12°SAN LUIS - Miércoles 28 de Septiembre de 2022

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La revolución de las hijas e hijos

La actriz estuvo en San Luis con quienes seguirán la lucha feministas para que, en un futuro, no deban enfrentarse a las mismas batallas que las mujeres de su generación.

Por redacción
| 14 de agosto de 2022
A micrófono y corazón abierto. Thelma y las puntanas compartieron vivencias; ellas no se callan más. Fotos: Nicolás Varvara

La revolución de las hijas" se llama el libro de Luciana Peker que habla sobre la lucha feminista. La periodista fue un gran pilar en el asesoramiento que recibió Thelma Fardin luego de que, en 2018, denunciara públicamente y en la Justicia a Juan Darthés de abuso sexual cuando ella tenía 16 años. Ahora, la actriz le añade al título de la escritora: "e hijos".

 

Thelma pasó por San Luis con su charla "El arte de no callar" y habló con las hijas e hijos puntanos sobre abuso sexual infantil. Por unas horas la vergüenza cruzó de vereda y las víctimas pudieron practicar el delicado y liberador arte de hablar.

 

La actriz, quien prometió regresar a la provincia para el 35º Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias, se tomó el tiempo de hablar con Tinta Violeta sobre su libro "El arte de no callar", la citación a declarar a Darthés y una lucha que la tiene como protagonista involuntaria, aunque necesaria.

 

Las 24 horas posteriores a su comunicado en 2018, las denuncias por abuso sexual aumentaron un 1.200 por ciento.

 

—¿Qué implica para vos el ciclo de charlas “El arte de no callar”?

 

—Me parece muy importante poder democratizar la palabra, que haya espacios de encuentro, donde podamos reflexionar y pensar en qué momento histórico estamos inscriptos, sobre todo cuando hay un contexto de intención por parte de los sectores más conservadores de que, desde el feminismo, retrocedamos. Hay un recrudecimiento de la violencia, entonces es muy importante poder sostener los espacios de diálogo y de reflexión colectiva; un poco nace desde ese lugar. Lo mismo ocurre con mi libro también llamado "El arte de no callar", que tracé con la editorial Planeta. Más allá de que yo voy a dar la charla, no hay un concepto de que el saber está de un lado, sino que es algo colectivo, entonces para mí también es muy importante escuchar lo que tengan para decir las pibas jóvenes, que generalmente son las más interesadas en la temática.

 

—Hablás de los sectores conservadores, ¿cómo encarás, desde el feminismo, a estos sectores? 

 

—Pienso que la idea de seguir teniendo estos espacios en algún punto va generando, por un lado, que se sepa que seguimos unidas y unidos porque para mí también es importante promover la idea de que hay lugar para todos, más allá de que sabemos que las violencias azotan muy fuertemente a las mujeres, la verdad es que fueron también muchos los varones que han sufrido por cómo está establecido este sistema patriarcal en el que se supone que, según nuestro sexo, tenemos que ocupar determinados roles en la sociedad. Después, sí soy consciente de que hay todo un sector que quizá no está dispuesto a abrirse a la escucha y la empatía y me parece que en ese sentido está bueno laburar para, de a poco, ir llegando cada vez a más personas. Lógico que están los que no van a cambiar de opinión, pero a lo mejor no lo hagan porque se acerquen a los espacios que construimos nosotras, pero si hay una hija o hijo que lo hace y que, de algún modo, lleve el mensaje a la mesa familiar donde hay personas que por ahí tienen un pensamiento más conservador, creo que son esos lazos que vale la pena intentar tejer entonces, hay algo de esta época y de la revolución de las hijas e hijos, que quizá son personas que no se ven interpeladas por figuras como yo porque les generamos una distancia, pero al seguir nutriendo estos espacios, sus hijos, sobrinos y nietos a lo mejor logramos que más personas entiendan el origen y las razones de esta causa.

 

—Todavía se ve a pibes jóvenes a quienes golpean por su orientación sexual, ¿hay un real avance o concientización de la sociedad en las nuevas generaciones?

