"El zar de la noche", una vida agitada, y un adiós por Facebook: "Había que partir"
Daniel Jamenson murió el martes a la siesta, tras descompensarse el domingo en el baño de su casa. Tal su estilo, antes de morir, dejó un mensaje en sus redes antes de inducirse al coma. Fue dueño de prostíbulos y de boliches emblemáticos, como "La city".
Siempre fue un hombre de tomar decisiones firmes, algunas difíciles. Ninguna como la que llevó adelante el martes 31 de marzo después del mediodía, cuando los médicos le dijeron que su estado era irreversible y pidió que lo induzcan al coma que finalmente lo llevó a la muerte.
Momentos antes, Daniel Esteban Jamenson, el empresario que hizo de la noche de San Luis su hábitat y su modo de vida, le pidió a alguien que dejé un sentido mensaje de despedida en Facebook. Fue el último acto desconcertante de un hombre que vivió 60 años al límite de la ley, de la vida, de la velocidad, de los excesos, de la noche y de las bromas.
Se había enfermado hace un tiempo pero estaba controlado, hasta que una septisemia fulminante lo atacó el domingo en el baño de su casa. Lo llevaron al hospital pero su estado era irreversible. Poco antes de las 14 del martes, “El zar de la noche” ya había fallecido. Aunque hacía rato estaba retirado del negocio, con su muerte se fue una época de la diversión en la provincia.
En su posteo de Facebook, con “La rosa del desierto”, de Sting, como fondo musical, Jamenson emprendió la despedida de sus “queridísimos respetadísimos y siempre bien ponderados amigos” con un pedido disculpas por no poder despedirse de todos.
“Hoy 31 de marzo emprendo un viaje que tristemente emprendo solo.. mil disculpas por no poder despedirme de todos o dejar cosas pendientes pero había que partir”, señaló el empresario, quien agradeció “los buenos momentos juntos, las risas y la alegría por cada momento”.
La foto con la que acompañó el posteo final no podía ser más elocuente. Jamenson, de espaldas, vestido de oscuro, camina al costado del mar y deja huellas en la arena límpida, una metáfora perfecta para quienes lo conocieron.
Daniel se había dedicado a viajar en los últimos años tras una vida de trabajo que le valió algunos problemas con la ley y una temporada en la Penitenciaría Provincial. Comenzó en la noche con la regencia de varios prostíbulos a principios de los 90 y luego extendió su negocio nocturno a una serie de boliches entre los que se destacó “La City”, el emblemático local ubicado al costado de la Aguada de Pueyrredón.
La peligrosa mezcla de sus dos actividades, la noche y la prostitución, le valieron sus primeros problemas con la Policía. No tardó en aparecer un tercer elemento, siempre asociado a los dos primeros, que terminó de redondear la persecución policial y judicial: la droga.
Pese a que tuvo múltiples causas en su contra, Jamenson se jactaba de que nunca lo condenaron por tenencia ni venta de estupefacientes. Si pasó algún tiempo en la cárcel fue por otras causas como tenencia de armas y su originario negocio de la prostitución.
A la par de su vida profesional, la familia del empresario aseguró que Daniel hizo numerosos actos de caridad, sin ayuda estatal de ningún tipo y mantuvo la fundación "Manos de Jesús", que alberga "a más de 70 personas de la calle con problemas de adicción". Además, el hombre organizó ollas populares en barrios necesitados y festejos varios para el día del niño.
Tras la temporada que pasó detenido, Jamenson se decidió a volver con todo. Desafiante, el imperio nocturno de “El Zar” dejaría por fin los márgenes y se establecería en pleno centro de la ciudad con “Mr. Lucky”, su nuevo boliche, abierto a principios de los 2000 con un soberbio desfile de modas para el que cortó el Paseo del Padre.
La nueva obra del empresario era fastuosa, tenía entrada por el Paseo y por calle Junín, varios ambientes y un segundo piso destinado a la ser su casa, con detalles lujosos, siempre buena compañía y la custodia cercana de algunos ex presos a los que había conocido en la cárcel. La fama “Mr. Lucky” fue efímera y el dueño empezó a ver cómo algunos en los que había confiado lo traicionaban.
Fue entonces cuando decidió bajar un cambio, rodearse de sus tres hijos, abandonar el negocio nocturno e instalarse en su casa de Bolívar y Constitución para continuar con la venta de autos, un lavadero y alguna transacción inmobiliaria. “El zar de la noche” comenzó entonces su descanso de la rutina nocturna y el martes dio el último suspiro de una vida agitada, pero vivida a pleno.
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