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“Los payasos le dan modernidad al circo”

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“Los payasos le dan modernidad al circo”

Bicho Gómez, el director artístico de Cirque XXI, cuenta cómo es la vida en el interior de la compañía y busca respuestas a una pregunta que le da vueltas en la cabeza: ¿por qué las nuevas generaciones se siguen riendo de un payaso?

Hay que hacer un esfuerzo para recordar rápidamente el nombre de pila de “El Bicho” Gómez. La extensión de su apodo en todos sus trabajos hizo que el Marcos con el que fue bautizado quedara en el más divertido de los olvidos, como corresponde, a veces, a los humoristas que entran sin pedir permiso en la memoria del público.

Cuando le preguntan por el origen del sobrenombre ya instalado en su persona, Gómez recurre al humor. “Cuando nací no me dio la cara para que mis familiares me apodaran Brad Pitt. Entonces quedó el apodo. Y en familia todos tenemos uno”.

La familia de “El Bicho” es otro punto a destacar al momento de relatar su vida. Con ella, Marcos recorrió el país adentro de una carpa de circo, la actividad que lleva impregnada en la piel desde antes de saltar a la fama como “El payaso mala onda”, el personaje que lo llevó a compartir pantalla todos los días con Jorge Guinzburg. “El mariachi loco” y “El borracho” –que popularizó en RSM- fueron la continuidad lógica de un actor que ya se había ganado un lugar en la televisión.

Pero su esencia es el circo, por más que esta temporada de verano se la haya pasado en Carlos Paz, como director de “Explosivos”, la comedia que tiene en cartel a Flor de la V, Gladys “La bomba tucumana”, Gladys Florimonte, Silvina Luna y El Polaco; y como actor de “La isla encantada”, donde comparte elenco con Peter Alfonso, Freddy Villareal, Sol Pérez, Nazareno Casero, Marcelo Polino, Carolina Papaleo y Consuelo Pepino.

Gómez es el director artístico de Cirque XXI, la compañía que a principios de enero se instaló en el parque La Pedrera, de Villa Mercedes, y que permanecerá hasta entrado el mes que viene, con funciones diarias. En un principio, los organizadores se habían entusiasmado con la posibilidad de que el actor viniera a Mercedes a hacer algunas funciones, pero el propio Marcos lo desestimó. “Lamentablemente no voy a poder ir, tengo mucho trabajo en Carlos Paz”, le dijo a Cooltura.

 

—¿Conocés San Luis?

—Hace mucho tiempo que no voy, pero me encanta. La conocí de chico, cuando alguna vez fuimos con el circo de mi padre, y luego de turista. Tiene lugares que son ideales para descansar.

 

—Tu vida es el circo ¿Qué tiene que tener un espectáculo de ese tipo para que hoy sea atractivo?

—El espectáculo se ha modernizado, se ha reinventado. Ahora los circos son más teatrales, se preocupan por contar una historia y no tanto por presentar números sueltos y desconectados entre sí. Con eso, vino otra adaptación como la del sonido, que ya no puede ser el tradicional; la música, que no puede ser cualquiera. Todo eso, sin dejar la esencia que son los malabaristas, los trapecistas, los acróbatas, los payasos.

 

—Parte de esos cambios fueron la desestimación de los animales como parte del show. ¿Estuviste de acuerdo con esa norma?

—Me parece perfecto que los animales estén en su hábitat natural y con el tiempo se demostró que se puede hacer un show de circo sin animales. Pero es necesario aclarar que todos los animales que se usaron en los circos nacieron en cautiverio, o sea que fueron nacidos y criados de esa forma. No conocían otra manera de vivir que no fuera esa. Hecha esa aclaración repito que me parece perfecto que los animales no formen parte de los espectáculos circenses.

 

—¿Por qué sobrevivieron los otros números?

—Porque son parte indisoluble del circo. Los números tradicionales son lo que le divierten a la gente. Un circo sin payasos no podría existir, sobre todo porque en muchos casos son los que le dan el condimento de modernidad.

 

—¿Cada cuánto se renueva el espectáculo de Cirque XXI?

—Todos los años. Se renuevan los números, los artistas y las ideas. Tratamos de todos los años presentar un espectáculo nuevo y llevarlo de gira. Con la compañía tratamos de mantener esa cosa de gira permanente, de trotamundos, de vida trashumante con la que nació el circo. El circo es el único espectáculo que recorre todo el país y llega a lugares donde el cine y el teatro no siempre pueden llegar.

 

—¿Cómo es el proceso de elección de los integrantes de la compañía?

