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Dos hermanos, a prisión: los delató el olfato de un perro

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Dos hermanos, a prisión: los delató el olfato de un perro

Gabino y Leonardo Suñer serían quienes saquearon la casa de un vecino. El botín fue hallado en la suya.

El olfato de un perro llevó a prisión a los hermanos Gabino Ricardo Suñer, de 22 años, y Leonardo Jan Suñer, de 25. El rastreo que hicieron efectivos de Comisaría 34ª y la división Canes, siguiendo la pista que marcaba un animal entrenado, le permitió a la Policía llegar hasta la casa de los jóvenes y encontrar allí los bienes que unas horas antes le habían robado a un vecino, en Juana Koslay.

El hallazgo fue tan certero, y las pruebas, tan sólidas, que la jueza de instrucción Penal 3 de San Luis, Virginia Palacios, les imputó el hecho a los hermanos y luego, una vez que concluyó el plazo que había pedido la defensa para buscar alguna prueba a su favor, los procesó por el delito de robo simple.

La figura delictiva por la cual los acusó también contribuyó a liquidar alguna expectativa que podían tener los Suñer de no ir a prisión aunque fueran procesados.

Sus abogados, Rodolfo y Juan Manuel Mercau, le habían planteado a la jueza que debía cambiar la calificación legal del hecho, de “robo” a “hurto”.

“Corresponde catalogar como injusta la calificación por robo, ya que no se demuestra cómo habría ocurrido el ingreso a la propiedad, no está acreditado, al momento de la denuncia, el hecho y menos, identificado el o los autores del delito”, afirmaron en un escrito que le presentaron a Palacios, durante la prórroga de la detención.

“Para la defensa –agregaron–, la denuncia no previó que los sospechados eran quienes tenían acceso a la vivienda libremente, no había enemistad (con el denunciante), la rotura no fue real”. Los abogados se referían a que, según ellos, la Policía, al instruir el sumario por el hecho, no había acreditado que, para entrar a la casa del veterinario Marcelo Andrés Rodríguez, la noche del domingo 24 de setiembre del año pasado, los ladrones habían ejercido violencia en las cosas.

La casa de Rodríguez está en la ruta provincial 18, a la altura del 1100, en la zona conocida como Las Chacras Altas.

El veterinario salió de su domicilio a las ocho de la noche y volvió a la medianoche. En ese lapso de cuatro horas le habían robado. Los delincuentes habían cortado la reja de una ventana en un costado, de abajo y de arriba, lo que les había permitido doblarla hacia afuera. Y habían sacado la hoja de vidrio con marco de chapa, corrediza, que dejaron dentro de la habitación.

Escaparon con un televisor LED de 50 pulgadas; una consola de juegos Playstation; un monitor marca Samsung; dos parlantes para computadora; una impresora HP; un auricular tipo vincha marca Panacom y dos cargadores de teléfono celular.

La alusión de los defensores de que los acusados “tenían acceso a la vivienda libremente y no había enemistad” entre ellos y la víctima viene a cuento de que Rodríguez y los Suñer se conocían, porque son vecinos. Los hermanos viven en la calle Pancha Hernández al 800, también en Las Chacras. Y el veterinario declaró en el juzgado que si bien no solían entrar a su casa, a veces han ido hasta su domicilio: “Iban a pedirme plata para salir, cuando no tenían, pero me la devolvían”, dijo.

Para la jueza, no hay dudas de que los ladrones forzaron la abertura para entrar, y así se configuró el robo. “En el contexto probatorio reseñado deviene improcedente la pretensión defensiva en cuanto a la mutación de la calificación por la más benévola del artículo 162” del Código Penal, dijo la magistrado en su resolución.

Aquella noche de setiembre, cuando Rodríguez llamó a la Policía, fueron a su casa dos oficiales de la 34ª. Luego llegaron los de Canes, con el sabueso que olfateó en la escena del robo, luego pasó a una casa colindante, que estaba en construcción, y se encaminó hacia el sur, por un sendero de tierra hasta llegar a la avenida El Portezuelo. Retomó hacia la ruta 18 y atravesó un baldío. Y se plantó frente a la casa de los Suñer.

Un policía se quedó vigilando la casa hasta que la jueza Palacios los autorizó a allanarla. Allí estaba el botín.