 

—Sí, creo que hay un abismo desde cuando yo transité la adolescencia y veo que estas nuevas generaciones están pudiendo vivir otras cosas. También pienso que hay que ser muy conscientes de la realidad en todo el territorio. No es lo mismo quizá lo que sucede según nuestra geografía, hay sectores que conservan su poderío porque otros movimientos no llegamos todavía a esos territorios con la misma injerencia. San Luis es una particularidad, ya que es una provincia con mucha política pública en relación a esta temática, pero me parece que de todas maneras, justamente, hay que trabajar en conservar estos espacios, poder salir de la lógica de la capital y saber qué está pasando en el resto del país.

 

 

—Teniendo en cuenta el título de tu libro, ¿qué relevancia le das al arte del diálogo?

 

—Me parece una buena síntesis hablar del arte del diálogo, creo que para todo necesitamos volver a construir puentes en donde se pueda dialogar. Es un momento en el que tengo la sensación de que hay una cosa muy virulenta y reaccionaria y que por eso hay que estar a disposición de hablar en toda su dimensión. Creo que es la mejor herramienta en la que podemos confiar, obviamente en esta temática en particular, hago referencia porque durante muchos años fue el silencio la única salida que se nos ofrecía a las víctimas de abuso sexual, y de muchas otras violencias. Entonces, poder hablar de poner en palabras después de que la vergüenza cruzó de vereda, que deje de ser patrimonio de las víctimas y que pase a estar en las manos de quienes corresponde, que es el de los victimarios, me parece que justamente por eso la palabra es la herramienta. Y es la colectiva, no la individual.

 

 

—En octubre Juan Darthés va a declarar, ¿qué representa eso para vos, más allá de lo judicial?

 

—Es muy trascendente que finalmente lo haga en sede judicial, donde yo ya declaré infinidades de veces, en la de argentina y en la brasilera; que su declaración esté asentada donde corresponde me parece que es vital, necesario e importante. Es un hecho para mí, sin dudas, súper trascendente, porque al fin, después de todos los intentos de evadir a la Justicia, vamos a lograr que esté sentado en el banquillo de los acusados, que es en donde nos pide que lo hagamos la Justicia en su formato institucional burocrático.

 

 

—Tuviste que declarar varias veces, te hicieron pericias físicas y psicológicas también, ¿cómo es el trato de la Justicia para con la víctima?

 

—Es un proceso muy violento, lamentablemente. Me gustaría poder decir otra cosa, pero es muy injusto, es revictimizante de todas las maneras que podamos imaginar, porque lo es de forma personal y para nuestro entorno, familiares y amistades. Por supuesto hay que cambiar los estándares probatorios porque es un delito muy delicado, de los llamados “delitos que suceden en la oscuridad”, entonces eso hace que la verdad o los hechos solamente sean conocidos por las dos personas, o más, que estuvieron en esa situación, en este caso él y yo. Es por eso que se corre mucho peligro de que no se tome en cuenta y no se le dé el valor que tiene la palabra de la víctima por cómo funciona la Justicia del mundo, a mí me toca la brasilera; en la que, lamentablemente, la palabra de la víctima vale menos que la de cualquiera prácticamente. Tenemos que recorrer esos caminos aunque sean dolorosos porque es la manera de poder generar un cambio a largo plazo en el que, en algún momento, la Justicia se haga eco del momento histórico y social que se está viviendo y de una realidad que nos encantaría no tener que salir a denunciar. La verdad que a mí me encantaría no tener que estar en esta situación, ni hablando de estos temas, pero hay que hacerlo porque es algo que sucede y una realidad que nos atraviesa y que se vincula con la política y con dichos de dirigentes de diferentes espacios políticos.

 

 

—Como por ejemplo…

 

— José Luis Espert diciendo que los hijos no deseados son hijos que van a ser violados porque nacen en contexto de pobreza y después se van a transformar en violadores. Hay un discurso de un nivel de ignorancia y estigmatización que es tan violento que por eso es muy importante que quienes sí podemos hagamos el recorrido judicial para ir sentando precedente y que dejemos un poco más allanado el camino a los que vienen.

 

 

—Después de tu denuncia pública en 2018 muchas mujeres se animaron a señalar a sus abusadores, ¿cómo es ese nexo con las víctimas?