—Nosotros tratamos de elegir, más que artistas, números. Vamos viendo por todos lados las cosas que queremos incorporar y a partir de allí llamamos a los artistas que creemos están más capacitados para hacerlo. También hay artistas muy buenos que tienen un número predeterminado y a los que no podemos decirles que no.

 

—¿La convivencia dentro del circo es muy distinta a la de cualquier otro ámbito?

—Contra lo que se cree, la convivencia es muy natural, es como vivir en un barrio porque el circo es un barrio en movimiento. Estás todo el tiempo con las mismas personas y eso genera compañerismo, mucha solidaridad y se va formando otro tipo de relación. Por ejemplo, en los circos siempre se forman parejas, pero es como ponerse de novio con la chica del barrio, del colegio, porque es en el ámbito en el que te movés.

 

—Después sucede que alguien del circo se enamora de alguien de la ciudad a la que visitó.

—Totalmente. Y ahí es cuando se crea la disyuntiva. ¿El artista se queda en esa ciudad o se lleva a la chica a recorrer el mundo?

 

—¿Cómo influye la proliferación de escuelas de circo en una compañía ya establecida?

—A nosotros nos viene bien porque los chicos se acercan a la carpa, conversan con nosotros, nos muestran lo que aprendieron y en algunos casos se quedan a trabajar.

 

—¿Recordás algún artista de San Luis que haya estado en Cirque XXI?

—La verdad que no, pero seguramente debe haber alguno que nació en la provincia porque pasamos muchas veces por allí hace unos años. Los nacimientos en ciudades del interior son frecuentes entre nosotros porque estamos de gira todo el tiempo. Yo, por ejemplo, nací en Río Cuarto.

 

—¿Cómo se llega a fundar una propia compañía de circo?

—Los circos por lo general empiezan como un proyecto familiar, como quien pone un almacén y después se pone un supermercado. Después le va dejando todo eso a sus hijos. Con el tiempo y el destino se convierte en una gran empresa.

 

—¿Tu familia sigue en el circo?

—Toda, por completo. El único que se ha abierto un poco fui yo. Mi primo Fabián es el dueño de Cirque XXI y me invita cada tanto. Yo voy y la paso bien porque me encanta trabajar en familia y el circo sigue siendo parte de mi familia. Es, además, mi contacto con el mundo.

 

—¿Por qué los chicos se siguen riendo de un payaso que ven en una plaza?

—Porque el humor modifica. Y el payaso en particular tiene esa cosa de recuerdo, que te lleva a cuando vos eras niño y tu papá te llevaba al circo; a tu papá lo llevaba tu abuelo y así. Aunque suene extraño tiene que ver con la nostalgia. Un hombre sentado en una platea de circo con su hijo, ambos riendo, es una imagen repetida y contagiosa. Como es contagiosa la risa del niño, que por sí sola te hace reír.

 

—Es extraño que las nuevas generaciones, atravesadas por la tecnología, no hayan perdido la capacidad de reírse con una cosa tan simple como un payaso. ¿A qué lo adjudicás?

—Me parece que cuando la tecnología está tan metida en la vida de los chicos, ver algo natural, algo en vivo, lo hace retrotraer, lo hace descubrir algo nuevo. Los chicos descubren que se pueden reír con una persona que está ahí, al frente suyo, no por medio de una pantalla. De hecho, para acrecentar el recuerdo, tengo el ejercicio de cada tanto sentarme con mi hijo a ver a Pepe Biondi, Los tres chiflados, todos representantes de un humor sanísimo, sencillo. Por algo a “El Chavo” lo siguen pasando por la televisión.

 

—Da la impresión de que no te llevás del todo bien con la televisión actual. ¿Es así?

—En realidad me gusta más el teatro, me divierte el contacto con la gente. Cuando me ha tocado trabajar en la televisión intenté aprovechar algo que te da, como la popularidad, algo que no te lo da otro lugar. De todos modos, yo disfruto el trabajo porque hago lo que me gusta, mientras pueda hacer reír a la gente lo voy a seguir haciendo.

 

Cirque XXI, todo lo que tiene que tener un circo

Todo lo que tiene que tener un circo, lo tiene “Cirque XXI”, la compañía que desde principios de enero sentó bases en el parque La Pedrera y mantendrá su espectáculo hasta mediados del mes que viene, gracias a la buena respuesta del público.

Si el público quiere un payaso canchero que le tira pororó a la gente y se hace el gracioso con los panzones, en Cirque XXI hay. Como también está el payaso más bonachón y torpe, dispuesto a hacer reír con otros argumentos y a ayudar a sus compañeros.

