El aire Serrano: dudas, huidas y la cómoda manera de mandar detrás de otro
A cargo de la fuerza tras la salida de Pablo Vieytes, el comisario Juan Carlos Serrano reúne algunas características de sumisión y subordinación que caen bien en los popes del Ministerio de Seguridad.
Si hay algo que el flamante jefe de Policía, Juan Carlos Serrano, hizo bien durante toda su vida fue esconderse detrás de una figura más predominante, con más personalidad que la suya. Por eso, la elección como el máximo jefe de una fuerza –que no es cualquier fuerza, es la policial, siempre tan dispuesta a respetar las líneas verticales- ofrece muchas dudas sobre cómo será su gestión en un área tan sensible.
Pero cuando se recuerda que Serrano, hombre de hablar pausado, temoroso y tranquilo, casi como su vida, tendrá que dirigir a la Policía que acaba de someterse a los manejos del Comando Unificado, un organismo que dirige la seguridad de la provincia integrado por policías federales y gendarmes, el aire de segundón que el comisario portó durante toda su vida cobra más fuerza.
La mayor visibilidad de Serrano se expuso cuando el comisario Miguel Ángel Ubieta –jefe de Policía en tres ocasiones- lo designó a principios de siglo a cargo de la oficina de Relaciones Policiales, que en aquellos tiempos oficiaba de virtual vocería de la fuerza, sin las restricciones que tiene ahora la Policía que debe comunicar sus acciones por medio la oficina de prensa del Ministerio de Seguridad, donde los hechos se edulcoran a su gusto.
Por entonces el comunicador se movía a las espaldas de su jefe directo, siempre con un aire timorato, aunque nunca retaceó información, una actitud que quienes lo siguieron en el puesto practicaron con singular destreza. Antes de llegar a ese cargo practicó el ostracismo absoluto como jefe del área Inteligencia, un espacio muy sensible, con mucha información fina, en donde cultivó su siempre ponderado perfil bajo.
La ida del comisario de la Policía no fue con el retiro voluntario limpio como informó el Ministerio de Seguridad al momento de su designación. Serrano se fue por la puerta de atrás, vilipendiado por sus camaradas, en 2004, cuando ocupaba un triunvirato que estaba a cargo de la Jefatura. O sea (aunque en aquella ocasión compartida), el puesto para que fue designado ahora ya supo ocuparlo hace más de 20 años.
El comisario renunció cuando un conflicto docente que hacía marchas frecuentes por la ciudad se tornó incontrolable. Serrano huyó de su cargo y dejó a la Policía acéfala. Todavía los viejos oficiales le reclaman aquel abandono, aunque en la fuerza el hecho de que ahora sea el sustituto del echado comisario es visto con buenos ojos. “Antes que Vieytes”, cualquiera, repiten los hombres de azul.
La misma puesta en escena que la ministra Nancy Sosa hace para sus operativos policiales se vio en el patético acto que el viernes a la mañana se realizó en la Jefatura Central para la asunción de Serrano. Convocó a decenas de comisarios y jerárquicos de otras fuerzas, les sirvió sándwich de miga y masitas, hizo que algunas oficiales despidan a Vieytes con un abrazo y le entregó el poder superficial a Serrano, quien tuvo que hacer algunas declaraciones de ocasión. “Voy a darlo todo porque esta es mi casa”, apuntó.
A juzgar por la presencia de algunos familiares cercanos que también son policías, parece cierto que el hogar de Juan Carlos está ligado a sus funciones. El nuevo jefe tiene dos hermanas –una subcomisaria y otra comisaria- que ahora son sus subordinadas. Además un hermano trabajó durante años en la división Criminalística donde aportó sus conocimientos en bioquímica hasta que lo echaron por ser parte de un paro policial.
Con tiempo libre tras irse de la fuerza, Juan Carlos se inclinó a las aulas universitarias, que ya había probado sin suerte durante su época de trabajo en la carrera de Periodismo de la UNSL. Como muchos de sus camaradas que creen que la actividad policial les da un conocimiento extra en leyes penales, el desocupado se anotó en la carrera de Abogacía de la Universidad Católica de Cuyo y cuando quiso ver tenía el título en sus manos.
La extensión de carácter apocado del comisario se trasladó a su nuevo oficio, en el que nunca pudo salir de la medianía y apenas si consiguió representar a un puñado de oficiales que quedaron en su misma situación y reclamaban una mejor indemnización por sus años de trabajo o alguna familia que buscaba justicia en causas penales.
Por eso, cuando el gobierno provincial lo nombró como subdirector general de los Servicios Penitenciarios no tuvo reparos profesionales en aceptar, ya que por su tarea como abogado casi no había participado en causas que tuvieran detenidos por su labor. Igual pasó con sus antiguas funciones como policía, ya que la mayor parte de su carrera la pasó en tareas administrativas, lejos del enfrentamiento callejero que el día a día impone con quienes cometen delitos.
El estigma de segundón seguiría en pie ya que Serrano desarrollaría su carrera penitenciaria bajo las órdenes de Karina Mantelli, otra abogada, que asumió como jefa carcelaria con la gestión poggista. Mantelli, de perfil menos rígido que su jefe Nancy Sosa, estuvo presente en el acto del viernes. "Eso demuestra la unión existente y que todos compartimos el mismo objetivo", arengó el flamante jefe.
Ahora, por primera vez, el comisario retirado (de y a) la fuerza tendrá voz de mando en un puesto caliente, que necesita de órdenes claras y dadas con firmeza. Hay que ver cómo reacciona ante esa inédita oportunidad.
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