30°SAN LUIS - Viernes 09 de Diciembre de 2022

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Cuidarnos equilibradamente

Todos los seres humanos poseemos una cuenta bancaria emocional. En esta, debería haber siempre un equilibrio entre dar y recibir. Pero, muchas veces, esto no es así. Estas son cuatro de las posibles variables:

 

 

1. Una pareja donde uno solo es el que da

 

Un caso muy común en la pareja es cuando uno de los dos trabaja para que el otro estudie. Así, durante un tiempo considerable, es uno solo el que da, mientras que el otro se limita a recibir. ¿Qué ocurrirá aquí tarde o temprano? Muy probablemente el que da acumulará enojo en su interior hasta que un día estalla y expresa: “¡Al final, soy un tonto, una tonta! Siempre dando a todos y a mí, nadie me da nada”. Por otro lado, el que recibe acumulará culpa en su interior al sentir que no es capaz de saldar la deuda. Ambos funcionan de modo equilibrado hasta que, en un punto, la situación se torna intolerable y el que recibe decide romper la pareja. Hay una saturación tal que la parte que no logra saldar la deuda se retira y deja a la otra parte rumiando: “¡Le di todo lo mejor y así me pagó!”.

 

 

2. Una persona que pide y pide todo el tiempo

 

Algunas personas nunca están satisfechas. Se ubican en la postura de receptores, pero nada es suficiente. Son los que suelen demandar: “Dame… ayudame… escuchame… mirame… aconsejame”. Alguien que se comporta de este modo cree que “el mundo le debe”. Como consecuencia, vive buscando y nunca encuentra lo que dice necesitar. Es decir, que lo que recibe cae en saco roto. Por lo general, dicha actitud surgió en una infancia de carencia.

 

 

3. Una persona que da y da todo el tiempo

 

En el otro extremo están los que sufren del “síndrome de los reyes magos”. Ellos dan todo el tiempo porque se sienten inseguros. Suelen terminar vacíos y agotados y esto puede deberse a estas dos razones:

 

a. Para que el otro los reconozca y los tenga en cuenta.

 

b. Para que el otro nunca los abandone.

 

 

4. Una relación saludable donde cada uno da y recibe

 

Y, por último, tenemos la relación donde existe un balance entre dar y recibir. Dar es sinónimo de energía de vida, eso que nos mantiene vivos y activos. Procuremos dar siempre a muchas y distintas personas… sin esperar nada a cambio. De eso se trata el amor. Cuando damos de esta manera, estamos amando de verdad y, siempre, pero siempre, cosechamos lo sembrado.

 

Hay gente que ama dar, pero le cuesta recibir y lo cierto es que, cuando uno deja de recibir, acaba secándose. ¿Cómo aprendemos a recibir? Disfrutando. ¿Por qué a alguien le resulta más fácil dar que recibir? Porque, en el fondo, es consciente de que recibir le crea una deuda que debe saldar. Por eso, para poder darles lo mejor a otros, primero debemos darnos lo mejor a nosotros mismos. Solo así podremos dar y recibir en un intercambio permanente y satisfactorio.

 

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