Si lo que se busca es habilidades de acróbata, la carpa rosa y blanca de La Pedrera guarda acción de todo tipo en ese rubro. Malabares con fuego, con pelotas, con globos y como parte del paso de comedia se acumulan en la casi dos horas de espectáculo, recortadas por un break en donde –como en todos los circos- se puede comprar algo para comer o algún recuerdo para los chicos. El espectador que quiera sentir la tensión del peligro también tendrá su dosis en las funciones villamercedinas. Una equilibrista que cruza todo el predio en bicicleta y en las alturas hará que toda la carpa mire para arriba. Y un hombre que tira hachas, cuchillas, machetes y manguales sobre los contornos de una indefensa mujer hará que toda la carpa cierre los ojos.

Para los que quieran relajarse con un musical en donde el brillo y las bailarinas alegren la visión, el circo cuenta con un cuerpo de artistas que sabe –al final de la primera parte y como epílogo- cómo llevar la coordinación.

Hay también números cómicos en los que participan no sólo los payasos (un momento que sería ideal para el lucimiento de “El Bicho” Gómez, que lamentablemente no estará en La Pedrera) sino todos los integrantes del elenco; y un número de acrobacia en las alturas hecho por un hombre que tiene los músculos de hierro. La acumulación de sillas no le hace al acróbata perder la vertical, en el sentido inverso de la posición tradicional.

Una de las novedades que presentan las funciones del espectáculo es la llegada de los artistas a la pista principal por entre los pasillos lindantes con las butacas del público, lo que brinda un acercamiento entre los personajes y la gente que no es tan habitual en los shows de este tipo.

Las funciones de Cirque XXI en La Pedrera son martes, miércoles y jueves a las 20:30; en tanto que los viernes, sábados y domingos, hay dos funciones, a las 19:30 y a las 22. Para entrar al sector ‘VIP’, los mayores tendrán que pagar 250 pesos y los menores de 12 años y jubilados, 150. El sector preferencial tiene entradas para mayores a 150 pesos y para menores y jubilados a 100.

En tanto que las entradas generales cuestan 100 pesos para los mayores y 70 para el resto. Las entradas del circo son gratuitas para personas con discapacidad y menores de dos años.

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“Los payasos le dan modernidad al circo”

Bicho Gómez, el director artístico de Cirque XXI, cuenta cómo es la vida en el interior de la compañía y busca respuestas a una pregunta que le da vueltas en la cabeza: ¿por qué las nuevas generaciones se siguen riendo de un payaso?

Fotos: Gentileza.

Hay que hacer un esfuerzo para recordar rápidamente el nombre de pila de “El Bicho” Gómez. La extensión de su apodo en todos sus trabajos hizo que el Marcos con el que fue bautizado quedara en el más divertido de los olvidos, como corresponde, a veces, a los humoristas que entran sin pedir permiso en la memoria del público.

Cuando le preguntan por el origen del sobrenombre ya instalado en su persona, Gómez recurre al humor. “Cuando nací no me dio la cara para que mis familiares me apodaran Brad Pitt. Entonces quedó el apodo. Y en familia todos tenemos uno”.

La familia de “El Bicho” es otro punto a destacar al momento de relatar su vida. Con ella, Marcos recorrió el país adentro de una carpa de circo, la actividad que lleva impregnada en la piel desde antes de saltar a la fama como “El payaso mala onda”, el personaje que lo llevó a compartir pantalla todos los días con Jorge Guinzburg. “El mariachi loco” y “El borracho” –que popularizó en RSM- fueron la continuidad lógica de un actor que ya se había ganado un lugar en la televisión.

Pero su esencia es el circo, por más que esta temporada de verano se la haya pasado en Carlos Paz, como director de “Explosivos”, la comedia que tiene en cartel a Flor de la V, Gladys “La bomba tucumana”, Gladys Florimonte, Silvina Luna y El Polaco; y como actor de “La isla encantada”, donde comparte elenco con Peter Alfonso, Freddy Villareal, Sol Pérez, Nazareno Casero, Marcelo Polino, Carolina Papaleo y Consuelo Pepino.

Gómez es el director artístico de Cirque XXI, la compañía que a principios de enero se instaló en el parque La Pedrera, de Villa Mercedes, y que permanecerá hasta entrado el mes que viene, con funciones diarias. En un principio, los organizadores se habían entusiasmado con la posibilidad de que el actor viniera a Mercedes a hacer algunas funciones, pero el propio Marcos lo desestimó. “Lamentablemente no voy a poder ir, tengo mucho trabajo en Carlos Paz”, le dijo a Cooltura.

