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Las imprudencias de la destrucción

Por redacción
| 05 de noviembre de 2023

La campaña electoral de 2023 dejará mucha tela para cortar. Desde el punto de vista político, han sucedido muchas cosas, se han generado múltiples gestos que permiten un profundo análisis. En lo inmediato, todo quedará sepultado por el resultado electoral. A muchos efectos habrá un ganador y punto. Pero, si se ganara otra serenidad, se pueden formular algunos apuntes interesantes.

 

¿Cuál sería el procedimiento apropiado para reconstruir una relación política luego de despedazar a quien fuera un adversario político y hoy es un aliado? Es importante señalar que se habla de descalificaciones severas. Por ejemplo: "Me preocupa que, con esa misma inestabilidad emocional que Milei tiene a la hora de emitir juicios y falsas acusaciones sobre otros, haya diseñado su programa y sus propuestas". "Está claro que con más inestabilidad e incertidumbre los argentinos no salimos adelante". Palabras de Patricia Bullrich.

 

Y ella era “una montonera tirabombas. Ha puesto bombas en jardines de infantes. Participaba de una organización terrorista”. Palabras de Javier Milei.

 

No parece necesario abundar en otras citas textuales, son discursos muy conocidos y repetidos hasta el cansancio. Incluso, las redes sociales replican una y otra vez las manifestaciones de cada uno.

 

La respuesta a la pregunta formulada es que no hay retorno. Hay lugares de los que no se puede volver. No alcanzan las disculpas ni los arrepentimientos. Ni los perdones ni los reparos. Es demasiado disparatado expresarse de un modo tan injurioso acerca de alguien y luego pretender convertirlo en fervoroso aliado político. Y se debe resaltar que se trata de imputaciones personales. No se habla de acciones o decisiones políticas, se trata de despedazar personas.

 

El método apropiado para no vivir este tipo de situaciones, para no tener que retroceder de un modo angustioso, es proceder con otra sensatez. Es pensar antes de hablar. Es elegir otra forma de expresión para dirigirse a los contendientes de una brega electoral. La prudencia suele ser una virtud trascendente a la hora de ejercer la política. Hay expresiones muy desgraciadas que no deberían integrar el vocabulario de hombres y mujeres que pretenden ocupar la primera magistratura en la Argentina. Lo está diciendo un potencial presidente de la República. Y no es reparo suficiente que los medios de comunicación son tentadores, invitan a la excesiva verborragia, estimulan los contrapuntos. Tampoco cabe alegar que algunos candidatos nacieron y crecieron a la luz de la exposición mediática.

 

Tanta agresión suele esconder un pavoroso vacío de ideas. Una carencia absoluta de propuestas. Cuando un candidato puede ir de un espacio a otro sin mayores dificultades, queda claro que sus ideas, sus principios y sus valores tienen una volatilidad preocupante. Todo les da lo mismo. Lo que dijeron ayer, pueden contradecirlo hoy, sin escrúpulo alguno. Pueden venerar o eliminar el Banco Central en la misma campaña y así sucesivamente con cada una de sus promesas. Por eso, y por razones similares, es imprescindible formular propuestas. No dedicar la campaña a destruir al adversario sin el menor atisbo de construcción alguna. Sobre todo, si se tiene en cuenta un contexto de crisis económica y de dificultades sociales importantes. No casualmente el postulante que ha basado su campaña en iniciativas que resuelvan los problemas, que se ha ocupado de la agenda de los ciudadanos, es el que ha obtenido la mayor cantidad de sufragios.

 

Es muy llamativo que un candidato base todo en la destrucción, que pretenda aniquilar tantas cosas. Entre ellas, quiso aniquilar a una adversaria, a la que hoy, infructuosamente, trata de resucitar para tenerla a su lado. Demasiado salto al vacío, demasiado giro en el aire. Ya no se trata de no resistir un archivo, se trata de contradecir de un modo flagrante lo propuesto hace unos pocos días. Gobernar la Argentina requiere de otra conducta, de otra estabilidad. Requiere de otro volumen personal y político, requiere de otras herramientas, no de la motosierra destructora.

 

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