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Parejas que entrenan juntas: el verdadero regalo de San Valentín

El entrenamiento en conjunto es una manera de cuidarse, de alentarse y de compartir tiempo y espacio con la persona amada. Y constituye una de las formas más sinceras de demostrar amor. Por Valeria Alonso. 

Por redacción
| Hace 12 horas

Este Día de los Enamorados voy a decir algo que no entra en una tarjeta con corazones: entrenar juntos es una de las formas más sinceras de amar.

 

 

Sí, hablo de ponerse las zapatillas. De ir al gimnasio. De transpirar. De moverse incluso cuando cuesta. Sobre todo cuando cuesta.

 

 

Veo muchas parejas que llegan a entrenar sin buscar perfección. No quieren abdominales de portada ni cuerpos imposibles. Quieren algo mucho más poderoso: más energía, menos dolores, más fuerza para la vida que comparten. Más años con calidad. Más momentos sin limitaciones.

 

 

Y cuando el objetivo es ese, la compañía no suma… multiplica. Entrenar en pareja tiene algo que no se puede fingir. Ordena. Motiva. Empuja.

 

 

Cuando uno duda, el otro recuerda por qué empezaron. Cuando uno afloja, el otro sostiene.

 

 

Y en ese ida y vuelta se construye algo más grande que un cambio físico: se construye carácter. Se construye disciplina. Se construye constancia.

 

 

Hay algo más que no se mide en repeticiones ni en kilos levantados: el tiempo real compartido. Sin pantallas. Sin interrupciones. Dos personas respirando fuerte, riéndose entre series, alentándose con un “dale, falta poco”. En un mundo donde todo compite por nuestra atención, eso es casi un acto de rebeldía.

 

 

Claro que cada cuerpo es distinto. Y ahí aparece la verdadera madurez del vínculo. No se trata de hacer lo mismo, ni de competir, ni de compararse. Se trata de respetar ritmos. De acompañar procesos. De entender que entrenar juntos no es exigirse igual, sino crecer al lado del otro.

 

 

Cuando el foco está en la salud y el bienestar, entrenar en pareja se convierte en un acto profundo de cuidado. No se trata solo de verse mejor. Se trata de vivir mejor. Y de vivir más fuertes para todo lo que venga.

 

 

Tal vez hoy haya bombones y cenas especiales. Está bien. Pero el verdadero regalo no es el que se entrega una noche. Es el que se sostiene todo el año.

 

 

Elegirse también en el cuidado diario. Elegirse también cuando hay cansancio. Elegirse también en el esfuerzo.

 

 

Porque el amor se dice. Pero el amor —cuando es verdadero— también se entrena.

 

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