 

—¿Conocés San Luis?

—Hace mucho tiempo que no voy, pero me encanta. La conocí de chico, cuando alguna vez fuimos con el circo de mi padre, y luego de turista. Tiene lugares que son ideales para descansar.

 

—Tu vida es el circo ¿Qué tiene que tener un espectáculo de ese tipo para que hoy sea atractivo?

—El espectáculo se ha modernizado, se ha reinventado. Ahora los circos son más teatrales, se preocupan por contar una historia y no tanto por presentar números sueltos y desconectados entre sí. Con eso, vino otra adaptación como la del sonido, que ya no puede ser el tradicional; la música, que no puede ser cualquiera. Todo eso, sin dejar la esencia que son los malabaristas, los trapecistas, los acróbatas, los payasos.

 

—Parte de esos cambios fueron la desestimación de los animales como parte del show. ¿Estuviste de acuerdo con esa norma?

—Me parece perfecto que los animales estén en su hábitat natural y con el tiempo se demostró que se puede hacer un show de circo sin animales. Pero es necesario aclarar que todos los animales que se usaron en los circos nacieron en cautiverio, o sea que fueron nacidos y criados de esa forma. No conocían otra manera de vivir que no fuera esa. Hecha esa aclaración repito que me parece perfecto que los animales no formen parte de los espectáculos circenses.

 

—¿Por qué sobrevivieron los otros números?

—Porque son parte indisoluble del circo. Los números tradicionales son lo que le divierten a la gente. Un circo sin payasos no podría existir, sobre todo porque en muchos casos son los que le dan el condimento de modernidad.

 

—¿Cada cuánto se renueva el espectáculo de Cirque XXI?

—Todos los años. Se renuevan los números, los artistas y las ideas. Tratamos de todos los años presentar un espectáculo nuevo y llevarlo de gira. Con la compañía tratamos de mantener esa cosa de gira permanente, de trotamundos, de vida trashumante con la que nació el circo. El circo es el único espectáculo que recorre todo el país y llega a lugares donde el cine y el teatro no siempre pueden llegar.

 

—¿Cómo es el proceso de elección de los integrantes de la compañía?

—Nosotros tratamos de elegir, más que artistas, números. Vamos viendo por todos lados las cosas que queremos incorporar y a partir de allí llamamos a los artistas que creemos están más capacitados para hacerlo. También hay artistas muy buenos que tienen un número predeterminado y a los que no podemos decirles que no.

 

—¿La convivencia dentro del circo es muy distinta a la de cualquier otro ámbito?

—Contra lo que se cree, la convivencia es muy natural, es como vivir en un barrio porque el circo es un barrio en movimiento. Estás todo el tiempo con las mismas personas y eso genera compañerismo, mucha solidaridad y se va formando otro tipo de relación. Por ejemplo, en los circos siempre se forman parejas, pero es como ponerse de novio con la chica del barrio, del colegio, porque es en el ámbito en el que te movés.

 

—Después sucede que alguien del circo se enamora de alguien de la ciudad a la que visitó.

—Totalmente. Y ahí es cuando se crea la disyuntiva. ¿El artista se queda en esa ciudad o se lleva a la chica a recorrer el mundo?

 

—¿Cómo influye la proliferación de escuelas de circo en una compañía ya establecida?

—A nosotros nos viene bien porque los chicos se acercan a la carpa, conversan con nosotros, nos muestran lo que aprendieron y en algunos casos se quedan a trabajar.

 

—¿Recordás algún artista de San Luis que haya estado en Cirque XXI?

—La verdad que no, pero seguramente debe haber alguno que nació en la provincia porque pasamos muchas veces por allí hace unos años. Los nacimientos en ciudades del interior son frecuentes entre nosotros porque estamos de gira todo el tiempo. Yo, por ejemplo, nací en Río Cuarto.

 

—¿Cómo se llega a fundar una propia compañía de circo?

—Los circos por lo general empiezan como un proyecto familiar, como quien pone un almacén y después se pone un supermercado. Después le va dejando todo eso a sus hijos. Con el tiempo y el destino se convierte en una gran empresa.

 

—¿Tu familia sigue en el circo?

—Toda, por completo. El único que se ha abierto un poco fui yo. Mi primo Fabián es el dueño de Cirque XXI y me invita cada tanto. Yo voy y la paso bien porque me encanta trabajar en familia y el circo sigue siendo parte de mi familia. Es, además, mi contacto con el mundo.

