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Unas 200 personas caminaron por las sierras bajo la Luna Llena

Ascendieron el Cerro Nevado, de más de 1.200 metros de altura. Primero habían escalado el Cerro de la Cruz.

Por María Florencia Sosa
| 25 de noviembre de 2018
Arranque. La caminata en las sierras tuvo un fin solidario. Foto: Inti Anti.

La fase de la Luna fue Llena, ayer, y su iluminación alcanzó un 100 por ciento. Era casi imposible no divisar el satélite natural de la Tierra desde cualquier punto de San Luis. Unos 250 puntanos, muchos de ellos novatos en el trekking pero que comparten el espíritu del Club Inti Anti de unidad, colaboración y solidaridad, subieron al Cerro de la Cruz. Y 200 hicieron lo mismo después con el Cerro Nevado. Todos disfrutaron de una vista privilegiada de las luces de la ciudad y de la Luna Llena.

 

A las 20, a unos 200 metros del acceso anterior del Cerro de la Cruz, sobre la Aguada de Pueyrredón, comenzó la concentración de los 250 amigos del club. Entre ellos la profesora villamercedina Analía Baccey (34), el estudiante y masajista Franco Cobos (25), el empleado santafesino Carlos Romero (66) y la farmacéutica Valeria Cianchino (49), todos compartían un mismo fin: subir los 1.221 metros del Cerro Nevado.

 

Cargaban mochilas con bebidas, cereales, frutas, y termos con agua caliente. Vestían con la ropa adecuada para enfrentar el viento. El primer grupo partió a las 20:15 y el segundo a las 20:30. El primer paso fue dejar en la base del cordón montañoso una bolsa de alimentos para las mascotas de la Fundación Arka Refugio.

 

Desde un comienzo la solidaridad fue el común denominador. A diferencia de una carrera, aquellos con un paso más lento encabezaban la caminata; siempre y cuando los que iban atrás no se vieran perjudicados. Al igual que el espíritu guerrero, apasionado y valiente del presidente de Inti Anti, Gabriel Guillar, quien ascendió el año pasado el Manaslu, un pico del Himalaya, todos los coordinadores del club alentaban para que  el grupo lograra la meta.

 

Guiados  por la luz de Luna como si fuera un camino de hormigas con linternas, todos sorteaban las piedras, tomaban decisiones en qué lugar dar cada paso y aquellos con un corazón más generoso, tomaban la mano del compañero, compartían agua y una palabra de aliento. Varios aprovecharon unos minutos del ascenso para contemplar la Luna Llena, el paisaje, tomar varias fotos y, porqué no, un poco de aire para seguir con la caminata.

 

A las 22, el grupo completo alcanzó la primera meta: llegar hasta el Cerro de la Cruz. Ahí se podían ver las luces de la ciudad de San Luis y de las autopistas de la provincia. Hubo aplausos y el intenso viento los recibió a todos. “La noche de Luna Llena y el collar de luces con las linternas era un espectáculo increíble”, resaltó Carlos el santafesino. Franco, quien subía el pico por primera vez, también estaba maravillado por el hermoso paisaje.

 

Unas cincuenta personas decidieron que ahí era su meta y comenzaron a descender. Pero el resto siguió unos cuarenta minutos más de caminata, cerca de la Luna. El ruido de las camperas contra el viento se comenzó a sentir. El sendero redujo su tamaño. El mejor regalo para los que tenían miedo a la  altura era la oscuridad de la  noche.

 

A las 23, alcanzaron la cima. Pero antes el camino se puso difícil. Fue ahí que los coordinadores sacaron a relucir su liderazgo e incentivaron a los escaladores para que no se detuvieran. Los primeros esperaban con aplausos y un apretón de mano a los que llegaban después. 

 

Contemplaron la Luna durante veinte minutos. En el descenso las conversaciones eran menos frecuentes. La concentración se alimentaba del silencio. Valeria expresó: “La experiencia fue fantástica y el espíritu del grupo fue sumamente positivo. Es la primera vez que hago trekking nocturno. Fue muy intenso no por la actividad física, ni el esfuerzo, sino por lo que uno va sintiendo”.

 

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