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Dos hermanos, a prisión: los delató el olfato de un perro

Gabino y Leonardo Suñer serían quienes saquearon la casa de un vecino. El botín fue hallado en la suya.

Cinco meses después. Los Suñer, a la penitenciaría. Tal vez pensaron que quedarían impunes. Foto: Policía de San Luis.

El olfato de un perro llevó a prisión a los hermanos Gabino Ricardo Suñer, de 22 años, y Leonardo Jan Suñer, de 25. El rastreo que hicieron efectivos de Comisaría 34ª y la división Canes, siguiendo la pista que marcaba un animal entrenado, le permitió a la Policía llegar hasta la casa de los jóvenes y encontrar allí los bienes que unas horas antes le habían robado a un vecino, en Juana Koslay.

El hallazgo fue tan certero, y las pruebas, tan sólidas, que la jueza de instrucción Penal 3 de San Luis, Virginia Palacios, les imputó el hecho a los hermanos y luego, una vez que concluyó el plazo que había pedido la defensa para buscar alguna prueba a su favor, los procesó por el delito de robo simple.

La figura delictiva por la cual los acusó también contribuyó a liquidar alguna expectativa que podían tener los Suñer de no ir a prisión aunque fueran procesados.

Sus abogados, Rodolfo y Juan Manuel Mercau, le habían planteado a la jueza que debía cambiar la calificación legal del hecho, de “robo” a “hurto”.

“Corresponde catalogar como injusta la calificación por robo, ya que no se demuestra cómo habría ocurrido el ingreso a la propiedad, no está acreditado, al momento de la denuncia, el hecho y menos, identificado el o los autores del delito”, afirmaron en un escrito que le presentaron a Palacios, durante la prórroga de la detención.

“Para la defensa –agregaron–, la denuncia no previó que los sospechados eran quienes tenían acceso a la vivienda libremente, no había enemistad (con el denunciante), la rotura no fue real”. Los abogados se referían a que, según ellos, la Policía, al instruir el sumario por el hecho, no había acreditado que, para entrar a la casa del veterinario Marcelo Andrés Rodríguez, la noche del domingo 24 de setiembre del año pasado, los ladrones habían ejercido violencia en las cosas.

La casa de Rodríguez está en la ruta provincial 18, a la altura del 1100, en la zona conocida como Las Chacras Altas.

El veterinario salió de su domicilio a las ocho de la noche y volvió a la medianoche. En ese lapso de cuatro horas le habían robado. Los delincuentes habían cortado la reja de una ventana en un costado, de abajo y de arriba, lo que les había permitido doblarla hacia afuera. Y habían sacado la hoja de vidrio con marco de chapa, corrediza, que dejaron dentro de la habitación.

Escaparon con un televisor LED de 50 pulgadas; una consola de juegos Playstation; un monitor marca Samsung; dos parlantes para computadora; una impresora HP; un auricular tipo vincha marca Panacom y dos cargadores de teléfono celular.

La alusión de los defensores de que los acusados “tenían acceso a la vivienda libremente y no había enemistad” entre ellos y la víctima viene a cuento de que Rodríguez y los Suñer se conocían, porque son vecinos. Los hermanos viven en la calle Pancha Hernández al 800, también en Las Chacras. Y el veterinario declaró en el juzgado que si bien no solían entrar a su casa, a veces han ido hasta su domicilio: “Iban a pedirme plata para salir, cuando no tenían, pero me la devolvían”, dijo.

Para la jueza, no hay dudas de que los ladrones forzaron la abertura para entrar, y así se configuró el robo. “En el contexto probatorio reseñado deviene improcedente la pretensión defensiva en cuanto a la mutación de la calificación por la más benévola del artículo 162” del Código Penal, dijo la magistrado en su resolución.

Aquella noche de setiembre, cuando Rodríguez llamó a la Policía, fueron a su casa dos oficiales de la 34ª. Luego llegaron los de Canes, con el sabueso que olfateó en la escena del robo, luego pasó a una casa colindante, que estaba en construcción, y se encaminó hacia el sur, por un sendero de tierra hasta llegar a la avenida El Portezuelo. Retomó hacia la ruta 18 y atravesó un baldío. Y se plantó frente a la casa de los Suñer.

Un policía se quedó vigilando la casa hasta que la jueza Palacios los autorizó a allanarla. Allí estaba el botín.

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