 

—Todo el tiempo me escriben, mujeres y varones, y eso para mí es muy importante. Que los varones se animen a hablar en esta época de revolución feminista también les da lugar a esos hombres que fueron abusados de niños y nos ponemos su bandera y la de las infancias. Es como mi refugio saber que, a pesar de todo lo dificultoso que fue el recorrido para mí, tuvo una utilidad que es que otras personas se sientan acompañadas, estén menos solas y puedan romper con esas cadenas de silencios que subyugaban a la víctima y hacer que la vergüenza pase al lado que corresponde.

 

 

—¿Cómo sentiste la repercusión al ser una persona pública?

 

—Como todo en la vida tiene sus dos caras; por un lado es muy agotador porque las violencias y ataques son con más exposición, pero también creo que he logrado poner a favor esa exposición y que me sirva no solamente a mí, sino a muchas personas para hablar de un tema que me incomoda a mí y a todos, pero nos debemos como sociedad dar el debate.

 

 

—¿Qué tan importante fue el espacio de Actrices Argentinas?

 

—En un primer momento fue vital, sin la presencia de todas esas mujeres arriba del escenario no hubiéramos logrado el nivel de repercusión que tuvimos. Después, con el tiempo, creo que mi apoyo ha sido mucho más amplio; me pude apoyar en mujeres de toda clase de movimientos, de las organizaciones sociales de todo el país, de otras partes del mundo, de las asociaciones civiles y de la política, que se han jugado en sus discursos y acciones dándome un apoyo. Sin Amnistía Internacional yo no estaría en este momento  resistiendo todo lo que implica el proceso judicial; entonces, en un primer momento fue muy importante lo que hicieron las actrices porque se hizo eco a un nivel mucho más amplio. Sí creo que las excedió a las chicas de actrices todo lo que pasó y después aparecieron sectores muy representativos a sostener y sostenerme, y después llevar la causa.

 

 

—¿Repercutió en el plano laboral el haber hablado?

 

—Lamentablemente eso, aunque sea triste, hay que decir que sí, que es así. Hay que tener mucha resistencia y en eso la manera de adoctrinarnos es lo que sucede en el plano laboral; en mi caso se dio la particularidad de que como los actores no tenemos un trabajo constante no es que me despidieron de un trabajo, sin embargo, se puede observar una merma en la contratación a ciertas referentes sociales con determinadas temáticas. Y en mi caso en particular, una manera de adoctrinarme y a muchas otras es decir: "Está muy bien que hagas esta denuncia, pero eso va a tener consecuencias a la hora de pensarte como parte de un equipo o un elenco". Tenemos que seguir firmes y convencidas de que vamos a ganar esa pulseada, vamos a ser las mujeres las que estemos en espacios de poder y desde ahí podremos tomar decisiones diferentes a las que se han tomado históricamente con personalidades criadas en un contexto violento, machista y que muchas veces no logran romper con este status quo o no lo hacen por algún miedo a las represalias.

 

 

—Pudiste visibilizar un montón de luchas a partir de lo que te sucedió... ¿en qué momento te diste cuenta de que esa exposición servía para ayudar a otros?

 

—Tengo mucha suerte de las personas que me rodean, gente que me permite hacer estos procesos. No es fácil y nunca son en soledad, más allá de que a última hora estoy sola y las decisiones finales las tomo por mi cuenta, estoy rodeada de gente que me ayuda a pensarme y pensar en qué realidad fue inscripta la violencia que sufrí. Entonces eso permite salir de la cosa dolorosa y la sensación de que sos víctima a poder tomar riendas de la situación y hacer algo positivo, no solamente para una, sino para algo más grande y trascendental. No es para una sola, es para las que están y las que vienen; yo pienso mucho en las niñas y mujeres del futuro y es un deseo muy profundo para mí el que no tengan que dar las mismas batallas y el haberles aliviado un poco el peso y hacerles más fácil el trabajo para que estén mejor y que sus batallas, que estoy segura tendrán que darlas, por lo menos no sean las mismas.

 

Redacción/MGE

 

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