado. Avanza a 7 km/h y cubre unas 25 toneladas por hectárea", Eduardo Apecetche (dueño de Ikurriña Silajes)

 

El profesional desmenuzó lo que ocurre con los minerales naturales que requiere el suelo en cuanto a reacciones químicas y también hizo una ecuación económica para demostrar lo valioso que es esparcir materia orgánica. En nitrógeno, hizo una lógica conversión a urea, que es el fertilizante que lo aporta en una fertilización inorgánica. “Una tonelada de enmienda orgánica contiene 5,8 kilos de nitrógeno, la conversión a urea hay que hacer multiplicando por 2,17, lo que da 12,6 kilos de urea por tonelada. Un carro de 20 toneladas entonces contendría 252 kilos de urea, a 700 dólares la tonelada (“siendo generosos con los precios de hoy”, aclaró), tendríamos un costo de U$S 176 por camión”, calculó.

 

 

Presentación. Eduardo Apecetche, el dueño de Ikurriña fue quien dio la bienvenida.

 

 

Claro, la disponibilidad para el suelo es mucho más lenta que en el caso de la fertilización inorgánica, que es instantánea. Los libros hablan de un 10% el primer año y otro 20% en el segundo. Sería más rápida en el caso de guano de gallina, ya que el 60% está disponible el primer año y tiene más contenido de nitrógeno, pero también hay desventajas: se recolecta menos y es más peligroso debido a la conductividad eléctrica y la salinidad que deja en el suelo.

 

En el caso del fósforo, una tonelada de abono incluye 5,1 kilos. En este caso la conversión a fosfato diamónico (DAP) hay que hacerla por 4,9, lo que arroja 25 kilos por tonelada y lleva a un carro de 20 a tener 500 kilos de DAP. A U$S 800 la tonelada en el mercado internacional, son 400 dólares por carga. La disponibilidad es un poco más rápida: 30% el primer año y otro 30% el segundo.

 

Así, el expositor llegó a los números finales. “El valor de un carro de 20 toneladas sería de 576 dólares sumando nitrógeno y fósforo, o 29 dólares por tonelada. Los costos del servicio de distribución que ofrece Ikurriña suman 11 dólares por tonelada, distribuidos entre extracción (3 dólares), estabilización (1) y aplicación (7). Saquen la cuenta y verán los beneficios”, cerró.

 

La referencia al término "enmienda"  es para diferenciarla del estiércol fresco que se produce en el corral. Al campo hay que llevar enmienda porque tiene una serie de ventajas, que se logran luego del compostaje aeróbico: microorganismos, uniformidad, volumen y una legislación que apoya este proceso amigable con el ambiente.

 

En cuanto a las condiciones de aplicación, lo indispensable es evitar la volatilización del nitrógeno, porque si no se convierte en amoníaco. Hay que aplicar sin viento, con temperaturas templadas, precipitaciones no muy abundantes y con la ayuda de coberturas. “No es grave no compostar, pero hacerlo tiene grandes ventajas porque la pila logra uniformidad y se hace más fácil de distribuir, evitamos problemas con las malezas y se volatiliza menos nitrógeno. En general se hace una mezcla de material fresco y otro más viejo, dependerá de cuándo fue la última limpieza de los corrales”, agregó Apecetche hijo.

 

Aconsejó hacer un plan a mediano y largo plazo y no abarcar más de lo conveniente: “Es mejor hacer 100 hectáreas todos los años y no 200 cada dos años. O sea, aplicar más a menos hectáreas conduce a un mejor resultado. Igual, son tablas que no se siguen de manera fanática, hay que adaptarlas a nuestras necesidades”, especificó.

 

Según la experiencia acumulada, un bovino deja ocho toneladas de estiércol fresco por año, que se convertirían en cuatro de compostaje, con lo que se puede cubrir una hectárea por año y por animal. “Si vamos a comercializar abono para macetas, ese cálculo se reduce a 0,8 toneladas, pero acá hablamos de agricultura intensiva”, aclaró el dueño de Ikurriña.

 

En un ensayo en Pozo Hondo, Santiago del Estero, con tres lotes testigos distribuidos en 400 hectáreas, aplicando 25 toneladas por cada una de ellas lograron un 10% más de rendimiento en soja, a lo que hay que sumar los beneficios que quedan en el suelo para campañas futuras.

 

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