 

—¿Por qué los chicos se siguen riendo de un payaso que ven en una plaza?

—Porque el humor modifica. Y el payaso en particular tiene esa cosa de recuerdo, que te lleva a cuando vos eras niño y tu papá te llevaba al circo; a tu papá lo llevaba tu abuelo y así. Aunque suene extraño tiene que ver con la nostalgia. Un hombre sentado en una platea de circo con su hijo, ambos riendo, es una imagen repetida y contagiosa. Como es contagiosa la risa del niño, que por sí sola te hace reír.

 

—Es extraño que las nuevas generaciones, atravesadas por la tecnología, no hayan perdido la capacidad de reírse con una cosa tan simple como un payaso. ¿A qué lo adjudicás?

—Me parece que cuando la tecnología está tan metida en la vida de los chicos, ver algo natural, algo en vivo, lo hace retrotraer, lo hace descubrir algo nuevo. Los chicos descubren que se pueden reír con una persona que está ahí, al frente suyo, no por medio de una pantalla. De hecho, para acrecentar el recuerdo, tengo el ejercicio de cada tanto sentarme con mi hijo a ver a Pepe Biondi, Los tres chiflados, todos representantes de un humor sanísimo, sencillo. Por algo a “El Chavo” lo siguen pasando por la televisión.

 

—Da la impresión de que no te llevás del todo bien con la televisión actual. ¿Es así?

—En realidad me gusta más el teatro, me divierte el contacto con la gente. Cuando me ha tocado trabajar en la televisión intenté aprovechar algo que te da, como la popularidad, algo que no te lo da otro lugar. De todos modos, yo disfruto el trabajo porque hago lo que me gusta, mientras pueda hacer reír a la gente lo voy a seguir haciendo.

 

Cirque XXI, todo lo que tiene que tener un circo

Todo lo que tiene que tener un circo, lo tiene “Cirque XXI”, la compañía que desde principios de enero sentó bases en el parque La Pedrera y mantendrá su espectáculo hasta mediados del mes que viene, gracias a la buena respuesta del público.

Si el público quiere un payaso canchero que le tira pororó a la gente y se hace el gracioso con los panzones, en Cirque XXI hay. Como también está el payaso más bonachón y torpe, dispuesto a hacer reír con otros argumentos y a ayudar a sus compañeros.

Si lo que se busca es habilidades de acróbata, la carpa rosa y blanca de La Pedrera guarda acción de todo tipo en ese rubro. Malabares con fuego, con pelotas, con globos y como parte del paso de comedia se acumulan en la casi dos horas de espectáculo, recortadas por un break en donde –como en todos los circos- se puede comprar algo para comer o algún recuerdo para los chicos. El espectador que quiera sentir la tensión del peligro también tendrá su dosis en las funciones villamercedinas. Una equilibrista que cruza todo el predio en bicicleta y en las alturas hará que toda la carpa mire para arriba. Y un hombre que tira hachas, cuchillas, machetes y manguales sobre los contornos de una indefensa mujer hará que toda la carpa cierre los ojos.

Para los que quieran relajarse con un musical en donde el brillo y las bailarinas alegren la visión, el circo cuenta con un cuerpo de artistas que sabe –al final de la primera parte y como epílogo- cómo llevar la coordinación.

Hay también números cómicos en los que participan no sólo los payasos (un momento que sería ideal para el lucimiento de “El Bicho” Gómez, que lamentablemente no estará en La Pedrera) sino todos los integrantes del elenco; y un número de acrobacia en las alturas hecho por un hombre que tiene los músculos de hierro. La acumulación de sillas no le hace al acróbata perder la vertical, en el sentido inverso de la posición tradicional.

Una de las novedades que presentan las funciones del espectáculo es la llegada de los artistas a la pista principal por entre los pasillos lindantes con las butacas del público, lo que brinda un acercamiento entre los personajes y la gente que no es tan habitual en los shows de este tipo.

Las funciones de Cirque XXI en La Pedrera son martes, miércoles y jueves a las 20:30; en tanto que los viernes, sábados y domingos, hay dos funciones, a las 19:30 y a las 22. Para entrar al sector ‘VIP’, los mayores tendrán que pagar 250 pesos y los menores de 12 años y jubilados, 150. El sector preferencial tiene entradas para mayores a 150 pesos y para menores y jubilados a 100.

En tanto que las entradas generales cuestan 100 pesos para los mayores y 70 para el resto. Las entradas del circo son gratuitas para personas con discapacidad y menores de dos años.

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